05.  La emoción y lo femenino.

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A diferencia del intelecto, la emoción es capaz de recibir y aprehender, puede captar la fe con mayor naturalidad y vitalidad. En ese aspecto la mujer está mucho más cercana a lo Divino y en este sentido es más general que el hombre, ya que de la Revelación general de la Divinidad que concede vida al universo se desprenden posteriormente las definiciones y los principios que el intelecto posteriormente procesa y discierne. Esta virtud de la  mujer se origina en el material del cual fue creada. El hombre fue formado a partir de la tierra mientras que la mujer tiene su origen en un material más refinado, la costilla o el costado de Adam[1]. Dado que  el material del cual fue conformada la mujer es más sofisticado, puede captar lo Divino de manera natural. La intuición femenina está más cercana a la fe y por lo tanto las mujeres pueden conectarse de manera profunda con la Torá sin que necesiten mediar los discernimientos intelectuales o los preceptos concretos determinados por el tiempo. En cambio, los hombres necesitan estudiar Torá y cumplir dichos preceptos para afianzar así su conexión con la fe y la Torá.

Es así que encontramos que en todos los eventos significativos que acaecieron al pueblo de Israel, salió a relucir la virtud espiritual femenina que las llevó a escoger antes que los hombres el camino de la fe. El análisis intelectual masculino alcanza para las situaciones rutinarias, mas en los momentos en los que se precisan facultades espirituales especiales, una mayor elevación de la expresión de la fe, se hacen necesarias las cualidades femeninas. «Estudió Rabí Akiva: por mérito de mujeres justas salieron los judíos de Egipto» (Yalkut Shimoní Tehilim 795, ver Rashi  a Éxodo 38:8). En el momento de la entrega de la Torá D´s se dirigió primero a las mujeres (Rashi a Éxodo 19:3 según nuestros sabios). De la misma manera, el respeto por la Torá lo aprendemos de una mujer (ver adelante 7:1). Los hombres estudian Torá gracias al profundo  reconocimiento de las mujeres (ver Berajot 17(A) y adelante 7:1). Las mujeres no participaron del pecado del becerro de oro (Pirkei de Rabí Eliezer 45), ni del pecado de los espías (Tanjuma Pinjas 7). Respecto del futuro, nuestros sabios dijeron que «por el mérito de mujeres justas los judíos serán redimidos» (Midrash Zuta Rut 4:11).

La virtud de la mujer tiene su expresión también en el idioma hebreo, la lengua sagrada, puesto que los temas generales se expresan en femenino, como ser «jadashot» (lo nuevo), «niflaot» (lo maravilloso), «nisgavot» (lo excelso). También otros vocablos como «haemuná» (la fe), «haTorá» (La Torá), «hamitzvot» (los preceptos), «hatefilá» (la plegaria), «hasegulá» (la virtud), «haiahadut» (el judaísmo), «hakehuná» (el sacerdocio), «hamelujá» (el reinado) son en femenino. Esto se debe a que la naturaleza femenina está más próxima a lo Divino (Sijot Haratzia, Bereshit p. 77).

Esta misma cualidad la cual permite a la mujer captar y recibir sobre sí las cuestiones espirituales, les posibilita también asimilar los principios masculinos y aplicarlos a la vida diaria. Los hombres son capaces de definir mejor una idea, mas las mujeres pueden efectivizarla mejor en la vida real. El inicio de la concepción de un niño está en el hombre, sin embargo la mujer desarrolla el embrión en su útero, lo hace nacer, lo amamanta y lo cría. Por ello la mujer es el principal miembro del hogar y es quien tiene el mérito de dedicarse más al gran ideal de la conformación de una familia.

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