02. ¿Quién puede cumplir con su deber de rezar mediante la repetición del oficiante?

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Se tienen que cumplir tres condiciones para que una persona cumpla con su deber de rezar mediante la repetición del oficiante: a) Desconocer el rezo. Sin embargo, quien sabe rezar debe hacerlo y pedir misericordia por sí mismo y no puede cumplir con su deber escuchando al oficiante. Aquel que sólo sabe rezar usando un libro de oraciones (Sidur) y llega a un sitio en el cual no los hay, puede cumplir con su deber escuchando al oficiante. b) Tiene que haber quórum de diez en ese lugar, pues nuestros sabios decretaron que sólo en la presencia de un Minián se puede cumplir escuchando al oficiante c) Que el orante entienda lo que dice el oficiante, pues si no sabe hebreo no puede cumplir mediante la repetición de éste.

Si bien quien sabe orar no cumple con su deber escuchando al oficiante, en el caso de una persona que omitió por olvido un pasaje del rezo que le obliga a volver a rezar, como por ejemplo “Iaalé Veiavó” en Rosh Jodesh y Jol Hamoed, podrá cumplir escuchando la repetición del oficiante, de momento que ya imploró misericordia para sí en el rezo silencioso (Shulján Aruj 124:10).

Cuando una persona tiene la intención de cumplir con su deber escuchando la repetición del oficiante, debe pararse con los pies juntos tal como lo hacemos durante la Amidá en silencio y al finalizar el rezo habrá de retroceder tres pasos (Shulján Aruj 124:1). En este caso debe responder Amén a cada bendición y a la Kedushá. Sin embargo no habrá de decir “Baruj Hú uBaruj Shemó” y en la bendición de “Modim” habrá de escuchar al oficiante y no recitará el “Modím Derrabanán” (Shulján Aruj 124:6, Mishná Berurá 3). La persona en cuestión deberá tener cuidado de no interrumpir hablando y aunque escuche a otro Minián recitando Kadish, no habrá de responder “Amén”.

El oficiante debe tener la precaución de recitar todo el rezo en voz alta, pues así lo indica la norma. Hay oficiantes que se equivocan y recitan parte de la bendición de “Modim” en voz baja, de modo tal que además de no cumplir con su deber en forma completa, si hay en el público alguien que necesitaba de la repetición para cumplir con su deber, al no oírlo no lo pudo hacer (Mishná Berurá 124:41).

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