04. El ascenso del status de la mujer en el marco del matrimonio

«Había una vez un hombre piadoso casado con una mujer piadosa y no pudieron traer juntos niños al mundo. Dijeron: de esta manera no le somos de ninguna utilidad al Creador. Se divorciaron. El hombre desposó una mujer malvada que lo transformó en malvado, la mujer desposó un hombre malvado y lo transformó en piadoso, de aquí vemos que todo proviene de la mujer» (Bereshit Rabá 17:7). De estos dos casos resulta que la influencia de la mujer es discreta o encubierta. Si habrían de discutir entre ellos acerca del camino óptimo a tomar, el hombre rechazaría las palabras de su mujer y más bien se empecinaría en hacer lo opuesto. Sin embargo, la fuerza de la influencia  de la mujer nace de su interior. La mujer piadosa en virtud de su humildad y amor, accedía a todas las iniciativas buenas de su malvado marido, se regocijaba con estas, las ampliaba y profundizaba, y de esa manera el hombre iba tras ella pues todas las cosas buenas que la mujer desarrollaba provenían de él. De esta manera en un proceso lento y paulatino, sus aspectos perversos y oscuros fueron desapareciendo y los positivos se tornaron dominantes. Por el contrario, la nueva malvada esposa no respondió a las iniciativas positivas de su marido piadoso, y cuando este por propia iniciativa realizaba algún acto malo ella de inmediato le correspondía con alegría, lo alentaba y ampliaba hasta que paulatinamente lo fue transformando en un malvado.

No obstante, por lo general, no hay grandes diferencias entre los cónyuges pues ambos están orientados en pos de metas comunes y mediante un mutuo enriquecimiento logran alcanzar un proceso de elevación;  cuando el hombre propone un camino positivo y la mujer le da continuidad, lo profundiza y desarrolla. De esta manera él vuelve a tomar la iniciativa y ella vuelve a desarrollarla ingresando así en un círculo virtuoso. A veces, ellos cambian de roles por lo que el desarrollo o ampliación resulta a la postre ser una iniciativa y esta deriva en desarrollo o ampliación. Empero, la melodía principal de hombre y mujer, innovador y promotora, permanece vigente en la mayoría de las parejas y con el correr de los años el valor del rol de la mujer se manifiesta más intensamente y su status asciende.

Encontramos una indicación o insinuación de esta dinámica en las palabras de nuestros sabios, de bendita memoria, cuando se refieren a la relación entre el Eterno y el pueblo de Israel. «Se asemeja a un rey que tenía una única hija y la quería más de la cuenta y la llamaba «hija mía». Continuó amándola hasta que comenzó a llamarla «hermana mía» (en plano de igualdad), continuó amándola hasta que comenzó a llamarla «madre mía» (aludiendo a su superioridad). De igual manera el Creador en un inicio llamó al pueblo de Israel «hija mía…», no dejó de amarlo hasta que lo llamó «hermana mía…» continuó amándolo hasta que lo llamó «madre mía» (Shemot Rabá 52:5).

Esta entrada fue publicada en 10. El hombre y la mujer. Guarda el enlace permanente.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *