19. La repetición de la Amidá por parte del oficiante.

01. La institución de la repetición del rezo por parte del oficiante.

Los sabios de la Gran Asamblea instituyeron que una vez que las personas individualmente terminen de recitar la Amidá en silencio el oficiante la repita en voz alta, a fin de que aquellos que no saben orar por sí mismos, puedan cumplir con el deber de rezar (Talmud Babilonio Tratado de Rosh Hashaná 34(B)). Empero, para el rezo de Arvit no instituyeron repetición ya que en su esencia se trata de un servicio opcional y por lo tanto no es necesario hacer cumplir  al lego con ese deber.

Nuestros sabios decretaron que el oficiante también rece primeramente en silencio, de modo tal que él mismo pueda ordenar su plegaria y a su vez determinaron que las personas que saben rezar, igualmente deban escuchar la repetición y responder Amén a las diferentes bendiciones.

Dado que nuestros sabios, de bendita memoria,  fueron quienes instituyeron la repetición del oficiante, esta debe ser efectuada aunque todos los presentes sepan rezar. Y aún, habiéndose autorizado a transcribir la Torá Oral, incluida la redacción de los rezos, y siendo que los libros de rezo cobraron gran difusión y prácticamente no hay congregaciones en las cuales haya personas que no sepan rezar y necesiten de la repetición para cumplir con su deber, esta ordenanza ha permanecido inamovible. Esto se debe a que la regla general indica que una vez que los sabios decretan algo, esto se aplica de manera uniforme (Shulján Aruj 124:3, de acuerdo a la respuesta de Rambám). Además, nuestros sabios decretaron que en la repetición del oficiante se reciten la Kedushá y la bendición sacerdotal (Birkat Cohanim) y si la repetición no se llevase a cabo, estas últimas se omitirían (Tur).

Según la Kabalá, además de hacer cumplir al orante lego, la repetición del oficiante tiene un cometido espiritual profundo al igual que la recitación silenciosa. La acción conjunta de ambos rezos hace que la plegaria sea más efectiva y por esta razón, aunque hoy en día no es necesario repetir el rezo para hacer cumplir a los legos, esta repetición es necesaria por razones de orden espiritual. Por eso, es un gran mérito responder «Amén» durante la repetición e inclusive está prohibido estudiar Torá durante la misma (ver Kaf HaJaím 124:2 y 16). Según esta idea, la repetición tiene mayor nivel espiritual que el rezo silencioso y por lo tanto, aunque se trata de la Amidá que es profunda y excelsa, se puede recitar en voz alta ya que por su trascendencia mo hay temor a que las «Klipot» o impurezas espirituales se le adhieran. Quienes escuchan la repetición deben tener cuidado de no interrumpirla hablando. Nuestros sabios dijeron que quien conversa durante la repetición del oficiante «peca y su trasgresión resulta difícil de cargar a cuestas y debe ser reprobado» (Shulján Aruj 124:7).

02. ¿Quién puede cumplir con su deber de rezar mediante la repetición del oficiante?

Se tienen que cumplir tres condiciones para que una persona cumpla con su deber de rezar mediante la repetición del oficiante: a) Desconocer el rezo. Sin embargo, quien sabe rezar debe hacerlo y pedir misericordia por sí mismo y no puede cumplir con su deber escuchando al oficiante. Aquel que sólo sabe rezar usando un libro de oraciones (Sidur) y llega a un sitio en el cual no los hay, puede cumplir con su deber escuchando al oficiante. b) Tiene que haber quórum de diez en ese lugar, pues nuestros sabios decretaron que sólo en la presencia de un Minián se puede cumplir escuchando al oficiante c) Que el orante entienda lo que dice el oficiante, pues si no sabe hebreo no puede cumplir mediante la repetición de éste.

Si bien quien sabe orar no cumple con su deber escuchando al oficiante, en el caso de una persona que omitió por olvido un pasaje del rezo que le obliga a volver a rezar, como por ejemplo «Iaalé Veiavó» en Rosh Jodesh y Jol Hamoed, podrá cumplir escuchando la repetición del oficiante, de momento que ya imploró misericordia para sí en el rezo silencioso (Shulján Aruj 124:10).

Cuando una persona tiene la intención de cumplir con su deber escuchando la repetición del oficiante, debe pararse con los pies juntos tal como lo hacemos durante la Amidá en silencio y al finalizar el rezo habrá de retroceder tres pasos (Shulján Aruj 124:1). En este caso debe responder Amén a cada bendición y a la Kedushá. Sin embargo no habrá de decir «Baruj Hú uBaruj Shemó» y en la bendición de «Modim» habrá de escuchar al oficiante y no recitará el «Modím Derrabanán» (Shulján Aruj 124:6, Mishná Berurá 3). La persona en cuestión deberá tener cuidado de no interrumpir hablando y aunque escuche a otro Minián recitando Kadish, no habrá de responder «Amén».

El oficiante debe tener la precaución de recitar todo el rezo en voz alta, pues así lo indica la norma. Hay oficiantes que se equivocan y recitan parte de la bendición de «Modim» en voz baja, de modo tal que además de no cumplir con su deber en forma completa, si hay en el público alguien que necesitaba de la repetición para cumplir con su deber, al no oírlo no lo pudo hacer (Mishná Berurá 124:41).

03. Cómo se deben comportar los que escuchan la repetición.

El que escucha debe responder Amén a todas y cada una de las bendiciones recitadas en la repetición. Nuestros sabios dijeron (Talmud Babilonio Tratado de Berajot 53(B)) que «tiene más mérito quien responde Amén que quien recita la bendición». Se debe responder Amén con seriedad y concentración. Esta expresión significa que lo dicho por el que bendijo es verdad. Por ejemplo, si alguien escuchó la bendición de «Shehakol» (Que todo adquirió existencia por Su Palabra) al responder Amén está diciendo que ciertamente todo adquirió existencia por la palabra de D´s. Cuando la bendición incluye también una petición como en el caso de «Jonén Hada´at» (sabiduría y conocimiento), el «Amén» tiene dos significados: a) Es verdad que la sabiduría proviene de Él b) Ojalá que nos conceda la sabiduría (Shulján Aruj 124:6, Mishná Berurá 25).

Hay que tener cuidado de no responder Amén antes que el oficiante termine de recitar la bendición, o bien no pronunciar algunas de sus letras, o decirlo de manera inaudible y con voz débil. Asimismo no se debe responder Amén mucho después de recitada la bendición; en este caso recibe el nombre de «Amén huérfano» (Ver tratado de Berajot 47(A), Shulján Aruj 124:8).

Responder «Amén» expresa la relación de la persona con su fe en D´s. Y cuando la fe es incompleta, esta genera una idéntica insuficiencia en nuestras vidas. Por eso dijo Ben Azai: «Todo aquél que responde un ‘Amén huérfano’  sus hijos serán huérfanos, si responde Amén adelantándose al oficiante ‘sus días se adelantarán’ (vivirá menos), o si lo dice entrecortado sus días serán cortados. En cambio, todo aquel que ‘prolonga’ el Amén, sus días y sus años serán prolongados» (Talmud Babilonio Tratado de Berajot 47(A)).

Se debe responder Amén con voz agradable, sin elevar su tono por encima del de quien bendice (Shulján Aruj 124:12). No se habrá de abreviar el «Amén» sino que habrá de extenderlo un poco hasta el tiempo que lleva recitar «E-l Melej Neemán«. Por otra parte, no se debe extender el Amén más de la cuenta. En caso de que en el servicio haya personas que prolongan exageradamente su «Amén», el oficiante no está obligado a esperarlos y puede continuar con la próxima bendición una vez que la mayor parte de los orantes terminaron de pronunciarlo. Empero en el caso del recitado de bendiciones en las que el oficiante hace cumplir con su deber a toda la  congregación, como por ejemplo la anterior al toque del Shofar, éste deberá esperar hasta que todos terminen de responder Amén para que también aquellos que lo prolongan puedan escuchar la siguiente bendición (Shulján Aruj 124:8-9, Mishná Berurá 38).

Los grandes sabios de la Edad Media (rishonim) acostumbraban a decir «Baruj Hú uBaruj Shemó» cada vez que se mencionaba el Nombre de D´s en una bendición y esta costumbre se extendió a todo el pueblo de Israel. Esto aplica a las bendiciones que al ser recitadas en voz alta no hacen cumplir con su deber a la persona, como en el caso de la repetición del oficiante cuando una persona supo rezar la Amidá silenciosa. Empero en el caso de bendiciones cuyo recitado en voz alta hace que las personas cumplan con su deber como por ejemplo la del Kidush o toque del Shofar, se acostumbra a no responder «Baruj Hú uBaruj Shemó» para no interrumpir en medio de la bendición con expresiones que no fueron instituidas o establecidas por nuestros sabios. A posteriori, quien respondió «Baruj Hú uBaruj Shemó» por el recitado en voz alta de una bendición que le hace cumplir con un deber, igualmente cumplió, pues la respuesta no implica distracción (Mishná Berurá 124:21, Kaf HaJaím 26).

Es bueno honrar la repetición del oficiante manteniéndose  de pie durante la misma, puesto que quienes sólo la oyen y no cumplen con el deber de rezar por su intermedio, son igualmente considerados partícipes de la misma. Estos oyentes tienen, en cierta forma, el mérito de ser considerados como quienes realizan un rezo suplementario, por lo que es bueno que se mantengan de pie conforme a lo que corresponde durante la Amidá. Sin embargo, mantenerse de pie no es obligatorio y quien quiera sentarse podrá hacerlo (Mishná Berurá 124:20, Kaf HaJaím 24).

04. ¿Es necesario que nueve personas respondan durante la repetición del oficiante?

Cuando el oficiante recita la repetición de la Amidá, todos y cada uno de los demás orantes debe permanecer en silencio, escuchar las bendiciones y responder «Amén». Estudiamos anteriormente en las halajot de «Minián» (2:7) que hay juristas que opinan que el oficiante no puede iniciar la repetición si no tiene nueve personas que le respondan «Amén» y hay otros juristas que opinan que si algunos de los presentes todavía están rezando la Amidá silenciosa, aunque no puedan responder, se los cuenta para el «Minián«.

A priori tendemos a aplicar la opinión más estricta y el oficiante no ha de comenzar la repetición hasta tener nueve personas que le puedan responder. Empero en caso de emergencia o premura, si hay personas que tienen un gran apuro por concluir y aparentemente quien prolonga su rezo dista de terminar, se puede confiar en la opinión de la  mayoría de los juristas y comenzar con la repetición del oficiante aunque sólo ocho respondan. Cuando los que prolongan su oración son varios, en caso de gran premura se puede aplicar un criterio más flexible y comenzar la repetición cuando solamente cinco pueden responder y junto al oficiante son la mayoría del quórum de diez.

Si en caso de apremio el oficiante necesita comenzar la repetición cuando todavía carece de nueve que le respondan, que condicione para sus adentros que si la norma correcta coincide con la opinión de quienes requieren nueve que respondan, que el rezo sea considerado voluntario y como una persona tiene permitido rezar voluntariamente, sus bendiciones no serán consideradas en vano.

Asimismo, quien oficia en una congregación donde la gente suele conversar mucho durante el rezo, ante la duda de si habrán nueve personas que respondan durante la repetición, que condicione para sus adentros antes de comenzar, que, de no haber nueve personas que respondan «Amén», siendo la norma aceptada que se requiere este número, que el rezo sea considerado como voluntario.

A los efectos de evitar estas dudas cada uno de los presentes durante la repetición del oficiante debe pensar que sin él no habrá nueve que respondan, por lo que deberá prestar atención al oficiante y responder «Amén» (Shulján Aruj 124:4).

05. ¿Cuándo se omite la repetición del oficiante?

En caso de que varias personas sin las cuales no se completa Minián necesiten salir a trabajar, por lo que no hay tiempo para primero rezar la Amidá silenciosa y luego llevar a cabo la repetición del oficiante, rezarán todos en silencio. El oficiante comenzará en voz alta el recitado de las tres primeras bendiciones y todos le responderán la Kedushá para no perderla y a partir de la bendición de «Atá Jonén», se continúa en silencio (Ramá 124:2).

En el caso de un Minián reducido, en el que varios acostumbran a prolongar su rezo y a los demás les es difícil esperarlos pues tienen apuro en salir, se podrá prescindir de la repetición. El oficiante habrá de recitar las tres primeras bendiciones en voz alta para poder decir Kedushá. Ya explicamos anteriormente que cabe repetir la Amidá cuando aún no se cuenta con nueve que respondan, empero a priori para no entrar en dudas,  es mejor omitir la repetición.

Cuando tiene lugar un Minián donde la gente suele conversar durante la repetición, al punto de que se tema que no haya nueve que le respondan al oficiante, cabe considerar la posibilidad de suprimirla para así reducir la profanación del nombre de D´s causada. La costumbre más extendida es de no suprimir la repetición del oficiante aunque la gente acostumbre a conversar durante el rezo. En todas estas cuestiones la autoridad halájica del lugar deberá definir la conducta a seguir.

Existen dos costumbres diferentes respecto de cuándo comienza el público a rezar en caso de que el oficiante recite únicamente las tres primeras bendiciones en voz alta. Hay quienes acostumbran a comenzar a rezar ni bien el oficiante termina la bendición de «HaE-l Hakadosh«(Mishná Berurá 124:8). Otros, acostumbran a rezar junto al oficiante ni bien este comienza (Kaf HaJaím 124:10). Consideramos que en Shajarit, cabe recomendar que se comience junto al oficiante para no interrumpir en medio de la bendición de «Emet Veiatziv«. En el rezo de Minjá, quien acostumbra a prolongar su plegaria, que comience junto al oficiante para alcanzar a terminar y responder al Kadish posterior a la Amidá. Quien no acostumbra a prolongar su oración, que empiece a rezar luego que el oficiante termine de recitar «HaE-l Hakadosh«.

Cuando se decide prescindir de la repetición del oficiante en Shajarit habiendo cohanim presentes, a los efectos de no perder la bendición sacerdotal, es bueno que estos se laven las manos antes de la Amidá y recen en el sitio desde el cual acostumbran a bendecir a la congregación, de modo tal que cuando el oficiante llegue a la bendición de «Retsé» vuelva a recitar en voz alta y permita así a los cohanim bendecir tras concluir la bendición de «Modim». En el caso de quien se encuentre en ese momento rezando la Amidá en silencio, habrá de responder «Amén» (ver Mishná Berurá 128:71).

06. Kedushá

En la tercera bendición se recita la Kedushá. Lo más importante en ésta es responder los versículos: «Santo, Santo, Santo es el Eterno de los Ejércitos. La tierra toda está pletórica de Su Gloria» («Kadosh Kadosh…») y «Bendita sea la gloria del Eterno desde Su lugar» («Baruj Kevod…»). En un inicio, se acostumbraba que el oficiante recitaba sólo los versos intermedios y el público respondía únicamente a los versículos que inician con los vocablos «Kadosh«, «Baruj» e «Imloj» (Shulján Aruj 125:1). Hoy en día se actúa conforme a las enseñanzas del Ariza´´l quien indicó que también el público recite en voz alta los versos intermedios y luego el oficiante los repita, para que posteriormente el público responda los versículos de la Kedushá (Mishná Berurá 125:2, Kaf HaJaím 2).

Hay juristas que opinan que el versículo «Imloj» no pertenece al núcleo original de la Kedushá, sino que se trata de uno de los versos intermedios que el oficiante debe recitar y por lo tanto, quien se encuentra en medio de las bendiciones del recitado del Shemá y escucha la Kedushá debe interrumpir para responder en los versículos «Kadosh» y «Baruj» mas no en «Imloj«. Otros juristas sostienen que debe responder también en el versículo «Imloj«, pues es parte integral de la Kedushá y así se acostumbra.

En el rezo de Shajarit se recita la Kedushá tres veces en total: en la bendición de «Iotzer Or«, en la repetición del oficiante y en el pasaje de «Ubá Letzión«. Los juristas debatieron respecto de si las dos veces suplementarias que se recitan estos versículos entran en la categoría de «Kedushá» y si es necesario un quórum de diez para recitarlos. En la práctica se sentenció que también quien reza solo, los puede recitar. A los efectos de salir de toda duda, es bueno pronunciarlos con la entonación melódica bíblica (Te´amim) como si leyese la Torá (ver además 16:4, 23:2). Sin embargo, la Kedushá que se recita en la repetición del oficiante es la principal y requiere obligatoriamente de Minián.

Es bueno pararse con los pies juntos durante la Kedushá pues así nos asemejamos a los ángeles cuyas piernas están unidas al punto de que parecen una sola (Shulján Aruj 125:2). Hay quienes se esmeran en mantener las piernas juntas hasta el final de la bendición de «HaE-l Hakadosh» (Eliahu Rabá 125:6). Sin embargo, esto no es obligatorio y muchos rabinos acostumbran a no adjudicarle importancia.

Se acostumbra a elevar un poco los talones al pronunciar los versículos «Kadosh«, «Baruj» e «Imloj«, así como a elevar la mirada con los ojos cerrados, expresando así el deseo de elevarse. Esta usanza tiene su origen en el Midrash (Beit Iosef y Ramá125:2, Mishná Berurá 6, Kaf HaJaím incisos 2 y 9).

07. ¿Cuándo debe el oficiante recitar los versículos de la Kedushá?

El oficiante debe recitar los versículos «Kadosh«, «Baruj» e «Imloj» junto al público, para así decirlo con Minián. Debe recitarlos en voz alta, de modo tal que si alguien está en medio del rezo pueda escucharlo y cumplir así su deber de decir la Kedushá, puesto que ‘a quien oye se lo considera como si respondiese’ (Shulján Aruj 104:7). Luego de recitar los versículos debe callarse por un momento, para que la mayor parte de la congregación termine de recitar los versos intermedios y entonces los ha de pronunciar en voz alta. Si la voz del oficiante no es lo suficientemente fuerte como para que toda la congregación lo oiga, deberá detenerse un instante hasta que la mayoría de los orantes termine de recitar el versículo y hagan un poco de silencio. Recién entonces habrá de comenzar con el recitado del versículo correspondiente. De esta manera, por una parte todos podrán oírle y por la otra, dado que aún quedan algunos orantes que no concluyeron el versículo de la Kedushá, el oficiante lo recita con éstos en Minián.

Hay diferentes enfoques respecto de cómo proceder en el caso de que el público sea tan numeroso  que el oficiante no puede  recitar el versículo hasta que todos se callen. Hay juristas que opinan que lo más importante es que el oficiante recite los versículos junto al público, por lo que necesita que lo oigan por lo menos diez orantes. Otros opinan que lo principal es que todos puedan oírle sin importar que lo recite o no junto a otros diez, puesto que si hay un Minián de personas que oyen se considera que lo dice con quórum y por lo tanto habrá de esperar hasta que pueda hacer oír su voz para todos. Cada una de las costumbres tiene su fundamento en la halajá.

08. El «Modim Derrabanán» (de los rabinos) y otras reglas.

Cuando el oficiante llega a «Modim«, todo el público se inclina y recita junto a éste el «Modim Derrabanán» que fue redactado diferente al «Modim» que se recita en la Amidá, tal como lo relata el Talmud (Talmud Babilonio Tratado de Sotá 40(A)).

Todo el público se inclina en «Modim Derrabanán» igual a como lo hizo en el «Modim» de la Amidá silenciosa (Mishná Berurá127:2, Kaf HaJaím 1, ver arriba 17:6).

Hay quien sostiene que hay que inclinarse también al final de «Modim Derrabanán»  y otros opinan que  es necesario recitar todo este pasaje inclinado. La costumbre extendida es inclinarse levemente al principio de esta plegaria y esta es la usanza según la tradición del Ariz´´l (ver Shulján Aruj y Ramá 127:1, Kaf HaJaím 10).

En un rezo en el que corresponde recitar la bendición sacerdotal como en el caso de Shajarit, Musaf y Minjá de días de ayuno, en caso de no haber cohanim presentes, el oficiante recita los versículos de la misma como parte del servicio y el público responde «Ken Iehí Ratzón» («que sea efectivamente Su voluntad»).

La bendición por la paz tiene dos versiones, «Sim Shalom» y «Shalom Rav«. Según el rito sefaradí y la usanza del Aríz´´l  se dice «Sim Shalom» en todos los servicios. Según la tradición ashkenazí, en un servicio en el que corresponde recitar la bendición sacerdotal se dice «Sim Shalom«, mientras que cuando no corresponde recitarla se dice «Shalom Rav«. Si la persona, por error, cambia una versión por la otra cumple igualmente con su deber (Ramá 127:2, Mishná Berurá 13, Kaf HaJaím 24).

Si el oficiante se confunde al punto de que no puede continuar con su rezo, se espera un poco para ver si se recupera y si no logra continuar se lo suplanta. Si esto ocurre en una de las bendiciones centrales, el nuevo oficiante comienza desde el inicio de la última bendición recitada. Si el recambio ocurre durante las tres primeras o las tres últimas, el nuevo oficiante deberá comenzar desde el inicio de esas tres bendiciones (Shulján Aruj 126:1-2).

09. ¿Se puede compensar o completar una repetición del oficiante?

Diez personas que rezaron separadas y luego se reúnen en un sitio, no tienen el status de «Minián» ya que rezó cada quien por su cuenta y por lo tanto no pueden pronunciar la repetición por parte del oficiante (Ridbaz, Mishná Berurá 69:1, Kaf HaJaím 1. «Barjú» se puede completar  al final del rezo para quienes llegan tarde, como se verá más adelante 23:9).

Si entre  las personas hay uno que aún no rezó, después de la bendición de «Ishtabaj» podrá recitar medio Kadish y decir «Barjú«. Al llegar a la Amidá, que recite las tres primeras bendiciones en voz alta y los demás que se le sumen a la Kedushá. A esto se le llama «rebanar el Shemá«[1] (Porés al Shemá). De la misma forma, en el caso del rezo de Minjá, quien no rezó la plegaria de la  «Amidá» que recite «Ashrei«, Kadish y luego las tres primeras bendiciones de la Amidá en voz alta.

En el caso de quien llega tarde al servicio, si hay nueve que están dispuestos a responderle que rece sólo hasta «Ishtabaj» y luego que recite Kadish y «Barjú«. Cuando arribe a la Amidá que diga las tres primeras bendiciones en voz alta y de esa manera podrá tener el mérito de recitar la Kedushá.

Si se juntaron a rezar sólo seis y se les sumaron otros cuatro que ya rezaron, el oficiante podrá recitar toda la plegaria según el orden, ya que la mayoría de los orantes aún no rezó y por lo tanto los diez juntos poseen el carácter de «Minián«.

Empero si los que no rezaron aún  son solamente cinco, son considerados como individuos aislados y por lo tanto cuando lleguen a «Ishtabaj» que reciten Kadish y «Barjú» y al llegar a la Amidá que uno de ellos recite las tres primeras bendiciones en voz alta y digan la Kedushá (ver Beur Halajá 69 ‘אומר’ ).

 

[1] «Rebanar» por cuanto que de la sección del Shemá y sus bendiciones solo se recita la primera de estas y luego se pasa a la Amidá directamente por lo que de toda la sección se extrae solo una «rebanada» y el resto no se recita (n. de t.).

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