04. El intelecto y lo masculino.

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El intelecto es aquello que diferencia a los seres humanos de los animales, mediante éste el hombre es capaz de investigar, sacar conclusiones, planificar su quehacer y generar cambios significativos en el mundo. Mediante el intelecto los seres humanos somos capaces de cooperar, organizarnos comunitariamente y obtener increíbles logros. Por lo tanto, rige tanto al individuo como a la sociedad. Por su intermedio se establecen los principios rectores y las bases de la vida humana. En este aspecto el intelecto es general. Por el contrario, la emoción es particular y depende de la impresión recibida por el individuo y no de reglas generales y necesarias. El intelecto le da a cada idea una definición general permanente mientras que cuando estas ideas son asimiladas por la emoción adquieren un sinnúmero de matices, de acuerdo a las características de cada una de las personas. Más aún, estos matices en cada persona dependen del cambiante estado de ánimo en el que ésta se encuentra en cada momento en particular.

De acuerdo a esto se puede entender la cardinal importancia del estudio de la Torá que se lleva a cabo por intermedio del intelecto. Mediante el estudio puntilloso y exhaustivo se conforma la percepción lógica de la Torá, a partir de la cual nos es posible conducir el mundo y corregirlo. Este es el cometido de los preceptos positivos determinados por el tiempo, que guían de modo concreto los grandes ideales a cuya luz se debe encaminar el pueblo de Israel. El recitado del Shemá, a modo de ejemplo, nos recuerda los fundamentos de la fe y la Torá, el tzitzit que se usa durante el día nos recuerda mediante su vestimenta todos los preceptos y nos despierta la cautela respecto de la inclinación al mal. De este modo, todos los preceptos determinados por el tiempo ponen de relieve los valores de la Torá que deben dirigir nuestros pasos.

De acuerdo a esta idea es posible entender por qué la conducción o el gobierno están detentados mayormente por los hombres: reyes, jueces, rabinos, policías y militares. Respecto de esto dijeron nuestros sabios que “la más virtuosa de las mujeres es la que cumple la voluntad de su marido” (Eliahu Rabá 10, Yalkut Shimoní Shoftim 42).

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