08. El fundamento general frente al personal a la hora de rezar.

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Según lo ya estudiado podemos entender mejor el significado del rezo femenino. La plegaria contiene dos fundamentos centrales, uno general y el otro personal. El fundamento personal implica el dirigirse a la fuente de la vida, a HaShem, y pedir ante Él clemencia. El fundamento general tiene por cometido manifestar la conexión permanente entre el Creador y el pueblo de Israel, y de esa manera consagrar Su Nombre en el mundo y prodigar bendición para las creaturas. Es también la continuación de la labor de los sacrificios en el Templo de Jerusalém y por esa razón los rezos fueron establecidos en correspondencia con las ofrendas permanentes («Korbán Hatamid«) que eran sacrificadas sobre el altar a diario, al amanecer y al atardecer.

A veces surge algún tipo de tensión entre el fundamento personal y el general. Desde el punto de vista personal podría ser bueno que el rezo  se derrame espontáneamente desde el corazón sin límite ni forma pre establecida, sin tiempos fijos, y de esa forma expresar con calidez y emoción los anhelos por acceder a la cercanía Divina. Esa era la práctica en los días del Primer Templo. Sin embargo, los miembros de la Gran Asamblea («Anshei Hakneset Haguedolá«) pusieron en sus decretos un marcado énfasis en el fundamento general, pues entendieron que sin un orden fijo la mayoría de las personas irían cayendo presas de su propia rutina, y al final no rezarían ni siquiera una plegaria personal al día. Más aún, a veces el sentimiento individual adolece de defectos y carencias, mas cuando la persona reza con el  público, en mérito de la virtud general, sus carencias personales son compensadas y su plegaria resulta íntegra. Por esta razón los sabios decretaron que se rece en tiempos fijos que se corresponden con los horarios de los sacrificios permanentes en el Templo. A la plegaria le adjudicaron una redacción exacta que incluye todos los valores importantes para el pueblo de Israel en su totalidad. El rezo fue redactado en plural y se estableció que se recite en la sinagoga con Minián (quórum de diez). Esta es la mayor virtud del pueblo de Israel, la capacidad de revelar la santidad en público y de esa manera revelar el Nombre Divino en el mundo y corregirlo.

Sin embargo, por efecto del énfasis puesto en los fundamentos generales y fijos  del rezo se corre el riesgo de que la plegaria pueda perder su calidez  y espontaneidad iniciales. Respecto de esto advirtió Rabí Shimón: «No hagas de tu plegaria un acto rutinario sino un ruego de piedad y una súplica ante D´s» (Mishná Avot 2:13). En el mismo sentido dijo Rabí Eliezer: «Quien hace de su plegaria un acto rutinario su ruego carece de piedad (Talmud Babilonio Tratado de Berajot 2(B)).

 

A pesar de esto, nuestros sabios establecieron que se ponga énfasis en el fundamento general del rezo, para que de esta forma afianzar los principios de la fe en la vida. Desde este punto de vista el rezo es la continuación de las ofrendas del Templo, y así como los sacrificios expresaban la estrecha relación entre el pueblo de Israel  y el mundo entero con el Creador de la misma manera las plegarias expresan esto en todas las comunidades judías. En los días del Segundo Templo, en el área del Monte del Templo había también una sinagoga. Si bien los rezos pre establecidos pueden causar que la calidez y el sentimiento de la plegaria pasen a un segundo plano, la influencia benéfica de rezos públicos ordenados sobre el mundo entero y sobre cada individuo en particular es enorme. Por esta razón los sabios prefirieron conferirle al rezo un marco definido (ver arriba 1:8).

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