05. El lector de la Torá.

Se debe leer la Torá con sus entonaciones, de acuerdo a la melodía tradicional que pone énfasis en el significado de la lectura. Dado que las entonaciones no están escritas sobre el rollo de la Torá, el lector debe aprenderlas de memoria. En caso de que no haya entre el público alguien que haya estudiado las entonaciones del pasaje a leer, otra persona podrá mirar en un libro impreso y susurrárselas al lector (Mishná Berurá 142:8). En caso de que no haya entre  el público quien pueda leer con las entonaciones, a posteriori, se puede cumplir con el deber de la lectura sin éstas (Shulján Aruj 142:2).

Es necesario leer la Torá con exactitud. En caso de que el lector se equivoque de modo tal que cambió el significado de la palabra, debe volver a leerla correctamente. No se repite la lectura en el caso de un error que no implique un cambio en el sentido de la palabra.

En un inicio se acostumbraba que quien subía a la Torá leyera por sí mismo y de esa manera todos preparaban la lectura o el encargado planificaba con tiempo el orden de los que pasaban para que puedan prepararse. Esta es la usanza actual de los yemenitas.

Empero ya desde la Edad Media (época de los Rishonim), la mayoría de las comunidades acostumbraron a designar un lector de la Torá para todo el público. Quien sube a la Torá bendice antes y después de la lectura y el lector designado lee en su lugar. Esto se hace para evitar ofender a quienes no saben leer la Torá (Ran) a quienes creen que saben pero en realidad no leen correctamente y si el encargado no los invita a leer se molestan (Rosh). (Ver Shulján Aruj 139:1-2; Peninei Halajá Likutim I 4:6).

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