04 – Yom Kipur y la expiación del mundo de acuerdo a las virtudes de Israel.

El día de Kipur tiene su fundamento en el pacto que contrajo Hashem con nuestros ancestros, Abraham, Itzjak y Yaakov, que se concretó mediante el precepto de la circuncisión, se fortaleció cuando Hashem sacó a los judíos de Egipto y fue sellado cuando Hashem entregó la Torá. De esta manera el mundo pudo continuar su existencia, tal como dijeron nuestros sabios (Talmud Babilonio Tratado de Shabat 88(A)): «En el inicio del mundo Hashem puso una condición a la Obra de la Creación y le dijo: si el pueblo de Israel acepta la Torá, tendréis derecho a existir, mas, si no la aceptan os devolveré al caos inicial» Esto se debe a que el objetivo último de la creación es que el pueblo de Israel revele en el mundo la palabra de Hashem, tal como está escrito (Isaías 43:21): «el pueblo que formé para Mí, para que pudiera hablar en Mi alabanza» y tal como enseñaron nuestros sabios (Vaikrá Rabá 36:4): «Los cielos y la tierra no fueron creados sino en mérito de Israel».

Este pacto se reveló al pueblo de Israel el día de Kipur, cuando Hashem los perdonó completamente por el pecado del becerro de oro, les entregó nuevamente la Torá mediante las segundas tablas y les ordenó construir un tabernáculo para que la Divina Presencia repose sobre ellos (Pirkéi DeRabí Eliezer 46, Tanjuma Terumá 8 y Ki Tisá 31).

Es necesario saber que la validez del pacto que estableció Hashem con el pueblo de Israel no depende de las acciones de este último sino del alma especial que el Eterno le concedió; un alma que en su raíz anhela la reparación del mundo mediante la manifestación de la Luz Divina. Por ello está escrito (Dvarim-Deuteronomio 7:6): «pues tú eres un pueblo santo (consagrado) para el Eterno tu Dios. El Eterno tu Dios te ha elegido por pueblo Suyo entre todos los pueblos que hay sobre la faz de la tierra». Además, está escrito (Salmos 135:4): «porque el Eterno escogió a Yaakov para sí, y a Israel por tesoro Suyo». Por lo tanto, aunque el pueblo de Israel peque reiterada e ilimitadamente, el pacto con Hashem no se verá alterado, tal como está escrito (Salmos 94:14): «Porque el Eterno no expulsará a Su pueblo ni abandonará a Su heredad». Además, en el libro primero de Samuel (12:22) leemos: «Por cuanto el Eterno no abandonará a Su pueblo por el honor de Su gran Nombre porque ha complacido al Eterno haceros un pueblo consagrado a Él»

Sin embargo, en caso de que el pueblo de Israel peque, su castigo será muy duro y cuanto más pequen peores serán las represalias, a los efectos de refinarlos re inducirlos al retorno. Empero, los judíos jamás podrán alterar o renunciar el pacto con Hashem. Tal como dice el profeta Ezequiel (20:32-37): «y no será lo que tenéis en vuestra mente cuando decís: Nosotros seremos como las demás naciones, como las familias de otros países, que adoran el árbol y la piedra. Vivo Yo, dice D´s, el Eterno, que de seguro con mano fuerte y brazo extendido y con ira derramada he de ser Rey sobre vosotros y Yo os sacaré de en medio de los pueblos y os recogeré de los países donde estáis esparcidos con mano fuerte y brazo extendido y con ira derramada, y os llevaré al desierto de los pueblos, y allí os juzgaré cara a cara… Y haré que paséis bajo la vara del castigo y os traeré a la tradición del pacto»

Normalmente el mundo se maneja de acuerdo a las reglas del juicio ya que así lo dispuso Hashem cuando creó el universo. En caso de escogerse el bien este abundará, y en caso de escogerse el mal el bien se verá disminuido y proliferarán los infortunios. Aparentemente, según esta regla, en caso de abundar los pecados más allá de cierto límite el mundo se vería destruido. Empero en Yom Kipur se abren los portones del cielo y se revela la Providencia Divina superior y las trasgresiones de Israel son perdonadas en su misma raíz; y en mérito a ello el mundo sigue existiendo y avanzando hacia su redención final. De todas maneras, los principios de la Justicia Divina siguen vigentes y por cada pecado que no fue reparado y por el cual no se retornó en teshuvá sobrevendrá un castigo; y en caso de proliferar las malas acciones si bien los castigos pueden tornarse insoportables, corregirán y depurarán al pueblo de Israel. Esto es lo que explican la Torá, los libros de los profetas y las enseñanzas de los sabios en cuanto a que aun si el pueblo judío no retorna en teshuvá, la redención prometida a nuestros ancestros y a nosotros igualmente sobrevendrá. La elección que está en nuestras manos es si la redención habrá de llegar rápida y con felicidad o, D´s no lo permita, mediante un largo y difícil derrotero, terrible y lleno de aflicción.

Todos los rezos y confesiones de Yom Kipur son recitados en plural pues están orientados a cuestiones generales y colectivas, y en ellos pedimos a Hashem que perdone nuestros pecados y nos acerque a Su servicio, que revele Su Divina Presencia sobre nosotros para que podamos descubrir Su gloria y Su camino en el mundo; y de esta manera la bendición podrá abundar  en el universo para todo el pueblo de Israel en general, y a cada judío en particular así como a todos los seres humanos.

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