06. El caso del bastardo

Los juristas tienen opiniones divididas respecto de si una persona que comete adulterio y engendra bastardos, cumple por intermedio de estos con el precepto de procrear.

Asimismo, debatieron respecto de si el bastardo está preceptuado de desposar a una mujer que le es permitida, esto es, una conversa o una bastarda, y engendrar un hijo y una hija aunque estos también resulten de igual status.

Hay quienes sostienen que el bastardo también está preceptuado de procrear, a pesar de que sus hijos también lo serán. En el Talmud (Tratado de Sotá 26(A)) aprendemos que las leyes de Sotá o la mujer sospechosa de infidelidad aplican también para una pareja de bastardos, esto es, si se despierta sospecha de infidelidad matrimonial por parte de la mujer. En este caso se borra el nombre de D´s escrito en un pergamino en un vaso con agua y se le da de beber a la mujer que detenta el status de bastardía a los efectos de que reine la paz entre ellos, aunque una vez que se reconcilien habrán de engendrar hijos en igual condición.

Hay juristas que consideran que es preferible que el bastardo no tenga hijos para que no abunden personas de esa condición en el pueblo de Israel. La prueba es que los sabios le permiten al bastardo desposar una sierva a los efectos de blanquear su descendencia, aunque de esta forma no esté cumpliendo con el precepto de procrear ya que los niños resultantes no son considerados hijos suyos. O sea, a los efectos de corregir la bastardía a futuro se le permite al bastardo desposar una sierva gentil de propiedad judía de modo tal que los hijos resultantes de la unión sean también considerados siervos y de esa manera no hereden la bastardía. Una vez que estos niños nazcan habrán de ser liberados de la servidumbre y por lo tanto entran en  la categoría de siervos liberados que son completamente judíos sin padecer del status de bastardía. Es preferible entonces para el bastardo no cumplir con el deber de procrear para no transmitir ese status a su descendencia.

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