09. Los hijos de Noaj («Bnei Noaj»)

https://ph.yhb.org.il/es/14-06-09/

Los hijos de Noaj o gentiles también están preceptuados de procrear, tal como le fue dicho a Noaj y sus hijos (Bereshit-Génesis 9:7): «Procread y multiplicaos. Diseminaos en la tierra en abundancia». Sin embargo, no recae sobre ellos el deber de casarse hasta la edad de veinte años o a lo sumo los veinticuatro ni el de engendrar un hijo y una hija (Talmud Babilonio Tratado de Sanhedrín 59(A), arriba 5:7-9).

En el caso de un gentil que engendró un hijo y una hija y posteriormente se convirtió al judaísmo, cumplió con el precepto de procrear por cuanto que mientras era gentil el precepto recaía sobre él (Tratado de Ievamot 62(A)). Hay juristas que sostienen que cumplió con el precepto aunque sus hijos no se hayan convertido, y otros consideran que lo cumplió únicamente si sus hijos también lo hicieron (arriba 5:4).

Dado que para los gentiles el precepto de procrear es de carácter general, no es absolutamente obligatorio y carece de especificaciones particulares, si la persona posee una buena razón para eximirse del deber puede hacerlo a priori. Por ejemplo, si sospecha fundadamente que sus hijos pueden nacer enfermos o si tiene un serio temor de que no habrá de poder educarlos como personas de bien.

Hay juristas que consideran que un gentil tiene prohibido derramar semen en vano pues aprendimos que el diluvio sobrevino como castigo por esta inconducta conjuntamente con otras trasgresiones, tal como está escrito (Bereshit-Génesis 6:11-13): «Y la tierra se había corrompido ante D´s y estaba colmada de violencia. Y vio D´s que la tierra era corrupta pues todo ser viviente se había corrompido en su camino en la tierra. Y le dijo D´s a Noaj: Para mí ha llegado el fin de toda carne, porque la tierra está llena de violencia por su causa. He aquí que los destruiré con la tierra». Respecto de esto dijeron nuestros sabios (Talmud Babilonio Tratado de Sanhedrín 108(B)): «Las aguas del diluvio eran espesas como el semen» puesto que «las personas pecaron por el ardor de su pasión y con ardor fueron sentenciados, esto es, por medio de manantiales de agua caliente que ascendieron y les ahogaron» (Rabí Jaím Palaggi en su libro Jaím VeShalom 16, Tzafnat Paaneaj 30).

Por otra parte, hay juristas que entienden que la prohibición de derramar esperma en vano no recae sobre los gentiles pues esta depende del precepto de procrear, y dado que los gentiles no están preceptuados de engendrar no tienen prohibido malograr el esperma (según Tosafot a Sanhedrín 59(B) ‘והא’ Igrot Moshé Oraj Jaím 4:116). De todas maneras, a ojos de los juristas más flexibles esta práctica tampoco es apropiada ya que lo correcto es encauzar esta pasión en aras de incrementar el amor en el marco del matrimonio.

Esta entrada fue publicada en 06. Esterilidad y otras dificultades. Guarda el enlace permanente.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *