06. El que sube a la Torá y las bendiciones que recita.

A pesar de que toda persona recita por la mañana las bendiciones de la Torá, los sabios establecieron que quienes son honrados con subir a ella las reciten nuevamente antes y después de la lectura. Esto tiene por cometido afianzar en el corazón de la persona el origen Divino de la Torá.

En un inicio se acostumbraba que solamente el primero y el último que subían bendecían. El primero recitaba la primera bendición previo a la lectura, los demás que subían no bendecían y el último en hacerlo bendecía una vez que esta concluía.

Posteriormente se decretó que todo aquel que subía a la Torá bendiga al principio y al final de su sección. Este decreto se estableció por causa de los que entran y salen de la sinagoga durante la lectura. Los sabios temieron que una persona entre en medio de la lectura y no escuche al primero que bendijo y piense que no se bendice antes de comenzar a leer. Por esta razón, los sabios establecieron que cada uno que sube a la Torá bendiga antes de comenzar la lectura de su sección. Además, los sabios temieron que si una persona sale en medio de la lectura y como no alcanzó a escuchar la bendición del último que subió, puede llegar a pensar que no se bendice al terminar de leer. Por esta razón, se estableció que todo aquel que sube a la Torá bendiga al finalizar la lectura de su sección (Talmud Babilonio Tratado de Meguilá 21(B)). De esto se puede aprender cuán importante es la bendición de la Torá, al punto que nuestros sabios decretaron que todo aquel que sube durante la lectura bendiga al principio y al final, para que no haya un solo judío que piense que no se recitó la bendición antes o después de leer (ver arriba 10:1).

El que sube a la Torá debe repetir la lectura tras el oficiante, palabra por palabra y en voz baja, ya que como él es quien bendijo, en caso de no leerla se teme que su bendición haya sido en vano (Shulján Aruj Oraj Jaim 141:2).

En caso de necesidad o premura también se llama a la Torá a quien no sabe leer en absoluto o a un ciego; aunque si bien el Shulján Aruj es de la opinión que no se debe hacer subir a la Torá a quien no es capaz de leer tras el lectorlas palabras del texto escrito. De todas maneras, el Ramá sentenció conforme a la opinión más flexible e incluso en las comunidades sefaradíes, en caso de necesidad o premura, así actúan (ver Kaf HaJaím 135:16, Ialkut Iosef III 139:4).

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