01. El fundamento de la vida de pareja según la Torá

El fundamento de la vida de pareja fue establecido durante la creación, tal como está escrito (Bereshit-Génesis 1:27-8): «Creó Elokim al Ser Humano a Su imagen, a la imagen de Elokim le creó: macho y hembra Él los creó. Los bendijo Elokim y les dijo Elokim: fructificaos y multiplicaos, llenad la tierra y conquistadla; dominad los peces del mar y las aves de los cielos y todo animal que se mueve sobre la tierra«. Del relato de la creación aprendemos cuatro cuestiones centrales: la primera – que el ser humano fue creado a imagen y semejanza de HaShem; la segunda – que esta imagen y semejanza Divina se manifiesta a través del hombre y la mujer conjuntamente; la tercera – que su cometido es crecer y multiplicarse y la cuarta – que su función es liderar el mundo y preocuparse tanto por su existencia como por su preservación, tal como está escrito posteriormente (ídem 2:15): «Tomó HaShem Elokim al hombre y lo estableció en el huerto de Edén para cultivarla y preservarla (su tierra n. de t.)«. Por lo tanto el ser humano completo está compuesto de varón y mujer, tal como dijeron nuestros sabios (Talmud Babilonio Tratado de Ievamot 63(A)): «Todo hombre que carece de mujer no es considerado persona», tal como está escrito (Bereshit-Génesis 5:2): «Macho y hembra los creó y los bendijo y los llamó con el nombre de Adam, cuando fueron creados«.

Tras la descripción general de la creación del Hombre, la Torá vuelve a explicar que en un inicio este fue creado como uno solo y poseía dos rostros, uno de varón y otro de mujer. En esto el Hombre se diferenciaba de los demás animales, ya que estos fueron creados, desde un principio,  diferenciados en machos y hembras y solamente el ser humano fue creado inicialmente como varón y mujer incluídos. Este ser humano con dos rostros es el que llamamos «Primer Hombre» o «Adám HaRishón», y a este se le ordenó reparar el mundo y preservarlo, ´cultivarlo y preservarlo´, y dar nombres a las demás creaturas. Hete aquí que el ser humano se dio cuenta que de todos los seres creados él es el único que está solo y carece de pareja, lo cual lo entristeció profundamente. «Dijo HaShem Elokim: No es bueno que el hombre esté solo, haré para él una ayuda, frente a él» (Bereshit-Génesis 2:18). «Hizo caer HaShem Elokim un sopor sobre el hombre y éste se durmió y tomó uno de sus costados y cerró la cavidad de la carne que había debajo. Modeló HaShem Elokim el costado que había tomado del hombre – como mujer – y la condujo hasta el hombre. Dijo el hombre: Esta vez: hueso de mis huesos y carne de mi carne. A esta se la llamará: Ishá (mujer n. de t.), pues del Ish (hombre n. de t.) fue tomada ésta» (Bereshit-Génesis 2:21-23).

Y si bien el Creador tenía la intención de separar a Adam en varón y mujer esperó hasta que éste sienta su carencia. Esto se debe a que el Eterno cuando creó el mundo, dispuso que el ser humano sea partícipe en su dirección y liderazgo, de modo tal que HaShem dirija Su creación en concordancia con la iniciativa humana (Zohar II 265:1). Por lo tanto, sólo una vez que Adam se sensibilizó de su soledad, HaShem aparentemente «se dio cuenta» que no es bueno que el Hombre esté solo, le separó a su mujer y de esa manera pudieron desarrollar una vida de pareja amorosa y prolífica.

Lo que equivocadamente fue traducido como «costilla», la palabra hebrea «tzela» (צלע) significa lado o costado, por ejemplo «el lado del tabernáculo»- צלע המשכן (Shemot-Éxodo 26:27), por ello cuando se dice que HaShem tomó un «tzela» del hombre significa que tomó uno de sus dos lados. Esto se debe a que inicialmente el varón y la mujer en toda su completitud  estaban unidos espalda con espalda y el rostro del varón sobresalía más (ver Talmud Babilonio Tratado de Eruvín 18(A)).

Dado que el varón y la mujer están unidos en su origen, una vez separados y al adquirir conciencia se despierta en su interior un fuerte deseo de volver a reunirse, sobre lo que está escrito (Bereshit-Génesis 2:24): «Por ello, el hombre deja a su padre y a su madre y se adhiere a su mujer y se tornan en una sola carne«. Por lo tanto se nos ordenó el precepto de Oná que expresa el vínculo completo entre ambos, amén de la cuestión de la procreación que es común a los demás seres vivos.

Al ser creado el Hombre como varón y mujer la creación quedó completa, pues hasta entonces, sobre todo lo creado fue dicho: «y vio D´s que era  bueno» mientras que al concluir la creación del ser humano dijo (ídem 1:31) «y vio el Eterno todo lo que hizo y he aquí que era muy bueno«. Nuestros sabios, de bendita memoria, dijeron que la expresión «muy bueno» pertenece a la relación entre  el varón y su mujer cuando esta incluye amor y deseo (Bereshit Rabá 9:7).

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