10. Víspera de Rosh Hashaná.

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Tal como aprendimos en el inciso anterior, en los días de los Rishonim (Edad Media) la mayor parte del pueblo judío acostumbraba a ayunar en víspera de Rosh Hashaná (Shulján Aruj 581:2, Mishná Berurá 16). Hoy en día la mayoría de las personas acostumbra a no ayunar y sólo una pequeña minoría lo hace hasta el mediodía o «plag haminjá», mientras que otros sustituyen el ayuno mediante tzedaká.

Los ashkenazíes acostumbran recitar, en este día especialmente, más Selijot que de costumbre y en caso de haber comenzado a recitarlas antes que aclare el alba, se inclinan sobre el rostro (Nefilat Apaim) al finalizarlas. Empero, en el rezo de Shajarit no lo hacen por tratarse de víspera de fiesta. Si se comenzaron a recitar las Selijot después que despuntó el alba, se omite la inclinación sobre el rostro al finalizar las mismas (Mishná Berurá 581:23).

En víspera de Rosh Hashaná no se toca el Shofar, a los efectos de diferenciar entre los sonidos de Elul que no son de carácter preceptivo y los toques obligatorios de la festividad (Shulján Aruj 581:3, Levush). Hay quienes tienen el cuidado de no entrenarse ese día en el toque del Shofar para Rosh Hashaná, empero, en la práctica se puede practicar en una habitación cerrada (Maguén Abraham 14; Eliahu Rabá 4, Mishná Berurá 24).

Dado que la celebración de Rosh Hashaná es un día sagrado (Mikrá Kodesh) debe ser honrada de igual manera como el Shabat o las fiestas. Debemos prepararnos para su llegada limpiando la casa, lavando la ropa, bañándonos, preparando alimentos sabrosos y ornamentando la mesa. Quien precisa cortarse el cabello o afeitarse es preceptivo que lo haga en honor a la fiesta (Shulján Aruj  581:1, ver adelante cap. 3 y 4).

Se acostumbra a poner esmero en la preparación de variados alimentos para la mesa de Rosh Hashaná, y esto se considera como una buena señal para un nuevo año bueno y abundante. Así fue la tradición ancestral del pueblo judío, ya que se acostumbraba a faenar abundantes animales en víspera de Rosh Hashaná para las comidas festivas, al punto que es uno de los cuatro días del año en los que el matarife ritual más trabaja; por lo que se debe poner atención en no degollar a la madre y al hijo en el mismo día (Talmud Babilonio Tratado de Julín 83(A)).

Hay quienes acostumbran a ir a la Mikve (baño ritual) en víspera de Rosh Hashaná a los efectos de purificarse de cara al Día del Juicio (Ramá 581:4). En el caso de quien desee y le resulta dificultoso hacerlo  puede cumplir con esta tradición piadosa bañándose con nueve «kavín» de agua (Mishná Berurá 26), esto es, que se pare bajo la ducha hasta que hayan caído sobre si once litros de agua ininterrumpidamente teniendo el recaudo de que el agua lave todas las partes de su cuerpo (Pninei Halajá Moadim 1:16 obs. 8).

En víspera de Rosh Hashaná se acostumbra a liberar las promesas y  declarar la intención de abstenerse de formularlas en el año entrante (tal como se explicará más adelante 5:11 y 12).

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