03. Diversas costumbres referidas a los cánticos de alabanza y qué intención se requiere al recitarlos.

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Los cánticos de alabanza se recitan serenamente y sin apresurarse (Shulján Aruj 51:8).

Dado que la bendición «Baruj Sheamar» tiene una importancia especial por insinuar cuestiones muy elevadas, se acostumbró siempre a recitarla de pie (Mishná Berurá 51:1, Kaf HaJaím 1). De acuerdo a la tradición ashkenazí, hay que ponerse de pie también para la bendición de «Ishtabaj» que es la que finaliza los cánticos de alabanza, mas según la tradición sefaradí esto no es necesario (Ramá 51:7, Kaf HaJaím 42).

Asimismo, se acostumbró a ponerse de pie desde que se recita «Vaibarej David» hasta «Asher bajarta beAbram«, como forma de honrar al reino de Israel que fue establecido por el rey David.

Vimos arriba que una de las dos razones por las cuales es importante recitar la alabanza de David («Ashrei«, Salmo 145) es por el versículo allí contenido que reza «Tú abres Tu mano y satisfaces a todo ser viviente». Por lo tanto, corresponde recitarlo con gran concentración y en caso de que se haya recitado distraído, es menester volver a hacerlo con plena intención aunque ya se esté en otro pasaje de esta sección, pues es el más importante de todos los versículos de los cánticos de alabanza. Incluso hay quienes son de la opinión de que si no se recitó el versículo más importante con plena intención, todo lo que se recita después carece de efecto, por lo que es necesario retroceder y volver a recitar desde «poteaj» y hasta el final del capítulo (Mishná Berurá 52:16). Sin embargo, la mayoría de los juristas considera que es suficiente con repetir únicamente el versículo que comienza con la palabra antes mencionada (Shulján Aruj 52:7).

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