02 Selijot, las súplicas y las plegarias

01. El mes de Elul y los toques del Shofar.

El mes de Elul así como los diez días de la teshuvá son especialmente apropiados para el retorno ya que en estos días Hashem accedió a perdonar al pueblo de Israel por el pecado del becerro de oro. Cuarenta días después de la entrega de la Torá, al demorarse Moshé en descender del Monte Sinai, un grupo de transgresores influenció en el pueblo de tal manera al punto de que forjaron un becerro de oro que sirva de sustituto a la conducción Divina. En ese momento la ira Divina se desató sobre el pueblo de Israel, al punto que Hashem le dijo a Moshé (Shemot-Éxodo 32:10): «Déjame pues que se desahogue Mi cólera contra ellos y los consuma, y haré de ti un pueblo grande». Moshé Rabenu intensificó sus plegarias y recordó a Hashem el mérito de los patriarcas logrando así detener el castigo. Acto seguido descendió del monte, quebró las tablas y junto a los hijos de la tribu de Levi ejecutó a los responsables del pecado, quemó y molió el becerro mezclando sus cenizas con agua haciendo beber de esta a toda la nación. Esta agua revisaba a cada persona, quien había participado del pecado moría al ingerirla. Sin embargo, el decreto de exterminio aun pendía sobre el pueblo de Israel, por lo que Moshé, en un acto de arrojo y entrega se presentó ante Hashem y exclamó: «Ruégote perdones a este pueblo…y si no les habrás de perdonar, bórrame, te ruego, del libro que escribiste» (ídem 32:32). De esta manera se derogó el decreto de exterminio al pueblo de Israel, empero estos aún se encontraban amonestados y alejados del Eterno, como si no se tratase de Sus hijos, Sus siervos o Su pueblo elegido;  incluso las primeras tablas recibidas por Moshé estaban quebradas.

Al iniciarse el mes de Elul, Moshé volvió a ascender al Monte Sinai para pedir clemencia y perdón para el pueblo de Israel y en el día de Yom haKipurim, la teshuvá o retorno sincero de estos fue finalmente aceptado, Moshé entonces, descendió para entregarles las segundas tablas y anunciarles que habían sido perdonados. En señal del reacercamiento y la recuperación del carácter de pueblo elegido, Hashem ordenó que erigiesen el tabernáculo para que, por su intermedio, la Divina Presencia se manifieste en el seno de Israel. Dado que no es casualidad que acontezcan semejantes eventos en días específicos, aprendemos de todo esto que los cuarenta días que van desde el inicio del mes de Elul a Yom Kipur son más que propicios para el retorno.

Por lo tanto, nuestros sabios, de bendita memoria, dijeron que «En el novilunio de Elul D´s le dijo a Moshé: «Sube a la montaña hacia Mi» (Deuteronomio-Dvarim 10:1), y se hizo pasar el sonido del Shofar en todo el campamento anunciando que Moshé habría de ascender nuevamente advirtiendo que no vuelvan a caer en la idolatría. El Eterno se elevó en ese toque de Shofar, tal como está escrito: «D´s se ha elevado entre aclamaciones. El Eterno subió al son del Shofar» (Tehilim- Salmos 47:6). Por esta razón, los sabios  establecieron que cada año se toque el Shofar al iniciarse (Rosh Jodesh) el mes de Elul» (Pirkei de Rabí Eliezer 46). Los sabios eligieron despertar al pueblo para el retorno mediante el sonido del Shofar, pues éste tiene la capacidad de advertir a la congregación que no peque e impulsar a muchos al arrepentimiento (Tur y Beit Iosef Oraj Jaím 581:1).

Es así que los hijos de Israel acostumbran a tocar el Shofar en el mes de Elul. Los ashkenazíes acostumbran a hacerlo todos los días al finalizar el rezo de Shajarit. Los sefaradíes acostumbran a rezar Selijot durante el mes de Elul y tocan el Shofar al recitar el Kadish final; y muchos acostumbran a tocarlo al pronunciar los trece atributos de la Misericordia Divina. Esta costumbre no es obligatoria, y sin embargo corresponde que el público se esmere en cumplirla, empero, si una persona sola no escuchó el Shofar, no debe procurar alguien que lo toque para él.

02. El fundamento de la costumbre de recitar Selijot.

Es una costumbre muy extendida en el pueblo de Israel, desde los días de los Gaonitas, el levantarse al amanecer durante los diez días del retorno para recitar Selijot. Lo más importante en esta costumbre es el despertar interior en búsqueda de un camino de retorno y pedir a Hashem perdón, rogarle que se apiade de Su pueblo que se encuentra desterrado en el exilio y sumido en la desgracia; que no mire las malas acciones y que recuerde el pacto que estableció con nuestros ancestros. También pedimos que recuerde la ligazón de Itzjak (Akedat Itzjak) y el sacrificio de todos los mártires que murieron consagrando el Nombre Divino. Pedimos por la reunión de las diásporas y por la construcción de nuestro país y de Jerusalém, por la reconstrucción del sagrado Templo y el retorno de la Divina Presencia a Sión. Especialmente se acostumbra a recitar Selijot (pedir perdón) en estos días en que el pueblo de Israel es sometido a juicio, pues las plegarias son mejor escuchadas. Es bueno que cada individuo participe junto al público, y que multiplique sus plegarias por el pueblo de Israel, el reposo de la Divina Presencia y la consagración del Nombre Divino en el mundo. Es justamente en el marco de estos pedidos generales que las plegarias personales serán aceptadas.

Los profetas instaban a los hijos de Israel a unirse en ayuno y oración en días difíciles para pedirle a Hashem que se apiade de Su pueblo y de Su tierra, tal como está escrito (Ioel 2:15-18): «Tocad el Shofar en Sión, proclamad un ayuno, convocad a solemne asamblea, reunid al pueblo, llamad a la congregación, juntad a los ancianos, reunid a los niños y a los que amamantan. Salga el novio de su cámara y la novia de su palio nupcial (jupá). Lloren los sacerdotes entre el pórtico y el altar y digan: «Compadécete oh Eterno, de Tu pueblo y no sea Tu heredad motivo de oprobio para que no se enseñoreen de ella los demás pueblos. ¿Por qué han de decir entre los pueblos: Dónde está el D´s de ellos? Y fue el Eterno celoso de Su tierra y tuvo piedad de Su pueblo».

Conjuntamente con el rezo y el recitado de Selijot es necesario hacer teshuvá y corregir las acciones. Es así que la costumbre en estos días de Elul, es recitar Selijot, estudiar de libros de Musar (ética y moral) y llevar a cabo conferencias públicas de despertar espiritual. Hay quienes acostumbran a dirigir a la comunidad palabras de estímulo al arrepentimiento, previo al inicio del recitado de las Selijot.

03. Las Selijot en nuestros días.

Hoy día también es muy necesario recitar Selijot ya que una vez que el Eterno se apiadó de nosotros y comenzó a redimirnos reuniendo a los dispersos de Israel y permitiéndonos poblar nuestra tierra, debemos nuevamente esmerarnos en hacer teshuvá y suplicarle que se apiade de nosotros. Pedimos también que continúe devolviendo a los exiliados con su inmensa generosidad, a la tierra que heredó a nuestros ancestros y a nosotros, y que nos permita retornar a Él íntegramente para poder crecer en Torá, santificarnos con Sus preceptos, construir el sagrado Templo e iluminar al mundo entero con fe en Él a la luz de Su enseñanza.

Los judíos que regresaron de Babilonia en días del retorno a Sión, al igual que nosotros hoy en día, se enfrentaron a duros problemas espirituales; y en virtud de que hicieron teshuvá tuvieron el mérito de construir el segundo Templo. Así lo describió Ezra HaSofer (el escriba) quien migró a la tierra de Israel desde Babilonia encontrándose allí con que muchos de los judíos habían desposado mujeres gentiles con la complicidad de los ministros y gobernantes:

«Cuando oí tal cosa rasgué mis vestidos y mi manto y me arranqué los cabellos de mi cabeza y  mi barba y me senté apesadumbrado. Entonces se reunieron junto a mí, por causa de la infidelidad de los del cautiverio, todos los temerosos de la palabra de D´s  y seguí atónito hasta la ofrenda de la tarde. Y cuando fue la ofrenda vespertina me levanté de mi ayuno y rasgados mis vestiduras y mi manto caí de rodillas y extendí mis manos hacia el Eterno mi D´s y Le dije: «Oh D´s mío, estoy avergonzado de presentar mi rostro ante Ti, porque nuestras iniquidades se han incrementado mucho y nuestra culpabilidad ha crecido hasta los cielos. Desde los días de nuestros padres hemos pecado en gran manera hasta el día de hoy, y por nuestras iniquidades nosotros, nuestros reyes y nuestros sacerdotes fuimos entregados en las manos de los reyes  de las tierras (extrañas), a la espada, al cautiverio, al botín y a la confusión de los rostros, como en este día. Y ahora el Eterno nuestro D´s nos ha concedido un momento de gracia dejando que un resto de nosotros fuese librado para darnos un refugio en Su santo lugar y para que nuestro D´s ilumine nuestros ojos y nos dé un poco de ánimo en nuestra servidumbre. Por cuanto que siervos somos; sin embargo, nuestro D´s no nos ha abandonado en nuestra servidumbre, sino que ha extendido Su misericordia a la vista de los reyes de Persia, para hacernos revivir, reedificar la Casa de nuestro D´s y reparar sus ruinas y darnos un vallado en Judá y en Jerusalém. Y ahora, oh D´s nuestro, ¿qué diremos después de esto? Porque hemos abandonado Tus mandamientos…Y después de todo lo que nos ha sobrevenido por nuestras malas acciones y por gran culpabilidad, viendo que Tú, nuestro D´s, nos has castigado menos de lo que merecemos por nuestras iniquidades… ¿hemos de quebrantar nuevamente Tus mandamientos contrayendo matrimonio con los pueblos que cometen tales abominaciones? ¿No se justificaría acaso que te enfurezcas contra nosotros hasta consumirnos, de modo que ya no haya más resto ni nadie que pueda escapar? ¡Oh Eterno D´s de Israel! Tú eres justo, porque hemos quedado un resto que se ha librado, como ocurre hoy. He aquí que estamos ante Ti en nuestra culpabilidad, porque nadie puede permanecer ante Ti por causa de esto» (Libro de Ezra 9:3-15).

El dolor, el ayuno y la plegaria de Ezra impulsaron al pueblo a retornar en teshuvá, tal como está escrito (ídem 10:1-5): «Y mientras Ezra oraba, confesaba, lloraba y se postraba ante la Casa de D´s, se reunía en torno a él una gran multitud de hombres y mujeres y niños de Israel, y todo el pueblo lloraba amargamente». Entonces aceptaron sobre sí el pacto con Hashem y decidieron abandonar a las mujeres y a los niños que no aceptasen convertirse. «Levantóse pues Ezra y juramentó a los principales de los sacerdotes, los levitas y todo Israel juraron que harían conforme a lo que se había dicho. Y así juraron». Empero, en esos días la Divina Presencia no volvió a reposar en el segundo Templo tal como en el primero ya que muchos judíos no hicieron teshuvá y se quedaron a vivir en Babilonia. Finalmente, también el segundo Templo fue destruido por causa de nuestras transgresiones.

Si bien en el lenguaje de las Selijot hay frases que se corresponden con los días del exilio, al punto que hay personas que tienen dificultad en identificarse con su  contenido y hasta temen que el recitarlas implique una omisión a la verdad. Empero si miramos al pueblo de Israel como una sola nación que vive y ha vivido a lo largo de todos los tiempos, de modo tal que cada uno de nosotros está vinculado a todos los judíos que vivieron en generaciones anteriores y en todos los países, podremos recitar los pasajes susodichos de las Selijot con gran identificación. Esto se debe a que nosotros también vivimos junto a nuestros ancestros que lo hicieron en el exilio y sufrieron penas terribles y humillaciones espantosas al punto de que casi perdimos las esperanzas. Estuvimos junto a los mártires en todos los decretos de conversiones forzadas, durante las Cruzadas y en los sótanos de la Inquisición, en las matanzas de los musulmanes y en los eventos de 1648-9 (Ucrania, n. de t.), y por último en el peor de los eventos, el terrible Holocausto del que sólo han transcurrido setenta años. ¿Cómo podríamos sentirnos tan confiados al punto de afirmar que las súplicas que aparecen en el texto de las Selijot no se condicen con nuestra realidad, cuando aún viven entre nosotros miles de sobrevivientes que pasaron por los campos de  exterminio y los guetos, estando el mundo aún lleno de malvados que declaran públicamente su aspiración a continuar la labor de los nazis?. Por lo tanto, se pueden recitar todavía las súplicas de las Selijot con una profunda identificación espiritual y emocional.

04. La redacción de las Selijot.

Dado que nuestros sabios, de bendita memoria, no establecieron explícitamente el deber de recitar Selijot estas no tienen una versión o redacción ordenada, y cada una de las diferentes comunidades agregó súplicas y poesías de su propia autoría. De todas maneras, existe un marco general común a todas las versiones, tal como figura en el orden del Rav Amram Gaón: se comienza con el recitado de «Ashrei» (alabanza de David), ya que lo aceptado es comenzar cada plegaria con loas a Hashem. Luego se recita medio Kadish y se dice «Tuya D´s es la justicia y nuestro es el oprobio» etc. y «A ti que escuchas las plegarias, acudirá toda carne» etc, y otros versículos de súplicas y pedidos, se recitan los trece atributos de la misericordia (midot derajamim), la confesión y la porción de «Pecamos más que cualquier otra nación». Sobre el final se recita la súplica «Respóndenos Padre respóndenos» etc, y «Actúa en pos de Tu Nombre» etc. Finalmente  nos inclinamos sobre el rostro y culminamos con el recitado de  un «Kadish Titkabal».

Rav Amram Gaón escribió que quien quiera agregar versículos, Selijot y poesías suplementarias creadas por los «paitanim» o poetas litúrgicos aceptados, sobre la base de esta versión primaria, puede hacerlo. Es así que se acostumbra a agregar numerosas poesías en las Selijot, de modo tal que entre poesía y poesía se recitan los trece atributos de la Misericordia Divina. En estas poesías suplementarias existen diferencias entre las tradiciones sefaradí y ashkenazí. Una de las diferencias es que según la usanza sefaradí se recita el mismo texto todos los días, mientras que según la ashkenazí sobre la base de un texto primario cada día se agregan diferentes poesías.

En caso de que los orantes no dispongan de tiempo suficiente pueden saltearse algunos de los poemas y recitar las Selijot básicas tal como vienen en el orden de Rav Amram Gaón, pero deberán intentar recitar aquellos poemas que más impulsan a la persona al retorno.

05. Los días en que se recitan Selijot y su obligatoriedad.

En días de los Gaonitas, durante los Diez Días de Teshuvá  se acostumbraba en las dos mayores ieshivot de Babilonia a recitar Selijot, y en algunos pocos sitios se acostumbraba a recitarlas durante todo el mes de Elul.

En las postrimerías de los días de los Rishonim (sabios medievales), en las comunidades sefaradíes se adoptó la costumbre de recitar Selijot durante todo el mes de Elul y los Diez Días de Teshuvá (Shulján Aruj 5812:1) teniendo en cuenta que en Rosh Jodesh (novilunio de) Elul no se recitan Selijot (Rabí Menajem Azariá de Pano 79, Kaf HaJaím 1). A medida que nos acercamos a Rosh Hashaná, mayor es el número de personas que se levanta en la madrugada a recitar Selijot, especialmente durante los Diez Días de Teshuvá.

Según la usanza ashkenazí se comienza a recitar Selijot el sábado por la noche (motzaei Shabat) anterior a Rosh Hashaná siempre y cuando alcancen a hacerlo al menos cuatro días. Esto significa que si Rosh Hashaná cae en días jueves o Shabat se comienza a recitar Selijot el sábado por la noche anterior a la fiesta. Empero, si Rosh Hashaná cae en días lunes o martes se comienza a hacerlo dos sábados por la noche anterior a la fiesta.

Si bien los Rishonim no estipularon que el recitado de Selijot sea de carácter obligatorio, los judíos acostumbran a hacerlo. Sin embargo, en el caso de quien le resulta muy dificultoso madrugar para Selijot durante el mes de Elul puede no hacerlo. Durante los Diez Días de Teshuvá deberá esforzarse en hacerlo ya que estos son días muy propicios para la teshuvá y la expiación (ver Talmud Babilonio Tratado de Rosh HaShaná 18(A), Rambám Teshuvá 2:6).

En el caso de quien no puede ir a dormir temprano, y el levantarse para Selijot puede causarle una fatiga tal que le impida cumplir con todas sus obligaciones laborales, es mejor que tampoco madrugue para Selijot durante los Diez Días de Teshuvá. En este caso, que procure recitar Salmos y, en caso de así desearlo, que recite durante el día, del texto de las Selijot, la parte permitida para personas que rezan individualmente (más adelante inc. 7).

Se acostumbra a indicar que también aquellos que se dedican con ahínco al estudio de la Torá, corresponde que dediquen el tiempo necesario para el recitado de Selijot (Birjei Iosef y Shaarei Teshuvá 581:1). Es así que en todas las ieshivot se acostumbra a recitar Selijot si bien esto se hace a cuenta del tiempo de estudio. Empero, en el caso de la persona para quien el madrugar le implique perder más tiempo de estudio durante el día del que habrá de dedicar a las Selijot, (ya que el cambio de horarios le ocasionará pérdida de concentración), es mejor que no se levante.

06. El horario de recitado de Selijot.

El mejor horario para recitar Selijot es al final de la noche, ya que es tiempo de misericordia y buena voluntad, momento de expectativa por la irrupción de la primera luz y la revelación de la Palabra Divina en el mundo. En este  momento todos duermen, el mundo está silencioso y limpio de malos pensamientos o malas acciones, entonces la plegaria prorrumpe de las profundidades del corazón quebrando así todas las barreras o velos que se interponen, y la oración es aceptada. De todas maneras, a partir de medianoche comienza el horario apropiado para recitar Selijot ya que entonces comienza la expectativa por la llegada de la aurora y es un tiempo de benevolencia y misericordia.

En las últimas generaciones el común de la gente acostumbra irse a dormir tarde y el horario común de levantarse oscila entre las seis y las siete de la mañana, esto es, unas dos horas después de la aurora. De levantarse al despuntar el alba, las personas estarán cansadas todo el día por lo que sus trabajos y estudios pueden verse afectados. Por esta razón, hoy día, muchas personas acostumbran a levantarse para Selijot una hora o media hora antes del horario habitual del rezo de Shajarit. Si bien entonces ya aclaró el día todavía se trata de un horario propicio para el recitado de Selijot. De ser posible, es preferible recitarlas por la noche pasada la medianoche. De todas maneras hay que tener cuidado que el recitado de las Selijot no provoque cansancio al grado tal que afecte la capacidad de la persona de cumplir con sus obligaciones laborales o de estudio.

Hay quienes opinan que en el caso de que la congregación no pueda organizarse para levantarse más temprano y recitar Selijot, se permite de manera extraordinaria que lo hagan a las diez de la noche a pesar de que aún no es medianoche (ver Igrot Moshé Oraj Jaím 2:105). Empero, en la práctica es mejor recitar las Selijot individualmente en el horario correcto ya que según la opinión de los kabalistas y muchos de los juristas, antes de medianoche no es horario propicio para Selijot, porque entonces el Rigor Divino aún está activo y el entorno está aún lleno de interferencias e impurezas de todo tipo así como de pensamientos negativos y acciones impropias (Birjei Iosef 581:1-2, Shaarei Teshuvá 1, Mishná Berurá 565:12).

Hay juristas que opinan que se debe ser meticuloso con cada expresión que emitimos durante las Selijot, cosa de no decir una mentira, como en el caso de las poesías que rezan «nos hemos levantado en la madrugada» etc, siendo que  quien recita Selijot después que aclaró o poco después de medianoche debe salteárselas (Aruj Hashulján 581:4).Se acostumbra a no tener cuidado de esto ya que la versión es una para todo el pueblo de Israel y por cuanto que diariamente hay judíos que sí se levantan en el horario ideal todos podemos decir, en su mérito, «nos hemos levantado en la madrugada».

07. Leyes referentes a las Selijot.

Se recitan las Selijot con Minián ya que los trece atributos de la Misericordia Divina son una cuestión referente a la Santidad (davar shebakdushá) y requieren de quórum (Shulján Aruj 565:5), y por supuesto que este se requiere también para recitar tanto el Medio Kadish inicial como el Kadish Titkabal final. Si en el horario fijado para recitar Selijot no se logró reunir Minián corresponde recitar «Ashrei», las súplicas y las poesías y saltear tanto los trece atributos de la Misericordia Divina como el prólogo que los antecede. Al momento en que se completa el Minián se deben recitar tres versículos, Medio Kadish y a partir de ahí se ha de comenzar con el recitado de los trece atributos entre las plegarias y las poesías (Mishná Berurá 581:4).

En el caso de quien se encuentra en un sitio en el cual carece de Minián para recitar Selijot, puede, si así lo desea, hacerlo individualmente salteándose los trece atributos de la Misericordia Divina que requieren de quorum o que los lea con la melodía de quien lee la Torá. Hay juristas que sostienen que en caso de recitar Selijot individualmente se deben saltear también las plegarias redactadas en la lengua aramea (Shulján Aruj 565:5, Mishná Berurá 581:4). Hay también quienes acostumbran a recitarlas individualmente (Kaf HaJaím 581:26).

Si bien no es preceptivo envolverse en el manto de oración o talit por la noche, según la usanza ashkenazí el oficiante de las Selijot lo viste en honor a la plegaria y a la congregación (Maguén Abraham 18:2, Shaar Hatziún 581:3). Según la usanza yemenita toda la congregación viste talit.

Según la sefaradí, el oficiante no precisa vestir talit ni siquiera en el servicio de Minjá y por ende tampoco en el de Arvit o durante las Selijot que se recitan por la noche. Empero, cuando el oficiante no está vestido con suficiente decoro, como por ejemplo si no viste un traje, es correcto que se ponga talit (HaRav Eliahu, Mikrael Kodesh 1, comentario 35).

Si el rezo es por la noche, el oficiante que viste talit no recita la bendición correspondiente al manto por cuanto que se trata de un caso dudoso: según Rabenu Asher (Rosh) se recita bendición por el talit a la noche y en opinión de Rambám no se recita. En caso de duda en cuestiones referentes al recitado de bendiciones se adopta la posición más flexible (Levush 581:1, ver Mishná Berurá 6). Hay quienes tienen el cuidado de vestir el talit de un amigo con la intención de no apropiárselo o adquirirlo, y por cuanto que talit prestado no requiere de la bendición correspondiente todos los juristas coinciden que en este casono se recita bendición (Tur Zahav 581:2).

En el caso de que un novio (en su semana nupcial),  o bien, el padre, el padrino o el Mohel de un niño que va a ser circuncidado ese día participan de las Selijot, también deben recitar la confesión e inclinarse sobre su rostro. Si bien hay juristas que no están de acuerdo esta es la práctica aceptada. Dado que el recitado de Selijot no es un deber absoluto, es mejor que los antes mencionados no participen del recitado de Selijot para que el público no se encuentre ante una situación de duda.

Según la usanza sefaradí se recita parte de las Selijot de pie y parte sentados; según la usanza yemenita se recita la mayoría de las Selijot sentados, mientras que según la ashkenazí todas se recitan de pie. En el caso de quienes les cuesta mantenerse de pie pueden sentarse y habrán de esmerarse de hacerlo durante la confesión (vidui), el recitado de los trece atributos de la Misericordia Divina y la apertura del arca sagrada. En el caso de ancianos, personas débiles y enfermos a quienes les cuesta mantenerse de pie, pueden permanecer sentados durante todas las Selijot (ver adelante 12).

08. Los trece atributos de la Misericordia Divina (Midot DeRajamim).

El punto culminante de las Selijot es el recitado de los trece atributos de la Misericordia Divina, que son los parámetros supremos por medio de los cuales Hashem dirige al pueblo de Israel. Estos atributos le fueron revelados a Moshé Rabenu una vez que Hashem perdonó al pueblo de Israel tras haber cometido el pecado del becerro de oro. En esta ocasión Moshé le pidió al Creador: «Muéstrame ahora Tu Gloria»,  a lo cual Hashem le respondió: «Yo haré pasar toda Mi bondad ante tu vista y pronunciaré Mi nombre ante ti», esto es, te revelaré los atributos mediante los cuales dirijo al pueblo de Israel. «Y descendió el Eterno en la nube y Moshé se acercó invocando Su Nombre». «Y mientras pasaba el Eterno delante de él exclamó: «Oh Eterno, Oh Eterno, D´s piadoso y clemente, lento en iras y grande en mercedes y en fidelidad que prodigas Tus favores a miles de generaciones, perdonas la iniquidad y el pecado pero no los dejas impunes». Estos son los trece atributos de la Misericordia Divina.

«Dijo Rabí Iojanán: si esto no estuviese en las escrituras nosotros no podríamos pronunciarlo. Aprendemos de aquí que el Kadosh Baruj Hú se envolvió en su manto de oración cual oficiante y le mostró a Moshé el orden de las plegarias a recitar. Le dijo: cuando el pueblo de Israel peque, que obren de acuerdo a esta orden y Yo los he de perdonar» (Talmud Babilonio Tratado de Rosh Hashaná 17(B)). Por esta razón, al recitar Selijot, en los días de ayunos públicos y en Yom Kipur, se dicen reiteradamente los atributos de la Misericordia Divina.

Justamente, tras el terrible pecado del becerro de oro, es cuando se evidencia que el nexo entre Hashem y el pueblo de Israel es eterno y ningún pecado puede dejarlo sin efecto. Si bien las transgresiones generan castigos y duros sufrimientos, desde su esencia el nexo entre Hashem y el pueblo de Israel se mantiene inmutable, por lo que siempre se puede retornar en teshuvá. Mediante el recitado de los trece atributos nos elevamos en nuestra fe y nos conectamos con Hashem de un modo tan profundo y elevado que los pecados cometidos resultan exteriores y superficiales, por lo que fácilmente se puede retornar al buen camino. Dado que al recitar los trece atributos se revela la virtud singular de la nación israelita, esto se puede hacer únicamente con Minián (Shulján Aruj 565:5, en el inciso 7 se especifica la regla que aplica para un individuo).

09. Ayunos a los efectos de retornar en teshuvá.

Muchos acostumbran ayunar en víspera de Rosh Hashaná a los efectos de asumir padecimientos que expíen por los pecados, ya que aquellas restricciones que la persona acepta para sí en el momento de retornar en teshuvá le limpian y eximen de los graves castigos que sus trasgresiones le ameritaron. Otro tanto ocurre con los ayunos públicos, estos expían a la congregación por los pecados cometidos y la eximen de padecer castigos.

Dijeron nuestros sabios (Midrash Tanjuma Emor 21): «Esto se asemeja a una ciudad que le debía un gran impuesto al rey, éste enviaba continuamente representantes para que cobren la deuda, mas sus gentes no lo abonaban ya que la suma era muy abultada.  ¿Qué hizo el rey? Le dijo a su corte y a su ejército: ¡Vayamos contra ella! Tras marchar unas diez millas los habitantes de la ciudad se enteraron de la invasión en camino y temieron. ¿Qué hicieron? Los notables de la misma salieron a recibir al rey. Este les preguntó: ¿Quién sois? Le respondieron: somos habitantes de la ciudad hacia la que marchas para cobrar el adeudo. ¿Qué queréis? Le respondieron: por favor ten clemencia de nosotros ya que no tenemos cómo pagar. Les respondió: os hago una quita de un tercio del importe. Al acercarse más a la ciudad salieron a su encuentro los de la clase media. Les preguntó: ¿Quién  sois? Le respondieron: somos habitantes de la ciudad a la que marchas para cobrar el adeudo, mas no podemos abonarlo y os pedimos tengas clemencia de nosotros. El rey les hizo una segunda quita de un tercio. Cuando ya se aproximó más a la ciudad salieron a su encuentro todos los habitantes de la misma, tanto los notables como el populacho. Les pregunto: ¿Qué queréis? Le respondieron: Señor nuestro, no tenemos con qué pagar lo que os debemos. Entonces, el rey les condonó el total de la deuda.

El rey es el Rey de Reyes el Kadosh Baruj Hú, enaltecido sea Su nombre, los habitantes de la ciudad son el pueblo de Israel que cometen pecados todos los días del año. ¿Qué hace el Kadosh Baruj Hú? Les dice: retornad en teshuvá desde Rosh Hashaná. ¿Qué hacen? En vísperas del año nuevo los grandes maestros de la generación ayunan y Hashem les hace una quita de un tercio de las trasgresiones, desde Rosh Hashaná hasta Yom Kipur algunas personas ayunan y Hashem les quita otro tercio de las trasgresiones. En Yom Kipur todo el pueblo de Israel ayuna y pide clemencia, hombres mujeres y niños y entonces el Kadosh Baruj Hú les borra toda la cuenta, tal como está escrito (Vaikrá 16:30): «por cuanto ese día hará expiación por vosotros, para purificaros de todos vuestros pecados ante el Eterno»

Dado que nuestros sabios afirmaron que el ayunar previo a Rosh Hashaná es sumamente beneficioso, antiguamente acostumbraba hacerlo casi todo el pueblo (ver inciso próximo). Así está escrito en el Shulján Aruj (581:2): «Se acostumbra  a ayunar en víspera de Rosh Hashaná». Sin embargo, no se trata de un ayuno  importante como los que recuerdan la destrucción del Templo, y por lo tanto muchos acostumbraban a hacerlo sólo hasta el mediodía o hasta «plag haminjá[1]«. De todas maneras no se solía ayunar hasta el final del día para no recibir la festividad cuando están ayunando (Ramá allí, Mishná Berurá 562:10).

Había quienes ayunaban diez días, tal como escribió el Ramá (ídem): «Los puntillosos acostumbran a ayunar cada uno diez días y es bueno hacerlo». Durante los Días del Retorno solían ayunar seis jornadas de las diez ya que en los dos días de Rosh Hashaná, en Shabat Shuvá y en víspera de Yom Kipur no se debe ayunar. A los efectos de completar diez días de ayuno se agregaron cuatro antes de Rosh Hashaná.

En las últimas generaciones se redujo mucho la cantidad de personas que acostumbran a ayunar, e incluso en víspera de Rosh Hashaná la mayoría de las personas no lo hacen. Hay quienes consideran que la gente es más débil y consentida que antes, por lo que no corresponde pedirles que se aflijan mediante prácticas piadosas (Jaié Adam 138:1). Los grandes maestros Jasídicos entienden que el servicio a D´s en estas generaciones debe ser realizado principalmente con alegría, por lo que se deben evitar prácticas que atenten contra ella. Quien desee cumplir con esta costumbre mas ayunar le resulta difícil, que lo sustituya mediante tzedaká aportando la suma que estaría dispuesto a abonar con tal de no hacerlo o, al menos que aporte el valor delos alimentos que acostumbra a consumir en el día.


[1]. Aproximadamente una hora y cuarto antes de la puesta del sol (n. de t.)

10. Víspera de Rosh Hashaná.

Tal como aprendimos en el inciso anterior, en los días de los Rishonim (Edad Media) la mayor parte del pueblo judío acostumbraba a ayunar en víspera de Rosh Hashaná (Shulján Aruj 581:2, Mishná Berurá 16). Hoy en día la mayoría de las personas acostumbra a no ayunar y sólo una pequeña minoría lo hace hasta el mediodía o «plag haminjá», mientras que otros sustituyen el ayuno mediante tzedaká.

Los ashkenazíes acostumbran recitar, en este día especialmente, más Selijot que de costumbre y en caso de haber comenzado a recitarlas antes que aclare el alba, se inclinan sobre el rostro (Nefilat Apaim) al finalizarlas. Empero, en el rezo de Shajarit no lo hacen por tratarse de víspera de fiesta. Si se comenzaron a recitar las Selijot después que despuntó el alba, se omite la inclinación sobre el rostro al finalizar las mismas (Mishná Berurá 581:23).

En víspera de Rosh Hashaná no se toca el Shofar, a los efectos de diferenciar entre los sonidos de Elul que no son de carácter preceptivo y los toques obligatorios de la festividad (Shulján Aruj 581:3, Levush). Hay quienes tienen el cuidado de no entrenarse ese día en el toque del Shofar para Rosh Hashaná, empero, en la práctica se puede practicar en una habitación cerrada (Maguén Abraham 14; Eliahu Rabá 4, Mishná Berurá 24).

Dado que la celebración de Rosh Hashaná es un día sagrado (Mikrá Kodesh) debe ser honrada de igual manera como el Shabat o las fiestas. Debemos prepararnos para su llegada limpiando la casa, lavando la ropa, bañándonos, preparando alimentos sabrosos y ornamentando la mesa. Quien precisa cortarse el cabello o afeitarse es preceptivo que lo haga en honor a la fiesta (Shulján Aruj  581:1, ver adelante cap. 3 y 4).

Se acostumbra a poner esmero en la preparación de variados alimentos para la mesa de Rosh Hashaná, y esto se considera como una buena señal para un nuevo año bueno y abundante. Así fue la tradición ancestral del pueblo judío, ya que se acostumbraba a faenar abundantes animales en víspera de Rosh Hashaná para las comidas festivas, al punto que es uno de los cuatro días del año en los que el matarife ritual más trabaja; por lo que se debe poner atención en no degollar a la madre y al hijo en el mismo día (Talmud Babilonio Tratado de Julín 83(A)).

Hay quienes acostumbran a ir a la Mikve (baño ritual) en víspera de Rosh Hashaná a los efectos de purificarse de cara al Día del Juicio (Ramá 581:4). En el caso de quien desee y le resulta dificultoso hacerlo  puede cumplir con esta tradición piadosa bañándose con nueve «kavín» de agua (Mishná Berurá 26), esto es, que se pare bajo la ducha hasta que hayan caído sobre si once litros de agua ininterrumpidamente teniendo el recaudo de que el agua lave todas las partes de su cuerpo (Pninei Halajá Moadim 1:16 obs. 8).

En víspera de Rosh Hashaná se acostumbra a liberar las promesas y  declarar la intención de abstenerse de formularlas en el año entrante (tal como se explicará más adelante 5:11 y 12).

11. El oficiante en los Días Solemnes.

El oficiante tiene un rol central que es el de dirigir el rezo. A veces todo el público recita junto a él las plegarias y él es quien imparte el ritmo; en otras ocasiones reza solo como enviado o representante de la congregación y ésta responde «Amén» tal como en la repetición de la Amidá o durante el recitado de los diferentes Kadish. Por esta razón el oficiante recibe la denominación de «Sheliaj Tzibur» que significa representante del público.

Por esta razón se debe tener cuidado de que el oficiante sea digno del rol sagrado  a desempeñar. Debe tratarse de una persona honesta, que no detente pecados importantes, especialmente que no haya robado. Debe además tratarse de alguien que llegó a adulto sin haber manchado su buen nombre, ni siquiera en su juventud mediante trasgresiones alevosas o premeditadas. Debe tratarse de una persona humilde y bien aceptada por la gente ya que es su representante. Debe recitar habitualmente las plegarias con precisión, así como también debe estudiar Torá y las enseñanzas de nuestros sabios con asiduidad. Debe saber entonar correctamente las diferentes melodías, su voz ha de ser agradable para así honrar con esta a su Creador e inducir a la congregación a concentrarse y elevarse en sus plegarias. En caso de no encontrar una persona que detente todas las virtudes antes mencionadas, se ha de escoger a quien se aproxime más al ideal, tanto en sabiduría como en buenas acciones (Talmud Babilonio Tratado de Ta´anit 16(A), Shulján Aruj 53:4-5).

En caso de que se presenten dos alternativas: un anciano que carece de estudio de Torá y no entiende el significado de las palabras del rezo pero que posee una bonita voz y es querido por el público; o un muchacho de trece años que no sabe las melodías pero entiende el significado de las plegarias, se habrá de optar por el segundo.

En ocasión de un ayuno por falta de lluvias, es menester que el oficiante del rezo sea además una persona pobre, con niños para mantener y sin una fuente de sustento para proveerles de sus necesidades, que trabaja en el campo y sufre sobremanera de los embates de la sequía. En caso de rezar por otro tipo de urgencias y necesidades, es importante que el oficiante sea uno de los que padezca los efectos de la dificultad en forma personal, o en su defecto, que oficie uno de los líderes comunitarios que carga con el yugo de las necesidades de la congregación (Talmud Babilonio Tratado de Ta´anit 16(A), Mishná Berurá 581:10).

Asimismo, es importante que el oficiante esté casado tal como el Sumo Sacerdote (Cohen Gadol) debía estarlo para poder realizar su magna tarea. Debe tener por lo menos treinta años de edad, la misma edad que debían tener los levitas para ser incorporados a la labor del Templo (Ramá 581:1). Un estudioso de la Torá soltero y joven antecede como oficiante a un lego (Am Haaretz) casado, que ya cumplió treinta años (Mishná Berurá 13). Una vez que una persona ejerció como oficiante no se lo suplanta por otro aunque el nuevo cante mejor, y no se le quita el rol a menos que se le haya encontrado algún defecto (Shulján Aruj 53:25).

En los días de nuestros sabios, de bendita memoria, estaba prohibido escribir libros de oraciones ya que sólo se permitía pasar por escrito los libros del Tanaj (Biblia Hebrea). Las cuestiones que se transmitían oralmente como el caso de las plegarias y bendiciones por ellos instituidas no se podían escribir (Talmud Babilonio Tratado de Tmurá 14(B)). En esos días el oficiante debía recitar todo el rezo en voz alta para que todos los que lo escuchaban pudiesen cumplir con el precepto de rezar y así cumplir con la obligación de la plegaria a todos aquellos que no sabían hacerlo de memoria. En esos días se acostumbraba a nombrar un oficiante fijo para todo el año y se procuraba que cumpla con todos los requisitos y virtudes antes mencionados. Nuestros sabios dijeron que todo aquel que ayuda a nombrar un oficiante indigno, usurpa el bien de la congregación y deberá rendir cuentas por ello en un futuro (Sefer Jasidim 758, Mishná Berurá 581:10).

Con el correr de las generaciones los sabios permitieron escribir la Torá Oral, y al inventarse la imprenta comenzaron a aparecer y a popularizarse Sidurim o libros de oración impresos. Por esta razón ya no es necesario designar un oficiante fijo para todos los rezos, pues todos rezan por sí mismos mediante los Sidurim que sostienen en sus manos y se acostumbra a designar un oficiante distinto para cada rezo sin revisar tanto sus virtudes.

Sin embargo, para los rezos de los Días Solemnes en los que suplicamos ante Hashem para que perdone nuestros pecados, nos ponga a salvo de los contratiempos y acerque la llegada de nuestra redención, es necesario poner hincapié en todos los requerimientos antes mencionados. Especialmente para el rezo de Musaf, durante el cual en Rosh Hashaná se toca el Shofar y en Yom Kipur se lee la rutina de la labor sagrada del Cohen Gadol en el Templo –la «Avodá»-. Nuestros sabios recomendaron que quien tenga conciencia de no ser digno de oficiar que evite hacerlo ya que en el Cielo amonestan rápidamente a un oficiante inapropiado que detenta malas acciones en su haber (Eliahu Rabá, Mishná Berurá 581:10).

Si se escogió como oficiante a una persona inapropiada es mejor no despertar discusiones a ese respecto. Primeramente, por la gravedad del pecado de la controversia. En segundo término, porque en la práctica, en los Días Solemnes cada quien reza de su propio Majzor o libro de rezos y no necesita del oficiante para cumplir con su deber de rezar (Jatam Sofer Oraj Jaím 205, Mishná Berurá 581:11).

Para oficiar el rezo, es muy importante contar con una voz agradable y saber bien la melodía; por lo que a la hora de rezar el oficiante debe tener en mente el honrar la Gloria Celestial y no estirar pasajes de la plegaria a los efectos de lucir su voz bonita. Si el oficiante estiró el rezo a causa de la vanidad, sobre él está escrito (Irmiahu 12:8): «Como ella alzó su voz contra Mí. Yo la aborrecí». Empero, si el oficiante hace el rezo más agradable mediante la dulzura de su voz y bellas melodías honrando la Gloria Celestial y despertando el entusiasmo y concentración de los presentes, será bendecido y su recompensa será muy grande (Rashbá, Shulján Aruj 53:11).

12. El rezo de la Amidá en voz alta y ponerse de pie durante la apertura del arca sagrada.

Según la Halajá la Amidá debe ser recitada en silencio (Pninei Halajá Tefilá 17:7), empero, en Rosh Hashaná y Yom Kipur hay quienes acostumbran recitarla en voz alta para mejorar la concentración. Si bien durante todo el año esto no se permite para no afectar la concentración de los demás orantes, en Rosh Hashaná todos tienen libros de rezo (majzorim) en sus manos por lo que no se teme que puedan cometer errores (Shulján Aruj 582:9). De todas maneras no se ha de elevar la voz en demasía para no molestar a los demás y para no verse como los profetas del dios Baal que gritaban a su ídolo (Ramá, Mishná Berurá 12).

Es mejor recitar la Amidá en silencio ya que en virtud de lo sublime de su tenor corresponde que sea inaudible a los demás orantes (Maguén Abraham Oraj Jaím 101:4, Mishná Berurá 11). Más aún, en los Días Solemnes es menester tener especial cuidado en estas cuestiones. En un sitio donde todos rezan en silencio como es la costumbre de la mayoría de las congregaciones, no se puede rezar en voz alta. Si bien no se teme que las personas se equivoquen en su rezo, de todas maneras quien reza en voz alta distrae y afecta la concentración de los demás.

Tal como se indica en los majzorim, se acostumbra a abrir el arca sagrada durante una parte de los rezos y en esos momentos toda la congregación se pone de pie en honor al rollo de la Torá que se descubre a ojos del público. Desde un punto de vista estrictamente formal, la obligación a ponerse de pie rige exclusivamente mientras el rollo de la Torá es conducido entre el público, mientras que cuando se encuentra en su lugar, tanto en el arca como en la tarima (bimá), no es obligatorio pararse. Por esta razón, personas de edad, débiles o enfermas, a quienes se les dificulta mantenerse de pie, pueden permanecer sentadas cuando se abre el arca sagrada. Solamente cuando se transporta el rollo de la Torá del arca sagrada a la tarima o viceversa deben hacer el esfuerzo de ponerse de pie.

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