06 – El significado del ayuno.

Es preceptivo ayunar en Yom Kipur, y este ayuno está asociado a la expiación de los pecados, tal como está escrito (Vaikrá 16:29-30): «Y esta será ley eterna para vosotros: el día diez del mes séptimo afligiréis vuestras almas y no haréis labor alguna, ni el nativo ni el extranjero que morare entre vosotros, por cuanto en ese día hará expiación por vosotros para purificaros de todos vuestros pecados, delante del Eterno os habréis de purificar». Aparentemente, cabe preguntarse si la Torá quiso establecer para nosotros un día de teshuvá y expiación por los pecados, ¿no habría sido mejor que comiésemos y bebiésemos un poco para que estemos perfectamente lúcidos y podamos concentrarnos como corresponde para rezar y retornar en teshuvá?

Ocurre que por intermedio del ayuno se revela algo mucho más profundo. Todo el año el alma está recubierta de una capa material, de las distintas pasiones corporales que llevan a la persona a olvidar su verdadera aspiración interior y a pecar. Hashem nos ordenó ayunar en Yom Kipur para que nuestra alma pueda liberarse un poco de los lazos del cuerpo y la materia, y de esta  manera todas las aspiraciones buenas y verdaderas puedan manifestarse. En virtud de nuestra conexión superior con la raíz de nuestra alma, las malas acciones se separan de nosotros y son arrojadas al Azazel (Derej Hashem IV 8:5).

Si bien en virtud del ayuno y las demás aflicciones nos cuesta concentrarnos como en los demás días, una noción profunda se aclara paulatinamente en nuestra consciencia, y es que nuestro verdadero deseo es apegarnos a Hashem y reparar el mundo a la luz de las enseñanzas de la Torá y conforme a sus directivas. De esta manera retornamos en teshuvá completa, cada quien según su nivel.

Por lo tanto, quien necesita permanecer acostado en su cama a los efectos de poder continuar con el ayuno no debe desanimarse, ya que logró asimilar el fundamento central del día de Kipur. Y mientras está recostado puede meditar en pensamientos positivos como, por ejemplo, aumentar el estudio de Torá, cumplir con los preceptos o formar una familia. Además, es necesario saber que el ayuno funge como un sacrificio. En los días en que el Templo de Jerusalém estaba en pie, al ofrendar la persona un sacrificio animal, la sangre y el sebo quemados expiaban por ella. En Yom Kipur, por medio del ayuno, los hijos de Israel ofrendan   simbólicamente su propia sangre y su propio sebo y Hashem expía sus inconductas. Por esta razón, en Yom Kipur cada judío debe verse a sí mismo como si se ofrendara en sacrificio sobre el altar y su sebo y su sangre al disminuir expían por él. Al elevarse hacia D´s el aroma de la ofrenda, la persona se eleva hasta el más alto de los niveles, en el cual no hay percepción intelectual alguna, sólo voluntad y certeza de hacer la Voluntad de nuestro Padre Celestial (ver Talmud Babilonio Tratado de Berajot 17(A), Recanati a Vaikrá16:29, Zohar Rut 80:1).

En cierta forma, el Shabat es más sagrado que Yom Kipur pues el castigo por realizar una labor prohibida el séptimo día es lapidación, mientras que el castigo por la misma acción en Yom Kipur es «caret» o «muerte a manos del Cielo». Esta diferencia se manifiesta asimismo en el número de personas que son llamadas a subir a la lectura de la Torá; en Shabat suben siete y en Kipur seis (Talmud Babilonio Tratado de Meguilá 22(B)). Esto obedece a que Shabat une el alma con el cuerpo y manifiesta la santidad de ambos. Por otra parte, desde el punto de vista de la elevación espiritual, Kipur es superior a Shabat ya que en este día se cesa de toda acción mundana incluidas la comida, la bebida y las demás restricciones. En virtud de este excelso nivel espiritual los portones celestiales se abren y el Cohen Gadol (Sumo Sacerdote) puede ingresar al Kodesh Kodashim (Sancto Sanctorum) y expiar al pueblo de Israel.

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