01. La mutua complementación entre el hombre y la mujer.

En términos generales existe una igualdad entre hombres y mujeres, ya que  la imagen y semejanza Divinas fueron concedidas a ambos géneros por igual. Asimismo, la virtud esencial y particular del pueblo de Israel reside en judías y judíos indistintamente puesto que la Torá fue entregada a hombres y mujeres conjuntamente (como se verá adelante 7:1). Esto lo dedujeron nuestros sabios del versículo (Shemot- Éxodo 21:1): «Y estas son las leyes que habrás de exponer ante ellos», de lo cual se aprende que la Torá ha equiparado tanto hombres como mujeres en lo referente a sus leyes» (Talmud Babilonio Tratado de Kidushín 35:1).

Sin embargo es imposible pasar por alto diferencias existentes entre los géneros tanto a nivel físico como mental o emocional, ya sea desde la perspectiva de la creación como de la halájica, por ejemplo en lo referido a los preceptos positivos que dependen de un tiempo fijo. Estas diferencias les permiten a hombres y mujeres complementarse.

A los efectos de poder descubrir la cuestión relativa a la Divinidad en el mundo físico, es necesario que se revelen estas dos facetas diferentes y se complementen. Cada creatura es limitada y por lo tanto no puede percibir o asimilar la completitud Divina, empero mediante la generalidad del pueblo de Israel, la perfección Superior puede revelarse en el mundo. Es por esta razón que la unidad del pueblo de Israel es tan importante, ya que solo las distintas partes de esta nación conjuntamente pueden recibir la Torá y actuar en pos de la corrección del mundo. Así como hay diferencias entre las almas, así también existen diferentes explicaciones a las palabras de la Torá, tal como está escrito (Salmos 62:12): «D´s ha hablado una vez. Dos veces he oído esto».

Asimismo está escrito (Irmiahu 23:29): «¿No es Mi palabra como el fuego –dice el Eterno- y como un martillo que rompe la roca en añicos?». Nuestros sabios explican estos versículos de la siguiente manera: «así como el martillo al batir la piedra libera múltiples chispas, de la misma forma cada palabra que sale del Santo Bendito Sea se divide en setenta idiomas» (Talmud Babilonio Tratado de Shabat 88(B)). «Así como el martillo al batir la piedra libera múltiples chispas, de la misma manera un solo versículo encierra varios significados» (Talmud Babilonio Tratado de Sanhedrín 34(A)). Es así que respecto de las discusiones y divergencias entre las escuelas de Hilel y Shamai está escrito «Ambas son palabras del D´s viviente» (Talmud Babilonio Tratado de Eruvín 13(B)).

 

La complementación recíproca más trascendente para la persona es la referida a lo masculino con lo femenino, ya que por su intermedio puede el ser humano revelar la imagen y semejanza Divinas que anidan en él y así alcanzar la integridad. No sólo en la especie humana sino que en toda la creación, desde los mundos superiores hasta este nuestro mundo material existe la división entre lo femenino y lo masculino, de modo tal que ningún género puede subsistir sin complementarse con el otro. Este principio está extensamente explicado en la sabiduría de la Kabalá. Por esta razón Rabí Elazar dijo (Talmud Babilonio Tratado de Ievamot 63(A)) que «un hombre (Adam) que carece de mujer no es hombre (Adam)», tal como está escrito (Bereshit 5:2): «Varón y hembra los creó y los bendijo y les llamó Adam». Además, nuestros sabios dijeron que «todo hombre que carece de mujer, carece de alegría, de bendición, de bien… de Torá y de muro protector».

Así como la diferencia entre varón y mujer les permite a ambos casarse y procrear, asimismo su diferencia espiritual y mental o emocional les permite unirse, complementarse e inspirarse mutuamente en lo que a espíritu se refiere.

Según esto nos es posible entender la razón básica y fundamental de las diferencias halájicas entre los preceptos de los hombres y los de las mujeres.

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