22. La lectura de la Torá.

01. El deber de la lectura de la Torá.

El estudio de la Torá (y su enseñanza) es el precepto fundamental del judaísmo ya que todos los demás deberes dependen de éste. La Torá no especificó un momento para su estudio, sino que en todo momento es deber hacerlo, tal como le dijo D´s a Iehoshúa (Josué 1:8): «meditarás en él (este libro) día y noche». A los efectos de establecer un marco que exprese la relación permanente entre el pueblo de Israel y la Torá, Moshé decretó que ésta se lea en el día de Shabat, y los lunes y jueves por la mañana, para que así no pasen tres días sin escuchar sus palabras (Rambám Tefilá 12:1).

Dijeron nuestros sabios en el Talmud Babilonio (Baba Kama 82(A)) que este decreto fue establecido en virtud de lo que está escrito (Shemot-Éxodo 15:22): «y anduvieron tres días por el desierto sin hallar agua». Moshé y sus alumnos los ancianos y los profetas, entendieron que la razón de la escasez de agua radicaba en que durante tres días no se habían dedicado al estudio público de la Torá. Ésta, ha sido comparada con el agua por cuanto que el agua da vida a todos los seres vivos y a la vegetación, así también la Torá da vida y restaura al alma. Dado que el pueblo se desconectó un poco de la Torá, los manantiales dejaron de fluir. Sin duda que durante esos tres días los eruditos de la generación estudiaron, empero el grueso del pueblo de Israel no estudió de manera pública. Por esta razón, se estableció la lectura de la Torá para todos los lunes jueves y sábados de modo tal que no pasen más de tres días sin que ésta se lea en público.

Ezra Hasofer (el escriba) decretó además que los lunes y jueves suban a la Torá tres personas y cada uno lea por lo menos tres versículos y que en total no se lean  menos de diez (Talmud Babilonio Tratado de Baba Kama 82(A), Shulján Aruj 137:1-2. En Peninei Halajá Likutim I 4:2-3 se explican las razones de esta regla).

02. El rollo de la Torá.

La lectura de la Torá se debe llevar a cabo  de un rollo apto o casher. Esto implica que el mismo haya sido escrito con tinta sobre un pergamino, a los efectos de cumplir con el precepto (leshem shamaim), tal como fue escrito el primer rollo de mano de Moshé por indicación Divina. Esto significa que también el público que estudia Torá de manera permanente, debe encontrarse tres veces por semana con el mismo libro que fue entregado a Moshé en Sinai. Si no hay Minián no se puede proceder a la lectura de la Torá por cuanto que se trata de una cuestión relativa a la Santidad, que para cumplirla se requiere un quórum de diez sobre el que repose la Divina Presencia.

Si al rollo de la Torá le falta una sola letra, está invalidado para su uso y no se puede cumplir con éste el precepto de la lectura. Esta norma pone en evidencia el carácter especial de la Torá, que es una idea Divina que se expresa en todo el libro y cada uno de sus preceptos, instrucciones y letras. En caso de faltar una sola letra, estamos ante una carencia en la completitud absoluta de la Divina Torá.

Sin embargo, de acuerdo con la opinión de algunos sabios medievales, es posible leer de un rollo de la Torá no apto o casher (respuesta del Rambám  a los sabios de Narbona, Mordeji). Empero en la práctica, la mayoría de los juristas considera que sólo se puede cumplir con el precepto de la  lectura de un rollo apto y así es la halajá (Rashbá, Rosh y Rambám en sus halajot, Shulján Aruj 143:3).

Si en medio de la lectura se descubre una letra borroneada o estropeada que anula la validez o aptitud del rollo, se extrae otro y se continúa leyendo desde el sitio en el cual se interrumpió la lectura en el primero. Por una parte, no se continúa leyendo del primer rollo por cuanto que en opinión de la mayoría de los juristas está prohibido leer de uno no apto. Por otra parte, no se exige a la comunidad que vuelva a leer desde el inicio de la porción de lectura pues a posteriori se confía en la opinión de los juristas que consideran que se cumple con el deber mediante la lectura de un rollo no apto.

Si se encuentra un defecto en una de las letras y se duda respecto de si el mismo implica la no aptitud del rollo entero, se continúa leyendo del mismo. Esto se debe a que hay dos motivos que permiten adoptar una actitud flexible: primeramente puede ser que el rollo sea apto; además, aunque tenga defectos vimos que hay quienes opinan que a posteriori se puede leer de un rollo defectuoso. Tras la lectura se debe actuar con diligencia a los efectos de corregir el rollo.

03. La extracción del rollo de la Torá del arca y su devolución.

Se acostumbra a recitar versículos al abrirse el arca y mientras se conduce el rollo a la tarima de lectura, así como también durante su devolución. Tal como está impreso en los libros de rezo, cada comunidad conforme a sus costumbres.

Los ashkenazíes acostumbran a entonar primeramente «E-l Erej Apáim…» salvo los días en los que no se recita Tajanún. Tras algunos versículos  acostumbran a decir «Brij Shemei«. Los sefaradíes acostumbran a recitar este pasaje en sábados y días de fiesta únicamente y algunos lo dicen también en Rosh Jodesh (Piskei Teshuvá 134:13).

El oficiante debe sostener el rollo de la Torá con la mano derecha y al entonar «Gadelú» habrá de elevarlo un poco. Según la usanza ashkenazí en sábados y días de fiesta el oficiante debe recitar «Shemá…» y «Ejad…», eleva el rollo y el público repite tras él. Luego debe ir por el lado derecho para traer el rollo al podio de lectura (Ramá 134:2, Mishná Berurá13). Se acostumbra a besar el  rollo de la Torá y acompañarlo unos pasos cuando pasa cerca de uno. La mayoría de las personas acostumbran a besar el rollo directamente con sus bocas mientras que hay quienes lo tocan con sus manos y acto seguido se las besan (ver Piskei Teshuvá 149:1-2). Una persona enferma o resfriada es  bueno que no bese el rollo directamente con su boca para no contagiar a los demás.

El encargado de la sinagoga debe preparar el rollo en el sitio en el cual se debe leer para que no haya necesidad de prepararlo mientras el público espera, pues no sería respetuoso para con éste. Normalmente no es necesario prepararlo, por cuanto que la lectura se lleva a cabo conforme el orden de las porciones semanales. Sin embargo, en los días de fiesta, novilunios y ayunos se leen porciones diferentes que no van de acuerdo al orden semanal, por lo que es necesario preparar los rollos para su lectura  y luego es necesario devolverlos a su capítulo anterior, conforme al orden semanal.

Si por error se extrae otro rollo de la Torá que el deseado, se acostumbra a no cambiarlo aunque el público tenga que esperar a que se coloque en la porción deseada. Esto honra al rollo de la Torá, ya que una vez que es extraído no se lo cambia por otro (Kaf HaJaím 144:13). Hay otros juristas que opinan que se puede cambiar de rollo para evitar que el público pierda tiempo, inclusive si el rollo equivocado ya fue colocado sobre el podio de lectura. En caso de necesidad, si el público es sensible a su tiempo perdido, se puede actuar conforme a esta última opinión (Igrot Moshé Oraj Jaím II 37).

04. El alzado del rollo de la Torá y su posterior devolución.

Los sabios estipularon que se alce el rollo de la Torá para mostrar sus letras a todo el público. En el pasado se acostumbraba a alzar el rollo antes de su lectura (Tratado de Sofrim 14:13-14) y así lo hacen hasta hoy los sefaradíes, algunos ashkenazíes y esa es la costumbre del Arí z´´l. La mayoría de los ashkenazíes acostumbran a alzar el rollo de la Torá después de la lectura para que todos sepan que lo más importante es escuchar la lectura y a partir de esta se le muestra el libro al pueblo (Shulján Aruj 134:2, Mishná Berurá 8, Kaf HaJaím 17, Piskei Teshuvá 9).

Tan importante es la acción de alzar el rollo de la Torá que nuestros sabios dijeron (Talmud Babilonio Tratado de Meguilá 32(A)) que quien lo anuda (el «golel» pero el texto se refiere a quien lo alza) recibe la recompensa de todos los que subieron a leer conjuntamente. Por lo tanto, corresponde invitar a alzar el rollo de la Torá a una de las personas honorables de la comunidad. Hoy día se acostumbra a honrar también con el alzamiento a personas simples, empero la práctica más adecuada es llamar a las personas importantes de la congregación. De todas maneras, se debe tener cuidado de no llamar a alguien a quien se le pueda caer la Torá de entre sus manos.

A priori, al ser alzado, el rollo debe estar abierto en el sitio de lectura, empero si no lo estaba no es necesario volver a alzarlo (ver Piskei Teshuvá 134:4). Para alzar un rollo de la Torá ashkenazí se debe abrir de manera tal que se vean tres columnas escritas (Mishná Berurá 134:8).

Hay personas que alzan el rollo de la Torá erróneamente ya que giran levemente hacia la derecha y hacia la izquierda y muchas personas de entre el público que están sentadas al frente del arca no pueden ver las letras. Quien alza el rollo debe poner cuidado en que todos puedan ver las letras, realizando pausadamente un giro completo (ver Piskei Teshuvá 134:5).

Las personas que ven el rollo alzado deben inclinarse y recitar «Vezot HaTorá…» (Tratado de Sofrim 14:14, Shulján Aruj 134:2). Muchos de los ashkenazíes no tenían la costumbre de inclinarse y hay quienes le dieron a esto explicaciones apologéticas, empero a priori, lo correcto es inclinarse al ver las letras (Har Tzví Oraj Jaim 1:64).

Hay quienes acostumbran a señalar el rollo cuando recitan «Vezot HaTorá…» y luego se besan el dedo. Otros, acostumbran a sostener el tzitzit y señalar con este en dirección del rollo de la Torá y luego lo besan.

Los Gaonitas establecieron que se recite medio Kadish tras la conclusión de la lectura de la Torá, tal como se hace tras el recitado de versículos (Piskei Teshuvá 147:9). A los efectos de no interrumpir demasiado entre el rezo y el «Kadish Titkabal» que se recita después de «Ubá Letzión…» se dice únicamente medio Kadish.

Los ashkenazíes acostumbran a recitar «Iehí Ratzón…» mientras se ata el rollo de la Torá pero en los días en los que no se recita el Tajanún no lo hacen (ver Piskei Teshuvá 147:7).

De acuerdo con la tradición ashkenazí y parte de los sefaradíes, se devuelve la Torá al arca antes de recitar el «Ashrei«. Según la usanza jasídica y la mayoría de los sefaradíes se devuelve la Torá al arca después de «Ubá Letzión…» y el «Kadish Titkabal«.

Se acostumbra a recitar versículos mientras se conduce la Torá y se la introduce en el arca sagrada.

05. El lector de la Torá.

Se debe leer la Torá con sus entonaciones, de acuerdo a la melodía tradicional que pone énfasis en el significado de la lectura. Dado que las entonaciones no están escritas sobre el rollo de la Torá, el lector debe aprenderlas de memoria. En caso de que no haya entre el público alguien que haya estudiado las entonaciones del pasaje a leer, otra persona podrá mirar en un libro impreso y susurrárselas al lector (Mishná Berurá 142:8). En caso de que no haya entre  el público quien pueda leer con las entonaciones, a posteriori, se puede cumplir con el deber de la lectura sin éstas (Shulján Aruj 142:2).

Es necesario leer la Torá con exactitud. En caso de que el lector se equivoque de modo tal que cambió el significado de la palabra, debe volver a leerla correctamente. No se repite la lectura en el caso de un error que no implique un cambio en el sentido de la palabra.

En un inicio se acostumbraba que quien subía a la Torá leyera por sí mismo y de esa manera todos preparaban la lectura o el encargado planificaba con tiempo el orden de los que pasaban para que puedan prepararse. Esta es la usanza actual de los yemenitas.

Empero ya desde la Edad Media (época de los Rishonim), la mayoría de las comunidades acostumbraron a designar un lector de la Torá para todo el público. Quien sube a la Torá bendice antes y después de la lectura y el lector designado lee en su lugar. Esto se hace para evitar ofender a quienes no saben leer la Torá (Ran) a quienes creen que saben pero en realidad no leen correctamente y si el encargado no los invita a leer se molestan (Rosh). (Ver Shulján Aruj 139:1-2; Peninei Halajá Likutim I 4:6).

06. El que sube a la Torá y las bendiciones que recita.

A pesar de que toda persona recita por la mañana las bendiciones de la Torá, los sabios establecieron que quienes son honrados con subir a ella las reciten nuevamente antes y después de la lectura. Esto tiene por cometido afianzar en el corazón de la persona el origen Divino de la Torá.

En un inicio se acostumbraba que solamente el primero y el último que subían bendecían. El primero recitaba la primera bendición previo a la lectura, los demás que subían no bendecían y el último en hacerlo bendecía una vez que esta concluía.

Posteriormente se decretó que todo aquel que subía a la Torá bendiga al principio y al final de su sección. Este decreto se estableció por causa de los que entran y salen de la sinagoga durante la lectura. Los sabios temieron que una persona entre en medio de la lectura y no escuche al primero que bendijo y piense que no se bendice antes de comenzar a leer. Por esta razón, los sabios establecieron que cada uno que sube a la Torá bendiga antes de comenzar la lectura de su sección. Además, los sabios temieron que si una persona sale en medio de la lectura y como no alcanzó a escuchar la bendición del último que subió, puede llegar a pensar que no se bendice al terminar de leer. Por esta razón, se estableció que todo aquel que sube a la Torá bendiga al finalizar la lectura de su sección (Talmud Babilonio Tratado de Meguilá 21(B)). De esto se puede aprender cuán importante es la bendición de la Torá, al punto que nuestros sabios decretaron que todo aquel que sube durante la lectura bendiga al principio y al final, para que no haya un solo judío que piense que no se recitó la bendición antes o después de leer (ver arriba 10:1).

El que sube a la Torá debe repetir la lectura tras el oficiante, palabra por palabra y en voz baja, ya que como él es quien bendijo, en caso de no leerla se teme que su bendición haya sido en vano (Shulján Aruj Oraj Jaim 141:2).

En caso de necesidad o premura también se llama a la Torá a quien no sabe leer en absoluto o a un ciego; aunque si bien el Shulján Aruj es de la opinión que no se debe hacer subir a la Torá a quien no es capaz de leer tras el lectorlas palabras del texto escrito. De todas maneras, el Ramá sentenció conforme a la opinión más flexible e incluso en las comunidades sefaradíes, en caso de necesidad o premura, así actúan (ver Kaf HaJaím 135:16, Ialkut Iosef III 139:4).

07. El orden de los que suben a la lectura.

Nuestros sabios establecieron que con el primer ascenso a la lectura se honre a un cohen, con el segundo a un leví y con el tercero a un israelita. La razón de este decreto es mantener la armonía y la paz entre las personas («mipnei darkei Shalom«) para que no discutan por el honor del primer ascenso. Este decreto estaba destinado a los sábados que es el día en que se reúne la mayor cantidad de judíos en la sinagoga y el temor a las discusiones por los ascensos es mayor (Talmud Babilonio Tratado de Guitín 59(B)). De todas maneras, los sabios medievales escribieron que se debe actuar así también los lunes y jueves y así sentenció la halajá final (Shulján Aruj 135:3). Si no hay un cohen en la sinagoga se llama a un israelita para el primer ascenso y no se llama a un leví tras este (Shulján Aruj 135:6, según Ramá y Beit Iosef se puede llamar primero a un leví y hay quienes opinan que no, ver Mishná Berurá 24, Kaf HaJaím 40).

Si el cohen es del mismo nivel de conocimiento en Torá que el israelita, aunque no mediase el decreto rabínico, debería subir igualmente primero a la Torá por cuanto que está escrito (Vaikrá-Levítico 21:8) «y lo consagrarás (al cohen)». Empero el decreto de nuestros sabios establece que aunque el israelita sea más erudito en la Torá que el cohen, este último ha de subir primero a la lectura para mantener la paz y la armonía entre las personas. Los sabios medievales debatieron respecto de qué hacer en el caso de un cohen lego y un israelita erudito. Según la opinión de Rashbá se debe llamar primero al israelita erudito y en la opinión de Rabí Amram Gaón, Rabí Natronai Gaón y otros sabios medievales se debe dar prioridad al cohen aunque sea lego y así es como se acostumbra en la práctica (Shulján Aruj 135:4).

A veces surge una gran necesidad de agregar una persona más que suba a la lectura de la Torá, como por ejemplo cuando un lunes llegan a la sinagoga dos novios israelitas y como los primeros dos ascensos están reservados para el cohen y el leví, resulta que de no agregar un ascenso uno de los novios quedaría excluido de la lectura. Según la opinión de Ramá se puede agregar un ascenso, empero en la práctica se sentenció que no se puede exceder de tres (Shulján Aruj 135:1, Mishná Berurá 3). La solución puede ser pedirle al cohen que salga de la sinagoga durante la lectura de la Torá, entonces se hace subir a un israelita primero y así cabe hacer subir a los dos novios (ver Iabía Omer VIII 23).

08. La conducta adecuada del público durante la lectura de la Torá.

Está prohibido salir de la sinagoga desde el momento en que comienza la lectura de la Torá y hasta que esta concluye. Quien ya escuchó la lectura de ese día tiene igualmente prohibido salir. En caso de salir, atenta contra el honor de la Torá y sobre él está escrito (Isaías 1:28): «los que abandonan al Eterno serán consumidos». En el caso de quien le urge salir porque su transporte está por partir y si se queda a toda la lectura lo perderá, podrá hacerlo entre las lecturas, ya que entonces el rollo se cierra y la afrenta a la Torá es menor (Shulján Aruj Oraj Jaím 146:1).

Según la ley, no es obligatorio mantenerse de pie durante la lectura de la Torá si bien hay quienes se esmeran en hacerlo, tal como todo el pueblo lo hizo cuando recibimos la ley en Sinai (Ramá Oraj Jaím 146:7). Hay quienes cumplen con mayor rigidez y se ponen de pie cuando se responde al «Barejú» por cuanto que se trata de un asunto relativo a la Santidad y requiere ponerse de pie para su recitado (Mishná Berurá 146:18). La opinión mayoritaria de los juristas es que no es obligatorio estar de pie durante la lectura de la Torá y así se sentenció en el Shulján Aruj (146:4). El Arí  z´´l acostumbraba a mantenerse sentado durante toda la lectura de la Torá incluso cuando se recitaba el «Barejú» (Kaf HaJaím 146:20). Esta es la costumbre generalizada en muchas sinagogas ashkenazíes y sefaradíes.

A partir del momento en que se abre el rollo de la Torá para su lectura, el público no puede hablar ni siquiera sobre halajá (Talmud Babilonio Tratado de Sotá 39(A)). Hay quienes permiten hablar un poco sobre Torá entre lecturas siempre y cuando la conversación no se prolongue hasta la bendición siguiente o la lectura misma (Bait Jadash). Hay otros juristas que consideran que no se puede hablar en las pausas entre lecturas ni siquiera sobre Torá y solo se permite el estudio personal (Eliahu Rabá). Es bueno ser estricto en esta norma ya que quienes comienzan a hablar durante la pausa les resultará difícil dejar de hacerlo cuando quien asciende comience a bendecir.

Un rabino tiene permitido responder una pregunta urgente durante las pausas entre las lecturas (Mishná Berurá 146:6). Asimismo, los encargados de la sinagoga tienen también permitido hablar en estas pausas sobre cuestiones relativas al rezo. En caso de fuerza mayor, el rabino podrá responder preguntas urgentes durante la lectura. De la misma manera, los encargados pueden hablar de cuestiones urgentes e impostergables como por ejemplo averiguar el nombre de la próxima persona a subir o evitar que alguno de los presentes se ofenda porque espera ser invitado para la lectura de la Torá.

09. Quien reza solo y el público que no leyó la Torá.

La lectura de la Torá fue decretada para el público y esta obligación no recae sobre cada individuo por separado (Rambán, a Meguilá 5(A)). Por lo tanto quien se ve en la necesidad de salir en medio de la lectura de la Torá y perdió parte de esta no precisa buscar otro servicio en el cual completarla.

En el caso de quien se encuentra en la disyuntiva entre rezar con Minián y salir antes de la lectura de la Torá o escuchar la lectura y luego rezar solo, es preferible la primer opción pues el deber del individuo es rezar con quórum, siendo que la lectura de la Torá es un deber de la congregación y no individual (ver Minjat Itzjak 7:6, ver Piskei Teshuvá 135:2). Asimismo, quien tenía que rezar solo y luego se enteró de un Minián que aún no leyó la Torá, no está obligado de ir a escuchar la lectura (Iabía Omer IV Ioré Deá 31:3).

Quien llegó tarde al servicio y mientras recita los cánticos de alabanza o las bendiciones del recitado del Shem- el público comenzó a leer la Torá, si va de tener oportunidad de escuchar la lectura más tarde- que continúe con su rezo. Empero si no habrá de tenerla posteriormente, a priori es bueno que se detenga en su rezo y la escuche (Leket Iosher pág. 18; Iabía Omer 7:9).

Si se juntan por la mañana seis personas que rezaron solas y no leyeron la Torá, pueden incorporar otros cuatro y leerla (Beur Halajá 143:1, ver Piskei Teshuvá143:3).

Incluso si las personas en cuestión se reunieron por la tarde, en opinión de muchos de los sabios de las últimas generaciones, podrán completar la lectura de la Torá en el horario de Minjá (Mishná Berurá 135:1). Si bien hay juristas que difieren y sostienen que no se debe leer la Torá después del mediodía, de todas maneras en la práctica, quien quiera completar la lectura por la tarde lo podrá hacer y así lo hicieron muchos de los grandes maestros de Israel (Responsa Iehudá Iaalé a Oraj Jaím 51). Por lo tanto, si hay un Minián de soldados o personas que están de viaje y carecían de rollo de la Torá durante el servicio de Shajarit y por la tarde consiguieron uno, podrán entonces leer lo que les faltó por la mañana (ver Iabía Omer 4:17, Piskei Teshuvá 135:24).

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