15- Quien profana el Shabat se separa a sí mismo de la congregación de Israel.

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Vimos que la profanación del Shabat es especialmente grave al punto que quienes lo hacen públicamente y quienes practican idolatría son considerados como si hubiesen abandonado el Pueblo de Israel y del punto de vista práctico se les considera gentiles. Tal como escribió el Rambam (Hiljot Shabat 30:15): «El Shabat y la idolatría, cada una por separado es considerada equivalente a todos los demás preceptos de la Torá, y el Shabat es la señal del pacto entre Hashem y nosotros en el mundo. Por lo tanto, todo aquel que trasgrede un precepto es considerado un malvado, empero quien profana el Shabat en público se asemeja al idólatra y ambos son considerados gentiles en todo». Esto implica que quien trasgrede un precepto de la Torá no se considera que la abandonó por completo y se le trata como a un judío que se equivocó en su accionar, empero los idólatras y los profanadores públicos del Shabat a pesar de que no actuaron para enfurecer a HaShem y cumplen el resto de los preceptos, se les considera apóstatas y tienen el status de gentiles (Tratado de Eruvín 69(B), Tratado de Julín 5(A)). Esto significa que no se les recibe su ofrenda en el Templo de Jerusalém (Rambam Maasé Hakorbanot 3:4), no se les cuenta para el «minián» (Mishná Berurá 55:46), no se bebe del vino que tocaron y no es preceptivo ser generoso con ellos tal como lo es con cualquier judío (Ahavat Jesed I 3:3).

Empero, en las últimas generaciones, muchos de los grandes juristas ordenaron que mientras que quien profana el Shabat no lo hace en actitud desafiante, no se le debe considerar un idólatra. Esto se debe a que en el pasado cuando todos los judíos observaban el Shabat, quien lo profanaba públicamente aunque no en actitud desafiante se le consideraba fuera de la generalidad de Israel, mas en las últimas generaciones, en las que lamentablemente la observancia del Shabat fue quebrantada por muchos en el Pueblo Judío,  solo quien trasgrede públicamente en actitud desafiante y a los meros efectos de contradecir o negar la Torá es considerado un idólatra. Sin embargo, quien profana el Shabat en privado o para satisfacer un deseo o necesidad personal no se considera que busca negar sus raíces judías (Melamed Leho´il Oraj Jaím 29, Binián Tzión  Hajadashot 23 y ver en Pninei Halajá Tefilá 2:8).

Por lo tanto, en la práctica, si esta persona quiere participar del «minián» se le recibe y es preceptivo ayudarle como a cualquier otro judío. Empero aún hoy en día, algunos juristas consideran a quien profana el Shabat en público como gentil. Por lo tanto, quien por su educación y costumbres se le dificulte cumplir con el Shabat en su completitud, que al menos encienda velas el viernes antes de la puesta del sol, que haga «kidush» con vino y cumpla lo que pueda y de esa manera demuestre que el Shabat le es importante y tiene deseo de apegarse a la tradición ancestral de su pueblo y así, según la idea de los  juristas más estrictos, no recaerá sobre él el status de profanador público del Shabat que le equipararía con un idólatra.

Es necesario destacar que de todas maneras, un judío no puede desconectarse de su judeidad  y aunque practique la idolatría y profane el Shabat premeditadamente o  trasgreda todos los preceptos de la Torá, permanece judío y su alma sigue perteneciendo a la santidad de las almas de Israel. Empero, es un malvado y su castigo será más grave que el del resto de los trasgresores que no se separaron del Pueblo Judío (Zohar II 151:2). Por lo tanto, nuestros sabios establecieron que por una parte es necesario separarse de un trasgresor tal, y simultáneamente se debe intentar ayudarlo a retornar.

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