Capítulo 07 – La bendición por el vino

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01) El significado del vino

El vino extraído de las uvas es una bebida poseedora de características especiales, por una parte, alimenta y por la otra alegra en virtud del alcohol que contiene. Así como el El Santo Bendito Es bendijo a las uvas, que en sus hollejos están adheridos hongos que provocan el proceso de fermentación («shmarim») y cuando se apisonan las uvas y se deja al jugo reposar junto a los hollejos este proceso tiene lugar y transforma los azúcares en alcohol. Es así como se produce el vino que es poseedor de un sabor profundo y especial acompañado del alcohol que deleita. La uva es la única fruta que, de modo natural, sin necesidad de que medie conocimiento profesional alguno o instrumentos especiales, si es pisada y dejada en reposo para que fermente se habrá de transformar en una bebida nutriente que contiene alcohol. Incluso el Rey David, en su cántico de alabanza a las maravillas de la creación, menciona al vino que alegra, tal como está escrito (Salmos-Tehilim 104:15): «El vino alegrará el corazón humano».

Se suele pensar de manera superficial que corresponde que un justo que desea vivir una vida de santidad, debe procurar un estado de ánimo o actitud apagada y triste, alejándose en lo posible de la vida concreta a los efectos de no verse arrastrado por las pasiones negativas, la conducta irreverente y la soberbia. Sin embargo, según nos instruye la Torá, la santidad debe manifestarse en todas las áreas de la vida, tanto en el ámbito espiritual como el material, con el deleite espiritual así como el buen gusto. No solamente el alimento esencial para la nutrición humana posee valor sino también el vino que alegra.

Si bien cada judío se ve colmado de deleite espiritual cuando se encuentra conectado a la Torá y a los preceptos, mientras que el cuerpo no participe de esa alegría no solo este padece de incompletitud, sino que también su regocijo espiritual es incompleto. Por eso, la persona debe aspirar a la integración de cuerpo y alma, y cuando disfruta en virtud de una acción positiva que realizó es bueno que haga partícipe a su cuerpo de tal alegría. Esta es la razón por la cual nuestros sabios estipularon que en todo evento de importancia que posee valor espiritual se bendiga sobre una copa de vino, para que el júbilo espiritual se vea acompañado por el regocijo material. Es así como instituyeron que se bendiga sobre una copa de vino en el compromiso nupcial («Erusín») y en el acto del enlace matrimonial («Nisuín»); asimismo se bendice sobre una copa de vino para el «Brit Milá» o circuncisión y otra en la ceremonia de la liberación del primogénito o «Pidión Haben», una copa de vino para el «Kidush» de Shabat y las festividades, así como para la «Havdalá». Incluso después que una persona come en grupo y le agradece a D´s por medio del «Birkat Hamazón», nuestros sabios dispusieron que se bendiga sobre una copa de vino para que la ingesta y el agradecimiento que de esta se deriva tenga lugar con alegría (arriba 5:13-15).

A este respecto, nuestros sabios afirmaron (Talmud Babilonio Tratado de Berajot 35(A)) que «No se recitan cánticos sino sobre el vino». El cántico es una expresión de completitud y esta debe incluir conjuntamente la espiritualidad y la materialidad (Ein Aiá allí). Así dijeron en el Zohar (III 189:2): «No hay santidad sino a través del vino y no hay bendición salvo con vino».

También la Torá fue comparada al vino (Talmud Babilonio Tratado de Ta´anit 7(A), Sifrí Devarim 11:22), y ella también está dirigida a reparar el mundo todo, tanto en en el plano espiritual como el material, con la verdad pura y la alegría esencial. Incluso el pueblo de Israel, que fue creado para revelar la palabra de HaShem en el mundo de manera perfecta, fue comparado a la vid (Ishaiahu-Isaías 5:1-7, Shemot Rabá 44:1).

Por eso, el voto del nazareo («nazir») de no beber vino implica un cierto aspecto pecaminoso (Talmud Babilonio Tratado de Ta´anit 11(A)) pues el asceta se abstiene de la alegría física que puede contribuir a su completitud. Raba dijo sobre su persona que en mérito del vino que bebió y el buen aroma que olió delbuen vino, su mente se abrió a las innovaciones (jidushim) en el estudio de la Torá (ver ídem Yomá 76(B)).

02) El peligro de embriagarse

Todo elemento material, si se ve acompañado de valores espirituales, no sólo que no daña a la persona sino que la beneficia y le ayuda a manifestarse como tal. Empero cuando la materialidad se torna el factor principal, desplaza a la espiritualidad y lleva al hombre a tornarse grosero y tosco. Más aun, en el caso del vino, que posee una vitalidad enorme y expresa la efervescencia de la vida material, el riesgo que conlleva es especialmente elevado. Y quien se hace adicto a su ingesta y bebe más de la cuenta se torna ebrio e indecoroso, su criterio y su consciencia se esfuman y la inclinación al mal se apodera de él. Por ello existen graves advertencias tanto en la Torá, en los profetas, en los hagiógrafos como en las enseñanzas de nuestros sabios en el sentido de no abusar del consumo de vino.

En la Torá aprendimos que Noaj y Lot decayeron moralmente y se vieron denigrados por efecto de la ingesta de vino (Bereshit Rabá 36:4). Incluso el árbol del conocimiento del bien y del mal con el cual pecó el primer hombre era, en opinión de Rabí Meir una vid, y tal como dijeron nuestros sabios (Talmud Babilonio Tratado de Sanhedrín 70(A)): «no hay cosa que genere en el hombre gritos desgarradores como el vino». También sobre los hijos de Aharón se dijo que murieron por haberse embriagado a causa del vino al momento de ingresar al Tabernáculo (Vaikrá Rabá 12:1).

Asimismo, en los libros de los profetas aprendimos de amonestaciones dirigidas a quienes se ven arrastrados a la ingesta excesiva de vino, al punto de que el exilio mismo fue causado por un pecado ocasionado por el vino (Bereshit Rabá 36:4). Sobre las diez tribus se ha dicho (Amos 6:6-7): «Bebieron de fuentes de vino y se ungieron con el primer aceite sin conmoverse por las profecías de la desgracia. Por ello ahora saldrán en cautiverio al frente de los exiliados». Sobre las tribus de Iehudá y Biniamín está escrito (Ishaiahu-Isaías 28:7): «Y ellos también erraron por el vino y se extraviaron a causa del licor».

En el libro de Proverbios se nos advierte (23:20-21) «No seas de los que abusan de la ingesta del vino y la carne pues quien devora y bebe en desmedida se empobrecerá». También está escrito (ídem 29:30): «¿Quién grita desgarradoramente? ¿Quién padece de pleitos y golpizas? Aquellos que beben hasta tarde y procuran el buen vino».

Asimismo encontramos en los escritos de nuestros sabios –de bendita memoria- numerosas advertencias respecto de que el vino puede llevar a la persona a empobrecer y aislarse, y provocarle incurrir en pecado (ver Talmud Babilonio Tratado de Sanhedrín 70(A), Vaikrá Rabá 12:5).

Dijeron también: «hay quien bebe vino y le sienta bien y hay quien bebe vino y le sienta mal. Un estudioso de la Torá bebe y le sienta bien, el ignorante (Am Haaretz) bebe y le sienta mal» (Talmud Jerosolimitano Tratado Ma´aser Shení 4:6). Esto obedece a que un estudioso sabe beber en la justa medida, por lo que la bebida le suma alegría y lo refuerza en el servicio de D´s, tanto en el ámbito espiritual como material. Además, aseveraron nuestros sabios (Talmud Babilonio Tratado de Yomá 71(A)) que hoy, tras la destrucción del Templo de Jerusalém «quien desee realizar una libación sobre el altar – que llene las gargantas de los estudiosos de la Torá con vino».

Tan peligrosa es esta ingesta, que el verdadero vino, el bueno y vigoroso, HaShem lo ocultó desde los seis días de la creación. Así entonces, los judíos que arriesgaron sus vidas hasta la misma muerte en el exilio, y a pesar de las enormes dificultades continuaron estudiando la Torá -dulce como la miel- demostrando que la fe en HaShem era el centro de sus vidas, a ellos, D´s les habrá de servir en el futuro este vino atesorado de las uvas primigenias (Bamidbar Rabá 13:2).

Por ello, el vino está vinculado a lo esotérico (ver Talmud Babilonio Tratado de Eruvín 65(A)), pues con suma facilidad puede arrastrar al hombre a pecar, pero cuando este pone énfasis en su espiritualidad e interioridad, el vino se suma a la santidad y revela su naturaleza benigna (Pninei Halajá Zmanim 16:12). En el futuro se revelarán por completo los secretos encerrados en la alegría física, y tal como dijeron en el Zohar HaNe´elam (I 135:2): «El vino añejo de las uvas de los seis días de la creación, son cuestiones pretéritas que no fueron reveladas al ser humano desde el tiempo de la Creación y serán reveladas a los justos en el Futuro por venir».

03) La bendición por el vino

La bebida más importante para el hombre es el vino por cuanto que nutre y alegra, y por ello nuestros sabios establecieron para su consumo una bendición especial – «Boré Prí Hagafen». A diferencia del jugo de naranja o de pomelos (toronjas) y demás jugos frutales, que al transformarse el fruto en bebida pierden su estatus,  por su consumo se recita una bendición más general – «Shehakol»; en el caso de  las uvas se recita «Ha´etz» que es la bendición general para todos los frutos del árbol. Sin embargo, por el vino que se elevó desde su estado anterior, nuestros sabios establecieron que se recite una bendición especial- «Boré Prí Hagafen» para sumar loas y agradecimiento a D´s por el vino que reconforta y alegra.

Quien bebe un «reviít» (75 ml.) de vino, dado que pertenece a las siete especies con las que fue bendecida la tierra de Israel, recita Me´ein Shalosh a modo de bendición final, pero dado que el vino se elevó respecto de su condición anterior de uva, en vez de recitar: «Al Ha´etz Veal Prí Ha´etz» («por el árbol y el fruto del árbol») tal como se bendice tras ingerir frutas de las siete especies, deberá recitar «Al HaGuefen Veal Prí HaGuefen» («por la vid y el fruto de la vid»).

Otra regla más que se desprende de la importancia del vino, es que la bendición de «Hamotzí» por el pan no lo incluye, y quien desea beber vino con la comida debe recitar además «Boré Prí HaGafen». Esta es la diferencia entre el vino y las demás bebidas, todas estas cuando se beben durante la comida se subordinan al pan y quedan incluidas en la bendición de «Hamotzí». Empero en el caso del vino, aunque se beba durante la comida, en virtud de su importancia, no se sujeta al pan y no queda incluido en la bendición de «Hamotzí» y por lo tanto se debe bendecir sobre él «Boré Prí HaGafen».

Sn embargo, el «Birkat Hamazón» posterior a la ingesta de pan incluye también al vino bebido durante la comida, ya que por este se debería recitar la bendición «Me´ein Shalosh» (que es un resumen de las tres primeras bendiciones del «Birkat Hamazón»), mientras que el «Birkat Hamazón» incluye las tres bendiciones de un modo completo (Shulján Aruj 174, incisos 1,6,7).

04) La bendición por el vino incluye y exime de bendición a las demás bebidas

Así como el pan es el principal alimento que satisface, de igual manera el vino es la principal bebida. Su particularidad reside en que también nutre, en virtud del alto contenido en azúcar del fruto que le confiere un alto valor calórico, y además como dijimos alegra, pues a la energía que le suministra a la persona se le suma el gozo corporal.

Así como la bendición de «Hamotzí» por el pan incluye a todos los demás alimentos que se ingieren durante la comida (arriba 3:6), de igual manera la bendición de «Boré Prí Hagafen» por el vino exime de bendecir al resto de las bebidas. Esto es así a condición de que estas se encuentren delante de la persona al momento de recitar la bendición, o que piense en beberlas en el momento de bendecir por el vino, o que suela beberlas en esa hora del día – entonces, quedan incluidas ipso facto, aunque no haya pensado en estas específicamente (Shulján Aruj 174:2).

Asimismo, los participantes del «Kidush» del Shabat por la mañana («Kidusha Raba»), que suele ser ofrecido por personas que desean compartir una alegría con el público y se lleva a cabo tras la culminación del rezo de «Musaf», si escucharon el recitado del «Kidush» y bebieron del vino ya no precisan recitar bendición alguna por las demás bebidas pues estas quedaron incluidas en la bendición por el fruto de la vid.

A priori, es bueno que las personas beban del vino la cantidad de «meló logmav» (unos 50 ml, aproximadamente el equivalente a un cuarto de vaso común), ya que hay quienes consideran que sólo bebiendo una cantidad así el vino es considerado principal y las demás bebidas que piensa ingerir durante la comida se consideran secundarias por lo que quedan incluidas en la bendición de «Boré Prí Hagafen» ya recitada (Beur Halajá 174:2). Empero en la práctica, aunque no haya bebido «meló logmav», puede ingerir otras bebidas sin recitar bendición por estas ya que esto se atiene a la opinión de la mayoría de los juristas.

Quien escuchó el recitado del «Kidush» mas no bebió del vino, si bien cumplió con el deber de escuchar el «Kidush», las bebidas que haya de ingerir no son para esta persona secundarias respecto del vino y por lo tanto debe bendecir por ellas «Shehakol Nihiá Bidvaró» antes y «Boré Nefashot» después.

Quien bebe una cantidad de vino que conlleva el recitado de la bendición final (adelante 10:10) de «Me´ein Shalosh» incluye en esta a todas las demás bebidas (Shulján Aruj 208:16). Empero si no bebió vino en una cantidad que haga necesario de recitar la bendición final, mas sí bebió el «shi´ur» –la cantidad suficiente- del resto de las bebidas, habrá de recitar por estas «Boré Nefashot» (Seder Birjot HaNehenín, Hagaón Rabí Zalman 1:21).

05) Vino mezclado con agua

En el pasado los vinos eran muy fuertes y no resultaban aptos para su consumo si no eran mezclados con agua. La mezcla aceptada solía ser una cuarta parte de vino y tres cuartas partes de agua (Talmud Babilonio Baba Batra 96(B)). Aunque el vino sea sólo un sexto de la mezcla, mientras su sabor sepa a vino, se recitaba sobre él la bendición de «Boré Prí Hagafen» y tras haber ingerido un reviít se bendecía «Me´ein Shalosh». Empero si la proporción de vino en la mezcla es de sólo un séptimo se bendecía «Shehakol» (Ramá Oraj Jaím 204:5, Ioré Deá 134:5). Hay quienes acostumbran a actuar de esta manera hasta el día de hoy.

Empero en opinión de muchos de los juristas nuestros vinos son más suaves y solamente si este es mayoritario respecto del agua, se bendice «Bo´re Prí Hagafen», y entonces también el agua participa en la conformación del volumen de reviít para bendecir «Me´ein Shalosh».

Dado que existen bodegas en las que se agrega agua a los vinos dulces y baratos, es importante no agregar a estos demasiada agua pues al hacerlo se corre el riesgo que el vino pase a ser minoritario en la mezcla y en opinión de muchos juristas no se podrá recitar «Boré Prí Hagafen». Empero, incluso a estos vinos se les puede agregar un poco de agua si esta no altera su sabor.

06) Vino cocido y jugo de uvas

Aunque el vino haya sido pasteurizado o cocido se bendice por el mismo «Boré Prí Hagafen» pues la cocción no lo altera.

Asimismo, si al vino se le agregó azúcar o miel o diferentes sabores (como en el caso del «vino conditón» que en Israel es muy popular para el recitado de «Kidush» N. de T.), por cuanto que el vino es el componente principal y los demás artículos sólo saborizan se recita «Boré Prí Hagafen» (Shulján Aruj 202:1). Asimismo, en el caso del Vermut que se bebe por placer se recita «Boré Prí Hagafen», pues consiste principalmente en vino y las demás especies solamente adicionan sabor (Beur Halajá allí).

Otro tanto ocurre en el caso del jugo de uva, si bien no embriaga ni alegra – por cuanto que fue elaborado a partir del fruto de la vid al igual que el vino – aunque no alcance su nivel – se bendice por éste «Boré Prí Hagafen» (Shulján Aruj 202:1) y en esta bendición quedan incluidas todas las demás bebidas a ingerirse. En caso de haberse agregado algo de agua al jugo de uvas, mientras que el sabor no se vea alterado, su bendición continúa siendo «Boré Prí Hagafen» (Or LeTzión II 20:18).

07) La Bendición de «HaTov VeHameitiv» («Que es bueno y benefactor») por un vino suplementario

Nuestros sabios establecieron una bendición especial por la ingestión de un vino suplementario, esto es, si ya se bebió un vino y posteriormente se bebe otro de características diferentes, si bien ya se recitó por el primero «Boré Prí Hagafen», antes de ingerir el nuevo se ha de recitar «HaTov VeHameitiv». Asimismo, si se trae un tercer vino se habrá también de bendecir por este «HaTov VeHameitiv» y así sucesivamente se habrá de bendecir por cada vino nuevo que se beba. La intención de esta bendición es agradecer a HaShem por la abundancia de vino.

Esta norma se refiere únicamente al vino, pues si se comió un tipo de pan y luego se come otro, no se recita una bendición especial por el segundo, sino que está incluida en la bendición primera que se recitó anteriormente. Lo mismo ocurre con diferentes tipos de carne, con una sola bendición se los incluye a todos. Solamente en el caso del vino, nuestros sabios estipularon una bendición especial en caso de servirse diferentes variedades, en virtud de que el vino posee una particularidad muy especial: además de nutrir y alegrar, cada tipo de vino posee un carácter diferente y cuando se beben diferentes variedades de vino en compañía de otras personas la alegría se incrementa. Por ello, se estableció que se bendiga por la profusión de vinos (Talmud Babilonio Tratado de Berajot 59 (B), Tosafot y Rosh allí).

No es necesario que el segundo vino que se sirve sea mejor que el primero, sino que mientras no se sepa que es inferior en calidad al anterior, por cuanto que es diferente, implica una innovación en el sabor o en la calidad por lo que se recita la bendición de «HaTov VeHameitiv». Por lo tanto, si se dispone de dos botellas diferentes de vino, se habrá de recitar «Boré Prí Hagafen» por la primera y «HaTov VeHameitiv» por cada vino suplementario. Incluso si hay dos botellas de un mismo tipo de vino, si se elaboraron de un modo diferente o son de cosechas diferentes al punto de que son diferenciables en su sabor para los comensales se habrá de recitar «Boré Prí Hagafen» por el primero y «HaTov VeHameitiv» por el segundo. Y aunque el segundo vino sea más barato que el primero, en caso de poseer alguna virtud diferente se habrá de recitar por este «HaTov VeHameitiv» (Shulján Aruj 175:2 y 6).

En caso de haber dos vinos, uno notablemente de mayor calidad que el otro, la norma indica que se recite «Boré Prí Hagafen» por el mejor de ambos, tal como se recita siempre la bendición inicial por el mejor de los alimentos de su tipo. Dado que el segundo vino es notoriamente inferior en calidad ya no se habrá de recitar por este «HaTov VeHameitiv» (Shulján Aruj 175:3, ver Mishná Berurá 14).

08) Las condiciones para recitar una bendición

No se recita «HaTov VeHameitiv» sino cuando al menos dos personas juntas ingieren el segundo vino, pues no hay alegría real cuando se bebe en soledad. Esto se desprende del texto de la bendición – «HaTov VeHameitiv» («Que es bueno y benefactor»), «bueno» para sí y «benefactor» para su compañero. Lo mismo se aplica para los miembros de la familia tales como marido y mujer o padre e hijo, es decir, se considera que beben juntos (Shulján Aruj 174:4).

Como regla general, es preferible que uno recite la bendición de «HaTov VeHameitiv» por los demás comensales, pues así esta es recitada de una manera más honorable. Empero si están ocupados comiendo y no alcanzan a beber juntos, es mejor que cada uno recite la bendición por sí mismo (ver Shulján Aruj 175:5-6, 213:1 y adelante 12:7 y 13:8).

Si terminaron de beber del primer vino y trajeron otro, no se recita por el segundo «HaTov VeHameitiv», ya que no es tanta la alegría por la abundancia, por cuanto que fue traído en virtud de que el primero se consumió (Mishná Berurá 175:3). Empero, consideramos que, si en la casa hay otra botella del mismo tipo de vino sin abrir, en caso de abrirse una botella de otra variedad corresponde recitar por esta «HaTov VeHameitiv».

En caso de que se dispone de un tercer vino con alguna cualidad o sabor diferente a los anteriores se debe también recitar por este «HaTov VeHameitiv», lo mismo por un cuarto vino y así sucesivamente. Empero es correcto que cuando se recita «HaTov VeHameitiv» por el segundo, no haya sobre la mesa otros vinos sobre los que se desee bendecir pues hay juristas que entienden que de encontrarse allí la bendición recitada también recae sobre estos.

Si se recita «Kidush» sobre jugo de uva y luego se sirve vino durante la comida, no se recita por este «HaTov VeHameitiv», porque en opinión de varios juristas, no se toma en cuenta al jugo de uva como primer vino porque no posee la facultad de alegrar. Si el jugo de uva fue mezclado con vino y el sabor del segundo es perceptible en la mezcla resultante, se bendice por el segundo vino en servirse «HaTov VeHameitiv», y corresponde que al menos los comensales reciten la bendición para sus adentros. Empero en la práctica, casi todos los sabios de las últimas generaciones ordenan que se recite «HaTov VeHameitiv» por el vino suplementario.

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