03. Intelecto y emoción.

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Nuestro maestro, el Rabino Tzví Iehuda Kuk, de bendita memoria, solía poner énfasis en la regla general de la igualdad entre los géneros. Empero, una vez que establecía este principio general inquiría en las diferencias entre hombres y mujeres, “el intelecto es más dominante en el hombre, sin embargo la emoción humana se destaca más en la mujer” (Sijot Haratzia Bamidbar p. 413). Por supuesto que tanto hombres como mujeres poseen emoción e intelecto, sin embargo los hombres tienden más hacia el segundo y las mujeres más hacia el primero. Esta postura ha sido reforzada recientemente por la investigación científica en lo referente al cerebro y la mente, de la cual se desprende que existen dos tipos de inteligencia: intelectual (IQ) y emocional (EQ).

En virtud de esta diferencia en ciertas áreas del quehacer humano, resulta que el hombre es más activo y la mujer más pasiva. Una vez que el intelecto saca conclusiones procede a crear y a construir, mientras que la emoción se caracteriza por captar impresiones de los acontecimientos circundantes, no inicia los eventos pero si recibe las impresiones de estos. Es así que encontramos en las enseñanzas de los sabios de la Torá de las generaciones anteriores que el hombre tiende más a influir y la mujer a recibir influencia.

Mediante estas dos características mutuamente complementarias podemos conectarnos armónicamente con el ámbito espiritual, crecer en nuestra fe, vivir una vida de Torá y ordenar el mundo conforme a la voluntad Divina.

Mediante el intelecto analítico y conceptual fijamos los principios según los cuales guiar nuestras vidas y mediante la emoción natural, viva, podemos captar mejor la fe y la vitalidad que habitan en nuestra Torá.

En los incisos siguientes intentaré, con la ayuda de D´s, continuar explicando esta idea según las enseñanzas de nuestro maestro el Rav Abraham Itzjak Hacohen Kuk y su hijo Rabí Tzví Iehuda, ambos de bendita memoria.

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