03) El fundamento de la bendición

El Eterno ha obrado generosamente para con nosotros al revelarnos que es bueno ante Sus ojos que le bendigamos y le agradezcamos, tal como está escrito (Deuteronomio 8:10): «Comerás y te saciarás y bendecirás a HaShem Tu D´s». Por supuesto que Él no requiere de nuestras alabanzas, sino que el Eterno quiso nuestro bien y nos obsequió el mayor de los presentes, la posibilidad de agradecerle y bendecir ante Él. Se trata de un privilegio maravilloso, el poder recitar bendiciones ante HaShem y saber que para Él poseen un gran valor. Por su intermedio la vida toda adquiere otra significación, ya no somos más cual animales que nacen, viven y mueren sin comprensión o sentido, sino como seres humanos que acceden a conectarse con el Amo del universo y recitar ante Él bendiciones, para de esa forma incrementar la plenitud de la vida en el mundo.

El fundamento de la bendición es el conocimiento de que HaShem es la fuente de la misma, y por ello en cada bendición que recitamos mencionamos Su Nombre: «Ad-onai Dios nuestro». A los efectos de que sea claro que el D´s al cual nos dirigimos no solamente es elevado e inconmensurable en sus alturas, sino que vivifica el mundo, es providente con sus creaturas y las dirige, mencionamos Su reinado al decir: «Rey del universo». Nuestros sabios dijeron que toda bendición que es recitada y en la cual nos olvidamos de mencionar Su Nombre y Su reinado no es una bendición cabal (ídem Berajot 40(B)).

Es necesario saber que, si bien HaShem se reveló a nosotros en la salida de Egipto y en la entrega de la Torá y nos enseñó cómo bendecirle, solamente una parte ínfima de Su luz se manifestó pues una creatura no está capacitada para captarla en su completitud. Es por ello por lo que en la versión de la bendición nuestros sabios insinuaron estos dos niveles, aquello que se manifiesta ante nosotros y aquello que nos trasciende.

Al mencionar Su Nombre pronunciamos dos Nombres: el primero «HaShem» que insinúa el escalón más elevado, del que sólo una ínfima porción se revela ante nosotros, y el segundo «Elokeinu», D´s nuestro, insinúa aquello que sí se manifiesta ante nosotros. Más aún, al inicio de la bendición nos dirigimos al Eterno de manera directa y decimos: «Bendito eres Tú HaShem D´s nuestro», empero posteriormente pasamos a hablarle como a un D´s oculto y decimos: «…que todo fue creado por Su palabra», «que nos consagró con Sus preceptos y nos ordenó», pues entonces nuestra intención es dirigirnos a un plano que trasciende plenamente nuestra percepción y comprensión.

La palabra bendición («berajá») significa adición e incremento, tal como está escrito (Shemot-Éxodo 23:25): «Y bendecirá tu sustento» con la intención de que HaShem lo incremente y lo multiplique. Asimismo, está escrito (Devarim-Deuteronomio 7:13): «Y te amará y te bendecirá («berajejá») e incrementará y bendecirá el fruto de tu vientre y el fruto de tu tierra, tu trigo, tu mosto, tu aceite y tus rebaños sobre la tierra que juró a tus padres darte». La intención del vocablo «berajejá» es que HaShem aumente y multiplique el fruto de tu vientre y tu tierra. Entonces, ¿a qué nos referimos cuando decimos «bendecir a HaShem»? ¿Acaso Él no es completo e infinito? ¿Qué se le puede agregar o aumentar? La intención del uso de este vocablo es la de incrementar la manifestación de Su Divina Presencia («Shejiná») en el mundo, ya que al disfrutar de las bondades de este mundo y recordar que todo proviene del Eterno expresándolo con palabras, Su Luz y Su Divina Presencia se revelan aún más en la creación (Nefesh HaJaím II cap. 2-4).

De esa manera se incrementa vitalidad al mundo, ya que ésta y todo lo que el mundo contiene dependen de su relación con el Creador que es la fuente de toda vida. Es así como, con cada bendición que recitamos, se conforma o establece un conducto para el flujo de la abundancia a través del cual descienden rocío de bendición y la vida al universo. Probablemente esto es lo que insinuaban nuestros sabios, de bendita memoria, al decir que quien desee ser una persona piadosa deberá ser minucioso en cuestiones relativas al recitado de bendiciones (Talmud Babilonio Tratado de Baba Kama 30(A)), ya que por medio de estas se incrementan el bien y la generosidad en el mundo.

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