10) Las implicancias de este cambio para el precepto de Oná

A raíz del pecado de Adám y Javá y los castigos que fueron decretados en virtud de este se generó un defecto en el vínculo entre el hombre y la mujer. Según el Plan Divino el hombre debió haber sido el primero en tomar la iniciativa y luego la mujer habría de igualarlo y de esa manera el amor entre ambos habría de alcanzar su más alto nivel. Tras el pecado, ambos descendieron de nivel, y a raíz de haberse alejado de D´s y Su abundante luz el amor entre ambos no pudo manifestarse como correspondía y la bendición en su sustento se vio afectada, razón por la cual el status de la mujer respecto al hombre se vio más perjudicado aún, al punto de pasar a depender de este para poder subsistir. Desde el punto de vista emocional la dependencia de la mujer respecto del hombre se vio incrementada, al punto de necesitar sentirse más halagada y mimada para estar segura de su cariño y alegrarse plenamente. Sobre esto está escrito (Bereshit-Génesis 3:16): «…y a tu marido desearás y él te dominará» (ver arriba 2:2).

A raíz de la gran caída surgirá un ascenso aún mayor, tal como dijeron nuestros sabios (Talmud Babilonio Tratado de Berajot 34(B)): «Aquellos quienes retornan –»Ba´alei Teshuvá»- alcanzan un nivel al que no llegan los justos que no trasgredieron», pues al final del proceso de retorno el status de la mujer habrá de superar al del hombre. La dependencia de la mujer hacia su marido da inicio en ambos a un proceso de profundo perfeccionamiento moral. La mujer se perfecciona al aceptar la prevalencia del pensamiento de la Torá representado por su marido. El hombre se supera al tener que profundizar más en sus sentimientos y expresarlos para poder cumplir así el precepto de Oná y alegrar a su mujer como corresponde. De esta manera, a pesar de la dura realidad que arrastra a las personas a preocuparse únicamente por sí mismas, tanto el hombre como la mujer se elevan por sobre los impedimentos que generó el pecado primigenio y revelan su amor y así una chispa de la unicidad Divina vuelve a anidar entre ambos y en el mundo todo que se refina paulatinamente de cara a su redención.

Conjuntamente con el florecimiento de la redención, la reunión de las diásporas y la construcción de la tierra de Israel que vuelve a dar sus frutos abundantemente, presenciamos un ascenso en el status de la mujer y junto a este el gran anuncio que nos llega desde el futuro respecto de una relación más completa y armónica entre el hombre y la mujer. Como en todo proceso los primeros frutos resultan agrios, los nuevos vientos del ascenso del status de la mujer resquebrajan la estabilidad de la institución familiar haciendo que muchos queden solos y miserables. Estas personas desechan los valores familiares tradicionales, y sin Torá no logran alcanzar una vida de pareja fiel y sagrada.

Empero, quienes logran mantenerse fieles a los valores de la Torá y las instrucciones de la halajá logran perpetuar el pacto matrimonial, y de esta forma saborean los buenos frutos que comienzan a revelarse con el avance del proceso de la redención. De todas maneras, la estructura básica de la relación hombre mujer originada en la Torá no habrá de cambiar. El hombre es quien debe cortejar a su pareja, desposarla, alegrarla mediante el  precepto de Oná, cumplir con el deber de procrear; por su parte el deber de la mujer es sumársele en este proyecto. Empero, conforme avancemos veremos que en virtud de su capacidad especial de recepción, la mujer puede elevar las iniciativas masculinas a un plano mucho más profundo, en una dimensión mucho más amplia y a un nivel muy superior para así prodigar mayor bendición tanto a su marido como al mundo entero. Entonces quedará en evidencia que también en la etapa en la cual el hombre es quien lleva la iniciativa, es la mujer quien haciendo uso de sus virtudes lo impulsa a hacerlo. Y también en etapas en las cuales la mujer es quien lidera y desarrolla, es el hombre quien la motiva mediante la expresión de su aprecio y sus expectativas. Entonces se revelará el lado masculino de las mujeres y el femenino de los hombres.

Desde el punto de vista halájico y moral, conforme asciende históricamente el status de la mujer tanto en la sociedad como en la dinámica de la pareja, debe esta tomar mayor consciencia de su responsabilidad en la preservación del pacto matrimonial. Al escuchar atentamente, descubrirá, junto a  su marido los mensajes ocultos de las profundidades, y por medio de la  sensibilidad, delicadeza y humildad participará del proceso de construcción de la relación. De esa manera podrán abundar en amor y alegría, cumplirán el precepto de Oná de modo completo – y serán bendecidos con bien y con paz.

El mundo será irradiado por su amor y se liberará de la tensión entre los sexos. Entonces, las cualidades femeninas de humildad, recepción, anhelo y sed por el vínculo, que a veces, por error, parecen originarse en la debilidad y falta de status, cual páramo yermo carente de existencia propia, se transformarán en la fuente de la bendición para el mundo entero. «Porque el Eterno ha consolado a Sión. Ha consolado a todos sus desiertos y los ha hecho como el jardín del Edén y la estepa en paraíso de HaShem. Regocijo y alegría se hallarán en ellos, alabanza y rumor de cánticos» (Ieshaiahu-Isaías 51:3).

«Y retornarán los rescatados del Eterno y vendrán con cánticos a Sión, y alegría eterna será sobre sus cabezas. Tendrán gozo y regocijo, y huirán la tristeza y la aflicción» (ídem 11).

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