09) El precepto de responder «Amén»

Quien escucha a un judío que recita una bendición – debe responderle «Amén» (Shulján Aruj 215:2, ver adelante 12:8). Quien responde Amén con intención – es digno de elogio. Dijeron nuestros sabios (Talmud Babilonio Tratado de Shabat 119(B)): «Todo aquél que responde Amén con todas sus fuerzas – le son abiertas las compuertas del Jardín del Edén, tal como está escrito (Isahiahu-Isaías 26:2): ‘Abrid los portones y entrará una nación justa y fiel’ (Shomer Emunim)». En la Guemará explican que el vocablo Amén es una sigla resultante de «El Melej Neemán» («Dios es el Rey Fiel»), o sea, al responder Amén expresamos nuestra fe en D´s. Quien a pesar del ocultamiento de la Divinidad que prevalece en este mundo sigue siendo fiel a D´s y responde Amén con todas sus fuerzas, resulta que está verdaderamente apegado al Creador y por lo tanto se abren ante él las compuertas del Jardín del Edén.

El responder Amén «con todas sus fuerzas» se refiere a hacerlo con toda su capacidad de concentración. Sin embargo, es también importante responder Amén en voz alta, pues de esa manera todas las fuerzas de la persona son partícipes de la acción. Además, responder en voz alta estimula la concentración e incrementa la santificación del Nombre Divino en el mundo. Sin embargo, quien responde Amén no debe elevar su voz por encima del tono de quien bendijo (Shulján Aruj 124:12). En caso de que quien responde Amén desee instar a los presentes a responder también en voz alta, podrá alzar su tono de voz por encima del de quien recita la bendición (Mishná Berurá 47).

Dijeron nuestros sabios (Talmud Babilonio Tratado de Berajot 53(B)): «Es más grande quien responde Amén que quien recita la bendición». Sin embargo, quien recita la bendición es recompensado primero, ya que en mérito de su recitado los demás pudieron responder Amén, aunque el grado alcanzado por quien responde Amén es más elevado que el que obtiene quien bendice. Esto obedece a que quien recita la bendición lo hace refiriéndose a algo específico mientras que quien responde Amén con intención y concentración se eleva por intermedio de su respuesta a la totalidad de la fe (esto se encuentra insinuado en el vocablo Amén, cuyo valor numérico equivale al de dos Nombres Sagrados, el Tetragramatón y Ad-onai, los cuales conforman la unión del Kadosh Baruj Hú y Su Divina Presencia, según Majzor Vitri 126).

Además de la generalidad de la fe que se manifiesta al responder Amén, el vocablo tiene un significado específico y es el de afirmar la veracidad del contenido de la bendición recitada. Si escuchó, por ejemplo, que D´s «extrae el pan de la tierra», al responder Amén debe dirigir su pensamiento a decir: «es verdad que HaShem extrae el pan de la tierra». Cuando la bendición implica también un pedido, como por ejemplo, en el caso de la bendición por el discernimiento que se recita en la Amidá («Jonén HaDa´at»), al responder Amén debe dirigir su intención a decir: «es verdad que HaShem concede el discernimiento», y también, «ojalá que nos conceda el discernimiento» (Shulján Aruj 124:6, Mishná Berurá 25).

Responder Amén expresa la actitud del ser humano hacia la fe en D´s, y cuando esa condición de fe resulta defectuosa, se ve dañada nuestra capacidad de percibir la vida que HaShem nos concede. Respecto de esto dijo Ben Azai: «Todo aquel que responde un Amén «huérfano», sus hijos habrán de ser huérfanos; quien responde un Amén apresurado, sus días pasarán apresuradamente; quien responde un Amén breve, sus días serán abreviados, empero todo aquel que prolonga su «Amén», sus días serán prolongados» (Talmud Babilonio Tratado de Berajot 47(A)).

Por lo tanto, no se debe apresurar a responder Amén antes que quien recita la bendición la concluya. Tampoco se habrá de abreviar el Amén omitiendo alguna de sus letras o terminar de pronunciarlo en voz tenue. Asimismo, no se habrá de distanciar la respuesta Amén del recitado de la bendición pues entonces se lo considera un Amén huérfano (Shulján Aruj 124:8).

Empero, es menester responder «Amén» con un tono de voz agradable, sin prolongarlo o acortarlo en demasía, sino que debe llevar el tiempo necesario para decir «El Melej Neemán» (ídem, ídem). Quien recita la bendición debe asimismo poner intención en el Amén que se responde tras su bendición (Ramá 167:2).

Esta entrada fue publicada en Capítulo 01- Introducción. Guarda el enlace permanente.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *