06 -Yom Kipur

01 – Yom Kipur o Yom HaKipurim.

En virtud de Su gran amor por el pueblo de Israel, el Kadosh Baruj Hú nos sacó de Egipto y estableció con nosotros un pacto eterno, nos destinó y santificó un día especial en el año para expiar nuestros pecados; tal como está escrito (Vaikrá-Levítico 16:30): «…por cuanto en este día hará expiación por vosotros para purificaros de todos vuestros pecados, ante el Eterno os habréis de purificar». Tanto la purificación como la expiación provienen de Hashem, pues de no ser así, aunque la persona se arrepintiese de sus malas acciones podría únicamente corregirlas a futuro, de allí en adelante, mas no podría dejar sin efecto las inconductas ya realizadas. En su gran generosidad y misericordia, Hashem nos concedió el día de Kipur y nos estableció el precepto del retorno, por medio de los cuales puede la persona borrar sus pecados. Sobre esto dijo Rabí Akiva (Talmud Babilonio Tratado de Yomá 85(B)): «Bienaventurados hijos de Israel, ¿ante quién os purificáis y quién os purifica? Vuestro Padre Celestial, tal como está escrito (Ezequiel 36:25): «Y rociaré agua clara sobre vosotros, y seréis limpios de todas vuestras impurezas». Y dice (Irmiahu-Jeremías 17:13): «Oh Eterno, esperanza[1] («mikvé») de Israel», así como el baño ritual purifica a los impuros, el Kadosh Baruj Hú purifica a Israel».

Durante todo el año, el pueblo de Israel se encuentra bajo velos que ocultan la revelación de la Luz Divina en el mundo, pero en Yom Kipur se abren los portones del cielo y un haz de esta luz se proyecta sobre las raíces de las almas del pueblo de Israel purificándolas; estas se elevan y sumergen en la Luz Divina refinándose y expiando sus pecados.

Dado que la expiación proviene de Hashem y se aplica conforme a Su Voluntad, aún cuando el pueblo de Israel no retorna, Yom Kipur revela el aspecto interior positivo que anida en ellos y de esa manera las raíces de sus almas se ven purificadas. Mas en virtud de que los pecados permanecen incólumes, es necesario padecer sufrimientos para neutralizar su efecto, siendo este el motivo de los padecimientos tanto en este mundo como en el venidero. En la medida que el pueblo de Israel se arrepiente más profundamente por sus malas acciones y retorna a D´s, el efecto de Yom Kipur se prolonga y limpia también las derivaciones de los pecados, al punto de que los padecimientos se hacen innecesarios.

Nosotros rezamos para ello: «Y nos dio Hashem, nuestro D´s, con amor este Día de Kipur para el perdón y la expiación, para perdonar en él todos nuestros pecados, día de sagrada convocación, recuerdo de la salida de Egipto… D´s nuestro y de nuestros ancestros, perdona nuestras trasgresiones en este día de Kipur, borra y condona nuestras inacciones delante de ti, tal como está escrito (Isaías 43:25): «Yo Soy, Yo Soy, el que borra tus trasgresiones por gracia Mía, y tus pecados no recordaré» (ídem 44:22): «He borrado como nube espesa tus trasgresiones y como una nube tus pecados. Vuelve a Mí porque te he redimido» Y está escrito (Vaikrá 16:30): «…por cuanto en ese día hará expiación por vosotros para purificaros de todos vuestros pecados ante el Eterno». Conságranos con tus preceptos y danos heredad en tu Torá, sácianos de Tu bondad y regocíjanos con Tu redención, purifica nuestros corazones para que te sirvamos de verdad, pues Tú eres quien perdona a Israel y condona las faltas a las tribus Yeshurún[2] en todas las generaciones y fuera de Ti no tenemos Rey que nos perdone. Bendito eres Tu Hashem, Rey que perdona nuestras trasgresiones y las del pueblo de Israel, que nos hace superar nuestras culpas año tras año, Rey sobre toda la tierra, que santifica al pueblo de Israel  y el día de Kipur» (Bendición principal de la Amidá de Yom Kipur).


[1]. En hebreo el vocablo «mikvé» significa esperanza y también baño ritual por lo que Rabí Akiva identifica a Hashem no solo como la esperanza del pueblo de Israel sino como su gran baño ritual purificador (n. de t.).

[2]. Una de las denominaciones del pueblo de Israel (n. de t.)

02 – Los preceptos a cumplir en este día.

La especial virtud de Yom Kipur se revela mediante los preceptos del día. En primer término, hay tres preceptos comunes a otros días sagrados:

  1. a) Hacerlo día de «santa convocatoria» («Mikrá Kodesh»), o sea, dedicarlo a cuestiones de santidad y honrarlo mediante una vestimenta acorde y el arreglo de la casa, tal como está escrito (Vaikrá 23:27): «Y el día diez de este mes séptimo será día de expiación (Kipur), de santa convocación para vosotros»
  2. b) Cesar en él de toda labor como en Shabat, tal como está escrito (ídem 28-31): «Y no haréis labor alguna este día, porque es día de expiación de vosotros ante el Eterno, vuestro D´s… Ya que toda persona que hiciere en él tarea alguna, será extirpada de en medio de su pueblo. No haréis pues labor alguna. Será estatuto para todas vuestras generaciones dondequiera habitareis» (se explicará posteriormente en 7:2).
  3. c) Ofrendar sacrificios de Musaf tal como en las Festividades y el Novilunio, así tal como está escrito (Bamidbar-Números 29:8-11): «y ofreceréis holocausto de olor grato al Eterno, de un novillo, un carnero y siete corderos de un año, sin defecto alguno… También un macho cabrío por expiación, aparte de la ofrenda expiatoria ordinaria, el holocausto cotidiano, su oblación y sus libaciones»

A Yom Kipur se le sumaron tres preceptos especiales:

  1. a) El ayuno, tal como está escrito (Vaikrá 23:26-32): «Y le dijo el Eterno a Moshé: Empero el día diez de este séptimo mes será día de expiación, de santa convocación para vosotros, y afligiréis vuestras almas y ofreceréis una ofrenda ígnea al Eterno …Quien no ayunare ese día será truncado de su pueblo…No haréis pues labor alguna…Será día de estricto descanso y ayunareis, a partir del crepúsculo vespertino del día nueve del mes y durará hasta el atardecer del día siguiente» (también en Vaikrá 16:29 y Bamidbar 29:7).
  2. b) Retornar en teshuvá y confesar ante Hashem las trasgresiones, tal como está escrito (Vaikrá 16:30) «…por cuanto en este día hará expiación por vosotros para purificaros de todos vuestros pecados ante el Eterno» ¿Qué significa purificarse ante Hashem? Retornar en teshuvá (arrepentimiento sincero) (Rambám Hiljot Teshuvá 2:7, Shaarei Teshuvá 4:17).
  3. c) Una serie de sacrificios especiales para Yom Kipur a los efectos de expiar los pecados del pueblo de Israel. En el punto álgido de dicha serie, el Cohen Gadol (Sumo Sacerdote) ingresa al Kodesh Kodashim (Sancto Sanctórum), ofrenda allí incienso y salpica sangre de los sacrificios expiatorios. Estos son los sacrificios específicos del día: un novillo como ofrenda por los pecados cometidos («jatat») que expía por el Cohen Gadol y sus hermanos los demás sacerdotes. Dos machos cabríos como ofrenda por pecados cometidos («jatat»), uno es ofrendado a Hashem, y el otro es arrojado en Azazel. El Cohen Gadol salpica en el Kodesh Kodashim las sangres del novillo y del macho cabrío ofrendado a Hashem, luego salpica de esta sangre sobre la cortina (parojet) y sobre el altar de oro. El macho cabrío que es arrojado en Azazel carga con los pecados del pueblo de Israel y los lleva a su lugar idóneo en el desierto.

Hoy día que nuestro sagrado Templo está destruído, la esencia del día de Kipur, junto al ayuno y la teshuvá expían al pueblo de Israel y los rezos del día, especialmente el de Musaf, representan un sustituto parcial de las ofrendas del Santuario (Rambám Teshuvá 1:3, más adelante 10:18).

03 – El significado de la expiación de Yom Kipur.

El vocablo «Kipurim» (plural de Kipur, expiación, n. de t.), encierra diferentes significados los cuales están íntimamente asociados a la esencia del día. Kapará significa cobertura («kisui»), así como la cortina o «kaporet» cubría el arca del pacto, de la misma forma la expiación cubre los pecados. Asimismo, el vocablo «kapará» o expiación está asociado a la palabra «Kófer» que significa rescate o sustitución, insinuando que el pecado que se deriva de las fuerzas de la impureza es sustituido y devuelto a su lugar de origen mediante el macho cabrío que se enviaba al desierto. Además, el vocablo «kapará» está asociado a limpieza por cuanto que limpia los residuos asociados al pecado. «Kapará» significa también anulación, tal como dijo Yaakov Avinu (Bereshit 32:21, Rashí allí): «Aplacaré su ira («Ajaprá Panav»), esto es, neutralizar el enojo de Esav mediante la ofrenda. La palabra «Kapará» también está asociada a apaciguamiento («pius»), ya que mediante la limpieza del pecado efectuado y su anulación, el afectado por la inacción o el ángel fiscal son apaciguados (Rashí a Proverbios-Mishlei 16:14). La palabra «Kapará» está también asociada a perfume, tal como está escrito en el Cantar de los Cantares (1:14): «ramillete de alheña (hierba aromática)» que en hebreo se dice «eshkol hakofer«, por cuanto que si el retorno tiene como móvil el amor a Hashem, las trasgresiones premeditadas se transforman en méritos, al punto de exhalar buen aroma.

Nuestros sabios nos enseñan (Tana Debei Eliahu Rabá 1) respecto del versículo: «aun los días que fueron delineados cuando todavía no había nada de ellos,» (Salmos 139:16) que se refiere al día de Kipur que es el día del año  «más alegre ante Quien creó el mundo con la palabra y lo concedió con amor al pueblo de Israel. ¿A qué se parece esto? A un rey de carne y hueso cuyos siervos y familiares evacuan los desperdicios arrojándolos frente a la puerta del palacio para luego ser transportados fuera de la ciudad… Cuando el rey sale y ve la basura se alegra de sobremanera. A esto se asemeja el día de Kipur que el Eterno otorgó con amor y alegría…cuando perdona los pecados del pueblo de Israel Su corazón no se entristece sino que se alegra y le dice a las montañas, colinas, valles y cauces de los ríos; alegraos conmigo ya que estoy perdonando al pueblo de Israel…»

Nuestros sabios dijeron (Talmud Babilonio Tratado de Yomá 20(A)) que el tema central de Yom Kipur está insinuado en el nombre de «HaSatán» cuyo valor numérico asciende a trescientos sesenta y cuatro. Esto nos enseña que trescientos sesenta y cuatro días al año Satán tiene permiso para obstaculizar la Luz Divina y evitar que se revele en el mundo; así como también acusar al pueblo de Israel. Dado que el año tiene trescientos sesenta y cinco días, un día al año Satán no tiene permiso de acusar al pueblo de Israel y ese es el día de Kipur, ya que entonces se revela la raíz de la santidad de esta nación  que está conectada a Hashem.

Si el Eterno no hubiese establecido un día de perdón y expiación para el pueblo de Israel los pecados se acumularían año tras año, al punto que tras un período de varios años el pueblo de Israel y el mundo entero podrían ser pasibles del castigo de la desaparición (ver Sefer Hajinuj precepto 185).

El mero transcurso del día de Kipur expía, por lo que una persona que fallece en medio de este sus pecados son limpiados (Tratado de Kritot 7(A)). Empero, la principal expiación es operada al concluir Yom Kipur, que es cuando el ayuno llega a su punto más álgido y todos los rezos e intenciones meditativas de la jornada actúan conjuntamente (Talmud Jerosolimitano Tratado de Yomá 8:7). Por esta razón los judíos acostumbran a intensificar la oración durante el último rezo, el de Neilá.

04 – Yom Kipur y la expiación del mundo de acuerdo a las virtudes de Israel.

El día de Kipur tiene su fundamento en el pacto que contrajo Hashem con nuestros ancestros, Abraham, Itzjak y Yaakov, que se concretó mediante el precepto de la circuncisión, se fortaleció cuando Hashem sacó a los judíos de Egipto y fue sellado cuando Hashem entregó la Torá. De esta manera el mundo pudo continuar su existencia, tal como dijeron nuestros sabios (Talmud Babilonio Tratado de Shabat 88(A)): «En el inicio del mundo Hashem puso una condición a la Obra de la Creación y le dijo: si el pueblo de Israel acepta la Torá, tendréis derecho a existir, mas, si no la aceptan os devolveré al caos inicial» Esto se debe a que el objetivo último de la creación es que el pueblo de Israel revele en el mundo la palabra de Hashem, tal como está escrito (Isaías 43:21): «el pueblo que formé para Mí, para que pudiera hablar en Mi alabanza» y tal como enseñaron nuestros sabios (Vaikrá Rabá 36:4): «Los cielos y la tierra no fueron creados sino en mérito de Israel».

Este pacto se reveló al pueblo de Israel el día de Kipur, cuando Hashem los perdonó completamente por el pecado del becerro de oro, les entregó nuevamente la Torá mediante las segundas tablas y les ordenó construir un tabernáculo para que la Divina Presencia repose sobre ellos (Pirkéi DeRabí Eliezer 46, Tanjuma Terumá 8 y Ki Tisá 31).

Es necesario saber que la validez del pacto que estableció Hashem con el pueblo de Israel no depende de las acciones de este último sino del alma especial que el Eterno le concedió; un alma que en su raíz anhela la reparación del mundo mediante la manifestación de la Luz Divina. Por ello está escrito (Dvarim-Deuteronomio 7:6): «pues tú eres un pueblo santo (consagrado) para el Eterno tu Dios. El Eterno tu Dios te ha elegido por pueblo Suyo entre todos los pueblos que hay sobre la faz de la tierra». Además, está escrito (Salmos 135:4): «porque el Eterno escogió a Yaakov para sí, y a Israel por tesoro Suyo». Por lo tanto, aunque el pueblo de Israel peque reiterada e ilimitadamente, el pacto con Hashem no se verá alterado, tal como está escrito (Salmos 94:14): «Porque el Eterno no expulsará a Su pueblo ni abandonará a Su heredad». Además, en el libro primero de Samuel (12:22) leemos: «Por cuanto el Eterno no abandonará a Su pueblo por el honor de Su gran Nombre porque ha complacido al Eterno haceros un pueblo consagrado a Él»

Sin embargo, en caso de que el pueblo de Israel peque, su castigo será muy duro y cuanto más pequen peores serán las represalias, a los efectos de refinarlos re inducirlos al retorno. Empero, los judíos jamás podrán alterar o renunciar el pacto con Hashem. Tal como dice el profeta Ezequiel (20:32-37): «y no será lo que tenéis en vuestra mente cuando decís: Nosotros seremos como las demás naciones, como las familias de otros países, que adoran el árbol y la piedra. Vivo Yo, dice D´s, el Eterno, que de seguro con mano fuerte y brazo extendido y con ira derramada he de ser Rey sobre vosotros y Yo os sacaré de en medio de los pueblos y os recogeré de los países donde estáis esparcidos con mano fuerte y brazo extendido y con ira derramada, y os llevaré al desierto de los pueblos, y allí os juzgaré cara a cara… Y haré que paséis bajo la vara del castigo y os traeré a la tradición del pacto»

Normalmente el mundo se maneja de acuerdo a las reglas del juicio ya que así lo dispuso Hashem cuando creó el universo. En caso de escogerse el bien este abundará, y en caso de escogerse el mal el bien se verá disminuido y proliferarán los infortunios. Aparentemente, según esta regla, en caso de abundar los pecados más allá de cierto límite el mundo se vería destruido. Empero en Yom Kipur se abren los portones del cielo y se revela la Providencia Divina superior y las trasgresiones de Israel son perdonadas en su misma raíz; y en mérito a ello el mundo sigue existiendo y avanzando hacia su redención final. De todas maneras, los principios de la Justicia Divina siguen vigentes y por cada pecado que no fue reparado y por el cual no se retornó en teshuvá sobrevendrá un castigo; y en caso de proliferar las malas acciones si bien los castigos pueden tornarse insoportables, corregirán y depurarán al pueblo de Israel. Esto es lo que explican la Torá, los libros de los profetas y las enseñanzas de los sabios en cuanto a que aun si el pueblo judío no retorna en teshuvá, la redención prometida a nuestros ancestros y a nosotros igualmente sobrevendrá. La elección que está en nuestras manos es si la redención habrá de llegar rápida y con felicidad o, D´s no lo permita, mediante un largo y difícil derrotero, terrible y lleno de aflicción.

Todos los rezos y confesiones de Yom Kipur son recitados en plural pues están orientados a cuestiones generales y colectivas, y en ellos pedimos a Hashem que perdone nuestros pecados y nos acerque a Su servicio, que revele Su Divina Presencia sobre nosotros para que podamos descubrir Su gloria y Su camino en el mundo; y de esta manera la bendición podrá abundar  en el universo para todo el pueblo de Israel en general, y a cada judío en particular así como a todos los seres humanos.

05 – Yom Kipur y la expiación individual.

De la santidad y la expiación general del pueblo de Israel en Yom Kipur, se desprende un espíritu de pureza que llega a cada judío y le permite apegarse a D´s con mayor impulso, liberarse de la impureza de sus malas acciones y retornar en teshuvá. Por lo tanto, existe un precepto especial para cada individuo y es el de retornar en Yom Kipur, tal como está escrito (Vaikrá 16:30): «…por cuanto en este día hará expiación por vosotros para purificaros de todos vuestros pecados ante el Eterno». Esto significa, que a partir de la labor de expiación general del día de Kipur que es llevada a cabo por el Cohen Gadol o Sumo Sacerdote, se desprende el deber de cada individuo de retornar en teshuvá por todas sus trasgresiones (Sha´arei Teshuvá 4:17, Rambám Hiljot Teshuvá 2:7).

En Yom Kipur la teshuvá es mejor aceptada por Hashem que en el resto del año ya que la gravedad del pecado depende de la premeditación del mismo, la cual manifiesta el grado de distanciamiento de D´s y de las directivas de la Torá. En Yom Kipur, cuando se abren las compuertas de los Cielos, y el pacto entre Hashem y el pueblo de Israel se revela y la luz del alma brilla espléndidamente, resulta que en realidad, el deseo más profundo de cada judío es estar próximo a D´s, hacer Su voluntad, ser bueno, dedicarse a Su Torá y cumplir Sus preceptos. Solamente en virtud de las tentaciones de la inclinación al mal, las dificultades de la vida y las necesidades físicas, la Luz Divina se mantiene oculta y la persona peca. Pero en realidad, aun cuando el pecado haya sido cometido intencionalmente, la alevosía no es absoluta pues a la hora de hacerlo la persona no era consciente de su verdadero deseo interior. En la medida en que la persona se conecta más intensamente con la santidad de la congregación de Israel  en el día de Kipur, descubre con mayor transparencia su verdadera voluntad interior la cual emana de la raíz de su alma, de modo tal que la gravedad de sus malas acciones se ve disminuida. Las malas acciones intencionales se transforman en negligentes y las faltas por negligencia en cuestiones involuntarias de fuerza mayor. Por lo tanto, podrá arrepentirse de sus pecados con mayor sencillez, retornar en teshuvá y proponerse ser una mejor persona.

El hecho de que en Yom Kipur la mayoría de los rezos son de carácter colectivo no afecta el retorno personal sino que por el contrario, justamente en virtud de la santidad colectiva, la persona puede retornar con una teshuvá completa. Por otra parte, la dedicación del individuo a la teshuvá por sus trasgresiones individuales no debe de afectar su rezo por la generalidad del pueblo de Israel y por la revelación de la Divina Presencia, ya que cada individualidad judía que retorna a D´s aumenta la santidad y la bendición de toda la nación.

De acuerdo con esto, se  puede comprender por qué el texto de la confesión (Vidui) que todo el pueblo de Israel recita en Yom Kipur está redactado en plural, a pesar de que hay muchas personas que no realizaron todas las malas acciones mencionadas. Ocurre que Yom Kipur es el día de expiación de todo el pueblo de Israel y conjuntamente con la elevación de cada individuo hasta el origen de su alma particular, se une más estrechamente a la generalidad de la nación, pide perdón por todos los pecados y en virtud de ello retorna en teshuvá por sus inconductas particulares (ver adelante 7:4).

06 – El significado del ayuno.

Es preceptivo ayunar en Yom Kipur, y este ayuno está asociado a la expiación de los pecados, tal como está escrito (Vaikrá 16:29-30): «Y esta será ley eterna para vosotros: el día diez del mes séptimo afligiréis vuestras almas y no haréis labor alguna, ni el nativo ni el extranjero que morare entre vosotros, por cuanto en ese día hará expiación por vosotros para purificaros de todos vuestros pecados, delante del Eterno os habréis de purificar». Aparentemente, cabe preguntarse si la Torá quiso establecer para nosotros un día de teshuvá y expiación por los pecados, ¿no habría sido mejor que comiésemos y bebiésemos un poco para que estemos perfectamente lúcidos y podamos concentrarnos como corresponde para rezar y retornar en teshuvá?

Ocurre que por intermedio del ayuno se revela algo mucho más profundo. Todo el año el alma está recubierta de una capa material, de las distintas pasiones corporales que llevan a la persona a olvidar su verdadera aspiración interior y a pecar. Hashem nos ordenó ayunar en Yom Kipur para que nuestra alma pueda liberarse un poco de los lazos del cuerpo y la materia, y de esta  manera todas las aspiraciones buenas y verdaderas puedan manifestarse. En virtud de nuestra conexión superior con la raíz de nuestra alma, las malas acciones se separan de nosotros y son arrojadas al Azazel (Derej Hashem IV 8:5).

Si bien en virtud del ayuno y las demás aflicciones nos cuesta concentrarnos como en los demás días, una noción profunda se aclara paulatinamente en nuestra consciencia, y es que nuestro verdadero deseo es apegarnos a Hashem y reparar el mundo a la luz de las enseñanzas de la Torá y conforme a sus directivas. De esta manera retornamos en teshuvá completa, cada quien según su nivel.

Por lo tanto, quien necesita permanecer acostado en su cama a los efectos de poder continuar con el ayuno no debe desanimarse, ya que logró asimilar el fundamento central del día de Kipur. Y mientras está recostado puede meditar en pensamientos positivos como, por ejemplo, aumentar el estudio de Torá, cumplir con los preceptos o formar una familia. Además, es necesario saber que el ayuno funge como un sacrificio. En los días en que el Templo de Jerusalém estaba en pie, al ofrendar la persona un sacrificio animal, la sangre y el sebo quemados expiaban por ella. En Yom Kipur, por medio del ayuno, los hijos de Israel ofrendan   simbólicamente su propia sangre y su propio sebo y Hashem expía sus inconductas. Por esta razón, en Yom Kipur cada judío debe verse a sí mismo como si se ofrendara en sacrificio sobre el altar y su sebo y su sangre al disminuir expían por él. Al elevarse hacia D´s el aroma de la ofrenda, la persona se eleva hasta el más alto de los niveles, en el cual no hay percepción intelectual alguna, sólo voluntad y certeza de hacer la Voluntad de nuestro Padre Celestial (ver Talmud Babilonio Tratado de Berajot 17(A), Recanati a Vaikrá16:29, Zohar Rut 80:1).

En cierta forma, el Shabat es más sagrado que Yom Kipur pues el castigo por realizar una labor prohibida el séptimo día es lapidación, mientras que el castigo por la misma acción en Yom Kipur es «caret» o «muerte a manos del Cielo». Esta diferencia se manifiesta asimismo en el número de personas que son llamadas a subir a la lectura de la Torá; en Shabat suben siete y en Kipur seis (Talmud Babilonio Tratado de Meguilá 22(B)). Esto obedece a que Shabat une el alma con el cuerpo y manifiesta la santidad de ambos. Por otra parte, desde el punto de vista de la elevación espiritual, Kipur es superior a Shabat ya que en este día se cesa de toda acción mundana incluidas la comida, la bebida y las demás restricciones. En virtud de este excelso nivel espiritual los portones celestiales se abren y el Cohen Gadol (Sumo Sacerdote) puede ingresar al Kodesh Kodashim (Sancto Sanctorum) y expiar al pueblo de Israel.

07 – Aquello que Yom Kipur no expía.

Tal como ya vimos, en Yom Kipur se revela la raíz sagrada de las almas del pueblo de Israel y en virtud de ello la pureza y la expiación se extienden desde la raíz del alma a sus ramificaciones, y en la medida en que el hombre retorna en teshuvá más intensamente, se purifica más y sus pecados son expiados. Sin embargo, hay trasgresiones que no se reparan por efecto de la purificación operada en la raíz del alma y el retorno de la persona en Yom Kipur. En este caso, mientras no se complete la reparación de la inconducta en cuestión, el castigo se mantiene pendiente tanto sea en este mundo como en el venidero (ver arriba 1:7).

Por lo tanto, quien comete un pecado que implica traer una ofrenda compensatoria de «Asham» (por pecados premeditados n. de t.) o «Jatat» (por pecados no intencionales n. de t.) debe traer su sacrificio, y aunque en el medio transcurra Yom Kipur y la persona haya retornado íntegramente, la necesidad de traer la ofrenda sigue estando vigente. Asimismo, en el caso de quien comete una trasgresión tal que de haber testigos que le advirtieron en tiempo real de que no lo haga y la persona igualmente la perpetró y por ende debe recibir pena de muerte o azotes por parte del tribunal, aunque la persona retorne en Yom Kipur el día no le sirve como expiación y no le exime de castigo en tribunales (Talmud Babilonio Tratado de Kritot 25(B), 26(A), Rambám Hiljot Shegagot 3:9). Si bien la teshuvá es buena para la corrección o reparación del alma, la expiación o el castigo dispuestos por la Torá se deben efectivizar. De no aplicarse las sentencias correspondientes, la persona es castigada en este mundo y en el venidero. Hoy día, que no tenemos la posibilidad de ofrendar un sacrificio o ser castigados por un tribunal, las inconductas se reparan mediante tzedaká (caridad) y el estudio intensivo de la Torá en una proporción acorde a la magnitud de las trasgresiones realizadas. En el pasado era muy común que se ayune como reparación proporcional de las inconductas, mas hoy en día se indica dar tzedaká y estudiar Torá en vez de ayunar.

Nuestros sabios dijeron (Mishná Tratado de Yomá 85(B)) que «Yom Kipur expía las trasgresiones para con D´s empero las trasgresiones para con el prójimo no, hasta que obtenga el perdón del afectado», tal como está escrito (Vaikrá 16:30): «…por cuanto en ese día hará expiación por vosotros para purificaros de todos vuestros pecados, ante el Eterno os habréis de purificar». Esto significa que Yom Kipur expía los pecados del hombre para con D´s, y cuando una persona peca contra Hashem, el retorno íntegro a Él repara la trasgresión por completo. Empero, cuando la inconducta es contra el prójimo, mientras no se obtenga el perdón del afectado la afrenta sigue vigente. Por lo tanto, el retorno en Yom Kipur sirve para aminorar la gravedad de lo hecho, transformarlo de acto premeditado en acción negligente o de acción negligente en circunstancia de fuerza mayor. De esta manera, la persona que pecó se purifica en la raíz de su alma, pero mientras el afectado no lo haya perdonado, el efecto nocivo permanece en las ramificaciones de la misma.

Además, nuestros sabios dijeron en la Mishná (ídem): «quien dice habré de pecar y luego habré de retornar, del cielo no le dan la oportunidad de que retorne. Quien piensa que habrá de pecar y Yom Kipur luego habrá de expiarlo, Kipur no le expía» La razón de esto es clara: el retorno está destinado a ayudar a la persona a reparar aquello que malogró, pero si esta  peca tomando en cuenta que luego habrá de retornar, resulta que la teshuvá es el móvil de pecar aún más, por lo que «desde los cielos no le dan la oportunidad de que retorne». Esto significa que le ponen obstáculos en su despertar espiritual en pos de corregir sus acciones. De todas maneras, si a pesar de las dificultades la persona se esfuerza en retornar, su retorno es aceptado.

Asimismo, quien peca tomando en cuenta que Kipur habrá de expiar sus inconductas, demuestra no haber captado la profundidad de la santidad del día que revela la raíz benévola de su alma. En otras palabras, el recuerdo de Yom Kipur debe impulsar a la persona a abstenerse de pecar y en este caso ocurre lo contrario, el recuerdo del día sagrado impulsa a la persona a pecar. Es por esto que aunque abunde en plegarias y llanto, al haber malogrado la esencia del día, este no le sirve de expiación. Sólo si la persona que trasgredió se esfuerza enormemente  en retornar, y entiende la envergadura de su error, proponiéndose tener la precaución de no volver a pecar en el futuro, su retorno será aceptado.

08 – La opinión de Rabí Iehudá HaNasí.

Tal como vimos, en Yom Kipur se manifiesta el nexo especial y absoluto que existe entre Hashem y el pueblo de Israel, y en virtud de ello se propagan la  expiación y la pureza sobre la nación. Esto ocurre aunque no medie la teshuvá y por intermedio de este proceso el mundo continúa existiendo y avanza hacia su redención. Sin embargo, los sabios debatieron respecto de qué ocurre con las personas individuales.

Según la opinión de Rabí (Rabí Iehudá HaNasí) la expiación básica del día se extiende sobre cada judío aunque este no haya retornado en teshuvá  y aunque haya profanado la santidad del día comiendo o realizando alguna labor. Dado que el día pasó sobre esa persona, esta se liberó de los castigos celestiales como lo son el «Caret» y «la muerte a manos del cielo» (ver Tratado de Kritot 7(A)). Esto obedece a que la expiación es una Decisión Divina que depende del nexo eterno entre Hashem y Su pueblo. Por lo tanto, aquel que dice «no quiero que Kipur expíe por mi»- el día igualmente lo expía incluso contra su voluntad. Esto se debe a que un súbdito no puede decirle al Rey «no quiero que reines sobre mí» (Talmud Jerosolimitano Tratado de Shvuot 1:6). El Kadosh Baruj Hú decidió dejar sin efecto las culpabilidades del pueblo de Israel en el día de Kipur y así habrá de ser.

De todas maneras, es claro que también en opinión de Rabí cada pecado que la persona realiza afecta negativamente a su alma, y por lo tanto atenta contra su capacidad de acercarse a Hashem y deleitarse del resplandor de Su Divina Presencia. Además, de no mediar teshuvá o padecimientos, estos efectos negativos no desaparecen, aunque el día de Kipur haya transcurrido.

Empero, es menester saber que existen tres tipos de padecimientos o sufrimientos: a) Los que tienen por propósito depurar  a la persona y limpiarla de sus pecados. b) Los destinados a impulsar a la persona a retornar y encaminarlo por la buena senda. Estos son, principalmente, los padecimientos por amor o motivados en el amor de Hashem hacia la persona («Isurei Ahavá»). Respecto de estos dos tipos de padecimientos no hay diferencia de opinión entre Rabí y los demás sabios, ya que según el primero, si los padecimientos son necesarios Kipur no los elimina ya que son por el bien de la persona. Cuanto más se depure el individuo mediante el retorno en el día de Kipur, más a salvo estará de los sufrimientos por cuanto que dejan de ser necesarios.

El tercer tipo de padecimientos son los castigos establecidos como Ley Divina. D´s creó el bien  y el mal; creó las fuerzas del bien a las que confirió la potestad de recompensar a los que cumplen los preceptos, así como también creó las fuerzas del mal y les confirió la potestad de castigar a los trasgresores. Para esto hay innumerables reglas generales y particulares en concomitancia con la gravedad del pecado. Si bien los castigos depuran a la persona y lo encaminan por la buena senda, la razón principal de su existencia es la de amonestar a los pecadores que profanan la Gloria Celestial y estropean el mundo. A veces, si se postergase el castigo de la persona, esta podría retornar en teshuvá y corregir sus defectos, empero, dado que según las reglas del Juicio Divino la persona debe ser castigada, no se considera únicamente qué es lo que mejor le vendría al trasgresor  sino que se le reprimenda con toda la rigurosidad de la ley. En opinión de Rabí, estos pecados son perdonados en Yom Kipur aunque la persona no haya retornado. Según esta idea, aunque la persona mereciese la pena de «Caret» o «muerte a manos del cielo» o cualquier otro castigo, dado que pasó Yom Kipur estos se anularon y puede abrir una nueva página sin que deba ser castigado por las malas acciones previamente realizadas. La decisión que se tomará respecto de esta persona dependerá únicamente del Juicio Divino benevolente y se le sentenciará sólo aquel castigo que le permitirá depurarse y mejorarse. Estos son los dos primeros tipos de sufrimiento respecto de los cuales Rabí y los sabios no debatieron.

Sin embargo, también en opinión de Rabí, si la persona en cuestión reniega de uno de los tres pilares de la fe israelita, Yom Kipur no le expía ni le exime del tercer tipo de sufrimientos, tal como está escrito (Bamidbar-Números 15:31): «será completamente extirpado del seno de su pueblo ya que es plenamente responsable de su iniquidad». Estos tres pecados fundamentales son: a)  Herejía o rechazo del Yugo Celestial («Porek Ol»). b) Tener la insolencia de desvirtuar o menospreciar las enseñanzas de la Torá («Megalé Panim»). c) Dejar sin efecto el pacto carnal, esto es, no circuncidar a su hijo o estirar su propio prepucio para cubrir su circuncisión. En otras palabras, quien niega a Hashem, desprecia a la Torá o niega su identidad judía, Yom Kipur no expía sus pecados (Talmud Babilonio Tratado de Yomá 85(B), ídem Tratado de Shvuot 13(A)).

09 – La opinión de los sabios.

En opinión de los sabios si bien Yom Kipur expía a la generalidad del pueblo de Israel, esta expiación no exime al individuo del rigor de la sentencia ni del castigo del que es meritorio según el rigor de la ley. Y aun cuando haya posibilidad que su castigo sea posdatado, y que pueda con el correr de los años despertar hacia una Teshuvá sincera corrigiendo sus pecados, por cuanto que no hizo teshuvá en Yom Kipur el rigor de la ley recaerá sobre él. Empero, también según la opinión de los sabios, la expiación de Kipur no depende de que la persona retorne por completo, sino hasta que Aquel que conoce los designios ocultos de la persona pueda testificar que la misma no volverá a incurrir en la misma trasgresión. El hecho de que se abstuvo de realizar labores, rezó y manifestó su deseo interior de ser buena persona y no pecar, le salvan de los duros castigos que las rigurosas reglas imponen (arriba 3:5, según Shelá Masejet Rosh Hashaná Torá Or 17).

En la práctica, los sabios medievales escribieron que la halajá es conforme a la opinión de los sabios y Kipur expía únicamente a quienes retornan en teshuvá. De todas maneras, en virtud del profundo conocimiento de Rabí respecto del nexo absoluto existente entre Hashem y cada alma particular del pueblo de Israel, cada individuo debe verse impulsado a retornar por amor en el día de Kipur.

10 – Reglas generales respecto de los diferentes niveles de expiación.

La completa expiación, esto es, que la persona logre limpiar por completo su pecado al grado que no quede del mismo resquicio alguno,  es un tema complejo que depende de la gravedad de la inconducta así como de la magnitud del retorno. Por ejemplo, en el caso de un precepto positivo no cumplido, mediante una teshuvá completa se puede llegar rápidamente a una total expiación mientras que en el caso de un grave pecado que implica la profanación del Nombre Divino, este se expía por completo únicamente mediante teshuvá, Yom Kipur, sufrimientos y la misma muerte.

Además, es menester agregar que el retorno común es aquel originado en el temor al Castigo Divino en este mundo y en el venidero, o en el temor de que la recompensa en ambos mundos se vea disminuida. Dado que en virtud del retorno motivado por el temor los pecados premeditados se transforman en involuntarios, a fin de que este tipo de trasgresión sea expiada es necesario que medien el arrepentimiento, el dolor y los padecimientos en medida proporcional a la magnitud de la inconducta. Durante la Edad Media muchos acostumbraban a ayunar reiteradamente así como a infligirse restricciones físicas para que la expiación sea completa. En la medida que la persona incremente su ahínco en el estudio de la Torá, de más tzedaká y refuerce sus acciones altruistas requerirá menos padecimientos para limpiarse (Sha´arei Teshuvá 4:11). Si la persona pecó profanando el Nombre Divino, deberá abundar en actos que impliquen la santificación de este y de la Gloria Celestial (Sha´arei Teshuvá 1:47, 4:16).

Por encima de este nivel, existe el retorno cuyo móvil es el amor  a D´s y la identificación con los Ideales Divinos y la preocupación por la generalidad del pueblo de Israel. Este tipo de teshuvá se lleva a cabo mediante el estudio de la Torá con la finalidad de reparar al mundo a la luz de sus principios, la entrega de tzedaká y la realización de acciones altruistas que tienen por cometido la rehabilitación económica de los necesitados, el asentamiento en la tierra de Israel, la santificación del Nombre Divino y demás cuestiones que acercan la redención y la inmanencia de la Divina Presencia. Quien retorna de esta manera, incluso sus acciones premeditadas se transforman en méritos y por ende su expiación es completa. Empero, quien retorna a D´s por amor, muy a menudo puede no alcanzar este nivel completamente por lo sublime de la cuestión y necesita también retornar por temor agregando restricciones físicas. Lo mejor para la persona es que oriente estas restricciones al estudio intensivo de la Torá, mantenga un estilo de vida moderado y done más generosamente.

11 – El Yovel (jubileo), el retorno y la libertad.

Mediante el retorno la persona se libera de las cadenas que lo atrapan y su alma puede revelarse libremente, pues la teshuvá es la aspiración a la Libertad Divina en la que no interfiere servidumbre alguna (Orot Hateshuvá 5:5, 7:4).

Lo común en este mundo es que la persona se vea impulsada por sus malas inclinaciones, apetitos y vanidad, enojos y envidias, holgazanería y búsqueda desmedida de honores, pues todos estos le ofrecen satisfacciones inmediatas. Una vez que la persona comienza a verse atraída por estos vicios se vuelve un siervo de los mismos. Si bien interiormente la persona todavía anhela la verdad y el bien, le cuesta mucho llevarlos a la práctica pues ya se entregó a la complacencia de sus instintos y su alma se ve afligida y amarrada a sus cadenas.

Mediante el retorno, la persona se libera y revela su verdadera voluntad. Su alma se ve liberada de las amarras de los instintos y comienza a iluminar su camino de modo tal que su vida se ve fortalecida. Sobre esto dijeron nuestros sabios (Mishná Tratado de Avot 6:2): «No hay persona libre sino aquella que se dedica a la Torá». Esto se debe a que la Torá guía a la persona por la senda de la verdad y el bien, para, por su intermedio, poder concretar sus buenas aspiraciones, aquellos Ideales Divinos que su alma anhela.

Por esta razón, Yom Kipur es también el día de la libertad, y esto lo aprendemos del precepto del jubileo («Yovel»). Es común que en virtud de la holgazanería, las pasiones físicas u otro tipo de contratiempos las personas se ven a veces en la necesidad de vender sus campos y hasta a sí mismos en servidumbre. La Torá enseña a las personas a ser trabajadoras y no dejarse arrastrar por sus instintos y contraer deudas. Sin embargo, hay personas cuyas pasiones los llevan a hipotecar el futuro en pos de un presente pasajero, hasta que al final deben vender sus campos y deben transformarse en siervos. Hashem tiene  piedad de estas personas  y especialmente de sus familias, por lo que nos ordenó el precepto del jubileo en el año cincuenta, en el marco del cual los siervos son liberados y los campos retornan a sus dueños originales. Tal como está escrito (Vaikrá- Levítico 25:8-13): «Y contarás siete sábados de años, o sea siete veces siete años, cuarenta y nueve años en total. Y el día diez del séptimo mes (del año quincuagésimo), Día de la Expiación, harás resonar la trompeta en toda vuestra tierra. Y santificareis el año quincuagésimo  y proclamareis en toda la tierra la libertad de todos sus habitantes y devolveréis a cada hombre lo que le pertenece y devolveréis cada hombre a su familia…Y ese año del jubileo devolveréis a cada cual a su posesión».

El día que la Torá estipuló que se liberen los siervos y los campos retornen a sus dueños originales es Yom Kipur, tal como está escrito (ídem 25:9): » Y el día diez del séptimo mes (del año quincuagésimo), día de la expiación, harás resonar la trompeta en toda vuestra tierra». Según Rambám (Hiljot Shmitá Veyovel 10:14): «Desde Rosh Hashaná hasta Yom Kipur los siervos no  volvían aun a sus casas pero ya no estaban sometidos a sus amos y los campos no retornaban a sus dueños originales sino que los siervos comían y bebían alegremente con coronas sobre sus cabezas. Cuando llegaba Yom Kipur, el Supremo Tribunal tocaba el Shofar y los siervos volvían a sus casas y las tierras a sus dueños originales».

En recuerdo del toque de Shofar del año del jubileo, se acostumbra hoy a tocarlo al concluir el día de Kipur (Rav Hai Gaón). Esto se debe a que en cada Yom Kipur el pueblo de Israel accede a una liberación similar a la del jubileo. La liberación de las amarras de los malos instintos se asemeja a la de los siervos que salen en libertad, el retorno del cuerpo al ámbito del alma se asemeja al retorno de los campos a sus dueños originales. Cuando la persona se ve arrastrada por sus bajas pasiones, el cuerpo se desconecta del alma y se somete a los instintos extraños y cede sus energías a fuerzas ajenas mediante la trasgresión. Mediante el retorno de Yom Kipur, el cuerpo retorna al alma para alegrarse junto a esta mediante la alegría por el cumplimiento de los preceptos y revela la presencia de Hashem en el mundo. De esta manera la persona accede a una vida buena y bendita.

12 – La formación de parejas («Shidujim»).

Nuestros sabios dijeron (Mishná Tratado de Ta´anit 26(B)) que «no hubo días más felices para el pueblo de Israel  como el quince de Av y Yom HaKipurim, en los cuales las muchachas de Jerusalém salían vestidas de blanco con vestidos prestados para no avergonzar a quienes no tenían… y las hijas de Jerusalém salían a bailar a los viñedos, ¿y qué decían?: ¡Joven! Presta atención a  lo que escoges, no pongas tu mirada en la belleza sino en la familia; ´la gracia es engañosa y vana la belleza, pero la mujer que teme al Eterno será alabada´ (Mishlei-Proverbios 31:30) y luego dice (ídem ídem 31) ´Dadle del fruto de sus manos y alábenla sus obras en las puertas de la ciudad´…»

Aparentemente cabe preguntarse ¿cómo es posible que en un día de ayuno sagrado y solemne la gente se dedicara a formar parejas? La respuesta radica en que el nexo matrimonial es sagrado, tal como dijeron nuestros sabios (Talmud babilonio Tratado de Sotá 17(A)) acerca de dos cónyuges que tuvieron el mérito de ser fieles el uno al otro de que la Divina Presencia reposa entre ellos. Mediante este vínculo se revela la Unicidad Divina en el mundo, por lo que Hashem ordenó que se borre Su Nombre si es con la finalidad de reconciliar al hombre con la mujer (ídem Tratado de Nedarim 66(B)). En este mismo sentido se expresó el Arí Z»l en cuanto a que el precepto de «Amarás a tu prójimo como a ti mismo» (Vaikrá 19:18) del cual dijo Rabí Akiva que se trata de la regla más importante de toda la Torá (Sifra ibidem), se cumple de forma completa en el seno de la pareja.

Esto y más, la conexión y el vínculo entre los cónyuges está relacionado a la conexión superior entre Hashem y el pueblo de Israel, tal como está escrito (Ieshaiahu- Isaías 62:5): «…así como el novio se regocija con la novia, así se regocijará D´s contigo». Sobre esto dijo Rabí Akiva: «No hubo día valioso como aquel en el que se entregó el Cantar de los Cantares, ya que todos los escritos (bíblicos) son santos y el Cantar de los Cantares es el Santo Sanctórum» (Tanjuma Tetzavé 5). Sabemos que los querubines que adornaban el arca del pacto en el Santo Sanctórum del Templo de Jerusalém tenían la forma de un hombre y  una mujer que cumplen con el precepto de ser una sola carne. Esto viene a enseñarnos que la santidad no limita la vida sino que la potencia. Cuando los judíos no cumplían con la voluntad de Hashem, los querubines se separaban y volteaban su vista hacia el recinto exterior del Templo (Talmud Babilonio Tratado de Baba Batra 99(A)).

Este era el fundamento de la costumbre de las muchachas y muchachos judíos de procurar pareja en Yom Kipur, haciendo derivar de  la unidad que impera ese día entre Hashem y el pueblo de Israel la conexión y el amor entre los novios para formar hogares sagrados en el pueblo de Israel. Las personas casadas deben también retornar en teshuvá en Yom Kipur por no haber amado y alegrado suficientemente a su pareja a lo largo del año. Si bien en este día los cónyuges deben abstenerse de cohabitar como en los días mensuales de separación o «nidá» (ver adelante 9:7), de todas maneras, en virtud de la santidad del día se unen más estrechamente a nivel de las almas. Esto lo aprendemos del Cohen Gadol (Sumo Sacerdote) que debía  apartarse de su mujer siete días antes de Yom Kipur, pero si no estaba casado no podía ejercer su cargo en ese día (adelante 10:4).

En la práctica, se acostumbraba  salir a bailar en los viñedos después que el chivo expiatorio era arrojado en Azazel ya que entonces los pecados del pueblo de Israel estaban expiados y la alegría era enorme. Esta práctica era posible en los días en que la Divina Presencia reposaba sobre el pueblo de Israel y el Templo unía Cielos y tierra. Empero desde que este se destruyó, se generó un distanciamiento entre cielo y tierra y si los jóvenes se van a dedicar a procurar pareja en Yom Kipur perderán el quid de la santidad del día.

De todas maneras, en este día sagrado es bueno rezar para acceder a una buena pareja, pues la santidad del día hace que la persona pueda encontrar su compañía verdadera. Muchas veces los malos atributos de la conducta, el orgullo y las bajas pasiones impiden a la persona encontrar su verdadera pareja. En Yom Kipur, al revelarse el alma en su pureza, la persona puede meditar y reflexionar certeramente respecto de sus aspiraciones en la vida y el tipo de compañía que mejor le va, con quien podrá cumplir la Torá y sus preceptos y conjuntamente incrementar la alegría en sus vidas.

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