07- El “man” (maná) en Shabat.

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Durante los cuarenta años que nuestros ancestros transitaron por el desierto, HaShem les hacía descender pan del cielo que se llamaba “man” (maná) y por su intermedio le enseñó al Pueblo de Israel cuál debe ser la actitud correcta ante el alimento y el sustento en general, tal como está escrito (Shemot 16:4): “He aquí que Yo voy a hacer llover para vosotros sustento desde el cielo. Saldrá el pueblo y recogerán lo necesario, día a día, para ponerlo a prueba Yo a él. ¿Se encaminará en Mi Torá o no?“. La prueba consistía en que se les ordenó que recojan a diario lo necesario para cada día y no lo guardaran para el día siguiente. Esa era una gran prueba pues la mayor preocupación humana en este mundo es la de disponer de  sustento y reservas de alimento, no sea que se muera de hambre o se carezca de morada o vestimenta que hagan sufrir por calor o por frío. En virtud de esta preocupación por la supervivencia, el ser humano desarrolla un instinto que lo lleva a comer lo más posible y a acumular dinero y propiedades sin límite. De esa manera el ser humano se transforma en esclavo de su trabajo y sus deseos. HaShem le quiso enseñar al Pueblo de Israel en el desierto, a tener una actitud correcta hacia el sustento, que entiendan que el objetivo del hombre en esta vida es alcanzar el apego a HaShem  y su Torá, mientras que el sustento y el alimento son sólo medios para alcanzar ese fin. A ese respecto leemos (Devarim 8:3): “Te afligió y te sometió al hambre: empero te hizo comer el man – que no habías conocido ni habían conocido tus padres – para hacerte saber que no solamente de pan vive el hombre, pues con todo lo que sale del Mandato de HaShem, vive el hombre“. Por esta razón se les ordenó a los hijos de Israel que recolecten a diario la cantidad de alimento necesaria para ese día únicamente y confíen en que HaShem haría caer “man” al siguiente. Quien no pudo superar la prueba y recolectaba mucho “man“, al llegar a su tienda descubría que en sus manos quedaba solamente la cantidad necesaria para la ingestión del día,  esto es “un Omer por cabeza”. Había personas que no pudiendo superar su preocupación por el mañana se limitaban a la hora de comer y guardaban una parte de lo  recolectado para el día siguiente. Entonces descubrían que el resto se había descompuesto y estaba lleno de gusanos.

Al llegar el sexto día les esperaba una sorpresa (Shemot 16:22-9): “Y en el sexto día recogieron pan doble, dos Omer por cada uno y todos los jefes de la congregación se presentaron ante Moshé para contarle el acontecimiento. Y les explico Moshé: Esto es lo que dijo el Eterno: Mañana es día de descanso, día santo para el Eterno. Lo que habéis de cocer cocedlo hoy  y lo que habréis de cocinar cocinadlo hoy y guardad lo que os quede para mañana. Y lo dejaron para la mañana siguiente como había ordenado Moshé y no hedió ni crió gusanos. Entonces dijo Moshé: “Comedlo hoy que es sábado para el Eterno, pues hoy no lo hallaréis en el campo. Durante seis días en la semana lo recogeréis pero en el séptimo día, sábado, no lo habrá. Y en efecto, algunos que salieron al campo en el día séptimo para recoger el pan no lo encontraron. Entonces le dijo el Eterno a Moshé: ¿Hasta cuándo no queréis cumplir Mis mandamientos y Mis leyes? Considerad que el Eterno os dio el Shabat por lo cual en el día sexto os da pan para dos días. Permanezca entonces cada cual en su lugar en el séptimo día

Nuestros sabios dijeron (Bereshit Rabá 11:2) que la bendición del Shabat era la doble porción de “man” que caía el viernes. Cabría entonces preguntarse qué bendición hay en esto ya que en la práctica la cantidad de “mán” a ingerir en Shabat era idéntica a la de todos los demás días de la semana y la única diferencia era que la porción sabática caía en viernes. La respuesta es que el día séptimo quedaron liberados de toda preocupación, pues el alimento del Shabat ya estaba preparado en las vísperas. Esto se asemeja a una persona que debe esforzarse en su trabajo a diario y un día alcanza a realizar el doble de labor, y al día siguiente siente un gran alivio por no tener que trabajar y puede dedicar su mente a pensar en aquello que trasciende las meras necesidades de la existencia material. Muchas veces, en virtud de estos pensamientos, la persona llega a conclusiones que le permiten progresar posteriormente en su trabajo. Esta es la bendición del Shabat, día en el que se nos ordenó abstenernos de realizar toda labor apartando de nuestros corazones las preocupaciones del sustento y en un espíritu de libertad apegarnos a Hashem y su Torá, tal que la bendición recaiga sobre la labor de los seis días hábiles.

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