11. El oficiante en los Días Solemnes.

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El oficiante tiene un rol central que es el de dirigir el rezo. A veces todo el público recita junto a él las plegarias y él es quien imparte el ritmo; en otras ocasiones reza solo como enviado o representante de la congregación y ésta responde «Amén» tal como en la repetición de la Amidá o durante el recitado de los diferentes Kadish. Por esta razón el oficiante recibe la denominación de «Sheliaj Tzibur» que significa representante del público.

Por esta razón se debe tener cuidado de que el oficiante sea digno del rol sagrado  a desempeñar. Debe tratarse de una persona honesta, que no detente pecados importantes, especialmente que no haya robado. Debe además tratarse de alguien que llegó a adulto sin haber manchado su buen nombre, ni siquiera en su juventud mediante trasgresiones alevosas o premeditadas. Debe tratarse de una persona humilde y bien aceptada por la gente ya que es su representante. Debe recitar habitualmente las plegarias con precisión, así como también debe estudiar Torá y las enseñanzas de nuestros sabios con asiduidad. Debe saber entonar correctamente las diferentes melodías, su voz ha de ser agradable para así honrar con esta a su Creador e inducir a la congregación a concentrarse y elevarse en sus plegarias. En caso de no encontrar una persona que detente todas las virtudes antes mencionadas, se ha de escoger a quien se aproxime más al ideal, tanto en sabiduría como en buenas acciones (Talmud Babilonio Tratado de Ta´anit 16(A), Shulján Aruj 53:4-5).

En caso de que se presenten dos alternativas: un anciano que carece de estudio de Torá y no entiende el significado de las palabras del rezo pero que posee una bonita voz y es querido por el público; o un muchacho de trece años que no sabe las melodías pero entiende el significado de las plegarias, se habrá de optar por el segundo.

En ocasión de un ayuno por falta de lluvias, es menester que el oficiante del rezo sea además una persona pobre, con niños para mantener y sin una fuente de sustento para proveerles de sus necesidades, que trabaja en el campo y sufre sobremanera de los embates de la sequía. En caso de rezar por otro tipo de urgencias y necesidades, es importante que el oficiante sea uno de los que padezca los efectos de la dificultad en forma personal, o en su defecto, que oficie uno de los líderes comunitarios que carga con el yugo de las necesidades de la congregación (Talmud Babilonio Tratado de Ta´anit 16(A), Mishná Berurá 581:10).

Asimismo, es importante que el oficiante esté casado tal como el Sumo Sacerdote (Cohen Gadol) debía estarlo para poder realizar su magna tarea. Debe tener por lo menos treinta años de edad, la misma edad que debían tener los levitas para ser incorporados a la labor del Templo (Ramá 581:1). Un estudioso de la Torá soltero y joven antecede como oficiante a un lego (Am Haaretz) casado, que ya cumplió treinta años (Mishná Berurá 13). Una vez que una persona ejerció como oficiante no se lo suplanta por otro aunque el nuevo cante mejor, y no se le quita el rol a menos que se le haya encontrado algún defecto (Shulján Aruj 53:25).

En los días de nuestros sabios, de bendita memoria, estaba prohibido escribir libros de oraciones ya que sólo se permitía pasar por escrito los libros del Tanaj (Biblia Hebrea). Las cuestiones que se transmitían oralmente como el caso de las plegarias y bendiciones por ellos instituidas no se podían escribir (Talmud Babilonio Tratado de Tmurá 14(B)). En esos días el oficiante debía recitar todo el rezo en voz alta para que todos los que lo escuchaban pudiesen cumplir con el precepto de rezar y así cumplir con la obligación de la plegaria a todos aquellos que no sabían hacerlo de memoria. En esos días se acostumbraba a nombrar un oficiante fijo para todo el año y se procuraba que cumpla con todos los requisitos y virtudes antes mencionados. Nuestros sabios dijeron que todo aquel que ayuda a nombrar un oficiante indigno, usurpa el bien de la congregación y deberá rendir cuentas por ello en un futuro (Sefer Jasidim 758, Mishná Berurá 581:10).

Con el correr de las generaciones los sabios permitieron escribir la Torá Oral, y al inventarse la imprenta comenzaron a aparecer y a popularizarse Sidurim o libros de oración impresos. Por esta razón ya no es necesario designar un oficiante fijo para todos los rezos, pues todos rezan por sí mismos mediante los Sidurim que sostienen en sus manos y se acostumbra a designar un oficiante distinto para cada rezo sin revisar tanto sus virtudes.

Sin embargo, para los rezos de los Días Solemnes en los que suplicamos ante Hashem para que perdone nuestros pecados, nos ponga a salvo de los contratiempos y acerque la llegada de nuestra redención, es necesario poner hincapié en todos los requerimientos antes mencionados. Especialmente para el rezo de Musaf, durante el cual en Rosh Hashaná se toca el Shofar y en Yom Kipur se lee la rutina de la labor sagrada del Cohen Gadol en el Templo –la «Avodá»-. Nuestros sabios recomendaron que quien tenga conciencia de no ser digno de oficiar que evite hacerlo ya que en el Cielo amonestan rápidamente a un oficiante inapropiado que detenta malas acciones en su haber (Eliahu Rabá, Mishná Berurá 581:10).

Si se escogió como oficiante a una persona inapropiada es mejor no despertar discusiones a ese respecto. Primeramente, por la gravedad del pecado de la controversia. En segundo término, porque en la práctica, en los Días Solemnes cada quien reza de su propio Majzor o libro de rezos y no necesita del oficiante para cumplir con su deber de rezar (Jatam Sofer Oraj Jaím 205, Mishná Berurá 581:11).

Para oficiar el rezo, es muy importante contar con una voz agradable y saber bien la melodía; por lo que a la hora de rezar el oficiante debe tener en mente el honrar la Gloria Celestial y no estirar pasajes de la plegaria a los efectos de lucir su voz bonita. Si el oficiante estiró el rezo a causa de la vanidad, sobre él está escrito (Irmiahu 12:8): «Como ella alzó su voz contra Mí. Yo la aborrecí». Empero, si el oficiante hace el rezo más agradable mediante la dulzura de su voz y bellas melodías honrando la Gloria Celestial y despertando el entusiasmo y concentración de los presentes, será bendecido y su recompensa será muy grande (Rashbá, Shulján Aruj 53:11).

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