11 – El Yovel (jubileo), el retorno y la libertad.

Mediante el retorno la persona se libera de las cadenas que lo atrapan y su alma puede revelarse libremente, pues la teshuvá es la aspiración a la Libertad Divina en la que no interfiere servidumbre alguna (Orot Hateshuvá 5:5, 7:4).

Lo común en este mundo es que la persona se vea impulsada por sus malas inclinaciones, apetitos y vanidad, enojos y envidias, holgazanería y búsqueda desmedida de honores, pues todos estos le ofrecen satisfacciones inmediatas. Una vez que la persona comienza a verse atraída por estos vicios se vuelve un siervo de los mismos. Si bien interiormente la persona todavía anhela la verdad y el bien, le cuesta mucho llevarlos a la práctica pues ya se entregó a la complacencia de sus instintos y su alma se ve afligida y amarrada a sus cadenas.

Mediante el retorno, la persona se libera y revela su verdadera voluntad. Su alma se ve liberada de las amarras de los instintos y comienza a iluminar su camino de modo tal que su vida se ve fortalecida. Sobre esto dijeron nuestros sabios (Mishná Tratado de Avot 6:2): «No hay persona libre sino aquella que se dedica a la Torá». Esto se debe a que la Torá guía a la persona por la senda de la verdad y el bien, para, por su intermedio, poder concretar sus buenas aspiraciones, aquellos Ideales Divinos que su alma anhela.

Por esta razón, Yom Kipur es también el día de la libertad, y esto lo aprendemos del precepto del jubileo («Yovel»). Es común que en virtud de la holgazanería, las pasiones físicas u otro tipo de contratiempos las personas se ven a veces en la necesidad de vender sus campos y hasta a sí mismos en servidumbre. La Torá enseña a las personas a ser trabajadoras y no dejarse arrastrar por sus instintos y contraer deudas. Sin embargo, hay personas cuyas pasiones los llevan a hipotecar el futuro en pos de un presente pasajero, hasta que al final deben vender sus campos y deben transformarse en siervos. Hashem tiene  piedad de estas personas  y especialmente de sus familias, por lo que nos ordenó el precepto del jubileo en el año cincuenta, en el marco del cual los siervos son liberados y los campos retornan a sus dueños originales. Tal como está escrito (Vaikrá- Levítico 25:8-13): «Y contarás siete sábados de años, o sea siete veces siete años, cuarenta y nueve años en total. Y el día diez del séptimo mes (del año quincuagésimo), Día de la Expiación, harás resonar la trompeta en toda vuestra tierra. Y santificareis el año quincuagésimo  y proclamareis en toda la tierra la libertad de todos sus habitantes y devolveréis a cada hombre lo que le pertenece y devolveréis cada hombre a su familia…Y ese año del jubileo devolveréis a cada cual a su posesión».

El día que la Torá estipuló que se liberen los siervos y los campos retornen a sus dueños originales es Yom Kipur, tal como está escrito (ídem 25:9): » Y el día diez del séptimo mes (del año quincuagésimo), día de la expiación, harás resonar la trompeta en toda vuestra tierra». Según Rambám (Hiljot Shmitá Veyovel 10:14): «Desde Rosh Hashaná hasta Yom Kipur los siervos no  volvían aun a sus casas pero ya no estaban sometidos a sus amos y los campos no retornaban a sus dueños originales sino que los siervos comían y bebían alegremente con coronas sobre sus cabezas. Cuando llegaba Yom Kipur, el Supremo Tribunal tocaba el Shofar y los siervos volvían a sus casas y las tierras a sus dueños originales».

En recuerdo del toque de Shofar del año del jubileo, se acostumbra hoy a tocarlo al concluir el día de Kipur (Rav Hai Gaón). Esto se debe a que en cada Yom Kipur el pueblo de Israel accede a una liberación similar a la del jubileo. La liberación de las amarras de los malos instintos se asemeja a la de los siervos que salen en libertad, el retorno del cuerpo al ámbito del alma se asemeja al retorno de los campos a sus dueños originales. Cuando la persona se ve arrastrada por sus bajas pasiones, el cuerpo se desconecta del alma y se somete a los instintos extraños y cede sus energías a fuerzas ajenas mediante la trasgresión. Mediante el retorno de Yom Kipur, el cuerpo retorna al alma para alegrarse junto a esta mediante la alegría por el cumplimiento de los preceptos y revela la presencia de Hashem en el mundo. De esta manera la persona accede a una vida buena y bendita.

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