07. La Providencia manifiesta y la Providencia oculta en este mundo

Incluso en períodos en los cuales la predominancia masculina se encontraba en su máximo histórico era dable de notar la gran influencia que ejercían las mujeres. Es de notar que aun cuando el liderazgo manifiesto estaba en manos de los hombres, la cualidad oculta de la mujer que se hallaba latente en las profundidades confería de potencias e impulso a los hombres para que estos cumplan su rol. Si bien la función de liderazgo les fue adjudicada a los hombres para que estos definan los objetivos y lleven al mundo a un avance, en los grandes momentos en que hubo necesidad de una comunicación más profunda con la fe, fueron justamente las mujeres quienes lograron alcanzarla en mayor medida que los hombres.

Cuando Moshé demoró en descender del Monte Sinaí los hombres impulsaron la elaboración de un becerro de oro similar a los ídolos de los egipcios y exigieron para ello a sus mujeres que donasen sus joyas. Sin embargo, las mujeres no aceptaron entregar sus joyas y dijeron: ¿Entregar nuestras joyas para hacer una abominación que a nadie puede salvar? ¡No les haremos caso! El Creador las recompensó en este mundo observando la santidad del novilunio en mayor medida que los hombres. En el mundo venidero las recompensó con una capacidad de renovación semejante a la de la luna, tal como está escrito (Salmos- Tehilim 103:5): «Quien satisface tu vejez con joyas para que tu juventud sea renovada como el águila» (Pirkei De Rabí Eliezer 45).

Cuando los hombres temían conquistar la tierra de Israel y pecaron por escuchar el consejo de los espías, las mujeres se abstuvieron de participar junto a ellos en el pecado, por lo cual la prohibición de entrar a la tierra prometida recayó únicamente sobre los varones. Asimismo, vemos que las hijas de Tzlofjad amaban la tierra de Israel y querían tener su parcela en ella (Midrash Tanjuma Pinjas 7). «Así enseñaba Rabí Akiva: en mérito de las mujeres justas que vivieron en esa generación el pueblo de Israel se pudo redimir  de la esclavitud en Egipto» (Talmud Babilonio Tratado de Sotá 11(B), ver arriba 1:8). Respecto del futuro dijeron: «Las generaciones no se habrán de redimir sino por el mérito de las mujeres justas que vivan en ese tiempo» (Midrash Zuta Rut 4:11).

Es por ello que en la entrega de la Torá HaShem se dirigió primeramente a las mujeres, tal como está escrito (Shemot-Éxodo 19:3): «Así dirás a la casa de Yaakov y te dirigirás a los hijos de Israel«, lo cual fue explicado por nuestros sabios de la siguiente manera: «dirás a la casa de Yaakov» se refiere a las mujeres a quienes hay que hablar tiernamente, «te dirigirás a los hijos de Israel» se refiere a los hombres a quienes hay que hablarles más duramente y especificarles los castigos previstos por la Torá y todos sus detalles. Del hecho que el versículo antecede el «decir» al «dirigirse» aprendemos que es importante  respetar el orden, esto es, hablar primero a las mujeres y luego a los hombres (Mejilta, citado por Rashí). Esto se debe a que la intención última de la Torá es ser cabalmente comprendida y que la realidad sea reparada mediante el habla tierna. Si bien habremos de llegar a esto solamente en el futuro, y de mientras es necesario primar al hombre y su estilo de conducción, al momento de entregar la Torá se anticipó a las mujeres pues estas expresan la completitud de la intención final del Creador.

De la mujer de Shunem o «la shunamita» hemos aprendido el respeto que se debe tener por la Torá y los estudiosos de la misma. Esta señora iba a las clases del profeta tanto en sábados como en novilunios (Reyes – Melajim II 4:23, Talmud Babilonio Tratado de Rosh Hashaná 16(B)). No es mera casualidad que se aprenda la correcta actitud de respeto hacia la Torá de la conducta de una mujer, ya que las mujeres judías son aquellas que están más íntimamente ligadas al aspecto general y superior de la Torá (Sijot HaRav Tzví Iehuda Shemot pp. 178-181). En este mismo sentido, nuestros sabios dijeron (Talmud Babilonio Tratado de Berajot 17(A)): «el Eterno prometió a las mujeres una recompensa mayor que la que prometió a los hombres«. Según explican nuestros sabios esto se debe a que las mujeres son quienes mandan a los niños a estudiar Torá, incentivan a sus maridos a que acudan al Beit Midrash o casa de estudio y les esperan alegremente hasta su retorno sin instarlos a volver más temprano. Aparentemente el status del hombre que estudia Torá es superior al de la mujer que lo espera, pero desde una perspectiva interior, por cuanto que ellas son las causantes de que el estudio prospere en el pueblo de Israel su nivel excede al masculino. Exteriormente, su virtud es la de incentivar el estudio, pero interiormente esta conducta se debe a su conexión más  íntima y profunda con la Torá.

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