01. Introducción

01- El reposo del Shabat: la culminación del acto de la creación.

En seis días Hashem creó los cielos, la tierra, y todo cuanto ellos contienen y aparentemente no había necesidad de un día más, pero de todas maneras Hashem creó el séptimo día  y lo consagró al cese de labores y al reposo. Entonces, hicieron aparición en el mundo  el descanso, la bendición y la santidad, tal como está escrito (Génesis-Bereshit 2:1-3): «Quedaron concluidos los cielos y la tierra y todo lo que contienen. Habiendo concluido Elokim en el día séptimo Su obra – que Él había hecho – y cesó en el día séptimo de toda Su creación – que Él había hecho. Y bendijo Elokim al día séptimo y lo consagró, ya que en él cesó de toda Su obra, que Elokim había creado para hacer».

Se preguntaron nuestros sabios (Mejilta Itró) «¿Acaso Hashem se cansa? ¿Y cómo se concilia esto con lo que está escrito (Isaías 40:28): «el Creador de los términos de la tierra no desfallece ni se cansa»? Además, no sólo no se cansa sino que «da fuerzas a quien desfallece» (ídem 40:29). Por lo tanto: ¿Qué significa aquello de «Y descansó en el día séptimo»? (Éxodo 20:10). Lo que ocurre es que – si así lo podríamos decir –  el Creador por propia voluntad hizo el mundo en seis días y cesó el séptimo autoimponiéndose descanso». ¿Y por qué se autoimpuso el descanso? Para  crear de esta manera  el reposo, la satisfacción, la tranquilidad y el silencio. Mientras el Eterno estaba ocupado con la creación el universo se expandía y al cesar de su labor el séptimo día el mundo recibió el descanso (Bereshit Rabá 10:9).

La labor continua e incesante expresa el anhelo de alcanzar la completitud, así como también  una sensación de vacío infinito imposible de llenar. De esta manera, todo lo que se hace y todo el esfuerzo realizado no llevan a la satisfacción ni al reposo pues la distancia entre lo obtenido y la perfección sigue siendo enorme y la sensación de carencia aflige abismalmente, al punto que no se puede cesar el trabajo de tantos faltantes que es necesario completar y de tantos desperfectos que es necesario corregir. Así sería la vida del hombre si el mundo hubiese sido creado en seis días únicamente sin el Shabat, empero dado que éste fue creado, hizo aparición el reposo en el mundo (Maharal de Praga Tiferet Israel 40).

El fundamento del reposo radica en la percepción de que los actos realizados tienen valor, de modo tal que la persona puede tener satisfacción en su esfuerzo sabiendo que este no fue en vano. Así podrá recobrar energías y estar preparado para la próxima etapa de labor a realizar. Quien no halla valor en el trabajo realizado, aunque cese en sus labores no tendrá reposo mental. Al completarse los seis días de la creación, el mundo se encontraba aún carente de contenido y de reposo si bien los cielos y la tierra estaban creados así como también los continentes, los océanos, los árboles y las hierbas, los cuerpos celestes, los abismos subterráneos, los peces, las aves, los animales salvajes y hasta el hombre, que a imagen y semejanza de Hashem daba ya sus primeros pasos. Al ser creado el séptimo día para cesar las labores y reposar, fue creada la capacidad de captar el valor intrínseco de la creación y de todas las acciones que en ésta tienen lugar.

Todos los seres humanos participan, de alguna manera, del beneficio de la creación del séptimo día que les permite captar el valor intrínseco del mundo y de la labor. En virtud de ello, puede la persona tener satisfacción en su trabajo y reposar de su esfuerzo. Para este tipo de percepción no es necesario cesar de trabajar precisamente en Shabat, empero para percibir el valor verdadero, absoluto y Divino de la creación y la labor que en esta se realiza es necesario cesar el séptimo día, aquél que Hashem destinó al reposo. Este presente fue exclusivamente recibido por el Pueblo de Israel al punto que el mismo no encuentra sosiego en ningún valor humano finito, siendo que «nuestro ámbito de reposo es solamente en el Creador» (Orot, Zaronim, Tzimaón 30-1:18).

Sin el reposo que expresa el valor y el objetivo del mundo creado, éste no tiene sentido de existencia, tal como lo expresaron nuestros sabios (Bereshit Rabá 10:9): «Esto se asemeja a un rey que erigió un palio nupcial y lo decoró mas ¿qué le faltaba? Una novia que ingrese en el mismo. De esta misma manera al mundo le faltaba el Shabat«. ¿De qué le sirven a un rey  todas las suntuosas habitaciones de su palacio si carece de una novia con la cual alegrarse en el interior de las mismas? La novia es la bendición del palacio ya que por efecto de la alegría que siente el rey con ella, derrama bienestar a todo el reino. Nuestros sabios agregan (ídem): «Esto se asemeja a un rey a quien le confeccionaron un anillo mas ¿qué le faltaba al mismo? ¡Un sello! De esta misma manera al mundo le faltaba el Shabat«. El sello le confiere al anillo tanto carácter como  significado, tal como el Shabat le confiere sentido al mundo creado (Maharal de Praga Tiferet Israel 40).

02- El Shabat y el Pueblo de Israel.

Nuestros sabios se preguntaron (Tratado de Shabat 88(A)) por qué al final de la labor del sexto día está escrito (Génesis 1:31): «y hubo tarde y hubo mañana el día sexto»יום הששי)). ¿A qué se debe que la letra «heh» que antecede al vocablo «shishí» (día sexto) no figura en la mención de los primeros cinco días de la creación? Esto se debe a que el texto quiso insinuar o aludir al día sexto del mes de Siván en el cual Hashem entregó la Torá al Pueblo de Israel. En este día «Hashem estableció una condición con todos Sus creados y les dijo: «si el Pueblo de Israel acepta la Torá vosotros existiréis, mas  si no la aceptan habré de volver la creación al caos original». Inmediatamente después de que se completó el sexto día fue creado el Shabat, día en el cual se revela Su reino y en el futuro se entregará la Torá al Pueblo de Israel (Tratado de Shabat 86(B)).

Hasta la aparición del Pueblo de Israel en el mundo, el Shabat estaba solitario sin quien revele su santidad y su bendición. Tal como lo expresaron nuestros sabios (Bereshit Rabá 11:8): «Le dijo el Shabat al Eterno: Señor del Universo, todos tienen compañía en Tu creación pues los seis días de la creación se acomodan en duplas y sólo yo carezco de pareja. El Eterno le respondió: El Pueblo de Israel será tu pareja. Cuando los hijos de Israel se presentaron en el Monte Sinaí Hashem les dijo: recordad lo que le prometí al Shabat en cuanto a que la congregación de Israel sería su pareja, de aquí que se escuchó el enunciado (Éxodo-Shemot 20:7):   «Recordad el Shabat para consagrarlo«».

Antes de que el Pueblo de Israel reciba la Torá, el Shabat ya estaba consagrado y bendecido pues en ese día Hashem cesó toda su labor por lo que este día era el ser interior y el alma misma de la creación toda. Empero la bendición que se desprendía del Shabat era reducida y alcanzaba únicamente para el sostén del mundo. Todas las carencias del mundo se mantuvieron vigentes sin que exista posibilidad de corregirlas. Es por esta razón que Hashem condicionó a la creación a que en caso de que el Pueblo Israel no acepte la Torá,  todo el mundo retornaría al caos inicial pues ¿qué sentido tendría la existencia de seguir sumida en su padecimiento sin posibilidad alguna de superación o trascendencia que las lleve a su corrección final y a la completitud?

03- De la salida de la esclavitud de Egipto a la libertad y el Shabat.

Durante dos mil años los seres humanos aprendieron a sustentarse, producir sus alimentos, confeccionar sus vestimentas y construir sus moradas, así como también a organizarse en sociedades que permitan enfrentar más eficientemente los desafíos que presenta el entorno. Empero, salvo unas pocas personas excepcionales que se conducían de acuerdo con la fe y la moral, la mayoría de los humanos se manejaba conforme al imperio de las necesidades y por la fuerza, sin ningún ideal superior que oriente sus acciones. Cuando aparecieron nuestros ancestros, Abraham, Yitzhak y Yaakov, invocaron el nombre de Hashem y dedicaron sus vidas a corregir el mundo a la luz de la generosidad y la verdad. Ellos repudiaron la idolatría que entronaba la fuerza natural y negaba la moral. A partir del mandato interior de sus corazones, nuestros ancestros cuidaron los preceptos y guardaron el Shabat (Bereshit Rabá 79:7); mas la Torá aún no les había sido entregada, razón por la cual no pudieron afianzar y establecer su praxis en el resto del mundo. Muy por el contrario, todo el mal contra el que luchaban se ensañó contra ellos y la nación egipcia que era la más poderosa en ese tiempo sojuzgó al Pueblo de Israel transformándolo en una nación de esclavos, obligándoles a realizar trabajos forzados a los efectos de sostener la economía egipcia y proveerla de todas sus necesidades y satisfacer sus bajos deseos. Allí aprendió el Pueblo de Israel hasta qué punto la naturaleza humana puede ser maligna y en qué medida los seres humanos necesitan del mensaje de fe que los ancestros divulgaron en el mundo. Los judíos tenían una tradición escrita en pergaminos o rollos, que indicaba que en un futuro Hashem los liberaría de Egipto y cada Shabat leían esos textos y se regocijaban con ellos (ver Shemot Rabá 5:18). En virtud de esa fe preservaron su propia identidad y se multiplicaron numéricamente hasta transformarse en una nación. Más adelante, el Dios de sus ancestros se les reveló y los sacó de Egipto redimiéndolos de la esclavitud para darles la Torá y el Shabat.

Al salir de Egipto el Pueblo de Israel no se vio redimido únicamente de la esclavitud, sino que en virtud del recibimiento de la Torá y del precepto del Shabat se vieron liberados del sometimiento a la naturaleza y de la lucha por la subsistencia. Se vieron libres del sometimiento a la idea de que el objetivo del hombre es la acumulación de bienes materiales, objetivo que justifica estar dispuesto a someter al prójimo y esclavizarlo.

Al cuidar Shabat, el Pueblo de Israel recuerda permanentemente que Hashem creó el mundo y lo sostiene; y que el objetivo máximo del hombre es apegarse al Eterno e imitar Sus atributos, liberándose así del yugo de la inclinación al mal (Ietzer Hará) y de la lucha por la subsistencia. Aunque un judío necesite trabajar duro para subsistir y aunque le toque ser siervo, al descansar en Shabat le queda claro que no está completamente subyugado, que su espíritu es libre y está conectado a su origen Divino. Tal como está escrito (Deuteronomio-Devarim 5:11-14): «Guardarás el día de descanso para santificarlo como el Eterno tu Dios te ha mandado. Seis días trabajarás y en ellos harás tus obras pero el día séptimo es de descanso para el Eterno tu Dios. En él no harás trabajo alguno ni tampoco tu hijo ni tu hija ni tu siervo ni tu sierva ni tu ganado ni tu asno ni el forastero que habitare dentro de tus puertas. Tu siervo y tu sierva descansarán como tú. Acuérdate de que fuiste siervo en la tierra de Egipto y que el Eterno tu Dios te sacó de allí con mano poderosa y brazo extendido. Por consiguiente el Eterno tu Dios te ordena que guardes el día de descanso».

Fue la intención de HaShem crear el mundo incompleto para que los hombres puedan participar de su corrección. No es posible repararlo sin revelar su origen y su meta que es transitar por el camino que Hashem marcó en la Torá. El objetivo del Pueblo de Israel es revelar la existencia de HaShem en el mundo, tal como está escrito (Ishaiahu 43:21): «Este pueblo que he formado para Mí, Mi alabanza ha de relatar». Por esta razón nuestros sabios dijeron (Vaikrá Rabá 36:4) que «Los cielos y la tierra no fueron creados sino en mérito del Pueblo de Israel«. Mediante el Shabat que es el tiempo bendito y consagrado, el Pueblo de Israel puede cumplir con su objetivo. Por esta razón la Torá fue entregada en Shabat (Tratado de Shabat 86(B)) y por esta razón el Shabat es el día más propicio de todos para el estudio de la misma.

04- El Shabat y la singularidad del Pueblo de Israel.

Por medio del Shabat se revela el nexo especial entre Hashem y el Pueblo de Israel, tal como está escrito (Shemot 31:13-17): «Ciertamente guardaréis mis sábados porque es señal del pacto entre Mí y vosotros por vuestras generaciones, para recordar siempre que Yo soy el Eterno que os santifica. Y guardaréis el sábado pues santo es para vosotros… y respetarán los hijos de Israel el sábado durante todas sus generaciones perpetuamente. Entre Mí y los hijos de Israel será señal eterna del pacto, pues en seis días hizo el Eterno los cielos y la tierra y el séptimo día cesó en Su tarea y descansó«.

Nuestros sabios explicaron (Talmud Babilonio Tratado de Beitzá 16(A)) que «Hashem le dijo a Moshé: tengo un presente valioso oculto en mis arcas y se llama Shabat y quiero entregársela al Pueblo de Israel, ve y avísales«. Además explicaron (ídem) que «todos los preceptos que Hashem le entregó al pueblo de Israel lo hizo en público salvo el del Shabat que fue entregado discretamente y en privado, tal como está escrito «Entre Mí y los hijos de Israel será señal eterna«». Ellos se preguntaron cómo puede ser que el Shabat se entregó de modo discreto y en privado siendo que figura en los diez enunciados que fueron revelados públicamente. La explicación es que el significado profundo del Shabat, por cuyo intermedio se revela el contenido Divino del mundo, no puede ser revelado públicamente pues es una cuestión particular vinculada a la relación entre HaShem y el Pueblo de Israel. Sobre esto dijeron nuestros sabios (ídem): «HaShem le concede al hombre un alma adicional en la víspera de Shabat y al acabar el día ésta le es retirada«. Mediante esta alma suplementaria el Pueblo de Israel puede captar el significado Divino del mundo y su finalidad última.

Por esta razón nuestros sabios dijeron (Tratado de Sanhedrín 58(2)) que «un gentil que guarda el Shabat merece pena de muerte«. Además, dijeron (Devarim Rabá 1:21) que «Lo comúnmente aceptado es que si el Rey habla con la Reina y viene un extraño y se entromete en la conversación, este último merece pena de muerte. Lo mismo ocurre en Shabat entre el Eterno y el Pueblo de Israel, tal como está escrito: «Entre Mí y los hijos de Israel». Por esta razón, un gentil que se entromete entre ambos, hasta que no sea circuncidado, merece pena de muerte» (ver en anexos de Shabat 25:1).

Para expresar el gran amor que tiene el Pueblo de Israel por el Shabat, tal como la novia del Rey  ante su prometido, acostumbraron los judíos a salir a recibirlo antes de la puesta del sol tal como se sale a recibir a un huésped distinguido. El Talmud nos relata (Tratado de Shabat 119(A)) que Rabí Janina se envolvía en sus ropajes más elegantes y recibía al Shabat proclamando: «Salgamos a recibir a nuestra Reina el Shabat«. Rabí Ianai se vestía con sus mejores ropas y recibía el Shabat proclamando: «Ven novia, ven novia«. Sobre la base de estos relatos Rabí Shlomó Alkabetz compuso el bellísimo poema Lejá Dodí, «vayamos amado mío (Pueblo de Israel) al encuentro de la novia, recibamos al Shabat«.

05- Seis días y el Shabat.

Los seis días de la semana y el Shabat están conectados entre sí, pues así como el hombre tiene cuerpo y alma de la misma manera la semana tiene cuerpo y alma. Los seis días hábiles son el cuerpo y el Shabat es el alma. Y así como en el hombre completo cuerpo y alma funcionan juntos de manera armónica, ya que el cuerpo se inspira en el alma y a su vez le permite a ésta manifestarse, de la misma manera, una semana será completa cuando el Shabat y los demás días están ligados entre sí. En los días hábiles se prepara todo lo necesario para el Shabat y se materializan las ideas de este día, mientras que del Shabat, provienen las energías espirituales para los días restantes.

Por una parte, vemos en el Shabat una suerte de final de la semana ya que en todos los días hábiles nos preparamos para recibirlo y éste confiere significado espiritual al trabajo de todas las jornadas previas. Por otra parte, el Shabat es la raíz y el inicio de la semana siguiente, y de él   manan las fuerzas espirituales para poder concretar en el mundo de los hechos, aquellos valores espirituales percibidos durante el Shabat. Así, la vida de un judío no es una secuencia continua que se va desgastando y perdiendo altura, sino que por el contrario, está en permanente ascenso.

En la creación, el Shabat fue antecedido por seis días mientras que para el primer hombre, que fue creado el viernes por la tarde, el Shabat antecedió a los seis días siguientes y este es el origen de las dos perspectivas cronológicas (ver Talmud Babilonio Tratado de Shabat 69(B)).

Nuestros sabios nos aportan otra perspectiva de la relación entre el Shabat y los seis días hábiles al ubicarlo en el medio entre los tres días anteriores y los tres posteriores. En esta perspectiva los días miércoles jueves y viernes nos preparamos para recibir el Shabat, mientras que los días domingo, lunes y martes aún continúa la influencia del Shabat anterior (Tratado de Pesajim 106(A) y ver más adelante capítulo 2 incisos 10 y 11, 8, 7).

Dado que existe conexión entre el Shabat y los días laborables, cuanto más importantes sean los actos de la persona durante los seis días, más habrá de elevarse en Shabat, ya que el Shabat es el sentido íntimo de la semana. Asimismo, cuanto más se eleve durante el Shabat, mayor será la significación que habrá de proyectar sobre los días laborables posteriores.

El Maharal de Praga explica (Tiferet Israel 40) que la idea del Shabat está insinuada en el número de días ya que cada objeto físico tiene seis lados: arriba, abajo y las cuatro direcciones cardinales mientras que el número siete alude a su aspecto interior. De la misma forma, el mundo físico fue creado en seis días y en el séptimo fue creado el Shabat que es su dimensión interior consagrada.

06- Bendición y santidad.

El Shabat posee santidad y bendición tal como está escrito (Bereshit 2:3): «Y bendijo D´s el séptimo día y lo santificó porque en él cesó de toda la obra que había creado» Asimismo está escrito (Shemot 20:11): «Porque en seis días hizo el Eterno el cielo, la tierra, el mar y todo lo que contienen y descansó el día séptimo, por eso bendijo el día sábado y lo santificó»

Lo santo o sagrado pertenece al ámbito de lo absoluto, más allá del tiempo y el espacio. La palabra «santo» o «sagrado» (kadosh) significa separado y diferenciado pues todo lo que pertenece al ámbito de la santidad está separado y diferenciado de todas las cosas finitas del mundo. Bendición significa agregado y multiplicidad. Cuanto mayor es la santidad de algo, así podrá ser fuente de mayor bendición. El más santo de todos es HaShem que creó el mundo, fue, es y será infinito en Su luz y Omnipotencia; y es la fuente de la bendición para todas las creaturas. Por esta razón denominamos a HaShem como el Santo Bendito Sea, ya que es Santo en la acepción de separado o diferenciado y Bendito pues otorga bendición.

El Santo Bendito Sea santificó el Shabat y lo bendijo. Lo santificó al separarlo y diferenciarlo de los demás días pues en él se revela la interioridad de la creación. Asimismo lo bendijo en cuanto que por su intermedio irradia bendición a los demás días y a los distintos mundos. Tal como dijeron nuestros sabios en el Zohar (II 63:2): «los seis días de la semana son bendecidos por el séptimo» y agregaron (II 88:1): «todas las bendiciones tanto superiores como inferiores dependen del séptimo día pues de éste son bendecidos los seis días superiores»

Mediante el cese de la actividad creadora Divina en el séptimo día, el Shabat se transformó en sagrado e interior respecto de los demás días, y por su intermedio HaShem irradia bendición a los seis días y al mundo. De la misma forma el Pueblo de Israel, al abstenerse de realizar labores el día séptimo se conecta con la santidad y con el origen de la bendición, comprende el valor intrínseco de la labor civilizadora humana en el mundo y obtiene la bendición que hacia ellos se emana. Sobre esto dijeron nuestros sabios (Talmud Jerosolimitano Tratado de Berajot 2:7): «La bendición de Hashem que habrá de enriquecer es el Shabat» y agregaron (Tratado de Shabat 119(A)) que honrando al Shabat se accede a la riqueza pues este día es el origen de la bendición.

07- El «man» (maná) en Shabat.

Durante los cuarenta años que nuestros ancestros transitaron por el desierto, HaShem les hacía descender pan del cielo que se llamaba «man» (maná) y por su intermedio le enseñó al Pueblo de Israel cuál debe ser la actitud correcta ante el alimento y el sustento en general, tal como está escrito (Shemot 16:4): «He aquí que Yo voy a hacer llover para vosotros sustento desde el cielo. Saldrá el pueblo y recogerán lo necesario, día a día, para ponerlo a prueba Yo a él. ¿Se encaminará en Mi Torá o no?«. La prueba consistía en que se les ordenó que recojan a diario lo necesario para cada día y no lo guardaran para el día siguiente. Esa era una gran prueba pues la mayor preocupación humana en este mundo es la de disponer de  sustento y reservas de alimento, no sea que se muera de hambre o se carezca de morada o vestimenta que hagan sufrir por calor o por frío. En virtud de esta preocupación por la supervivencia, el ser humano desarrolla un instinto que lo lleva a comer lo más posible y a acumular dinero y propiedades sin límite. De esa manera el ser humano se transforma en esclavo de su trabajo y sus deseos. HaShem le quiso enseñar al Pueblo de Israel en el desierto, a tener una actitud correcta hacia el sustento, que entiendan que el objetivo del hombre en esta vida es alcanzar el apego a HaShem  y su Torá, mientras que el sustento y el alimento son sólo medios para alcanzar ese fin. A ese respecto leemos (Devarim 8:3): «Te afligió y te sometió al hambre: empero te hizo comer el man – que no habías conocido ni habían conocido tus padres – para hacerte saber que no solamente de pan vive el hombre, pues con todo lo que sale del Mandato de HaShem, vive el hombre«. Por esta razón se les ordenó a los hijos de Israel que recolecten a diario la cantidad de alimento necesaria para ese día únicamente y confíen en que HaShem haría caer «man» al siguiente. Quien no pudo superar la prueba y recolectaba mucho «man«, al llegar a su tienda descubría que en sus manos quedaba solamente la cantidad necesaria para la ingestión del día,  esto es «un Omer por cabeza». Había personas que no pudiendo superar su preocupación por el mañana se limitaban a la hora de comer y guardaban una parte de lo  recolectado para el día siguiente. Entonces descubrían que el resto se había descompuesto y estaba lleno de gusanos.

Al llegar el sexto día les esperaba una sorpresa (Shemot 16:22-9): «Y en el sexto día recogieron pan doble, dos Omer por cada uno y todos los jefes de la congregación se presentaron ante Moshé para contarle el acontecimiento. Y les explico Moshé: Esto es lo que dijo el Eterno: Mañana es día de descanso, día santo para el Eterno. Lo que habéis de cocer cocedlo hoy  y lo que habréis de cocinar cocinadlo hoy y guardad lo que os quede para mañana. Y lo dejaron para la mañana siguiente como había ordenado Moshé y no hedió ni crió gusanos. Entonces dijo Moshé: «Comedlo hoy que es sábado para el Eterno, pues hoy no lo hallaréis en el campo. Durante seis días en la semana lo recogeréis pero en el séptimo día, sábado, no lo habrá. Y en efecto, algunos que salieron al campo en el día séptimo para recoger el pan no lo encontraron. Entonces le dijo el Eterno a Moshé: ¿Hasta cuándo no queréis cumplir Mis mandamientos y Mis leyes? Considerad que el Eterno os dio el Shabat por lo cual en el día sexto os da pan para dos días. Permanezca entonces cada cual en su lugar en el séptimo día»

Nuestros sabios dijeron (Bereshit Rabá 11:2) que la bendición del Shabat era la doble porción de «man» que caía el viernes. Cabría entonces preguntarse qué bendición hay en esto ya que en la práctica la cantidad de «mán» a ingerir en Shabat era idéntica a la de todos los demás días de la semana y la única diferencia era que la porción sabática caía en viernes. La respuesta es que el día séptimo quedaron liberados de toda preocupación, pues el alimento del Shabat ya estaba preparado en las vísperas. Esto se asemeja a una persona que debe esforzarse en su trabajo a diario y un día alcanza a realizar el doble de labor, y al día siguiente siente un gran alivio por no tener que trabajar y puede dedicar su mente a pensar en aquello que trasciende las meras necesidades de la existencia material. Muchas veces, en virtud de estos pensamientos, la persona llega a conclusiones que le permiten progresar posteriormente en su trabajo. Esta es la bendición del Shabat, día en el que se nos ordenó abstenernos de realizar toda labor apartando de nuestros corazones las preocupaciones del sustento y en un espíritu de libertad apegarnos a Hashem y su Torá, tal que la bendición recaiga sobre la labor de los seis días hábiles.

08- Recordarás y Cuidarás.

Hay dos preceptos básicos que constituyen la esencia del Shabat: «Recordar» y «Cuidar»; el primero un precepto positivo y el segundo un precepto restrictivo. El precepto de «cuidar» implica abstenerse de toda labor, ya que durante los seis días hábiles el hombre debe trabajar para obtener su sustento y poder poblar el mundo, mientras que el día séptimo se nos ordenó cesar de toda labor. Mediante este cesamiento de labores se genera un espacio vacío en el alma que se nos ordenó que sea completado con el contenido positivo del precepto de «recordar», que implica conectarse con los fundamentos de la fe mediante la recordación de la santidad sabática.

Estos dos preceptos están vinculados entre sí al punto que sus orígenes se unifican, y solamente en su emanación descendiente en el mundo se diferencian y transforman en dos preceptos por separado que se complementan entre sí. Sobre esto nuestros sabios dijeron (Tratado de Shvuot 20(B)) «Cuidar y recordar fueron pronunciados al unísono, de modo tal que la boca no lo puede pronunciar y el oído no lo puede escuchar». Esto lo vemos en la Torá en la porción de Itró (Shemot 20:7) donde se relata la entrega de los diez mandamientos y leemos: «Recordarás el Shabat para santificarlo» mientras que en los diez mandamientos que aparecen en la porción de Vaetjanán (Devarim 5:11) está escrito «Cuidarás el Shabat para santificarlo«.

«Recordarás» es un precepto positivo y se origina en las cualidades de la generosidad y el amor («jesed veahavá»), mientras que «Cuidarás» es un precepto restrictivo que se origina en la cualidad del rigor («din») que le pone límites al ser humano para alejarlo del mal.

Los preceptos positivos son más elevados que los restrictivos por cuanto que por su intermedio la persona se conecta más y mejor con HaShem; empero el castigo por la trasgresión de un precepto restrictivo es mayor pues por su intermedio la persona se causa más daño a sí mismo y al mundo todo (Rambán a Shemot 20:7).

El precepto de «Recordar» está más vinculado a la creación del mundo y al primer Shabat de la historia, tal como está escrito (Shemot 20:7-10): «Recordarás el Shabat para santificarlo… Porque en seis días hizo el Eterno el cielo, la tierra, el mar y todo lo que hay en ellos y descansó el día séptimo, por eso bendijo el día sábado y lo santificó«. El precepto de «Cuidar» está más vinculado a la salida de Egipto, tal como está escrito (Devarim 5:14): «Cuidarás el Shabat para santificarlo… Acuérdate de que fuiste siervo en la tierra de Egipto y que el Eterno tu Dios te sacó de allí con mano poderosa y brazo extendido. Por consiguiente, el Eterno tu Dios te ordena que guardes el día de descanso«. El principio espiritual superior existe desde la creación del mundo, empero solamente una vez que el Pueblo de Israel logra superar el sojuzgamiento egipcio puede comprender cuán grave es la esclavitud a lo material y en qué medida es necesario abstenerse de toda labor para poder captar un concepto espiritual.

Los dos preceptos «Recordarás» y «Cuidarás» están insinuados en la palabra «Shabat». El sentido literal de Shabat  es «cesación» («shvitá») de labores, o sea «Cuidarás», mientras que el significado interior es derivado de la palabra «retorno» («teshuvá»), pues en este día retornamos a los fundamentos de la fe que están implícitos en «Recordarás».

09- «Recordarás» (Zajor): los fundamentos de la fe.

En el precepto «Recordarás el Shabat para santificarlo» (Shemot 20:7) se nos ordenó recordar los fundamentos de la fe. Por lo tanto el precepto del Shabat aparece como cuarto de los diez mandamientos. En el primero se nos ordena creer en HaShem, tal como está escrito (Shemot 20:2): «Yo soy el Eterno tu Dios que te sacó de la tierra de Egipto y de la casa de la esclavitud«. En el segundo nos prohíbe la adoración de ídolos, tal como está escrito «No tendrás otros dioses delante de mí. No harás para tí ninguna imagen… no te postrarás ante ellas ni las servirás«. En el tercer mandamiento se nos ordena honrar Su nombre y no jurar por éste falsos juramentos. En el cuarto mandamiento se nos ordena el Shabat que es el día que expresa en la práctica los fundamentos de la fe (Najmánides a Shemot 20:7). Dijeron nuestros sabios en el Zohar que todas las reglas de la fe israelita así como sus secretos están  vinculados al Shabat (II 92:1, III 94:2, 288:2).

En Shabat recordamos dos fundamentos. El primero es la creación del mundo, ya que el Shabat es el testimonio de que Hashem creó el mundo en seis días y cesó el día séptimo y desde entonces vivifica y sostiene al mundo. El segundo es que HaShem sacó a Su pueblo de Egipto y entonces fue revelado que el Eterno no solo creó el mundo, sino que además es providente y lo dirige, castiga a los malvados, premia a los justos y eligió al Pueblo de Israel  para que sea Su pueblo, para que por su intermedio se manifieste Su providencia en el mundo.

Dijeron nuestros sabios (Mejilta) que en el precepto «Recordarás el Shabat para santificarlo» se nos ordenó recordar el séptimo día durante todos los días de la semana, mediante los diferentes preparativos para su celebración. Asimismo, cuando los levitas cantaban en el Templo de Jerusalém el salmo del día, lo comenzaban recitando la fórmula «hoy es el primer día para el Shabat» (domingo), «hoy es el segundo día de Shabat» (lunes) y así el resto de los días. Esto implica que los días hábiles no tienen importancia intrínseca sino que adquieren su relevancia y significado a partir del Shabat. Es un hecho que en la lengua hebrea, que es la lengua sagrada, los seis días de la semana se denominan en relación a su cercanía con el Shabat (primero, segundo etc.). Esto no es así en el idioma inglés, francés y en otras lenguas, en las que cada día tiene un nombre propio, generalmente rememorando diferentes deidades paganas sin conexión alguna con el Shabat (Rambán a Shemot 20:7)[1].

El precepto de «Recordar» lo cumplimos principalmente mediante el kidush en el cual recordamos sintéticamente el tema del Shabat. Nuestros sabios ordenaron recitarlo con una copa de vino contiguo a la comida para que así el Shabat sea recordado alegre y placenteramente, tal como está escrito (Ishaiahu 58:13): «Y llamarás al Shabat día de deleite» (ver adelante capítulo 6 incisos 3 y 10).

Si bien el precepto de «Recordar» lo cumplimos fundamentalmente mediante el Kidush, el precepto indica que todo el Shabat sea santificado tal como está escrito: «Recordarás el Shabat para santificarlo» de modo tal que todo el día esté dedicado a cuestiones de santidad, al estudio de la Torá y aprender de las palabras de los sabios (Rambán a Shemot 20:7, más adelante capítulo 5 incisos 1-5).


[1]. La lengua portuguesa es una interesante excepción a esta generalidad (n. de t.)

10- Cuidarás (Shamor): cesación de las labores de construcción del tabernáculo.

Durante los seis días laborables el hombre debe ocuparse de sus necesidades materiales y de la construcción de su hábitat en el mundo. En esos días sus principales esfuerzos están concentrados en labrar su campo y reparar su vivienda, en la producción de sus alimentos, la confección de sus prendas y todo acto creativo. Si bien el hombre puede disfrutar de su oficio o de su labor, ésta implica, sin embargo, un aspecto avasallante. Las necesidades corrientes atrapan al hombre y lo amarran al plano material de este mundo, haciéndole olvidar su fe y su alma. El cese sabático de labores le permite al individuo elevarse por encima de sus preocupaciones temporales y acceder a un plano de libertad y reposo, un ámbito en el cual el alma puede manifestarse y por esta razón nuestros sabios dijeron que el Shabat se asemejaba al mundo venidero (ver Tratado de Berajot 57(B)).

Para poder acceder al espíritu especial del Shabat, en ese día el judío debe poder ver el bien de este mundo, tal como está escrito (Salmos 92:1-3): «Cántico para el día Sábado. Es cosa buena ensalzar al Eterno y cantar alabanzas a Tu Nombre, oh Altísimo, declarando Tu benevolencia por la mañana y tu fidelidad por las noches». En Shabat es bueno contemplar la Divina Providencia que todo lo encamina para bien y aceptar la realidad tal como es con  verdadero amor, sin presión o deseo de intentar alterarla. Y si bien puede haber todavía algo que no se alcanzó a realizar previo al Shabat o algún inconveniente que genere angustia, hay que aceptarlo con ecuanimidad y deleitarse en Hashem. En virtud de esta actitud se expanden la bendición y la santidad en las diferentes ocupaciones durante los días hábiles de la semana.

Podría pensarse que en Shabat están prohibidas únicamente las labores mundanas, empero la Torá prohibió explícitamente realizar las labores de construcción del sagrado Santuario. Esto y más, las treinta y nueve labores prohibidas de Shabat las aprendemos del igual número de labores que se realizaron al erigirse el tabernáculo. En la Torá, junto al pasaje que menciona la construcción del tabernáculo aparece el mandato «empero cuidaréis mis Shabatot» (Shemot 31:13), para enseñarnos que si bien la construcción del sagrado recinto es en sí un gran precepto, al llegar el Shabat se debe cesar en la labor. Esto se debe a que la labor de construcción del tabernáculo debe estar conectada a su raíz Divina, en cuanto a que en virtud del trajín de los trabajos no nos ocurra que olvidemos su objetivo último que es revelar la presencia de HaShem en el mundo. Esto transformaría al tabernáculo en un cuerpo sin alma incapaz de cumplir con su elevada misión. Muchas veces, justamente aquellos que se dedican a labores vinculadas con la santidad deben de extremar precauciones en cuanto a que de tanta valoración que se tiene por lo sagrado pueden llegar a sacrificar todo su ser en la tarea de la construcción de marcos apropiados para el mismo, llegando a olvidar su esencia interior.

Si bien existe una gran diferencia entre el nivel espiritual del sagrado Templo y el del resto del mundo, en realidad todo el mundo debe ser un tabernáculo, esto es un ámbito apto para que en él repose la Divina Presencia. Por lo tanto, toda labor que el hombre realiza debe de estar vinculada a la labor de construcción del tabernáculo. La diferencia es que en el santuario la idea de la Divinidad se manifiesta de manera clara y abierta, mientras que en el resto del mundo de manera oculta y multifacética. Por esta razón el ser humano debe orientar sus acciones de tal modo que sean realizadas con pureza de intención o Amor a HaShem (le shem shamaim), tanto en el campo como en la fábrica, en la investigación científica como en el comercio, a los efectos de hacer el bien al mundo y corregirlo hasta llegar a su objetivo último que es transformarlo en un ámbito de reposo de la Divina Presencia. El dinero que el individuo gana debe estar dirigido a llevar una vida correcta a ojos de HaShem, debe servir a la constitución de un núcleo familiar y un hogar que sea recinto de conductas virtuosas e ideales espirituales. Todo esto es posible hacerlo mediante la santidad del Shabat, día en el que no se realizan labores y a partir del cual emana el valor intrínseco de las mismas.

Además, es importante saber que el objetivo último del ser humano no es trabajar duro. De no  mediar el pecado de Adám y Javá estaríamos aún en el paraíso y todo nuestro quehacer se llevaría a cabo con tranquilidad y alegría, sin preocupaciones ni esfuerzo. A raíz del pecado debimos comenzar a obtener nuestro sustento con el sudor de nuestra frente (Tratado de Kidushín 82(A)). El esfuerzo es bueno para corregir el pecado inicial empero puede fijar nuestro status en el mundo material en una postura distante del ideal espiritual de la fe, la libertad y la alegría. De aquí se desprende la importancia cardinal del Shabat que es una suerte de mundo venidero en el cual nos conectamos con el ideal supremo. De este modo, el Shabat le confiere significado interior a los seis días laborables, en cuanto a que no estén orientados únicamente a lo mundano y a la existencia inmediata, sino que también se enfoquen en la corrección, elevación y redención del mundo, hasta que vuelva a ser un paraíso y ámbito propicio para la Divina Presencia.

11- El Shabat es equivalente a todos los demás preceptos pues en este día se revela la fe.

El Shabat posee la gran virtud de  que por su intermedio el pueblo de Israel se eleva a una suerte de mundo venidero, más allá de los obstáculos y tabiques que este mundo interpone entre el Hombre y su Creador, de manera tal que le permite percibir la luminosidad de la fe y la Torá y conectarse armónicamente con Sus preceptos.

Dijeron nuestros sabios (Talmud Jerosolimitano Tratado de Nedarim 3:9) que «en el Tanaj vemos que el precepto del Shabat es equivalente a todos los demás mandamientos de la Torá. En la Torá está escrito (Shemot 16:28-29) «¿Hasta cuándo no queréis cumplir Mis mandamientos y Mis leyes? Considerad  que el Eterno os dio el Shabat». Este pasaje aparece inmediatamente después que algunos profanaron el Shabat al salir a buscar mán (maná) contrariando lo que se les había ordenado. En los profetas (Iejezkel 20:12-22) está escrito: «También les di Mis días de descanso para que fuesen por señal entre Yo y ellos y supiesen que Yo soy el Eterno que los santifica. Pero la casa de Israel se rebeló contra Mí en el desierto. No anduvieron en Mis estatutos y rechazaron Mis preceptos los cuales si un hombre los cumpliera ha de vivir por ellos y profanaron mis Sábados… y dije a su hijos… guardad Mis preceptos… santificad Mis días de descanso y ellos serán señal entre Yo y vosotros para que sepáis que Yo soy el Eterno vuestro Dios. Pero los hijos se rebelaron contra Mí…» En los ktuvim (Hagiógrafos) leemos (Nejemia 9:13-14): «Y sobre el monte Sinaí Te volviste y hablaste con ellos desde el cielo y les diste preceptos justos y leyes de verdad, buenos mandamientos, y les diste a conocer tu santo Sábado y les preceptuaste  mandamientos, estatutos y una ley  por la mano de Moshé Tu siervo» (ver adelante capítulo 22 inciso 2 así como también todo el capítulo 20 de Iejezkel).

Asimismo, nuestros sabios dijeron (Tratado de Shabat 118(B)): «Todo aquel que cuida el Shabat conforme a sus reglas, aunque practique cultos extraños como la generación de Enosh (ya que en esa generación comenzó a practicarse la idolatría) se le perdona». Mediante el cuidado del Shabat y sus prohibiciones se refuerza la fe del hombre en Hashem, por tanto  trasgresiones se transforman retroactivamente en errores involuntarios que son perdonados. Más aún, nuestros sabios dijeron (Mejilta Beshalaj) que «quien cuida Shabat está a salvo de pecar».

12- La destrucción del Templo fue causada por la profanación del Shabat.

Previo a la destrucción del Primer Templo, HaShem envió al profeta Jeremías o Irmiahu para que avise al pueblo de Iehudá y a sus monarcas que su destino depende del cuidado del Shabat, tal como está escrito (Irmiahu 17:19-27): «Así me dijo el Eterno: ve y detente ante el portal de los hijos del pueblo por donde entran los reyes de Iehudá y por donde salen y en todos los portales de Jerusalém y diles: Escuchad la palabra del Eterno, oh reyes de Iehudá y todo Iehudá y todos los moradores de Jerusalém que entran por estos portales. Así dice el Eterno: Cuidaos por vuestras almas y no portéis cargas en el día Sábado ni las traigáis por los portales de Jerusalém ni saquéis carga alguna de vuestra casa en día Sábado ni hagáis trabajo alguno; antes bien santificad el día de descanso como ordené a vuestros padres. Pero ellos no escucharon ni inclinaron sus oídos sino que endurecieron su cerviz para no oír ni recibir instrucción. Y ocurrirá, si me escucháis diligentemente, dice el Eterno, no pasando carga alguna por los portales de esta ciudad el día Sábado sino santificando el día del descanso sin hacer trabajo alguno que entrarán por los portales de esta ciudad reyes y príncipes que se sentarán sobre el trono de David y vendrán en carros y a caballo, ellos y sus príncipes, los hombres de Iehudá y los moradores de Jerusalém y esta ciudad será habitada por siempre. Y vendrán de las ciudades de Iehudá y de los lugares en derredor de Jerusalém y de la tierra de  Biniamín y de la llanura y de las montañas y del desierto trayendo holocaustos, sacrificios y ofrendas de agradecimiento a la Casa del Eterno. Pero si no Me escuchareis para santificar el día sábado y llevareis cargas y entrareis por los portales de Jerusalém el día sábado entonces prenderé fuego a dichos portales que devorará los palacios de Jerusalém y no será apagado».

Nuestros sabios dijeron (Tratado de Shabat 119(B)) que Jerusalém no fue destruida sino porque se profanó en ella el Shabat citando al profeta Iejezkel (22:26) quien anunció: «han ocultado sus ojos de Mis Sábados y Yo he sido profanado en medio de ellos». Este pasaje continúa más adelante en el versículo 30 afirmando que «busqué entre ellos un hombre que levantase un vallado y se pusiese en la brecha delante de Mi en favor de la tierra para que yo no la destruyera pero no encontré a ninguno».

13- La redención depende de la observancia del Shabat.

Vimos en el libro de Ishaiahu que la redención depende de que hagamos justicia, actuemos con generosidad y cuidemos el Shabat, tal como está escrito (56:1-8): «Así dice el Eterno, guardad la justicia y haced lo que es recto porque Mi salvación está próxima y Mi justicia será revelada. Feliz es el hombre que hace esto y el hijo del hombre que a ello se asiere y se guarde de profanar el Sábado y guarda su mano de toda obra mala. Que no diga el extranjero convertido al Eterno: «El Eterno de seguro me separará de Su pueblo» (no tendré el privilegio de recibir el bien reservado a Israel durante la redención) y que no diga el eunuco: «He aquí que soy un árbol seco»(que no tengo hijos y no me puedo proyectar en el futuro). Porque así dice el Eterno en lo concerniente a los eunucos que guardan Mis sábados y escogen las cosas que Me complacen y son fieles a Mi pacto: También a ellos les daré cabida en Mi casa y dentro de Mis muros un monumento y un recordatorio mejor que los hijos y las hijas. Les daré un recordatorio permanente que no será cortado. También los extranjeros que se adhieren al Eterno para adorarle y amar el Nombre del Eterno, para ser sus siervos. Cada uno que se guarde de profanar el sábado y sea fiel a Mi pacto (cuidando el Shabat tendrán el privilegio de ser como los israelitas de origen). También a ellos los traeré a Mi montaña sagrada y los haré gozosos en Mi casa de oraciones. Sus holocaustos y sus sacrificios serán aceptados sobre Mi altar porque Mi casa será llamada Casa de oraciones para todos los pueblos. Dice Dios el Señor que reunió a los dispersos de Israel: juntaré a él otros todavía, además de los que fueron recogidos«. De aquí aprendieron nuestros sabios (Tratado de Shabat 118(B)) que si el Pueblo de Israel cuidase dos Shabatot inmediatamente se vería redimido, tal como se ve en Ishaiahu  que primeramente dice (56:4): «Porque así dice el Eterno en lo concerniente a los eunucos que guardan Mis sábados» y posteriormente (56:8) concluye  con que » los traeré a Mi montaña sagrada» etc.

Cabría preguntarse ¿por qué dicen los sabios que con dos Shabatot que cumplamos seremos redimidos siendo que el profeta condiciona la redención también a la justicia y la generosidad? A esto se puede responder que si hemos de cumplir dos Shabatot, sin duda que seremos justos y generosos pues mediante la observancia del Shabat nos liberamos del sometimiento a los bienes materiales y nos superamos en fe, de manera tal que en los seis días laborables podemos actuar con justicia y generosidad. Sobre esto dijeron nuestros sabios (Vaikrá Rabá 3:1): «El pueblo de Israel no es redimido sino en mérito de la observancia del Shabat tal como dice el profeta Ishaiahu (30:15):»Si os quedarais tranquilos os salvaríais»». De hecho se puede alcanzar la redención mediante la justicia y la generosidad ya que estas nos liberan de las amarras del materialismo y la ambición, y corrigen así a los seis días laborables; y de esa manera podemos observar adecuadamente el Shabat y elevarnos en nuestra fe y apego a Hashem y merecer entonces la redención (ver Tratado de Baba Batra 10(A), Devarim Rabá 5:7).

Asimismo nuestros sabios agregaron que mediante la observancia del Shabat tendremos el mérito de asentarnos en la Tierra de Israel, tal como le dijo Hashem a Abraham Avinu (Bereshit Rabá 46:9): «Si tus hijos habrán de aceptar el Shabat entrarán a la Tierra de Israel y si no, no lo harán». Como es sabido, el ingreso a la Tierra de Israel es el inicio de la redención.

14- La gravedad de la profanación del Shabat.

Una vez que estudiamos respecto de las virtudes del Shabat podemos entender la gravedad  especial que acarrea su profanación, pecado para el que la Torá previó el más grave de los castigos: si la profanación es premeditada y en presencia de dos testigos que advirtieron al trasgresor, el castigo es la muerte por apedreamiento; y si fuera premeditada mas en ausencia de testigos, el castigo es «caret»[2], tal como está escrito en la Torá (Shemot 31:14): «Y guardareis el sábado pues santo es para vosotros. Quien lo profane morirá porque el alma del que trabajare en sábado será extirpada («venijretá») de entre su pueblo» En la práctica era muy raro que se ejecutase a algún trasgresor, pues era poco común que una persona cumpla con todos los requisitos que demanda la Torá para poder someter a alguien a la pena capital. Por esta razón dijeron nuestros sabios en el Tratado de Makot (1:10) que un Sanhedrín que ejecutase un reo cada siete años era considerado un Sanhedrín peligroso o mortífero y Rabí Eleazar ben Azariá dijo que aunque ejecutase un reo cada setenta años también se le consideraba Sanhedrín ejecutor («javlanit»).

De todas maneras, es un hecho que uno de los dos casos que figura en la Torá en los que se ejecutó a alguien, está vinculado con la profanación del Shabat públicamente. Leemos en el libro de Números-Bamidbar (16:32-36): «Y cuando los hijos de Israel estaban en el desierto ocurrió que fue hallado un hombre que cortaba leña un día sábado. Y los que le sorprendieron cortando leña lo trajeron ante Moshé y Aharón y toda la congregación, y lo pusieron en prisión al no decidirse en el momento lo que había de hacerse con él. El Eterno, al ser consultado, le dijo a Moshé: «que muera ese hombre irremisiblemente. Lapídenlo todo el pueblo fuera del campamento». Y lo sacaron fuera del campamento y lo lapidaron matándolo como el Eterno le había ordenado a Moshé». Tal como vemos, la Torá procura enseñarnos  mediante este episodio cuán grave es la pública profanación del Shabat en la escala de valores del Pueblo Judío.

Empero, aún nos resulta difícil de comprender ¿cómo es posible que el leñador tuviera la insolencia de profanar públicamente el Shabat? Nuestros sabios explican que luego del pecado de los espías y del decreto Divino en virtud del cual la generación del desierto moriría sin ingresar a la Tierra de Israel, hubo quienes dedujeron de la situación que los preceptos de la Torá habían quedado sin efecto. Entonces, el leñador, en un arranque de fervor religioso quiso profanar públicamente el Shabat para que así sea necesario ejecutarlo y entonces todos vean lo grave de la profanación (el midrash está citado en las Tosafot del Tratado de Baba Batra 119(B)). Hay quienes sostienen que el leñador era Tzlofjad, quien luego tuvo el mérito de que sus hijas amen la Tierra de Israel y puedieran heredar en ella su parcela.

Respecto de la gravedad de la profanación del Shabat dijeron nuestros sabios en el Zohar (II 151:1) que en el momento en el que el Shabat es recibido y consagrado, el fuego del «guehinóm» se retira de los malvados salvo de aquellos que nunca cuidaron Shabat, a quienes el fuego continúa castigando durante el séptimo día. Empero quien se arrepintió o quien fue castigado por un tribunal como en el caso del leñador, su trasgresión es perdonada y no es castigado por ella en el más allá.


[2]. Se trata de un castigo a manos del cielo y no de uno aplicado por tribunales terrenales, que podría consistir, según las diferentes interpretaciones en fallecer antes de tiempo, desprenderse de las almas del pueblo de Israel o encontrarse distanciado de HaShem en el más allá (n. de t.).

15- Quien profana el Shabat se separa a sí mismo de la congregación de Israel.

Vimos que la profanación del Shabat es especialmente grave al punto que quienes lo hacen públicamente y quienes practican idolatría son considerados como si hubiesen abandonado el Pueblo de Israel y del punto de vista práctico se les considera gentiles. Tal como escribió el Rambam (Hiljot Shabat 30:15): «El Shabat y la idolatría, cada una por separado es considerada equivalente a todos los demás preceptos de la Torá, y el Shabat es la señal del pacto entre Hashem y nosotros en el mundo. Por lo tanto, todo aquel que trasgrede un precepto es considerado un malvado, empero quien profana el Shabat en público se asemeja al idólatra y ambos son considerados gentiles en todo». Esto implica que quien trasgrede un precepto de la Torá no se considera que la abandonó por completo y se le trata como a un judío que se equivocó en su accionar, empero los idólatras y los profanadores públicos del Shabat a pesar de que no actuaron para enfurecer a HaShem y cumplen el resto de los preceptos, se les considera apóstatas y tienen el status de gentiles (Tratado de Eruvín 69(B), Tratado de Julín 5(A)). Esto significa que no se les recibe su ofrenda en el Templo de Jerusalém (Rambam Maasé Hakorbanot 3:4), no se les cuenta para el «minián» (Mishná Berurá 55:46), no se bebe del vino que tocaron y no es preceptivo ser generoso con ellos tal como lo es con cualquier judío (Ahavat Jesed I 3:3).

Empero, en las últimas generaciones, muchos de los grandes juristas ordenaron que mientras que quien profana el Shabat no lo hace en actitud desafiante, no se le debe considerar un idólatra. Esto se debe a que en el pasado cuando todos los judíos observaban el Shabat, quien lo profanaba públicamente aunque no en actitud desafiante se le consideraba fuera de la generalidad de Israel, mas en las últimas generaciones, en las que lamentablemente la observancia del Shabat fue quebrantada por muchos en el Pueblo Judío,  solo quien trasgrede públicamente en actitud desafiante y a los meros efectos de contradecir o negar la Torá es considerado un idólatra. Sin embargo, quien profana el Shabat en privado o para satisfacer un deseo o necesidad personal no se considera que busca negar sus raíces judías (Melamed Leho´il Oraj Jaím 29, Binián Tzión  Hajadashot 23 y ver en Pninei Halajá Tefilá 2:8).

Por lo tanto, en la práctica, si esta persona quiere participar del «minián» se le recibe y es preceptivo ayudarle como a cualquier otro judío. Empero aún hoy en día, algunos juristas consideran a quien profana el Shabat en público como gentil. Por lo tanto, quien por su educación y costumbres se le dificulte cumplir con el Shabat en su completitud, que al menos encienda velas el viernes antes de la puesta del sol, que haga «kidush» con vino y cumpla lo que pueda y de esa manera demuestre que el Shabat le es importante y tiene deseo de apegarse a la tradición ancestral de su pueblo y así, según la idea de los  juristas más estrictos, no recaerá sobre él el status de profanador público del Shabat que le equipararía con un idólatra.

Es necesario destacar que de todas maneras, un judío no puede desconectarse de su judeidad  y aunque practique la idolatría y profane el Shabat premeditadamente o  trasgreda todos los preceptos de la Torá, permanece judío y su alma sigue perteneciendo a la santidad de las almas de Israel. Empero, es un malvado y su castigo será más grave que el del resto de los trasgresores que no se separaron del Pueblo Judío (Zohar II 151:2). Por lo tanto, nuestros sabios establecieron que por una parte es necesario separarse de un trasgresor tal, y simultáneamente se debe intentar ayudarlo a retornar.

16- El Shabat como día de paz y unión.

En Shabat nos unimos con el origen de nuestras vidas revelándose la raíz única de todas las creaturas y así se genera paz en el mundo. La mayor contradicción que existe en este mundo es la existente entre lo material y lo espiritual, entre el alma y el cuerpo, que desde una perspectiva mundana parecen molestarse mutuamente y estar en permanente disputa. Empero en Shabat, se revela que el alma y el cuerpo se complementan mutuamente  pues el alma vivifica al cuerpo y a su vez mediante éste la primera se revela en el mundo físico. Por lo tanto, es preceptivo deleitarse en Shabat tanto corporal como espiritualmente, mediante el estudio de la Torá, el rezo, las comidas y el descanso (ver más adelante capítulo 2 inciso 5).

El Shabat establece la armonía entre todas las fuerzas actuantes. Durante los seis días hábiles parece que todos los seres humanos compiten y luchan entre sí por dinero, honor y amor, de manera tal que todo logro de alguien es a cuentas del fracaso de otro, proliferando  las discusiones y los pleitos. Es así que durante la semana laboral, el modus operandi de quienes odian al Pueblo de Israel predomina en el mundo. En cambio al llegar Shabat se manifiesta que todo tiene un mismo origen e inclusive fuerzas que parecían encontradas se revelan como complementarias y todas juntas todas anhelan elevarse al ámbito de lo Divino que es su raíz y origen. Los malvados que procuran el mal, desde una  perspectiva mundana de los seis días hábiles parecen ser exitosos, mas no vinieron al mundo sino a despertar a los justos y una vez que cumplen con su misión desaparecen de la faz de la tierra. Este aspecto es alabado por el día séptimo en los Salmos (91): «Salmo cántico para el día sábado. Es cosa buena alabar al Eterno y cantar alabanzas a Tu nombre, oh Altísimo, declarando Tu benevolencia por la mañana y tu fidelidad por las noches, con un instrumento de diez cuerdas y con un arpa y con el dulce son de la lira. Porque Tú oh Eterno me has alegrado con Tu labor, exaltaré las obras de Tus manos. ¡Cuán grandes son Tus obras oh Eterno! Y tus pensamientos son muy profundos. El que es tosco no sabe y el tonto no entiende esto (no entienden que todo es para bien, sino que les parece que los malvados verdaderamente tienen éxito).

Cuando los inicuos florecen como la hierba y cuando los obradores del mal proliferan es cuando más pueden ser destruidos. Pero Tú oh Eterno estás en lo alto por siempre. Porque he aquí que tus enemigos oh Eterno, tus enemigos perecerán. Todos los obradores de iniquidad serán esparcidos. Pero a mi honra Tú la has exaltado como el cuerno del carnero. Soy ungido con ricos óleos. Mis ojos han reparado en los que me acechan. Mis oídos han escuchado el deseo de los inicuos que se levantan contra mí. El justo florecerá como la palmera. Crecerá como un cedro en el Líbano. Plantados (los justos) en la Casa del Eterno  florecerán en los atrios de nuestro Señor. Producirán todavía fruto en edad avanzada. Serán vigorosos y de abundantes frutos, para declarar que el Eterno es recto. Es mi roca en la que no hay injusticia».

Vemos entonces que la verdadera paz contiene dos elementos. El primero es que concede un sitio especial y apropiado a cada fuerza y cada aspiración por lo que todas alcanzan su corrección y resulta a posteriori que no hay en ellas mal ni conflicto alguno entre las mismas. El segundo es que también en el caso del mal absoluto, éste tiene por cometido despertar de su letargo a las fuerzas positivas y al ocurrir esto el mal culminó con su cometido y desaparece. Esto no resulta doloroso para el mal  pues éste cumplió con su misión.

Dijeron nuestros sabios en el Zohar (III 176:2): «Ven y mira que el mundo no se sostiene sino en virtud de la paz, cuando el Eterno creó el mundo no podía este existir hasta que vino y vertió sobre éste la paz. ¿Cuál es la paz? El Shabat que hace las paces entre lo superior y lo inferior y entonces el mundo perdura». También nos indicaron que no se debe alterar la santidad del día mediante pleitos y quien sienta tristeza en su corazón debe procurar disiparla en Shabat, y si tiene una discusión con su esposa o cualquier otra persona debe hacer las paces en Shabat (Tikunei Zohar 67:1).

Esta idea es insinuada en el encendido de las velas sabáticas, pues cuando la casa de una persona está a oscuras, también cuando está todo ordenado, ella palpa en la penumbra  a los efectos de encontrar sus utensilios y se tropieza hasta que le parece que todo su mobiliario está complotado en su contra. Al encender las velas, ve que todo está en su sitio para ayudarle y esto es una insinuación de nuestra situación en el mundo. Mientras nos encontramos distantes de HaShem y sus ideales, estamos sumidos en la oscuridad y nos parece que todo el mundo está en pleito y dividido y los malvados dominan. Dado que recibimos la luz del Shabat, esta nos revela la completitud de la fe y vemos cómo todas las diferentes fuerzas se complementan entre sí y la maldad se desvanece cual humo (ver más adelante capítulo 4 inciso 1).

Dijeron nuestros sabios en el Zohar  que en virtud de la revelación de la santidad del Shabat y la fe completa en la unicidad de HaShem, aumenta la alegría en todos los mundos y se hacen las paces entre lo superior y lo inferior y todo judío recibe alma suplementaria y deleite trascendente. Inclusive los malvados que están penando en el infierno, si observaban el Shabat, descansan de su tormento en ese día (ver Zohar I 48:1, II 88:2, 151.1, 205:1, III 94:2, 176:2, 273:1).

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