20. La bendición sacerdotal (Birkat Cohanim).

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01. El precepto de la bendición sacerdotal.

Es precepto positivo de la Torá que los cohanim bendigan al pueblo de Israel, tal como está escrito (Bamidbar – Números 6:22-27): «Y le dijo el Eterno a Moisés: «Dile a Aharón y a sus hijos: ‘Así bendeciréis a los hijos de Israel, diciéndoles: Que el Eterno te bendiga y te guarde. Que el Eterno haga resplandecer Su rostro sobre ti y te de Su merced. Que el Eterno alce Su faz sobre ti y te de la paz. Y pondrán Mi Nombre sobre los hijos de Israel y Yo los bendeciré».

Este precepto aplica para todos los días y todo cohen al que se le pida que suba a la tarima para bendecir al pueblo de Israel y se niega, si bien desde un estricto punto de vista halájico incumple con un precepto, se considera que incumplió tres. Esto se debe a que de los versículos antes mencionados se desprende que D´s desea bendecir al pueblo de Israel, razón por la cual ordena tres veces a los cohanim para que se apresuren a hacerlo: «Así bendeciréis», «diciéndoles», «Y pondrán Mi Nombre». Por lo tanto, la negativa por parte del cohen de cumplir la voluntad de D´s y bendecir a Israel es considerada como el incumplimiento de tres preceptos de la Torá (Talmud Babilonio Sotá 38(B), Rambám Hiljot Tefilá 15:12).

En caso de que ya haya bendecido una vez en el transcurso de ese día al pueblo de Israel, si lo llaman a bendecir en otro «Minián» es preceptivo que lo haga. Empero si no bendice a esta segunda congregación no incumple preceptos positivos de la Torá (Shulján Aruj 128:3).

El Sefer Hajaredim (12:18) aporta una idea novedosa en cuanto a que no sólo los cohanim cumplen un precepto al bendecir, sino que también la congregación que está de pie ante éstos en silencio, concentrados y respondiendo Amén, son partícipes del cumplimiento del mismo.

En la bendición sacerdotal aprendemos un hecho fundamental y es que D´s es quien nos bendice y por lo tanto el hecho de presenciarla a diario arraiga en nosotros esa convicción (Moré Nevujim III cap. 44, Haakedá 74). Cuanto mayor sea nuestra conciencia del hecho de que el Santo Bendito Sea es quien bendice al pueblo de Israel con amor, más receptivos habremos de estar para recibir dicha bendición (ver en Jinuj 378). El libre albedrío es el fundamento del mundo y por ende la bendición que recibimos del Creador es proporcional a nuestro esfuerzo. En palabras de la Kabalá, «El despertar superior depende del despertar inferior». Esto significa que al despertarse en nuestro seno el deseo de recibir Su bendición, se activa la Voluntad Superior de bendecir al pueblo de Israel. Mediante el cumplimiento del precepto de la bendición sacerdotal, el pueblo de Israel expresa su deseo de recibir la bendición celestial.

02. La intención meditativa de Israel.

Cuando los cohanim bendicen a la congregación, cada uno de los miembros de la misma debe ponerse de pie ante estos y concentrarse en el contenido de la bendición, sin mirarlos ni a ellos ni a ninguna otra cosa que pueda distraerlos (Shulján Aruj 128:23, Mishná Berurá 89).

Nuestros sabios dispusieron que un cohen que padece de un defecto físico que pueda llamar la atención, que no suba a la tarima a bendecir para no provocar distracción entre los orantes.

En tiempos pasados en que los cohanim no se cubrían con su manto de oración a la hora de bendecir, aquellos que padecían de manchas cutáneas llamativas o dedos malformados no subían a la tarima. Empero hoy día que los cohanim acostumbran a cubrirse con el talit a la hora de recitar la bendición sacerdotal, defectos en el rostro o las manos no impiden hacerlo. Sin embargo, incluso hoy día si un cohen padece de un defecto importante en una de sus piernas  no habrá de subir al estrado a bendecir para evitar distraer al público. Si se trata de un miembro fijo de esa comunidad por lo que su defecto ya no causa extrañeza o curiosidad, podrá subir a bendecir pues no habrá de distraer a nadie (Shulján Aruj 128:30-31).

Asimismo, quien posee un acento extraño y por ejemplo, confunde las pronunciaciones de «Alef» y «Ain«, no habrá de bendecir pues distraería a los orantes.

Empero en el caso de quien habla con un acento común, aunque no pronuncie adecuadamente las letras «Jet» o «Ain«, dado que su forma de hablar es compartida por el resto de las personas, no distrae a quien lo escucha. Lo mismo ocurre con todos los acentos conocidos, el ashkenazí, yemenita y demás, los cuales por ser comunes no distraen al escucha. Solamente quien realmente se confunde o deforma las palabras más de lo razonable o tartamudea mucho, no habrá de subir a la tarima a bendecir (Shulján Aruj 128:33, Mishná Berurá allí).

De estas reglas aprendemos que quienes escuchan la bendición sacerdotal deben estar concentrados, ya que los sabios dispusieron que cualquier cohen que posea alguna característica personal que pueda distraer a los orantes no debe subir a bendecir.

03. ¿Dónde deben pararse los destinatarios de la bendición?

Cuando los cohanim recitan la bendición, los destinatarios de la misma deben estar parados frente a estos, tal como está escrito (Bamidbar 6:23): «Así bendeciréis a los hijos de Israel, diciéndoles…». De aquí nuestros sabios infirieron que la bendición debe ser «dicha» como quien habla con su prójimo, de frente y en voz alta para que los destinatarios puedan oírla.

Si bien los cohanim que bendicen deben estar de pie, según la estricta letra de la ley, los destinatarios de la bendición pueden permanecer sentados, aunque la costumbre aceptada es recibirla de pie. Sin embargo, en el caso de una persona enferma o débil a quien le resulta difícil mantenerse de pie, podrá recibir la bendición sentada (Mishná Berurá 128:51, Tzitz Eliezer 14:18).

Quien se  para detrás de los cohanim no está incluido en la bendición, empero quien lo está a los costados de estos, que gire su rostro hacia ellos y entonces quedará incluido. Quienes se sientan en las primeras filas de la sinagoga deben calcular su posición relativa respecto a los cohanim. Si se encuentran frente a éstos o a sus lados podrán quedarse en sus asientos y dirigir sus rostros hacia ellos. Mas si su ubicación tiende a estar por detrás de los cohanim, deberán moverse a otro sitio durante la bendición (Shulján Aruj 128:24).

Todo aquel que se encuentra en la sinagoga frente a los cohanim queda incluido en la bendición. Incluso, si delante de la persona en cuestión está parado alguien de gran estatura o una columna se interpone entre ésta y los cohanim, dado que se encuentra frente a éstos, queda incluida en la bendición, pero si se para de espaldas a ellos no lo estará.

Quien por causas de fuerza mayor, como ser obligaciones laborales,  no pudo asistir al servicio, queda igualmente incluido en la bendición. Lo mismo ocurre en el caso de las mujeres y los niños que no suelen asistir a la sinagoga. Ellos, quedan incluidos en la bendición dirigida a la generalidad del pueblo de Israel. Solamente quienes por negligencia o desidia no asisten y no se presentan ante los cohanim, no son incluidos en la bendición (Beur Halajá 128:24, ‘אם’).

04. Cuatro halajot de la Torá.

La bendición sacerdotal está regida por cuatro halajot originadas en la Torá: «No se bendice salvo en hebreo (lengua sagrada), de pie, con las manos (brazos) extendidas y en voz alta» (Shulján Aruj Oraj Jaím 128:14). Cuando no es posible cumplir con una de las cuatro condiciones no se le puede llevar a cabo.

La primer halajá indica que la bendición debe ser recitada en hebreo (lengua sagrada o «lashón hakodesh«). Como es sabido, muchos preceptos se cumplen mediante el uso del habla. Nuestros sabios explican en el Talmud Babilonio (Tratado de Sotá 32(A)) que los preceptos del recitado del Shemá, del rezo (Amidá) y de la bendición de agradecimiento por los alimentos (birkat hamazón), pueden cumplirse mediante recitación en otras lenguas (ver 1:10, 16:9). Empero la bendición sacerdotal debe ser recitada específicamente en hebreo, tal como está escrito (Bamidbar 6:23): «Así bendeciréis», en el idioma en el cual está escrita la Torá.

Puede ser que la causa de la diferencia entre las bendiciones radique en que el recitado del Shemá tiene por cometido expresar nuestra fe mediante las palabras que salen de nuestras bocas, por lo que no importa en qué idioma se recita. Otro tanto ocurre con el rezo de la «Amidá», lo más importante es expresar nuestras plegarias en una lengua comprensible. Sin embargo, la bendición sacerdotal proviene del Creador y está destinada a nosotros, y el idioma en el cual D´s revela Su voluntad en el mundo es el hebreo, por lo tanto los cohanim tienen el deber de recitar la bendición Divina tal como fue escrita en la Torá.

La segunda halajá indica que la bendición sacerdotal se recita de pie. Por lo tanto, si un cohen está débil o en silla de ruedas y no puede mantenerse de pie no habrá de bendecir. Esto obedece a que la regla de la  bendición sacerdotal es idéntica a la de la labor del Santuario, tal como está escrito (Devarim-Deuteronomio 10:8): «servirle a Él y bendecir en Su nombre». Así como la labor en el Templo se lleva a cabo de pie, asimismo la bendición sacerdotal se recita de pie (Sotá ídem 38(A)).

La persona se muestra en forma completa cuando está de pie, cuando es visible de pies a cabeza y expresa así la totalidad de sus potencialidades tanto espirituales como prácticas. Para que la labor de los cohanim en el Templo sea completa se debía llevar a cabo de pie.

La tercera halajá indica que los cohanim deben bendecir con los brazos extendidos hacia los destinatarios, tal como está escrito (Vaikrá-Levítico 9:22): «Y Aharón extendió sus brazos hacia el pueblo y los bendijo». Un cohen cuyos brazos sean débiles o sus manos tiemblen y no pueda mantenerlos extendidos durante la bendición, no podrá subir a la tarima a bendecir. No sirve proveer al cohen en cuestión de algún tipo de accesorio que mantenga sus brazos extendidos, por cuanto que éste debe poder mantenerlos así con su s propias fuerzas, sin ayuda alguna (Mishná Berurá 128:52).

Rabí Najman de Breslav explicó esta norma, arguyendo que la bendición sacerdotal expresa la intensidad de la voluntad del corazón de bendecir al pueblo de Israel con amor. Existe una conexión entre las manos y el corazón y por esta razón las primeras se encuentran anatómicamente cercanas al segundo. Las manos son el medio de expresión del corazón, tal como está escrito (Eijá– Lamentaciones 3:41): «Elevaremos nuestro corazón con nuestras manos a D´s en el cielo». Cuando los cohanim extienden sus brazos para bendecir a la congregación, expresan en ese movimiento el intenso amor  que hay en su corazón por el pueblo de Israel (Likutei Hilajot Nesiat Kapaim 5:3).

El Rav Kook sostiene que extender los brazos hacia adelante expresa el futuro, ya que la posición normal de estos es hacia el cuerpo. Por lo tanto, en este movimiento de los brazos hacia adelante, se expresan el anhelo y la plegaria por un mundo completo y corregido (Olat Raaiá I 284).

La cuarta halajá indica que los cohanim deben recitar la bendición en voz alta, para que todos los presentes en la sinagoga puedan escucharlos, tal como está escrito «diciéndoles», esto es, tal como una persona habla con su prójimo (Talmud Babilonio Tratado de Sotá 38(A)). Si la sinagoga es pequeña, alcanza con que el cohen recite la bendición en un tono de voz mediano, pues así se acostumbra a hablar en un sitio de esas dimensiones. Si la sinagoga es grande, es necesario recitar la bendición con tono de voz fuerte de modo tal que si ese cohen fuese el único en bendecir, toda la congregación podría escucharlo. Un cohen que tiene voz débil al grado de que casi no se le escucha no habrá de pasar a bendecir (Mishná Berurá 128:53). Empero si hay en el lugar otros cohanim cuya voz es perfectamente audible, el primero podrá bendecir junto a estos (ver Tzitz Eliezer 15:21).

05. La relación entre la bendición sacerdotal, el rezo y los sacrificios.

En los días del sagrado Templo, los cohanim recitaban la bendición sacerdotal al concluir la ofrenda de los sacrificios. La Torá nos describe el octavo día posterior a la inauguración del tabernáculo y aquel en el que los cohanim comenzaron a servir en éste, de la siguiente manera: «Y alzó Aharón sus manos hacia el pueblo y los bendijo, y descendió después de ofrecer la ofrenda por la expiación, el holocausto y el sacrificio pacífico» (Vaikrá– Levítico 9:22). De aquí vemos que la bendición sacerdotal tuvo lugar al concluir los sacrificios. Esto se debe a que tras la ofrenda de los sacrificios que expresan nuestra disposición a anularnos y entregar nuestras vidas en pos de D´s, somos dignos de recibir Su bendición.

Los sabios establecieron que fuera del área del Templo, la bendición sacerdotal fuese recitada durante el rezo ya que este suplanta a los sacrificios. Existe una similitud entre los sacrificios y el rezo en cuanto a que en ambos se manifiesta el anhelo de la cercanía con D´s, y así como los cohanim bendecían después de ofrendar los sacrificios, se estableció que realicen su bendición  al concluir la Amidá.

A los efectos de que el vínculo entre la bendición sacerdotal y la conclusión de la ofrenda de sacrificios sea más claro, nuestros sabios establecieron que durante la repetición del servicio, cuando el oficiante llega a «Retzé» que es la bendición que pide por la restitución de la labor sagrada en el Templo, los cohanim deben encaminarse hacia la tarima desde la cual habrán de bendecir. Si un cohen no se dirige a la tarima al iniciarse esta bendición, perdió de cumplir con el precepto y no puede subir a bendecir en ese rezo (Shulján Aruj 128:8). A priori, el cohen debe comenzar a dirigirse a la tarima al iniciarse la bendición de «Retzé«, empero mientras el oficiante no llegue al final de esta, podrá hacerlo (Mishná Berurá128:25).

Un cohen que se demoró y ve que no alcanzará a terminar de abluir sus manos hasta el final del recitado de «Retzé«, habrá de dar un corto paso en dirección a la tarima cuando todavía está parado al lado de la pileta de lavado de manos. Este pequeño paso se le considera como si se hubiese dirigido a la tarima durante el recitado de «Retzé«. Acto seguido, habrá de terminar de lavarse las manos y se dirigirá a la tarima para bendecir (ver Mishná Berurá 128:27-28, Shaar Hatziún 30, Sefer Nesiat Kapaim Kehiljatá 7:2 comentario 8).

De la estrecha relación que guarda la bendición sacerdotal con la ofrenda de sacrificios, nuestros sabios aprendieron que así como los sacrificios se llevaban a cabo durante el día, de la misma manera la bendición sacerdotal se recita de día. Por esta razón, no hay bendición sacerdotal en el servicio de Arvit. Aparentemente cabría recitar esta bendición en Minjá, pero los sabios decretaron que no por cuanto que su horario es posterior al almuerzo y se teme que un cohen haya bebido vino con la comida, suba a la tarima y profane la bendición. Es sabido que un cohen ebrio no puede trabajar en el sagrado Templo y no puede bendecir (Shulján Aruj 128:38). En el caso del rezo de Neilá o Minjá de un día de ayuno se recita la bendición sacerdotal ya que como ayunan no se teme que estén ebrios (Shulján Aruj 129:1). Se recita la bendición sacerdotal en Minjá de día de ayuno siempre y cuando el servicio comience después de Plag Haminjá (una hora y cuarto aproximadamente antes de la puesta del sol), mas si comienza antes no se recita.

06. Ablución de manos (Netilat Iadaim) previa a la bendición sacerdotal.

Antes que los cohanim reciten la bendición sacerdotal deben lavarse las manos hasta la muñeca, que es donde se unen el brazo y la mano. Esto lo encontramos insinuado en los Salmos (134:2): «Alzad vuestras manos con santidad y bendecid al Eterno». Aquel cohen que no lo haya hecho no podrá recitar la bendición  (Talmud Babilonio Tratado de Sotá 39(A)). Los grandes juristas medievales debatieron respecto de esta ablución. Según Rambám (Tefilá 15:5) es obligatoria únicamente si las manos están sucias. En el caso de un cohen que lavó sus manos por la mañana y tuvo cuidado de no tocar nada sucio, no precisa volver a lavarlas para recitar la bendición sacerdotal. Rashi y los Baalei Hatosafot opinan que (ídem Sotá) aunque las manos estén  limpias, es necesario lavarlas y santificarlas para bendecir a la congregación.

En la práctica, actuamos de acuerdo a la opinión más estricta y por lo tanto un cohen cuyas manos estén limpias deberá lavárselas antes de pasar a bendecir, tal como opinan Rashí y Tosafot. De todas maneras, no se recita bendición por esta ablución de manos aunque el cohen haya efectivamente tocado algo sucio antes, ya que se duda respecto de si los sabios instituyeron para este lavado el recitado de una bendición (Mishná Berurá 128:24 según Eliahu Rabá).

Del Zohar se desprende que esta ablución tiene por finalidad santificar a los cohanim y a sus manos, previo a la bendición sacerdotal. A los efectos de agregar santidad a lo sagrado, se acostumbra que un leví vierta agua sobre las manos de los cohanim. Si no hay un leví en la sinagoga es recomendable que un primogénito que tiene algo de santidad sea quien lo haga. En caso de que no hayan presentes ni levitas ni primogénitos, el cohen deberá lavarse las manos por si mismo (Shulján Aruj 128:6, Mishná Berurá 22).

Si un cohen teme que no haya agua en la sinagoga y no pueda lavarse las manos antes de pasar a bendecir a la comunidad, que se las lave en su casa antes del rezo y ponga atención en mantenerlas limpias hasta que pase a la tarima. Si un cohen no  tuvo cuidado de mantener sus manos limpias después de la ablución previa a Shajarit y no contó con agua en la sinagoga, no pasará a la tarima y no bendecirá.

En todo caso que el cohen no deba pasar a bendecir, es mejor que salga de la sinagoga antes de la bendición para que el encargado (gabai) no se equivoque y lo llame a pasar a la tarima. En caso de que el cohen sepa que aunque esté presente no lo llamarán a pasar, igualmente deberá salir para que las demás personas no piensen que su sacerdocio ha sido invalidado.

07. La participación de Israel (aquellos que no son cohanim) durante la bendición sacerdotal.

Cuando llega el momento de recitar la bendición sacerdotal, los cohanim no pueden comenzar a recitarla antes que el oficiante o el encargado anuncien «cohanim» pues a Moisés se le indicó «diciéndoles» (Bamidbar 6:23), esto es, Moshé que no es cohen, debe decirle  a los cohanim que bendigan. Nuestros sabios aprendieron de esto que primero se anuncia «cohanim» y luego se recita la bendición. Si sólo un cohen sube a la tarima no se anuncia «cohanim» porque la Torá indica «diciéndoles» en plural, por lo que el anunciamiento tiene lugar sólo cuando hay por lo menos dos cohanim (Shulján Aruj 128:10). Hay quienes aprendieron de esto que la bendición sacerdotal es más importante cuando  la recitan por lo menos dos cohanim. (Rabeinu Peretz citado en el Tur 128, ver Aruj Hashulján 128:9).

Los cohanim no recitan por si mismos la bendición sacerdotal, sino que el oficiante se las dicta palabra por palabra y estos repiten tras él. Hay oficiantes que por error dictan la bendición sacerdotal en tono bajo de voz. Los cohanim tienen que escuchar al oficiante claramente y su tono debe ser sólo un poco más bajo que el de los que bendicen (ver Tzitz Eliezer 14:17, Nesiat Kapaim Kehiljatá 12:3). El público responde «Amén» después de cada uno de los tres versículos de la bendición sacerdotal.

Ya vimos en la primera halajá que «El despertar superior depende del despertar inferior», esto es, cuando el Eterno creó el mundo estableció el libre albedrío como pilar supremo, por lo que sólo una vez que nosotros experimentamos un despertar inferior que nos hace querer algo positivo, como contraparte se despierta una voluntad superior de ayudarnos a obtenerlo. Por lo tanto, es necesario que en primer término uno de los israelitas que habrá de ser destinatario de la bendición anuncie «cohanim» expresando así nuestro deseo de ser bendecidos por D´s, para que recién después los cohanim comiencen a bendecir. Luego, el oficiante debe leer la bendición palabra por palabra, expresando así nuestro anhelo por cada detalle de lo contenido en la misma  y posteriormente los cohanim repiten palabra por palabra y el Creador nos concede su bien (Likutei Halajot leMoharán, Nesiat Kapaim 3:4).

08. El deber de descalzarse antes de recitar la bendición.

Uno de los nueve decretos emitidos por Rabí Iojanán Ben Zakay (quien vivió en días de la destrucción del segundo Templo) se refiere a la bendición sacerdotal. Se trata del decreto que los cohanim no suban a la tarima a recitar la bendición, calzados con zapatos o sandalias. Una de las razones de esta norma es el respeto por el público presente, ya que no es honorable que bendigan a la congregación calzando los zapatos con los que anduvieron por el fango. Asimismo, los cohanim realizaban sus labores en el sagrado Templo descalzos, ya que por la santidad del recinto no era apropiado que sea pisado con zapatos. El argumento halájico para el andar descalzos es que temían que si los cohanim ejercían sus labores con calzados acordonados, en caso de desatárseles sería incómodo para el sacerdote que estaba parado en la tarima –que era un lugar alto y era observado por todo el pueblo- superar esa vergüenza agachándose para volver a atarlos. Además, la gente podría pensar que no es cohen y que se agacha a fin de no bendecir a la congregación (Talmud Babilonio Tratado de Sotá 40(A)).

Según estas razones, no se debe subir a la tarima a bendecir a la congregación calzando zapatos que se usaron en la calle, así como no se debe subir con zapatos con cordones. Está prohibido subir con pantuflas de cuero, aunque carezcan de cordones, ya que se trata de zapatos de cuero que están prohibidos por el decreto de Rabí Iojanán Ben Zakay. Empero, se puede subir a la tarima a bendecir calzando pantuflas que no están hechas de cuero y carecen de cordones. En un sitio en el cual no se acostumbra a presentarse ante personas importantes descalzos o calzando sandalias sin calcetines, corresponde que los cohanim asciendan a la tarima vistiéndolos (Mishná Berurá 128:18). En sitios donde uno se puede presentar ante personas importantes calzando sandalias sin calcetines, se podrá ascender a la tarima sin estos (Olat Tamid inciso menor 11).

A veces surge la pregunta de cómo debe actuar un cohen lisiado que no puede quitarse los zapatos, o qué debe hacer un cohen en el ejército donde no dispone del tiempo necesario para quitarse las botas militares. En casos como estos, que son de emergencia o premura, hay juristas que tienen una opinión más flexible  y permiten al cohen bendecir a la congregación desde el piso de la sinagoga sin subir a la tarima. Esto se debe a que estos juristas opinan que lo que prohíbe el decreto es que el cohen ascienda a la tarima calzado, pues se trata de un sitio alto, sus zapatos son visibles y esto no es correcto. Empero si el cohen está parado sobre el piso a la misma altura que el resto de los demás orantes, no está prohibido que los bendiga calzado. En caso de emergencia o premura, los cohanim pueden confiar en la opinión de estos juristas y bendecir a la congregación si están calzados pero no parados sobre la tarima, siempre y cuando sus zapatos estén limpios (ver Igrot Moshé, Oraj Jaím II: 32 respecto de un lisiado, respecto del caso de  emergencia o premura ver en Tzitz Eliezer14:11, Iejavé Daat 2:13).

09. El rol de los cohanim.

Además de la labor de los sacrificios en el sagrado Templo de Jerusalém, los sacerdotes poseían dos roles fundamentales: el primero era educar y sentenciar halajá en el seno del pueblo de Israel, tal como está escrito (Malají-Malaquías  2:7): «Por cuanto los labios del sacerdote habrán de guardar el conocimiento y la enseñanza de la Ley requerirán de su boca». El segundo, ser personas generosas y agentes de paz, tal como Aharón Hacohen que «Amaba la paz y la perseguía» (Mishná Avot 1:12). Sobre él se cuenta que sabía cómo reconciliar a las personas entre sí, al hombre con su prójimo, al marido con su esposa, en mérito de lo cual se preservaron miles de parejas en el pueblo de Israel que no se separaron. En virtud de esto, a las parejas les nacieron hijos que recibieron el nombre Aharón.

A los efectos de permitir a los cohanim desarrollar estas dos misiones, la sabiduría y la generosidad, la Torá estipuló que no reciban parcela de tierra en Israel, vivan de los presentes y donativos que el pueblo les entregue y entonces tengan tiempo de dedicarse al estudio sagrado, la educación del público y su instrucción. Por cuanto que todo el pueblo les dispensa presentes, se transforman por su intermedio en socios de su labor espiritual. Por efecto del hecho de que carecen de tierras quedan al margen del trajín de la competencia económica por lo que les es más fácil desarrollar el amor y la generosidad para con todo el pueblo.

El amor es el pilar fundamental de la bendición sacerdotal y en virtud de este se hacen dignos de actuar como enviados que bendicen al pueblo de Israel en nombre de D´s. Este es el texto de la bendición: «…que nos ha consagrado con la Santidad de Aharón y nos ha ordenado bendecir a Su pueblo Israel con amor». Los juristas escribieron que todo cohen que es odiado por el público o que repudia a la congregación, aunque odie a un sólo miembro de la comunidad, no puede recitar la bendición sacerdotal. Si bendice con odio se pone a sí mismo en peligro. El cohen en cuestión debe borrar el odio de su corazón o salir de la sinagoga previo a la bendición sacerdotal, pues el objetivo central de ésta es bendecir al pueblo de Israel con amor (Mishná Berurá 128:37, HaRatzia Olat Reaiá 2:413).

10. El cohen malvado.

El precepto de la bendición sacerdotal recae sobre todos los cohanim, justos y malvados por igual. Por lo tanto, un cohen que trasgredió ingiriendo alimentos prohibidos o tuvo inconductas sexuales y demás (salvo las trasgresiones que se listarán a continuación), debe subir a la tarima a bendecir. En caso que se abstenga de recitar la bendición sacerdotal, estaría sumando otra trasgresión a las ya realizadas. Tal como dijo Rambám (Hiljot Tefilá 15:6): «No se le dice a un malvado que cometa otra maldad y se abstenga de cumplir un precepto».

No debe sorprendernos cómo es posible que un cohen malvado bendiga al pueblo de Israel, ya que quien verdaderamente nos bendice con amor es D´s. A los efectos de que la bendición se manifieste en el mundo, se le ordenó a  los cohanim que la pronuncien con sus labios. Dado que ellos son el grupo dentro del pueblo de Israel que desempeña el rol más sagrado, fueron escogidos para manifestar la Voluntad Divina de bendecirnos. Empero la bendición no depende de la virtud personal del cohen específico que bendice sino de la Voluntad Divina de bendecirnos (Rambám ahí 7, ver Olat Reaiá I pág. 283).

Si el cohen cometió trasgresiones que alteran su carácter de tal, como por ejemplo, si desposó una divorciada o si no se cuida de no impurificarse con muertos, se le prohíbe subir a la tarima a bendecir. Esto se debe a que estas prohibiciones tienen por cometido preservar la santidad especial de los cohanim y por lo tanto quien las trasgrede atenta contra su carácter de tal. Por lo tanto, los sabios sancionaron a estos cohanim no permitiéndoles subir a la tarima a bendecir y les quitaron la posibilidad de subir a la Torá en el turno especial destinado a estos.

Si el cohen decide retornar a la senda correcta, deberá primeramente divorciar a su mujer y prometer públicamente que no volverá a desposar mujeres prohibidas para él, tras lo cual podrá volver a recitar la bendición sacerdotal. Asimismo, si estaba acostumbrado a impurificarse por contacto con muertos, deberá comprometerse de no volver a hacerlo (Shulján Aruj Oraj Jaím 128:40-41).

Un cohen que incurrió en idolatría no puede subir al estrado y bendecir a la comunidad. Esto lo aprendemos de las reglas del trabajo sacerdotal en el Santuario, pues según éstas un cohen que incurrió en idolatría no puede ejercerlo y por ende tampoco puede bendecir a la comunidad (Talmud Babilonio Tratado de Menajot 109(A) y ver allí Tosafot). Sin embargo si el cohen en cuestión se arrepiente íntegramente, podrá volver a bendecir a la comunidad (Shulján Aruj Oraj Jaím 128:37).

Algunos juristas equiparan el status de quien profana el Shabat en público (delante de diez judíos) con el del idólatra y por lo tanto no le permiten al cohen en cuestión subir al estrado a bendecir. Así sentenció la Mishná Berurá (128:134). Sin embargo, de acuerdo con la opinión de varios de los sabios más importantes de las últimas generaciones (Ajaronim), se le permite a un cohen que profana Shabat subir a la tarima y bendecir a la comunidad. Esto se debe a que en primer lugar ya que no hay certidumbre respecto de la equiparación de status entre el del idólatra y el de quien profana el Shabat. En segundo término es necesario diferenciar entre quien profanaba el Shabat antiguamente y quien lo hace en la actualidad. Antiguamente quebrar el Shabat implicaba dar la espalda al judaísmo, renegar de la Torá y de las mitzvot por completo. Hoy en día quien profana el Shabat públicamente no lo hace a los efectos de provocar el enojo Divino sino más bien o por falta de convencimiento o por falta de estudio. Por lo tanto, en la actualidad, según la opinión halájica más flexible, un cohen que no cuida Shabat, mas no con la intención de profanar el Nombre Divino, puede bendecir a la comunidad.

Sin embargo, en el caso de que el cohen profane el Shabat con la intención de provocar el enojo Divino («lehajis«), por ejemplo si milita para establecer el funcionamiento de transporte público en Shabat o si participa en manifestaciones en favor de abrir tiendas y cines en Shabat, mientras no  exprese su completo arrepentimiento se le adjudica el status de idólatra lo cual lo inhabilita para bendecir a la comunidad.

11. Un cohen que mató no puede bendecir a la congregación.

Un cohen que mató a una persona no puede recitar la bendición sacerdotal, tal como está escrito (Isaías 1:15): «Y cuando extendéis vuestras manos hacia lo alto, habré de ocultar Mis ojos de vosotros…vuestras manos llenas están de sangre» (Talmud Babilonio Tratado de Berajot 32(B)). Esto implica que solamente manos limpias de sangre son aptas para la bendición sacerdotal. Esto se asemeja al altar de sacrificios, el cual no podía ser construido cortando sus piedras mediante utensilios de hierro por cuanto que ese metal se emplea para acortar la vida del hombre mientras que el altar tiene por cometido hacer la paz y prolongar sus días. Por lo tanto, un cohen cuyas manos están manchadas de sangre no puede bendecir a la congregación e influir paz, gracia y abundancia sobre el pueblo de Israel. El rol del cohen es incrementar la vida y la generosidad, tal como Aharón Hacohen que amaba la paz y la perseguía; por lo tanto un cohen que mató, atentó contra su carácter de tal.

En opinión del Shulján Aruj (Oraj Jaím 128:35) el arrepentimiento o retorno no sirven en el caso de un cohen que asesinó, aunque el asesinato haya sido involuntario. Esto se debe a que en este caso el ángel fiscal o acusador no se transforma en defensor y las manos que mataron no podrán bendecir a la congregación nunca más.

Empero en opinión de Ramá, si el cohen se arrepiente y retorna por completo, acudiendo a un sabio para que éste le indique un «seder teshuvá» o un plan de retorno y arrepentimiento que incluya ayunos y buenas acciones, podrá volver a bendecir a la congregación. Esto se debe a que quien se arrepiente y retorna se transforma en  una nueva persona, por lo que aunque haya asesinado intencionalmente, si su arrepentimiento y retorno son sinceros puede volver a bendecir.

Existe una opinión intermedia que sostiene que un cohen que asesinó involuntariamente y se ha arrepentido con integridad  y retorna, puede bendecir a la congregación.  Empero si asesinó premeditadamente no lo podrá hacer (Prí Jadash, Eliahu Rabá,Beur Halajá 128:35).

En la práctica, un cohen que asesinó voluntaria o involuntariamente deberá acudir a su maestro para que le indique un plan de arrepentimiento y retorno y decida si más adelante podrá volver a bendecir a la congregación o no.

Un cohen que, involuntariamente, atropella a alguien mortalmente, no podrá recitar la bendición sacerdotal. Los juristas debatieron respecto de si el arrepentimiento y el retorno habilitan o no para volver a bendecir. Empero si no fue negligente al manejar y por ejemplo, repentinamente un niño saltó sobre su auto en movimiento sin darle chance a frenar, no se lo considera como asesino no intencional  sino como a quien mató por razones de fuerza mayor. Por lo tanto, según todas las opiniones, esta persona podrá acudir a un sabio para que le indique cómo arrepentirse y retornar, para luego volver a pasar a la tarima a bendecir a la congregación (Iejavé Daat 5:16).

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