01- El precepto de encender velas en Shabat.

Es precepto rabínico encender velas en honor al Shabat y está fundamentado en tres razones: a) Honrar al Shabat, pues la comida no es importante u honorable si no se lleva a cabo con luz; b) Deleitar al Shabat, pues ver lo que se come es parte del disfrute de los alimentos; c) Para que reine la armonía en el hogar (Shlom Bait), pues cuando no se pueden distinguir los muebles y demás objetos uno puede tropezarse con ellos lo que lleva al enojo y al disgusto. Es tan importante iluminar la mesa de Shabat, al punto que nuestros sabios dijeron que quien carece de dinero para adquirir velas, que pida tzedaká a esos efectos (Shulján Aruj 263:2).

Quien posee algo de dinero, debe adquirir primero pan para no ayunar en Shabat, y si después le queda algo que compre una vela para iluminar y sólo después, si le sobra dinero, que compre vino para el Kidush. Esto se debe a que en caso de necesidad se puede realizar el Kidush con pan y mediante la vela se deleita al Shabat. Por lo tanto es preferible que encienda una vela en honor al Shabat en lugar de recitar el Kidush con vino (Tratado de Shabat 23(B), Shulján Aruj 263:1 y 2).

Las velas de Shabat encierran una profunda expresión de la esencia sabática. Una persona que vive sumida en la oscuridad  no encuentra lo que busca, se tropieza y choca con sus propios muebles y percibe su propia casa como un caos. A partir del momento en que enciende las velas, llega la armonía al hogar y se da cuenta que todos sus muebles no están sino para servirlo, y que todos sus enseres están en su sitio y puede deleitar al Shabat con su comida. Asimismo, cuando se contempla el mundo con una visión superficial este parece lleno de conflictos y guerras, dividido y en discusión con las otras partes sin solución  a la vista. Cada facción cree que eliminando al contrincante alcanzará la paz y de esa manera los pleitos se prolongan sin fin. Empero, una vez que el hombre profundiza en su meditación y contempla la Providencia Superior, la oscuridad se desvanece y se manifiesta la Luz Divina. De esa manera se da cuenta que todos los diferentes aspectos se complementan de modo tal que  una mano invisible guía al mundo en pos de su corrección, y que de todas las desgracias y sufrimientos surgen redenciones y consuelos (ver arriba cap. 1 inciso 15).

Las velas de Shabat hacen las paces en el hogar mediante la adición de luz e insinúan la corrección del mundo que se llevará a cabo mediante la luz  de la Torá y de la fe. Esta es la intención básica del Shabat: sumar luz de Torá y fe en el mundo. Nos parece que esta es la razón por la cual el grueso de los judíos profesa tanto cariño a este precepto, pues alude a la intención general del Pueblo Judío de traer la paz mediante la adición de luz.

Desde esta perspectiva se puede entender lo que dijeron nuestros sabios (Tratado de Shabat 23(B)) en cuanto a que quien cumple con el precepto de las velas de Shabat con excelencia tendrá el mérito de engendrar hijos eruditos de la Torá, ya que al esmerarse en la luz sabática recibirá un hijo que agregará luz al mundo mediante el estudio de la Torá. Por lo tanto, muchas mujeres acostumbran a rezar tras el encendido de velas para que sus hijos crezcan y se hagan eruditos de la Torá.

Dijeron nuestros sabios que «el honor del Shabat es el encendido de las velas. Si cuidáis las velas de Shabat Yo os haré divisar las velas de Sion… y no precisarán de la luz del sol sino que Yo Mismo os iluminaré… y las naciones irán tras vuestra luz… ¿y todo esto en mérito de qué? En mérito de las velas que encendéis en Shabat» (Yalkut Shimoní Behaalotejá).

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