02- ¿Dónde se colocan las velas de Shabat y quién debe encenderlas?

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Es preceptivo que haya luz en todas las habitaciones que se han de usar en la noche del viernes para que los miembros del hogar no se tropiecen al caminar. Empero, lo principal del precepto es encender velas allí donde se ha de comer pues de esta manera se honra y deleita al Shabat, y por lo tanto es sobre estas velas que se recita la bendición (Ramá 263:10, Mishná Berurá 2). Si en la práctica, en el resto de las habitaciones se cuenta con luz de focos eléctricos o luz que entra del exterior, no es necesario encender allí velas.

Las velas deben mantenerse encendidas hasta la conclusión de la cena y, a priori, hay que preocuparse de que haya luz en el hogar hasta la hora de irse a dormir (Shmirat Shabat Kehiljatá 43:17). Hoy en día que existe la posibilidad de encender una luz eléctrica, se debe dejar a priori una luz encendida toda la noche para que quien se levante no se tropiece.

El precepto del encendido de velas pertenece a todo el Pueblo Judío, tanto a mujeres como a hombres, a casados como a solteros; pues todos deben honrar y deleitar al Shabat. Empero,  en el seno del hogar la mujer tiene preferencia en el cumplimiento del precepto, pues ella es la dueña de casa y la responsable de su dirección. Por eso tiene el mérito de cumplir con el mandamiento cuyo objetivo es traer armonía al hogar (Shlom Bait), y por lo tanto, al encender ella las velas, todos los miembros de la familia cumplieron por su intermedio. Empero, si la mujer está demorada y se acerca el horario de la puesta del sol, es preferible que su marido o uno de los hijos enciendan las velas y de esa forma no entren en duda de profanación de Shabat (Shulján Aruj 263:2, Mishná Berurá 262:11).

Del hecho que la mujer antecede al marido en el precepto del encendido de las velas, aprendemos que la armonía en el hogar depende principalmente del ama de casa. Asimismo, la luz de la Torá y de la fe ilumina en el hogar por mérito de la mujer, pues mediante su conciencia interior tan particular sabe cómo alumbrar el camino verdadero a su marido e hijos orientándolos a estudiar Torá con ahínco. Tal como dijeron nuestros sabios: “La recompensa que prometió HaShem a las mujeres supera a la que prometió a los hombres”, pues ellas envían a sus hijos a la sinagoga a estudiar Torá y estimulan a sus maridos a prolongar las sesiones de estudio en el Beit Hamidrash y les esperan hasta que vuelven (Tratado de Berajot 17(A)). Empero, cuando la mujer no puede encender las velas, el marido ha de hacerlo pues a posteriori, él también puede traer armonía al hogar  e infundir en este un ambiente de fe y Torá.

En el caso de que la mujer se ausente del hogar, como por ejemplo, si fue al hospital o debió viajar por alguna necesidad y el marido se queda en casa, éste debe encender las velas y recitar la bendición correspondiente. Aunque haya en la casa una hija grande, el marido debe encender las velas pues es el dueño de casa y si así lo desea podrá pedir a su hija que lo haga, tanto para él como para el resto de los miembros del hogar (Shmirat Shabat Kehiljatá 43 nota 46).

Hay quienes acostumbran que además de las velas de Shabat que enciende la madre, todas las hijas que llegaron a la “edad de jinuj” enciendan velas y reciten la bendición. Esa es la costumbre de Jabad. Empero, según la mayoría de los juristas, sólo enciende velas el ama de casa  y esta es la costumbre extendida en el resto de las comunidades judías. Es bueno que cada mujer mantenga su tradición familiar en este tema.

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