Zmanim (Tiempos)

9 – Una familia que se hospeda en Januca.

Una familia que viaja a visitar amigos cercanos o a miembros de su familia y a la hora del encendido de las velas están todavía en lo de sus huéspedes, aunque cenen allí no se considera que es su casa y por lo tanto no cumplen con el precepto. En ese caso, si es posible, es bueno que un miembro de la familia visitante, a la hora de la salida de las estrellas, vuelva a la casa y encienda la “janukiá” y de esa manera haga cumplir con el precepto a todo el núcleo familiar. Asimismo, los huéspedes que se quedaron, deben poner atención en observar las velas y en escuchar el recitado de las bendiciones de sus anfitriones, para así participar del precepto de agradecer a Dios por el milagro. En caso de que los visitantes estén lejos de su hogar y no sea factible mandar a un miembro de la familia a encender las luminarias, deberán hacerlo al regresar, recitando las bendiciones, y si quieren comer en lo de sus anfitriones, deberán ponerse de acuerdo que cada quien le recordará al otro encender las velas cuando regresen.

Si los huéspedes tienen la intención de cenar y quedarse a dormir en lo de sus anfitriones, la casa donde se hospedan se transforma en la suya propia a los efectos del encendido de las velas de ese día, y por lo tanto cumplen con el precepto con el encendido del dueño de casa. En ese caso es importante que intenten participar del precepto, aunque sea colaborando con unos centavos para la compra de las velas o que el anfitrión les regale parte de la vela haciendo el huésped posesión del presente, al tomar la vela en cuestión en sus manos y elevarla.

Según la tradición ashkenazi, para cumplir el precepto en su mayor grado de excelencia, se acostumbra que cada miembro de la familia encienda velas y recite las bendiciones, por lo que el huésped habrá de encender su propia “janukiá” y recitará las bendiciones.

Si los huéspedes recibieron de sus anfitriones un apartamento separado donde pernoctar, según todas las tradiciones, allí es donde deben encender velas y recitar las bendiciones. En ese caso, deberán poner atención en encenderlas en un sitio que los transeúntes las puedan divisar, para así publicitar el milagro.

10 – Una familia que se hospeda en Shabat.

Una familia que se hospeda todo el Shabat, de manera tal que su casa pasa a ser la de su anfitrión,en víspera de Shabat le da unas monedas a los dueños de casa para así participar del precepto del encendido, cumpliendo así con su deber. Según la tradición ashkenazi es preferible que los huéspedes enciendan velas y reciten las bendiciones, y si recibieron un apartamento separado en el cual pernoctar, según toda las tradiciones, allí es donde deberán de hacerlo.

Si el sábado por la noche tienen la intención de regresar de inmediato a su hogar, es mejor que las enciendan allí. En caso de que los huéspedes planeen volver más tarde, a una hora en la que ya no hay transeúntes por la vía pública, es mejor que cumplan con el precepto en lo de sus anfitriones, de la misma manera que lo hicieron el día viernes. En caso de que se regresen a una hora intermedia, ni de inmediato ni muy tarde en la noche, pueden decidir dónde prefieren encender las velas, puesto que desde la perspectiva del día anterior, pueden hacerlo en lo de sus anfitriones y desde la perspectiva de dónde habrán de pernoctar esa noche, pueden hacerlo en su propio hogar, por lo que tienen la posibilidad de escoger.

11 – Una persona casada que no está en su hogar.

Un hombre casado que viajó solo en los días de Januca y se hospeda en lo de amigos o familiares, cumple con su deber mediante el encendido de su esposa, que se quedó en la casa. Si bien cumple con el encendido de su mujer, hay quienes opinan que no cumple con los preceptos de publicitar el milagro y contemplar las velas, por lo que debe escuchar el recitado de las bendiciones y ver las velas en lo de sus anfitriones o en la sinagoga, para participar del agradecimiento por el milagro (ver arriba capítulo 12 inciso 6).

Según la tradición ashkenazí si el viajero en cuestión quiere encender velas puede hacerlo incluso con recitado de bendiciones y es bueno que intente hacerlo antes que su mujer las encienda en su casa. Según la tradición sefaradí el viajero no habrá de encender.

Si el viajero se hospeda en un apartamento vacío o en una habitación de hotel, a pesar de que su esposa enciende en la casa, él mismo deberá encender velas donde pernocta. En este caso, según la tradición ashkenazí encenderá recitando las bendiciones mientras que según la tradición sefaradí, si se encuentra en el país encenderá las luminarias sin recitar las bendiciones mientras que si está en el exterior habrá de recitarlas.

En el caso de un soldado casado que está en su servicio de reservista no necesita encender velas pues su esposa lo hace por los dos en la casa y deberá escuchar el recitado de las bendiciones de boca del soldado que está encendiendo las velas. Si en el campamento militar no hay quien encienda velas, que lo haga él mismo. Si en la base militar no hay quien encienda velas deberá hacerlo en el comedor recitando las bendiciones pues aunque se conduzca según la tradición sefaradí es mitzvá encenderlas para el resto de los soldados que son solteros. En caso de que todos los soldados sean casados y observantes por lo que en sus respectivos hogares se encienden velas para ellos, si llegan a ser diez en número habrán de encender y recitar las bendiciones en la sinagoga.

Lo que vimos anteriormente que el casado cumple con el encendido de su mujer, es a condición que ella se quede en la casa y no se esté hospedando en otro sitio, pero si ella por ejemplo, está pernoctando en la casa de sus padres, la obligación del encendido vuelve a recaer sobre el marido y en ese caso según todas las tradiciones debe encender velas allí donde esté recitando las bendiciones.

Asimismo en el caso de una mujer que viajó, cumple con su deber mediante el encendido de su marido en la casa y deberá procurar estar presente durante el encendido en la casa de sus anfitriones. En caso de que pernocte sola en un hotel habrá de encender velas ella misma, según la tradición ashkenazi recitará las bendiciones y según la tradición sefaradí no habrá de hacerlo.

12 – Solteros independizados.

En términos generales sobre los solteros independizados recaen las mismas reglas que sobre las familias constituidas (ver arriba inciso 9). Por lo tanto, muchachos o chicas que viven en sus propias casas, tanto sean estas propias o alquiladas, deben encender allí las velas. Si están de visita en casas de amigos o familiares a la hora del encendido de velas y no pernoctarán allí, deberán encender velas al regresar a sus casas (ver arriba incisos 6-8 cuándo es el horario de encendido de velas a priori y a posteriori).

En caso de que un soltero independizado se hospede por la noche en casa ajena, deberá darles unos centavos («prutá») a sus anfitriones o éstos habrán de adjudicarle parte de la vela para cumplir con el precepto del encendido. Según la tradición ashkenazi, es bueno que encienda sus propias velas recitando las bendiciones, para así cumplir con dos grados de excelencia («mehadrín min hamehadrín»). En el caso de que los anfitriones lo hospeden en un apartamento separado, según todas las tradiciones allí es donde deberán encender velas.

13- Estudiantes de Yeshivá, soldados y estudiantes universitarios.

Los estudiantes de Yeshivá que pernoctan en sus habitaciones y comen en el comedor de la institución, deben encender velas en sus habitaciones, pues allí pasan más tiempo y es su espacio particular. En el caso de que en sus habitaciones haya una ventana que da a la vía pública, deberán encender las velas allí para publicitar el milagro. En caso contrario, deberán encender en la habitación y de ser posible del lado izquierdo de la puerta, para que así queden la mezuzá del lado derecho y la “janukiá” del lado izquierdo.

Respecto de la tradición sefaradí, en esta circunstancia se nos presenta una pregunta interesante, ya que para esta costumbre quien enciende es el mayor de la casa y mediante su encendido hace cumplir a todos los demás. En el caso del estudiante de Yeshivá, muchos juristas entienden que si bien el muchacho vive en la institución, su hogar es la casa de sus padres y ahí es donde siempre regresa e incluso cuando se enferma convalece en la casa de sus padres, por lo que cumple el precepto mediante el encendido de su padre en el hogar aunque no esté presente.

Por otra parte, hay quienes opinan que por cuanto que el estudiante reside en la Yeshivá la mayor parte del año, se le puede considerar como un soltero independizado que tiene residencia propia y por lo tanto debe encender velas y recitar las bendiciones. Según la tradición sefaradí, un compañero de la habitación debe encender por todos y es menester que los demás sean partícipes o mediante dinero para adquisición de las velas o mediante la apropiación simbólica («kinián»), que implica tomar la “janukiá” con las manos y elevarla (en público) para luego devolverla a su sitio.

La normativa vigente para el estudiante de Yeshivá, es la misma que se aplica para soldados o estudiantes universitarios. Según la tradición ashkenazí y parte de la sefaradí, deben encender velas y recitar las bendiciones en sus habitaciones. Según la tradición de muchos de los sefaradim, los soldados o estudiantes universitarios pueden cumplir mediante el encendido de sus padres en el hogar, y si allí no hay quien encienda, pueden encender en sus habitaciones sin recitar la bendición.

La misma regla se aplica para las chicas que estudian en una midrashá, college o universidad y viven en los dormitorios estudiantiles o en apartamentos alquilados. Según la costumbre ashkenazí y parte de las comunidades sefaradíes deberán encender velas y recitar las bendiciones, mientras que según la tradición de muchos de los sefaradíes cumplen mediante el encendido en la casa de sus padres. En caso de que en casa de sus padres no haya quien encienda habrán de hacerlo ellas mismas sin recitar las bendiciones.

14 – En el hotel.

Quienes se hospedan en un hotel deben encender allí velas de Januca. Repasemos brevemente lo que vimos en incisos anteriores: si se trata de una familia o de un soltero independiente deben encender y recitar las bendiciones. Si tienen un cónyuge que enciende en la casa o si la pareja se halla en lo de sus padres, que encienden en su casa, según la tradición Sefaradí han de encender sin recitar las bendiciones y según la tradición ashkenazí habrán de recitarlas.

Lo correcto es encender las velas en la habitación del hotel porque es su sitio particular, comparado con el comedor del hotel que es un espacio público. Si en la habitación hay una ventana que da a la vía pública corresponde encenderla ahí. Una vez encendidas las velas es menester quedarse por media hora en la habitación y si luego se quiere salir se deben apagar para evitar un incendio. En el caso que los dueños del hotel no permitan encender velas en la habitación se pueden encender en el salón comedor.

15- Pacientes en el hospital.

Pacientes internados en el hospital deben encender velas. Si están casados, cumplen mediante el encendido del cónyuge en el hogar. Si son jóvenes y viven en lo de sus padres, cumplen mediante el encendido de sus padres en la casa.

Según la tradición ashkenazí, si bien los pacientes quedan eximidos con el encendido de sus familiares en la casa, si quieren cumplir con mayor excelencia pueden encender velas y recitar las bendiciones (tal como se vio en el inciso 11). Según la tradición mayoritaria de los sefaradim los pacientes no deben encender (ver arriba capítulo 12 inciso 3).

Quienes encienden en el hospital, es mejor que lo hagan en su habitación que es su sitio particular, y si encienden en el comedor, cumplen con el precepto, pues a éste se lo puede considerar como parte de su hogar durante los días de estancia en el nosocomio.

De todas maneras, también pacientes exentos de la necesidad de encender velas en el hospital, pues cumplen mediante el encendido de la familia en la casa, deben intentar ver las velas encendidas y escuchar el recitado de las bendiciones durante el encendido. Esto se debe a que hay quienes opinan que si bien cumplen con el precepto del encendido mediante sus parientes en el hogar, de todas maneras no cumplen con el precepto del agradecimiento por el milagro (ver arriba capítulo 12 inciso 6). Por lo tanto deben procurar a alguien que deba encender y recitar las bendiciones, o un ashkenazí que enciende y recita bendiciones para así escucharlas. En este caso, el paciente debe poner intención de cumplir con el deber del agradecimiento, escuchando la bendición de «Al Hanisim» (por los milagros) y en la primera noche de Januca, también con la bendición de «Shehejeianu».

16 – En el campo o en un medio de transporte.

Los juristas debatieron respecto de si el encendido de las velas de Januca, está o no ligado al hogar. Hay quienes opinan que el decreto rabínico original establece que, quien tiene una casa, debe encender las velas de Januca, mientras que quien habita en la calle, no lo debe hacer. Así también, en el caso de salir de paseo y dormir en campo abierto, o un soldado que pernocta en una pequeña tienda de campaña inferior al tamaño mínimo de un hogar, que es dos metros por dos metros, no pueden cumplir con el precepto. Otros opinan que también quien carece de casa, debe encender velas allí donde esté.

Dado que esta duda ha perdurado, quien carece de casa debe encender sin recitar las bendiciones. Por ejemplo, quien sale en Januca a un paseo campestre o un soldado que duerme en una trinchera o una pequeña tienda, habrá de encender sin recitar la bendición. En cambio, un paseante o un soldado que duermen en una tienda de campaña grande, por cuanto que por sus dimensiones la tienda adquiere el carácter de casa, deben encender velas a la entrada de la misma recitando las bendiciones.

Quienes viajan durante toda la noche en avión, tren o barco, que tienen compartimentos individuales o camarotes, si bien están en movimiento, deben encender allí las velas y recitar las bendiciones, pues estos espacios se consideran su hogar a los efectos del precepto. Sin embargo, a veces por cuestiones de seguridad, no se permite encender velas y si se le da autorización a un viajante a encender la “janukiá”, con ese encendido cumplen todos los demás.

1- Cuando comienza el mes de Adar aumenta la alegría

Dijeron nuestros sabios (Talmud Babilonio Tratado de Ta´anit 29(A)): «Cuando comienza el mes de Av disminuye la alegría», mientras que «Cuando comienza el mes de Adar aumenta la alegría». Con esto, nos enseñaron nuestros sabios que no hay casualidades en el mundo, y que  cada tiempo tiene sus propias características. Si la destrucción del primer y segundo Templo acaeció el 9 de Av, se trata de una señal en cuanto a que los inicios del mes de Av están más propensos a eventualidades desgraciadas. Por otra parte, el hecho de que el milagro de la salvación de Purim haya acontecido a mitad del mes de Adar, indica que este mes encierra el potencial de transformación de lo negativo en positivo. Usualmente, la alegría surge a causa de las cosas buenas que hay en el mundo, empero ésta no es completa, en virtud de que en el mundo junto a ese bien, coexisten el mal y el dolor. Sin embargo, una vez que el mal se da un vuelco y se transforma en bien, la alegría se torna intensa y completa. Esto es lo que aconteció en el caso de Purim, cuando Dios transformó el mal en bien salvando así al Pueblo de Israel. De aquí aprendemos que todo lo que hay en el mundo, incluido el mal, llegado el día se transformará para bien. Así, cuanto mayor sea nuestro apego y confianza en la Torá, acercaremos más la redención, el mal se transformará en bien y abundará la alegría en el mundo. Dado que el mes de Adar posee el potencial de transformación de lo negativo en positivo, al iniciarse, aumenta la alegría.

Asimismo, nuestros sabios recomendaron (Tratado de Ta´anit 29(B)), que un judío que tiene un pleito judicial con un no judío, procure evitarlo en el mes de Av porque en ese mes su suerte no es favorable, y busque la manera de pasar la sesión de tribunales para el mes de Adar, que es cuando la fortuna de Israel prevalece.

2 – Las cuatro porciones de lectura de la Torá

Nuestros sabios dispusieron que leamos cuatro porciones de la Torá, a saber: «Shkalim» (Siclos), «Zajor» (Recuerda), «Pará» (Vaca Roja) y «Hajodesh» (El mes). Estas son leídas durante los sábados del mes de Adar mientras que la primera específicamente suele leerse el sábado previo al inicio de este mes (Adar).

En los sábados en cuestión, se retiran del arca de la sinagoga dos rollos de la Torá, en el primer Rollo se lee la porción semanal y siete personas son invitadas a esa lectura, mientras que en el segundo Rollo se lee a modo de «Maftir» (pasaje previo a la Haftará), una de las cuatro porciones ante mencionadas. Dado que la Haftará o pasaje de los profetas que se lee, debe estar relacionada temáticamente con el pasaje de la Torá que leyó el «Maftir«, en estos cuatro sábados el tema de la lectura de los profetas, está vinculado al de la porción especial de ese sábado, que se leyó en el segundo Sefer Torá y no a la porción semanal que se leyó en el primero.

En el primero de los cuatro sábados, se lee la porción de “Shekalím” (Números 28:9-15). Esta lectura fue establecida a los efectos de recordar a la grey, el aporte o donación del medio siclo de plata anual, destinado a la adquisición de los animales necesarios para las ofrendas públicas, que tenían lugar en el Templo de Jerusalém. Dado que a partir del mes de Nisán la compra de animales debía efectuarse de los nuevos aportes, se dispuso la lectura de esta porción un mes antes, a fin de recordarle al público que traiga su donativo en fecha. Si bien hoy en día el Templo está destruido y no tenemos el mérito de efectuar en él ofrendas, leemos la porción de «Shkalim» como forma de preservar su recuerdo (ver Mishná Berurá 685:1, Mikraei Kodesh 3).

La segunda porción es la de «Zajor» (Deuteronomio 25:17-9). Al leerla cumplimos con el precepto de la Torá, de recordar lo que nos infligió el pueblo de Amalek. Nuestros sabios dispusieron leer este pasaje previo a Purim, pues en esta fiesta celebramos el cumplimiento del precepto de eliminar al malvado Hamán, quien era de descendencia amalecita.

La tercera porción es la de «Pará» (Números 19:1-22), en la que aprendemos el método de purificación de toda impureza, lo que habría de permitir ingresar al sagrado recinto del Santuario y elevar sacrificios. Nuestros sabios dispusieron que este pasaje se lea próximo al inicio del mes de Nisán, para que nos purifiquemos y preparemos para ofrendar el sacrificio de Pesaj. Si bien hoy no tenemos el Templo en pie, leemos esta porción para preservar su recuerdo.

La cuarta porción es la de «Hajodesh» (Éxodo 12:1-20), en la que se recuerdan los temas de la consagración del novilunio y leyes relativas a Pesaj. Esta porción se debe leer en vísperas del inicio del mes de Nisán, pues este es el primero del conteo de los meses del año y además, al leerla, estimula e incentiva nuestra preparación para cumplir con la fiesta de Pesaj y sus distintos preceptos.

Cuando Rosh Jodesh (el novilunio de) Adar o Nisán cae en Shabat, se retiran del arca de la sinagoga tres rollos de la Torá, en el primero se lee la porción de la semana, en el segundo se lee respecto de las leyes del novilunio (lectura especial de Rosh Jodesh) y en el tercero la porción especial, «Shkalim» en el novilunio de Adar y «Hajodesh» en el novilunio de Nisán.

Según la mayoría de los juristas, la lectura de «Zajor» es un precepto de la Torá y por lo tanto requiere de mayor esmero que las otras tres (tal como veremos más adelante en el inciso 6). Hay quienes opinan que también la lectura de la porción de «Pará» es precepto de la Torá, por lo que su lectura es también llevada a cabo con mayor meticulosidad.

3 – Año embolismal y primer mes de Adar

Es sabido que los meses se renuevan concorde el ciclo de la luna, mientras que los años dependen de las estaciones que están relacionadas al ciclo del sol, ya que la fiesta de Pesaj debe caer siempre en la primavera, tal como está escrito (Deuteronomio 16:1): «Guardarás el mes de Aviv (Primavera / Nisán) y celebrarás la Pascua (Pesaj) al Eterno, porque en el mes de Aviv el Eterno te sacó de Egipto de noche». Para acompasar los meses con el ciclo del año solar, es necesario, en determinados tiempos, agregar un treceavo mes. El que se habrá de “agregar” en un año embolismal, es el de Adar y de esa manera se pospone el inicio del mes de Nisán, para que caiga en la primavera. En el pasado, el tribunal (Bet Din) decidía si agregaba o no un treceavo mes en conformidad con la situación de la agricultura y el calendario, mientras que hoy día que carecemos de tribunal, nuestros sabios establecieron un ciclo fijo de diecinueve años en el cual doce son años corrientes y siete embolismales.

En un año embolismal se celebra la fiesta de Purim y se leen las cuatro porciones en el segundo mes de Adar. En el caso de Purim, para que la salvación de los días de Mordejai y Esther sea contigua a la salvación de la salida de Egipto. En el caso de las cuatro porciones, se leen en el segundo mes de Adar, puesto que la lectura de las porciones de «Shkalim«, «Pará» y «Hajodesh«, fue dispuesta como preparación de cara al mes de Nisán. En el caso de la lectura de la porción de «Zajor«, ésta debe ser contigua a la fiesta de Purim, que es en el segundo mes de Adar (ver Tratado de Meguilá 6(B)).

Sin embargo, el primer mes de Adar también posee un determinado carácter festivo,  por lo que se prohíbe ayunar, recitar sermones fúnebres o «Tajanún» los días catorce y quince de este mes. Además, es bueno comer en abundancia el día catorce del primer mes de Adar, que se denomina «Purim Katán (Purim menor)» (Shulján Aruj Ramá 697:1).

Asimismo, la máxima de nuestros sabios «Cuando comienza el mes de Adar aumenta la alegría» aplica también al primer mes de Adar[1] (la fecha de Bar mitzvá o Aniversario de fallecimiento se aclaran en la nota al pie de página).



[1] Bar Mitzvá: Dado que el segundo mes de Adar es el principal, quien nace en un año normal en el mes de Adar y cumple trece en un año embolismal su Bar Mitzvá se celebrará en el segundo mes de Adar. Si nació en año embolismal en el primer mes de Adar y cumple trece en año embolismal celebrará la Bar Mitzvá en el primer mes de Adar.

Aniversario de fallecimiento (Yortzait) que cae en Adar, según la tradición Sefaradí en año embolismal, se recuerda el aniversario en el segundo mes de Adar. Según la tradición Ashkenazí se efectúa el recordatorio en el primer mes de Adar, para no posponer el cumplimiento del precepto. Algunos Ashkenazim recuerdan a los muertos dos veces en los dos meses (Shulján Aruj Ramá 558:7, Mishná Berurá 41).

4 – Tres preceptos vinculados a la eliminación de Amalek

Hay tres preceptos en la Torá que se ocupan de Amalek. El primero se trata de un precepto positivo de recordar lo que nos infligió Amalek, tal como está escrito (Deuteronomio 25:17):» Recuerda lo que te hizo Amalek en el camino, a la salida de Egipto». El segundo es un precepto restrictivo de no olvidar lo que nos infligió tal como está escrito (ídem versículo 19): «No lo olvides». El tercer precepto  es positivo, y se trata de eliminar del mundo la simiente de Amalek, tal como está escrito (ídem ídem): “Y será que al conceder reposo el Eterno tu D’s, a ti, de todos tus enemigos de en derredor, en la tierra que HaShem tu D’s., te concede a ti por heredad para poseerla: habrás de borrar la mención de Amalek de bajo los cielos”.

Amalek expresa la raíz u origen del mal en el mundo, y es quien inició con la fobia a los judíos en el orbe. El Pueblo de Israel tiene un complejo enfrentamiento con el mundo. El mensaje tanto ideal como de fe que el Eterno destinó para ser difundido por el Pueblo de Israel, genera fuertes antagonismos en el seno de los malvados del mundo entero, y los incita a declararnos la guerra.  Ningún pueblo en la historia universal ha sido perseguido como el judío, desde la destrucción del Templo vía las cruzadas, la inquisición, las matanzas de 1648-1649 hasta el terrible Holocausto durante la Segunda Guerra Mundial. Todos estos eventos fueron propiciados por Amalek.

Ni bien salimos de Egipto y antes de que tuviéramos la oportunidad de organizarnos, sin razón alguna vino Amalek y nos atacó. ¿Y a quién atacó? A los esclavos recientemente libertos tras una prolongada esclavitud a mano de los egipcios. Amalek es un pueblo que expresa, en su mera existencia, el odio al Pueblo de Israel y por lo tanto a su Torá y a la idea ético monoteísta de mejorar el mundo mediante la generosidad y la verdad. Esta es la razón por la que a este respecto está escrito (Éxodo 17:16): “Dijo: Pues la Mano se alza en juramento sobre el trono de D’s: Guerra tendrá el Eterno contra Amalek, de generación en generación”. Este versículo es comentado por Rashi quien sostiene que «Dios juró que ni Su Nombre ni Su trono estarán completos hasta que sea borrado enteramente el nombre de Amalek».

Un judío es misericorde y generoso por naturaleza, e inclusive diferentes preceptos de la Torá lo educan en ese sentido. El judío naturalmente tendería a perdonar a Amalek, empero la Torá le ordena recordar sus actos y eliminarlo. De esta manera recordaremos que existe el mal en el mundo y que es necesario luchar contra éste hasta el final sin concesiones. Solo después podremos mejorar el mundo.

5 – El precepto de eliminar a Amalek

Básicamente, el precepto de eliminar a Amalek, recae sobre el Pueblo de Israel. Nuestros sabios dijeron que hay tres preceptos, que la generalidad de la nación debe cumplir al ingresar a la tierra de Israel: primeramente coronar un rey, luego eliminar a la descendencia de Amalek y seguidamente construir el sagrado Templo (Tratado de Sanhedrín 20(B)).

Efectivamente, una vez que el Pueblo de Israel  se organizó en su tierra, nombraron al rey Saúl y su reino se consolidó. Entonces vino el profeta Samuel y le dijo a Saúl (Libro primero de Samuel 16:1-3):»El Eterno me mandó que te ungiera para ser rey sobre Su pueblo, sobre Israel. Por tanto, escucha ahora la voz de las palabras del Eterno. Así dice el Eterno de los ejércitos: «Me acuerdo de lo que Amalek hizo a Israel, cómo se interpuso en el camino cuando (Israel) salió de Egipto». Ahora ve y hiere de muerte a Amalek, y destruye completamente todo lo que posean sin dejar nada. Eliminarás tanto a hombre como a mujer, a niño como lactante, a buey y oveja, camello y asno».

Empero el rey Saúl no cumplió cabalmente con lo que el profeta le ordenara, y se apiadó de la vida de Agag rey de Amalek, así como de lo mejor de su ganado y rebaños. A raíz de esto el reino pasó a David. Sin embargo el daño que ya había sido provocado, fue nefasto. Por causa de la piedad de Saúl, quedaron muchos amalecitas con vida y continuaron acosando al Pueblo de Israel. Algunos años más tarde, un contingente de amalecitas atacó a la localidad de Tziklag, que era donde las familias de David y sus soldados habitaban, quemó la ciudad y se llevó como prisioneros a las mujeres y los niños. Por obra de la Divina Providencia, David y sus hombres pudieron liberar a los secuestrados y vencer al contingente amalecita, pero por cuanto que David no era aún el rey y no disponía de un ejército regular, no pudo concluir la labor y unos cuatrocientos jóvenes amalecitas montados en sus camellos lograron darse a la fuga (Libro Primero de Samuel 30). A la postre resultó que otros grupos amalecitas, diseminados por el país quedaron con vida. Una vez que David fue formalmente coronado, si bien luchó contra éstos, no logró eliminarlos pues se encontraban muy dispersos. Nuestros sabios nos relatan que, desde el momento en que Saúl se demoró en ejecutar a Agag rey de Amalek, su estirpe continuó y años más tarde nacería Hamán el Hagaguita, quien quiso matar y exterminar a todo el Pueblo de Israel (Tratado de Meguilá 13(A)).

Si bien el precepto de eliminar a Amalek recae principalmente sobre la comunidad, de todas maneras, cada judío individualmente debe cumplirlo. En la medida en que se tope con un   amalecita y esté a su alcance matarlo y no lo haga es como si hubiese descartado un precepto de la Torá (Sefer Hajinuj 604). Hoy día, se perdió el rastro de la descendencia de Amalek, empero si resulta claro que una persona determinada es amalecita y mantiene firme las milenarias convicciones antijudías, es preceptivo eliminarlo.

6 – La porción de lectura de «Zajor»

Nuestros sabios dispusieron que cumplamos con el precepto de la Torá de recordar lo que nos infligió Amalek, mediante la lectura de la porción de la Torá de «Zajor», una vez al año. Cumplimos al recordar los hechos una vez al año, ya que sólo si transcurre un año entero sin mencionar el tema, se considera que cae en el olvido. Nuestros sabios dispusieron que se lea Zajor el sábado anterior a la fiesta de Purim, para unir el recuerdo de Amalek  con el recuerdo de la eliminación de Hamán que era de su descendencia.

Según la Torá se debe expresar el recuerdo mediante el habla, empero no es necesario de que cada uno lea la porción de Zajor por sí mismo, sino que basta con escuchar la lectura de otro para cumplir con el precepto.

Según algunos de los sabios medievales (rishonim), el precepto se cumple leyendo del rollo mismo de la Torá, por lo que corresponde leer la porción en cuestión del rollo más bonito de la sinagoga y quien lee, debe de hacerlo de la mejor y más exacta manera posible.

A priori, es bueno que cada quien escuche la lectura de «Zajor» con la entonación y la melodía a las que está acostumbrado a oír en su tradición familiar. Sin embargo, de acuerdo con la ley, los miembros de todas las comunidades cumplen el precepto, oyendo la lectura según cualquiera de las tradiciones tanto Ashkenazí, Sefaradí como Yemenita.

Quien se encuentra en una localidad en la que no hay minian (quórum de diez adultos para rezar), pero existe un rollo de la Torá, que lea la porción aunque sea solo. De no existir rollo de la Torá, puede leer la porción de un libro impreso (jumash o sidur).

Los preceptos requieren intención en su cumplimiento, por lo que al oír la lectura de la porción, es importante pensar en que se está cumpliendo con el precepto de la Torá de recordar lo que nos infligió Amalek. Es conveniente que antes de iniciar la lectura, los encargados de la sinagoga recuerden esto al público.

7 – Las mujeres y la obligatoriedad del precepto

Según la mayoría de los juristas, las mujeres no están obligadas a cumplir con el precepto de recordar a Amalek, pues éste está relacionado con el precepto de eliminarlo y las mujeres no están obligadas por la Torá a enrolarse en el ejército (Sefer Hajinuj 603).

Hay quienes opinan que las mujeres tienen conexión con el precepto de salir a la guerra,  puesto que deben de ayudar a los combatientes, por lo que también están preceptuadas de recordar lo que nos infligió Amalek. Si bien nuestros sabios estipularon un tiempo específico en el cual cumplir con el precepto, el sábado previo a Purim, en la Torá éste no tiene un tiempo determinado, por lo que no se considera precepto positivo que dependa de un tiempo fijo  y de aquí que las mujeres no están exentas del mismo (Minjat Jinuj ídem).

En la práctica, las mujeres están exentas de oír la lectura de «Zajor», sin embargo a priori, es bueno         que lo hagan y así acostumbran a hacer muchas. Para quien se le dificulte de sobremanera asistir a la sinagoga y quiera cumplir con el precepto puede leer la porción de un libro de Torá impreso, que en opinión de muchos, cumple con el deber de recordar. En las sinagogas en las que existen clases para señoras, se puede abrir un rollo de la Torá y leer para ellas la porción de «Zajor». Aunque no haya allí minian, se está cumpliendo el precepto con excelencia, ya que las señoras oyen la porción de un rollo de Torá «kasher«.

8 – ¿Puede un amalecita salvar su vida mediante conversión al judaísmo?

Si bien la Torá ordenó eliminar la descendencia de Amalek, en el caso en que un amalecita acepte cumplir con los siete preceptos universales de los hijos de Noé, pierde el carácter amalecita original y ya no es necesario eliminarlo. Los siete preceptos de los hijos de Noé son los siguientes: la prohibición de la idolatría, la prohibición de adulterio e incesto, la prohibición de derramamiento de sangre, prohibición de robar, prohibición de blasfemar, prohibición de ingerir un trozo de un animal vivo y la obligación de nombrar jueces y establecer tribunales de justicia, que se ocupen de las relaciones del hombre para con su prójimo.

Más aún, aunque los amalecitas no hayan aceptado sobre sí los siete preceptos antemencionados, es nuestro deber ofrecerles un arreglo pacífico antes de salir al combate. Esto implica, ofrecerles cumplir los siete preceptos de los hijos de Noé, subyugarse al Pueblo de Israel y pagarles tributo. Si aceptan las condiciones, no se va a la guerra contra ellos, mas si no las aceptan, se les combate hasta eliminarlos por completo. Aunque más tarde se retracten y acepten las condiciones, se les rechaza, por cuanto que la guerra ya se inició y por ende se continúa hasta el final (Maimónides Hiljot Melajim 6:1-4, Kesef Mishné ídem).

Los juristas debatieron respecto de si aceptar o no la conversión de un amalecita al judaísmo. Según Maimónides, un amalecita se puede convertir (Hiljot Isurei Biá 12:17) y nuestros sabios talmúdicos nos enseñaron que los descendientes del malvado Hamán, que era de la simiente de Amalek, enseñaron Torá en la ciudad de Bnei Brak (Tratado de Guitín 57(B), Sanhedrín 96(B)), por lo que vemos que se aceptaron conversos de ese pueblo.

Hay quienes opinan que no se deben aceptar conversos de Amalek, ya que según la opinión de Rabí Eliezer en la Mejilta (final de la porción de Beshalaj), D´s juró por Su trono que si un amalecita va a venir a convertirse al judaísmo no se le aceptará. Según esta opinión, lo que dijeron nuestros sabios respecto de los descendientes de Hamán que enseñaron Torá en Bnei Brak, se trata de un error del tribunal de conversión, que ignoraba tener delante de sí a amalecitas y los aceptaron. Quizás también un amalecita descendiente de Hamán violó a una mujer judía, y el hijo resultante de la violación fue judío y de él descendieron los maestros de Torá de Bnei Brak (Resisei Laila 35:5).

9 – El ayuno de Esther

Es costumbre en el Pueblo de Israel desde los días de los Gueonitas, ayunar el día trece de Adar, en recuerdo de los días que ayunó Esther, previo a su ingreso al palacio del Rey Asuero, intentando anular el decreto de exterminio que pendía sobre los judíos (Libro de Esther 4:16) y en recuerdo del ayuno que efectuó el Pueblo de Israel el día trece de Adar de ese año. El decreto del malvado Hamán prescribía que el día trece del mes de Adar, todos los judíos serían asesinados, destruidos y eliminados, desde niños, mujeres y hasta ancianos, y sus propiedades saqueadas. En virtud del milagro de Purim, el ahorcamiento de Hamán y el ascenso de Esther y Mordejai, el Rey Asuero envió una misiva real a todo el imperio, en la cual permitía a los judíos defenderse de sus atacantes el día 13 de Adar y eliminar a sus perseguidores. Sin embargo, el primer decreto de exterminio estaba aún en pie, ya que todo edicto que tenía la firma y el sello del anillo real no se podía anular, por lo que los enemigos del Pueblo de Israel podían aún llevar a cabo sus planes. En resumen, el día trece de Adar era el día en que los enemigos de los judíos tenían permiso de atacar y exterminar a los judíos, al tiempo que los judíos tenían el permiso de defenderse de sus atacantes. A pesar de que para ese momento Mordejai ya era virrey, el peligro sobre los judíos aún acechaba y aún era necesario que D´s se apiade de nosotros para poder superar en el campo de batalla a nuestros enemigos. Por lo tanto, los judíos que no podían o necesitaban combatir hicieron «teshuvá» y ayunaron todo el día trece de Adar, tal como indica la tradición, que en momentos de desgracias, es menester retornar a D´s. No hay mejor «teshuvá» que la que va acompañada del ayuno, ya que éste refina la materialidad del hombre y le devuelve su espiritualidad a un aspecto central y esencial de su persona.

Es así que le Pueblo de Israel acostumbra a ayunar el día trece de Adar, en recuerdo de aquel ayuno. Además, aún tenemos enemigos y perseguidores que procuran exterminarnos, por lo que aún estamos necesitados del ayuno y la «teshuvá» nuevamente cada año.

Desde un punto de vista ritual, el ayuno de Esther es más leve que los demás ayunos menores, ya que éstos últimos fueron decretados por los profetas mientras que el ayuno de Esther, es el resultado de la praxis popular a lo largo de los años. Sin embargo, a los efectos prácticos, casi no hay diferencias entre las reglas de los diferentes ayunos mencionados.

Los servicios religiosos y la lectura de la Torá del ayuno de Esther en Shajarit y Minjá son idénticos a los de los demás ayunos menores, empero por tratarse de víspera de Purim no se recita «Nefilat Apaim» en Minjá (Mishná Berurá 131:33). Según la tradición Ashkenazí que acostumbra a recitar la plegaria «Avinu Malkenu» en Shajarit y Minjá de los días de ayuno público, se omite en el caso de Minjá del Ayuno de Esther, por la cercanía con la fiesta de Purim. Cuando el trece de Adar cae en Shabat se adelanta el ayuno para el día jueves, por lo que no se realiza contiguo al día de Purim y por lo tanto el servicio de Minjá es similar al de los demás ayunos menores.

10 – Recordatorio del medio siclo de plata

Se acostumbra a dar «tzedaká» durante el mes de Adar, en recuerdo del medio siclo de plata que se donaba para la adquisición de ofrendas públicas para el Templo. El momento ideal para efectuar el aporte es previo al servicio de Minjá del ayuno de Esther, para que la «tzedaká» se sume al ayuno y juntos expíen por el Pueblo de Israel (Mishná Berurá 694:4, Kaf HaJaím 25).

Hay quienes acostumbraron a dar la mitad de la moneda de curso común en el país en cuestión, otros acostumbraron a dar tres medias monedas en curso que se corresponden con las tres veces que la Torá menciona la palabra «aporte» («terumá«), en la porción de Shkalim (Ramá 694:1). Hoy día, la moneda de curso común en Israel es el Shekel, por lo que según esta costumbre se deben dar tres medios Shekel.

Otros acostumbran a donar el valor actual de medio siclo de plata, esto es, el valor de diez gramos de plata pura (Kaf HaJaím 694:20). Todas las costumbres son correctas y cuanto más «tzedaká» se dé, mayor es la bendición.

Hay quienes sostienen que esta costumbre debe aplicar para varones mayores de veinte años, que eran quienes según la Torá, debían aportar el medio siclo de plata (Ramá). Hay quienes opinan, que jóvenes desde la edad de trece años, deben cumplir con la costumbre (Tosfot Yom Tov). Hay quienes dicen que es bueno dar el medio siclo por los niños pequeños también (Mishná Berurá 694:5). También están los que opinan, que es bueno también que las mujeres den el medio siclo (Kaf HaJaím 694:27). Es así que hoy día se acostumbra a dar por lo menos medio Shekel (NIS) por cada miembro de la familia, inclusive por un feto en el vientre de su madre.

No se debe dar «tzedaká» de los dineros separados del diezmo, ya que no está permitido cumplir con preceptos y costumbres  con el diezmo de los ingresos. Empero quien da «en recuerdo del medio siclo de plata», esto es la suma del valor de diez gramos de plata pura, y se encuentra apremiado económicamente, puede aportar de su dinero, según la idea más flexible, medio Shekel por cada varón de la familia mayor de veinte años y el resto lo completa de los dineros del diezmo.

14 – La lectura de la Torá y el servicio de Musaf.

En honor a Rosh Jodesh suben a la Torá cuatro personas, comenzándose con la lectura del texto sobre la ofrenda permanente (‘Sacrificio de Tamid’), culminándose con la lectura del de la ofrenda del novilunio (Números 28:1-15). Hay en esto una insinuación interesante, en el sentido de que a partir de la santidad cotidiana que está expresada en la ofrenda diaria permanente que se ofrendaba en la mañana y la tarde, es posible obtener la santidad especial del novilunio que implica renovación, expiación y retorno.

Tras la lectura de la Torá y el recitado del salmo 145 «Ashrei» así como de «Ubá le Tzión» (algunos de los sefaradim también recitan también «Beit Yaakov» y «el cántico del día»), se recita la “Amidá” del servicio de Musaf. Las tres primeras bendiciones así como las tres últimas son similares a las de todos los servicios, al tiempo que la bendición central versa sobre el tema de Rosh Jodesh y finaliza con la expresión «que santificas a Israel y los inicios de mes».

Nuestros sabios dispusieron que se recite Musaf en vez de la ofrenda de igual nombre que se sacrificaba en el Templo al inicio de mes, y asimismo los horarios de los servicios se corresponden con los de los sacrificios, por lo que habrá que recitar Musaf hasta el final de las siete horas temporales del día. Quien se demora y no reza hasta el final de la séptima hora temporal se le llama «negligente», empero puede rezar después, ya que a posteriori, la ofrenda se podía sacrificar todo el día (Shulján Aruj 286:1).

Se acostumbra a quitar los tefilín previo al inicio de Musaf y así como en los días de fiesta de la Torá (Yom Tov) no se colocan tefilín, pues el día festivo es en sí una «señal del pacto» entre D´s y el Pueblo de Israel no siendo necesario agregar otra señal en la figura de los tefilín, así también el servicio de Musaf de Rosh Jodesh es considerado una «señal del pacto», haciéndose innecesaria la señal del tefilín (Shulján Aruj 423:4, Mishná Berurá 10).

Se acostumbra a quitar los tefilín tras el recitado del «kadish» previo a Musaf. Es correcto esperar hasta terminar de enrollar los tefilín para iniciar el servicio de Musaf, para que éstos no queden irrespetuosamente sueltos durante el rezo. Además, se acostumbra a recitar en el servicio de Shajarit el salmo 104 «Barjí Nafshí» pues en éste está escrito «estableció la luna para fijar los tiempos celebratorios». Hay quienes opinan que los levitas solían cantar este salmo en el Templo de Jerusalém en los días de Rosh Jodesh (Aruj Hashulján 423:5).

1 – El milagro de Purim

La alegría de Purim expresa la eterna santidad del Pueblo de Israel, que si bien a veces se oculta por efecto de las trasgresiones, de todas maneras se mantiene inamovible, y aunque los judíos a veces no se comporten debidamente, son igualmente denominados «hijos del Eterno» («banim laMakom«) y el Eterno que rige el destino del universo, orienta el desenlace de los acontecimientos para favorecerlos, salvarlos y redimirlos.

En esos días, el Pueblo de Israel se encontraba sumido en una situación muy comprometida. El primer Templo estaba destruido, los judíos habían salido al exilio y si bien Ciro el rey de Persia ya había publicado su edicto, por efecto del cual instaba a los judíos a retornar a su tierra y reconstruir su santuario, muy pocos de los exilados habían retornado efectivamente. El Imperio Persa estaba en su mayor esplendor y los judíos que habitaban a lo largo y ancho de sus provincias, se esforzaban por integrarse y mezclarse con los gentiles y conducirse como ellos, al punto que muchos estaban dispuestos a postrarse ante ídolos. En la ciudad capital, Shushan, los judíos participaron del banquete que ofreció el rey Asuero y vieron con sus propios ojos, cómo los persas utilizaban los utensilios que fueron saqueados del sagrado Templo para usos profanos, y sin embargo disfrutaron del festín. Parecía que el gran ideal para el que había sido elegido el Pueblo de Israel, se extinguía poco a poco, tanto como la esperanza del retorno a Sion y los judíos ya no traerían el mensaje Divino a la tierra.

Entonces se despertó una fuerte acusación en la corte celestial contra el Pueblo de Israel, ya que a pesar de que D´s los había escogido de entre todas las naciones, les había entregado la Torá y había hecho reposar su Divina Presencia en su seno, los judíos se conducían como gentiles, se postraban ante ídolos y no retornaban a su patria para allí reconstruir el sagrado Templo. Como contraparte, se había alzado el malvado Hamán descendiente de Amalek y condujo al Imperio Persa hacia un terrible edicto que no tenía precedentes: «destruir, matar y exterminar a todos los judíos, jóvenes y viejos, niños y mujeres, en un mismo día, el día trece del mes duodécimo, que es el mes de Adar, y tomar sus despojos como botín»(Libro de Esther 3:13).

Hubo judíos que criticaron a Mordejai y le imputaron el haber provocado el edicto de exterminio con su obstinación al no postrarse ante el malvado Hamán, provocando así su furia contra el Pueblo de Israel (Libro de Esther 3:2-6).

He aquí que el Eterno, la Causa de todas las causas, anticipó la medicina a la enfermedad, al hacer que Esther se case con el rey Asuero para que junto a Mordejai pudiesen desbaratar el consejo de Hamán. Al final, todo resultó a la inversa, ya que en vez de que los enemigos del Pueblo de Israel se salieran con la suya, los judíos mataron a sus perseguidores y a Hamán y a sus hijos los colgaron del árbol que estaba destinado para ahorcar a Mordejai. El Pueblo de Israel fue salvado, su prestigio se difundió entre las naciones y se despertaron las voluntades para volver a Eretz Israel, a fin de habitarla y reconstruir el Templo.

2 – La ratificación de la aceptación de la Torá

Cuando observamos con mayor profundidad, podremos notar que el decreto del malvado Hamán despertó al espíritu judío. Mediante el edicto de exterminio, se demostró que el Pueblo de Israel está apegado a su fe hasta la última consecuencia, ya que podían haberse asimilado entre las naciones y así salvarse de la matanza, y sin embargo no se apartaron de su destino judío. Por el contrario, en virtud del edicto, se arrepintieron, reforzando su fe y el cumplimiento de los preceptos de la Torá.

Ese momento histórico fue tan encumbrado, al punto de afirmar nuestros sabios, que en días del rey Asuero, el Pueblo de Israel volvió a aceptar la Torá. Esta segunda aceptación fue en cierta manera más notable que la primera a los pies del Monte Sinaí, pues en los días de Moisés, la Torá fue recibida de manera coercitiva, tal como está escrito (Éxodo 19:17): «y se pararon bajo la montaña», lo cual fue interpretado por los sabios del Talmud (Tratado de Shabat 88(A)): «nos enseña que el Eterno les colocó el monte encima de sus cabezas y les dijo: ‘o aceptáis la Torá o aquí será vuestra sepultura’. Dijo Rav Aja Bar Yaakov: de aquí que la aceptación podría ser considerada nula, por cuanto fue obtenida por la fuerza. Dijo Raba: a pesar de ello, la aceptación fue ratificada en los días de Asuero, tal como está escrito (Libro de Esther 9:27): ‘los judíos cumplieron con lo que ya habían aceptado decidiendo que ellos, su simiente y todos los que se le unieran continuasen observando escrupulosamente…'»

Muchos interpretaron que la imposición de la aceptación de la Torá con un monte encima que amenaza con aplastar a los judíos, se trataba de una metáfora en el sentido espiritual, por cuanto que la secuencia tan impresionante de milagros que salvó a los hijos de Israel desde las diez plagas pasando por el cruce del Mar Rojo hasta las revelaciones de Sinaí, no permitía o no dejaba la posibilidad de declinar el ofrecimiento Divino. De todas maneras, quedaba en pie la pregunta, de si una vez que el Pueblo de Israel se alejase de los eventos y las maravillas del desierto, seguirían apegados a D´s y Su Torá. Efectivamente este apego conoció altos y bajos, hasta que llegaron los días de Purim, en los que quedó totalmente claro que el vínculo del judío con su fe y con su Torá es absoluto. El edicto dejaba a las claras, que el apego a sus convicciones, habría de costarles a los israelitas el más alto de los precios, y sin embargo libres de toda presión o imposición, eligieron mantenerse adheridos a su fe, arrepentirse y clamar a D´s. No solamente volvieron a cumplir con los seiscientos trece preceptos, sino que tras la salvación, agregaron nuevos preceptos y ordenanzas, las leyes de Purim.

En virtud de esta actitud, tuvimos el privilegio de merecer la construcción de nuestro Santuario en Jerusalém, y se abrieron las compuertas del desarrollo de la Torá Oral, que fue la principal obra espiritual en los días del Segundo Templo.

3 – La conmemoración de Purim para las generaciones

Si bien la alegría por la salvación fue enorme, en un inicio no estaba claro cómo debía  ser conmemorada. Esther le envió a los sabios un mensaje: «inscribidme por todas las generaciones», esto es, le pidió que escriban un libro que relate las peripecias acaecidas y que lo incluyan en el canon bíblico. Esther también pidió a los sabios «establecedme por todas las generaciones», lo cual implica que Purim sea fijado como un día de fiesta y lectura del Libro de Esther, escrito en un rollo de pergamino (Meguilá), por todas las generaciones. En un comienzo los sabios dudaron qué hacer, pues por una parte temían por la reacción de los gentiles al ver que los judíos celebraban su derrota, y por otra parte dudaban de si era pertinente volver a escribir sobre la lucha contra Amalek en el Libro de los Libros. Hasta que finalmente, hallaron entre las alusiones de los versículos, que había lugar para volver a escribir en el Tanaj sobre la guerra contra Amalek y así los miembros de la Gran Asamblea (Kneset HaGuedolá), redactaron el Libro de Esther imbuidos de inspiración Divina, estableciendo la celebración de Purim para todas las generaciones (Tratado de Meguilá 2 (A), 7(A), Tratado de Baba Batra 15(A)).

Los miembros de la Gran Asamblea eran el Tribunal Supremo que fungía en los inicios de la época del Segundo Templo, y estaba conformado de ciento veinte sabios, entre ellos algunos profetas y eruditos tales como  Hagai, Zejariáh, Malají, Daniel, Hananías, Mishael, Azarías, Ezrá el escriba, Nehemiá ben Hilquiáh, Mordejai y Zerubabel ben Shealtiel. El Mordejai en cuestión es Mordejai el judío. El más importante de todos estos era Esdras el escriba, al punto que a veces la Gran Asamblea es denominada el Tribunal de Esdras el escriba. Este tribunal es el que estableció las primeras grandes disposiciones y decretos, que hoy conocemos como los preceptos emanados de los rabinos, de cuya autoridad se deriva la magna labor de los sabios de la Torá Oral.

El milagro de Purim es considerado el último que se pudo escribir en el Tanaj, y tal como dijeron nuestros sabios (Tratado de Yomá 29(A)): «El de Esther es el último de los milagros» y con la redacción del Libro de Esther se sella prácticamente el Tanaj.

Purim es el eslabón que conecta a la Torá Escrita con la Torá Oral y ese es el status de los preceptos de esta fiesta que se cumplen «por tradición» (midivrei kabalá), que es un grado intermedio entre preceptos de la Torá y preceptos rabínicos. Por una parte, los preceptos de Purim carecen de la jerarquía de los que figuran en la Torá escrita, y por la otra no poseen el status de preceptos rabínicos, pues la Meguilá de Esther está incluida  en las Sagradas Escrituras. Los sabios medievales debatieron respecto de qué ocurre en el caso de que surja una duda sobre un precepto de Purim, ¿acaso debería la Halajá ser más estricta como en caso de duda respecto de un precepto de la Torá, o más flexible como en caso de duda respecto de un precepto rabínico?

En Purim tenemos siete preceptos de los cuales cuatro, son exclusivos de la fiesta, y son: a) Lectura de la Meguilá, b) Envío de comidas de una persona a su prójimo, c) Regalos para los pobres, d) Banquete y alegría. Otros tres preceptos se aplican también para otros días festivos y son: a) Lectura de la Torá (para hombres), b) Recordación del día mediante la recitación de «Al Hanisim» en los rezos y la bendición para después de la ingestión de alimentos, c) Prohibición de pronunciar sermones fúnebres y de ayunar.

4 – Purim en ciudades con y sin murallas

Una de las particularidades de Purim es que se celebra en dos fechas, en la mayoría de las localidades se celebra el día 14 de Adar, mientras que en las ciudades amuralladas desde los días de Josué y en la ciudad de Shushan, se celebra Purim el 15 de Adar.

A los efectos de entender esta dualidad en la determinación de la fecha celebratoria, es necesario entender la sucesión de los hechos históricos que llevaron a ello. El decreto del malvado Hamán permitía a los enemigos del Pueblo de Israel asesinar y exterminar a todos los judíos del mundo el día trece de Adar. Este edicto no se revocó ni siquiera tras el milagroso ascenso de Esther y Mordejai en la jerarquía imperial, pues según la ley persa, un edicto real sellado con el anillo real era irrevocable, de modo que, lo único que se pudo hacer, fue firmar otro decreto con idéntica rúbrica, que permitiese a los judíos defenderse y eliminar a sus perseguidores.

Por lo tanto, hasta el día trece de Adar, no estaba ni claro ni definido cómo se desarrollarían los acontecimientos, pues si bien los judíos ya tenían permiso de defenderse sin que los soldados del ejército persa se lo impidiesen, nadie garantizaba que la batalla sea definida a su favor. El día trece de Adar, el pánico se apoderó de los perseguidores de los judíos, de modo que los israelitas lograron doblegarlos. Al día siguiente, el catorce de Adar, los judíos pudieron descansar tras la victoria en la batalla, haciendo de él, día de festín y alegría. Empero en la ciudad capital de Shushan, los enemigos eran muy numerosos, por lo que los judíos no alcanzaron a eliminarlos a todos el día trece. Entonces la reina Esther pidió al rey Asuero que se les permita a los judíos de Shushan vengarse de sus perseguidores una jornada más, y tras recibir el consentimiento real, los judíos continuaron batallando el día catorce de Adar y recién el día quince descansaron y celebraron.

Dado que desde el inicio, Purim se celebró en dos días diferentes, nuestros sabios dispusieron recordarlo de esta manera para todas las generaciones. Así es que se estipuló que, en todas partes se celebre el día catorce de Adar, mientras que en la ciudad de Shushan donde el milagro había sido más notorio, pues los judíos habían acosado a sus perseguidores por dos días enteros y donde además habían tenido lugar las maravillosas peripecias que relata el libro de Esther, se celebre el día quince. Nuestros sabios fijaron que en todas las ciudades importantes como la de Shushan, se celebre el día quince. ¿Cuál ciudad es importante y cuál no? Aquellas que como Shushan estaban amuralladas, se las consideraban importantes.

Empero en esos días, la Tierra de Israel estaba destruida y abandonada, y si hubieran establecido en esos tiempos los criterios de importancia mencionados, resultaría que ninguna ciudad de Eretz Israel celebraría el quince junto a las ciudades «importantes». Es así que para preservar el honor de la Tierra de Israel, decretaron nuestros sabios que toda ciudad que estaba amurallada desde los días de Iehoshúa Bin Nun, amén que en el presente estén destruidas, habrían de celebrar el día quince, mientras que aquellas ciudades que no estaban amuralladas desde los días de Josué, celebrasen el día catorce salvo el caso de la ciudad de Shushan, que si bien fue fundada después de los días de Josué, dado que fue el escenario de los acontecimientos milagrosos, celebre Purim el día quince.

Hoy en día Jerusalém es la única ciudad en la que se celebra Purim el día quince, ya que solo respecto de esta ciudad existe la tradición clara y documentada de que contaba con murallas desde los tiempos de Ieoshúa Bin Nun. Asimismo, subsiste la duda sobre algunas ciudades, acerca si tenían o no muralla y de hecho la duda se extiende a la misma ciudad de Shushan. Estos casos serán analizados en el capítulo 17.

5 – El precepto de leer la «Meguilá» y la publicitación del milagro

Todos deben de cumplir con el precepto de la lectura de la «Meguilá«, hombres mujeres y conversos. Quien oye la lectura de la Meguilá cumple con su obligación, con la condición que la oiga de quien tiene el deber de leerla. Empero quien la oye de boca de un niño, eximido  de los preceptos, no cumplió con su obligación (Shulján Aruj 689:1-2).

El objetivo principal de la lectura de la «Meguilá» es la publicitación del milagro y revelar que D´s es el rector y providente del mundo, dirigiendo todos los sucesos para bien, incluso aquellos eventos que en un inicio se perciben como terribles desgracias, al final tienen un giro positivo. Mediante la publicación del milagro, se refuerza nuestra confianza en D´s y nuestros corazones se ven impulsados a engrandecer Su revelación y mejorar el mundo bajo Su Mandato.

Tan importante es la lectura de la Meguilá en público a los efectos de publicitar el milagro, al punto de que los sacerdotes en el Templo de Jerusalém, posponían la ejecución del sacrificio público diario (Tamid) matinal para escuchar la lectura de la «Meguilá» junto al público. Asimismo los sabios eruditos de la Torá, si bien podrían escuchar la lectura en sus casas de estudio, suspenden su actividad y concurren a las sinagogas para escucharla junto con el público en lecturas multitudinarias (Tratado de Meguilá 3(A)).

Tanto es así, que en una sinagoga en la que se acostumbra a realizar varios servicios religiosos al día, es menester procurar concentrar los «minianim» para que la lectura de la Meguilá sea multitudinaria. Empero, quien acostumbra a rezar en una sinagoga pequeña, aunque el número de participantes en el servicio sea pequeño, no debe alterar su rutina y asistir a una sinagoga de mayor envergadura, a condición de que en la lectura haya «minian» (Shulján Aruj 687:2, Mishná Berurá 7, Shaarei Tzión 8:1).

Solamente en el caso en que no se pueda llevar a cabo una lectura con minian, a posteriori está permitido leer la Meguilá individualmente (Shulján Aruj 690:18).

6 – horario de la lectura

Se debe leer la Meguilá por la noche y nuevamente de día. Esto se debe a que en los días del edicto de Hamán, los judíos le clamaban a D´s día y noche (Tratado de Meguilá 4 (A) Rashi ídem).

La lectura nocturna se puede realizar durante toda la noche, desde la salida de las estrellas hasta el despuntar del alba. La lectura diurna puede realizarse desde la salida del sol (aunque a posteriori lo puede hacer desde el despuntar del alba) hasta la puesta del sol. Las personas que son diligentes (“zerizím”) en el cumplimiento de los preceptos, efectúan la lectura nocturna de la «Meguilá», inmediatamente finalizado el servicio de Arvit, y a la mañana ni bien concluye el servicio de Shajarit (Shulján Aruj 687:1, 693:1, 693:4).

Está prohibido comer o dormir antes de la lectura de la noche, empero está permitido estudiar Torá. A quien se le dificulte seguir en ayunas (ayuno de Esther) hasta que concluya la lectura, puede beber antes de la misma a condición de que no ingiera bebidas alcohólicas. Asimismo, quien esté hambriento puede comer pero no una comida formal (con pan),  puede ingerir todas las frutas que quiera y hasta 58 gramos de productos que contienen harinas (mezonot) (Shulján Aruj 232:3, Mishná Berurá 35, Ramá 692:4, Maguén Abraham 7, Mishná Berurá 14-5).

Las mismas excepciones alimentarias se aplican con anterioridad a la lectura de la Meguilá por la mañana, aunque como su horario optimal de lectura es inmediatamente posterior al servicio de Shajarit, de todas maneras aplican las restricciones de ingerir alimentos antes del rezo, que son más graves que las restricciones previas a la lectura de la Meguilá. Es así que   quien ya rezó Shajarit y aún no leyó la Meguilá, que no coma hasta finalizada la lectura. En caso de que le urja ingerir algún alimento, podrá ingerir una comida no formal antes de la lectura. Las mujeres tampoco pueden ingerir alimentos con anterioridad a la lectura y en caso de que les urja, pueden ingerir una comida no formal («Arai«) (Mishná Berurá 692:15-6. En caso de gran necesidad puede pedir a alguien que le recuerde que aún no escuchó la lectura y sentarse a comer una comida formal («Keva«)).

Según la opinión de muchos de los juristas medievales, la principal publicitación del  milagro tiene lugar en la mañana, que es cuando se cumple con el resto de los preceptos de Purim, que tienen lugar de día. Por lo tanto es necesario ser muy cuidadosos con la lectura matinal y es bueno poner hincapié en que sea con asistencia multitudinaria.

7 – Las mujeres y la lectura de la Meguilá

Según la opinión de Rashi y de Maimónides, las mujeres deben cumplir con el precepto de la lectura de la Meguilá al igual que los hombres, por lo que una mujer puede leerla para toda su familia y hacerlos así cumplir a todos.  Por el contrario, el autor del libro Halajot Guedolot y Rabenu Jananel consideran que el deber de la lectura se aplica sobre las mujeres de un modo diferente al de los hombres, ya que ellas están obligadas únicamente a escuchar y no a leerla. Según esta opinión una mujer no puede hacer cumplir a su marido con su lectura. En el libro de responsa Avnei Nezer (Oraj Jaím 511) se explica que la diferencia se origina en el hecho de que las mujeres deben escuchar la Meguilá para así publicitar el milagro, y es por eso que están ordenadas en escucharla, mas no de leerla. Según esta idea los hombres están doblemente preceptuados, deben publicitar el milagro y además recordar lo que nos infligió Amalek para motivarse a eliminarlo, por lo que tienen que escuchar la Meguilá y además leerla.

Dado que esta ley es producto de un disenso de equivalente peso legal entre los juristas medievales, la mayoría de los sabios de las últimas generaciones establecieron que una mujer no puede leer la Meguilá para un hombre, y solo en caso de emergencia, cuando no existe la posibilidad de que un hombre la lea para sí o escuche la lectura de otro hombre, puede escuchar la lectura de una mujer y actuar según la opinión halájica de los que consideran que una lectura femenina puede hacer cumplir a un varón.

Una mujer puede leer para otras mujeres y hay quien opina que una mujer no puede hacer cumplir con la lectura a numerosas mujeres, pues en ese caso la norma sería similar a la de la lectura de la Torá, y así como una mujer no lee la Torá, tampoco podrá leer la Meguilá para un público femenino numeroso. Hay quien opina que cuando la lectura se efectúa para otras mujeres, no se recitan las bendiciones (Ben Ish Jai Tetzavé 1, Kaf HaJaím 689:19). La opinión mayoritaria de los juristas es que una mujer puede leer para otras mujeres, y recita al inicio de la lectura las bendiciones igual que en el caso de un hombre. Si hay diez mujeres en el público, recita al final de la lectura la bendición «Ha Rav et Ribenu«. De todas maneras, a priori es preferible que las mujeres escuchen la lectura de un hombre  para así cumplir según todas las opiniones y lo mejor es en la sinagoga, para así publicitar el milagro con presencia multitudinaria.

Cuando un hombre lee para otras mujeres, se acostumbra que éste recita las bendiciones iniciales y si se trata de al menos diez mujeres, al finalizar recita «Ha Rav et Ribenu». Hay quien acostumbra que una mujer recite la bendición por todas, y ambas costumbres son correctas.

8 – Niños

Es preceptivo educar a los niños en los preceptos, y desde el momento que un niño o niña llegan a una edad en la que pueden entender la Meguilá y pueden seguir la lectura como corresponde hasta el final, se les debe inducir a que lo hagan. La cuestión no depende de la edad sino del desarrollo personal del niño o niña. Dado que la lectura es algo prolongada, se considera que la generalidad de los niños puede seguir la lectura en su totalidad, a partir de los nueve años de edad.

Es buena la costumbre de traer a la sinagoga niños aún más pequeños, de unos cinco o seis años de edad, y aunque todavía no llegaron a la edad en que se les debe enseñar a escuchar la Meguilá pues no pueden seguir la lectura en su totalidad, dado que entienden de qué se trata, es bueno traerlos. Empero niños aún más pequeños, que pueden perturbar la lectura, no deben ser traídos. Es importante que un padre no ponga hincapié en la educación religiosa de su hijo pequeño, a costa del cumplimiento colectivo del precepto de los demás miembros de la congregación.

A efectos de estimular la alegría y el interés por parte de los niños, el público acostumbra a leer cuatro versículos en voz alta (2:5, 8:15, 8:16, 10:3). Estos versículos son la parte fundamental del inicio y el fin del milagro. Una vez que el público los recita en voz alta, el oficiante que lee la Meguilá los repite (Ramá 690:17, Mishná Berurá 689:16 según el Mordeji y el Levush).

Parecería que la costumbre de hacer ruido con matracas, cada vez que se pronuncia el nombre de Hamán, está en gran medida destinada a mantener la atención de los niños durante la lectura. Empero es menester cuidar de no transformar lo secundario en principal, y tener la precaución de no perturbar con el ruido de las matracas la lectura de la Meguilá (Shulján Aruj 690:17, ver Mishná Berurá 59 y Beur Halajá).

9 – La Meguilá

El de Esther es uno de los libros sagrados del canon bíblico, por lo que debe ser escrito tal como se escribe un rollo de la Torá, con tinta negra sobre pergamino. Si no la escribió con tinta, o la escribió sobre papel, no es apta para la lectura y si se la lee de ahí, no cumple con el precepto. El cuero debe ser curtido y procesado con la intención de que el pergamino resultante sea utilizado para escribir la Meguilá, y los distintos trozos de pergamino deben ser cosidos con tendones. Los renglones deben de ser trazados y marcados con anterioridad a la escritura, a los efectos de que ésta resulte derecha. La escritura debe ser a mano y con la intención manifiesta de que sirva a la santidad de la Meguilá.

Así como durante la escritura de un rollo de la Torá se pone hincapié que cada una de sus letras tenga la forma correcta, que no se toquen unas a otras y que además no falte ni sobre letra alguna, lo mismo ocurre con la escritura de una Meguilá. Empero a posteriori, existen diferencias entre las lecturas de la Torá y de la Meguilá. No se pueden recitar las bendiciones correspondientes sobre un rollo de la Torá que tenga un error, aunque solo sea en una única letra, mientras que en el caso de la Meguilá, de no tener a mano un rollo que esté en perfecto estado, se puede a posteriori leer y recitar las bendiciones sobre una Meguilá a la que le falten algunas letras. Por ejemplo, si el «sofer» (escriba) se equivocó y a la Meguilá le faltan muchas letras o las escribió pero con errores, o al inicio las escribió correctamente pero con el tiempo algunas se borraron, mientras que la mayor parte de la Meguilá permanezca escrita se puede cumplir con el precepto de la lectura, recitando las bendiciones correspondientes. Esto se debe a que la Meguilá es llamada en el libro de Esther «epístola» («igueret«) y de aquí que su cometido principal es relatar los hechos acaecidos en un escrito, mas no requiere tener la exactitud de un libro (de Torá). De esto aprendemos que mientras que el núcleo principal del relato esté correctamente escrito, alcanza para cumplir con el precepto, a condición de que se complete el faltante o leyendo de un libro impreso o recitándolo de memoria.

Según la ley se puede escribir una traducción de la Meguilá con tinta sobre un pergamino para uso de quien no entiende el idioma hebreo y al leerla se cumple con el precepto. A modo de ejemplo, para quien el inglés es su única lengua, puede leer una Meguilá escrita en ese idioma con tinta sobre pergamino y cumplir con el precepto (Shulján Aruj 690:8-11). En la práctica esto no se acostumbra ya que no sabemos traducir con exactitud cada una de las palabras por lo que al escuchar la Meguilá en hebreo, aunque la persona no entienda, por cuanto que al oír puso la intención de cumplir con el precepto de leer la Meguilá cumplió (Shulján Aruj 690:8, Mishná Berurá 690:32, Aruj Hashulján 15).

10 – El precepto de la lectura y qué ocurre cuando uno se pierde de escuchar una palabra

El precepto de la lectura de la Meguilá se cumple al leer de un rollo apto, esto es de un pergamino escrito con tinta. Si se recita la Meguilá de memoria o se lee de un libro impreso no se cumple con el precepto (Shulján Aruj 690:3). Si la mayor parte la leyó de un rollo apto y el resto lo recitó de memoria o leyó de un libro impreso cumplió con el precepto siempre y cuando al final de cuentas haya leído la totalidad de la Meguilá sin omitir palabra alguna (tal como se vio en el inciso anterior).

En caso de que haya omitido o se haya equivocado en la lectura de alguna palabra, de manera tal que alteró su significado, la mayoría de los juristas opinan que no cumplió con el precepto y debe volver a leer toda la Meguilá correctamente.

Aun cuando quien lee la Meguilá lo hace correctamente, si aquel que escucha se perdió de oír una palabra, no cumplió con su obligación. Esta es en definitiva, la regla más importante en la lectura de la Meguilá, ya que en virtud de la numerosa asistencia de niños a la sinagoga en Purim abunda el ruido, y hay quienes se pierden de escuchar la lectura en su totalidad. Esto puede acontecer especialmente tras los ruidosos sonidos de matraca, cada vez que se pronuncia el nombre de Hamán, ya que a veces el barullo persiste cuando se continúa con la lectura y los que se sientan en las últimas filas de la sinagoga no oyen alguna palabra y de ese modo se pierden de cumplir con el precepto.

La solución práctica a este problema es que, quien se pierda algún pasaje, lo complete mediante la lectura de un libro impreso, y si la lectura general prosigue, que avance en su libro hasta alcanzar al público. De todas maneras, por cuanto que la mayor parte de la Meguilá la escuchó de un rollo de pergamino escrito con tinta, cumple con el precepto, pudiendo completar los faltantes de un libro impreso. En el caso de quien escucha la lectura pública, no debe leer la Meguilá al mismo tiempo (en voz alta) de un libro impreso.

11 – Leyes relativas a la lectura de la Meguilá

El pergamino debe estar enrollado desde el final hacia el comienzo, pero como se le considera «epístola», se acostumbra a extenderlo y doblarlo hoja por hoja frente al público  antes de la lectura, como forma de publicitar el milagro. Tras la culminación de la lectura, se enrolla nuevamente el pergamino del final al inicio, ya que no sería honroso para la Meguilá que quede abierta, y solo después de terminar de enrollarla el oficiante recita la bendición «Harav et Ribenu» (Shulján Aruj 690:17, Mishná Berurá 55-6, Kaf HaJaím 102-105).

El precepto de la lectura de la Meguilá se puede cumplir tanto de pie como sentado, y solo el oficiante debe estar de pie por respeto al público (Shulján Aruj 690:1). La mayoría de los judíos acostumbran a estar de pie durante el recitado de las bendiciones (Mishná Berurá 690:1, Ben Ish Jai Tetzavé 4, y ver Kaf HaJaím 2).

La Meguilá se lee con las entonaciones tradicionales y si no hay quien sepa leerla con éstas, a posteriori, se puede leer sin entonar (Shaaré Teshubá 690:1).

Se debe leer la Meguilá según el orden en el que está escrita, y si se lee desordenadamente, no se cumplió. Por ejemplo, quien no oyó una palabra o un versículo de la lectura del oficiante, no debe seguir escuchándola hasta el final para recién ahí completar el faltante, sino que debe hacerlo de inmediato para alcanzar al oficiante y continuar la lectura junto a toda la congregación.

Quien escuchó la lectura mientras estaba dormitando, no cumplió, pues con seguridad se perdió alguna palabra (Shulján Aruj 690:12). Tal como vimos arriba en el inciso 9, escuchar la Meguilá es preceptivo también para quien no entiende el idioma hebreo, y al escucharla cumple con su obligación. A priori se debe leer la Meguilá de continuo, y a posteriori, si hubo interrupciones tanto silenciosas como ruidosas, no se perdió lo ya leído y se puede continuar desde el punto en el cual se interrumpió (Shulján Aruj 690:5, y ver Mishná Berurá 18 y Shulján Aruj Oraj Jaím 65).

Quien escucha la lectura por medios eléctricos u electrónicos tales como teléfono, radio o parlantes, para la mayoría de los juristas no cumplió, pues estos artefactos captan las voces como señales eléctricas y luego las transforman en una nueva voz, por lo que se asemeja a  escuchar la lectura de una grabación.

12 – El recitado de las bendiciones y el orden de la lectura

Antes de la lectura de la Meguilá por la noche se recitan tres bendiciones: «Bendito seas Tu D´s Rey del universo, que nos consagraste con Tus preceptos y nos ordenaste la lectura de la Meguilá». «Bendito seas Tu D´s Rey del universo, que hizo milagros para con nuestros antepasados en aquellos días en esta época». «Bendito seas Tu D´s Rey del universo, que nos ha concedido vida, nos sostuvo y nos hizo posible llegar a esta ocasión».

Las bendiciones son la preparación para el cumplimiento del precepto, ya que al recitarlas el oficiante y la congregación se concentran en entender su significado, que es recordar y publicitar el milagro que obró D´s con nuestros ancestros. De todas maneras, quien haya leído sin recitar las bendiciones, cumplió con el precepto siempre y cuando haya tenido la intención de hacerlo.

Respecto de recitar la  bendición de «Shehejeianu» por la mañana, las costumbres están divididas. Según la tradición Sefaradí, no se recita «Shehejeianu» de día, ya que la que se recitó por la noche sigue vigente. Según la tradición Ashkenazí, se debe recitar nuevamente «Shehejeianu» por la mañana, pues la lectura diurna se considera un precepto separado y más aún, se trata de la lectura principal, por lo que no se incluye junto con la nocturna (Shulján Aruj 692:1).

Al recitar «Shehejeianu» por la mañana, es oportuno poner intención de que ella recaiga también sobre los demás preceptos del día: el envío de comidas, presentes a los pobres y el banquete festivo. Los Sefaradim ponen intención en el «Shehejeianu» de la noche y los Ashkenazim en el de la mañana (Mishná Berurá 692:1).

Una vez finalizada la lectura y enrollado nuevamente el pergamino se acostumbra a recitar la bendición «Harav et Ribenu«, que es una oración de alabanza y agradecimiento. Según la mayoría de los juristas, esta bendición no se recita a menos que hayan participado de la lectura diez hombres o diez mujeres, pero de haber menos participantes, no se recita.

13 – La venganza contra Hamán y sus diez hijos

Uno de los ejes centrales del relato de la Meguilá, es la ejecución de Hamán y sus diez hijos. Cobra especial valor el hecho de que se haya hecho justicia con aquellos que se levantaron para exterminar al Pueblo de Israel, y que a la postre fueron castigados y eliminados. Todo aquél que se levanta contra el Pueblo de Israel, la nación escogida por D´s, es como si se rebelara contra el Eterno Creador y Rector del universo, y por lo tanto corresponde que sea ajusticiado. Algunas reglas de Purim expresan la relevancia de la eliminación de Hamán y sus hijos.

Primeramente, la eliminación de los diez hijos de Hamán se escribe en el pergamino bajo el formato de cántico. Empero este cántico es diferente a los demás que aparecen en diferentes libros del canon bíblico. A modo de ejemplo, en el cántico del cruce del Mar Rojo en el libro de Éxodo, la escritura y los espacios vacíos están intercalados, mientras que en la ejecución de los diez hijos de Amán la escritura es más ordenada: a ambos extremos de cada renglón se escribe una palabra y en el medio se deja un espacio vacío, de modo tal que todos los nombres de los hijos ejecutados quedan en la columna derecha del cántico, mientras que la palabra «et» (y a) queda en el extremo izquierdo de cada renglón (Tratado de Meguilá 16(B), Shulján Aruj 691:3). La razón de esta manera peculiar de escritura radica en que, todos los cánticos, expresan el alivio que sintió el Pueblo de Israel, por lo que el cántico en su formato gráfico se expande con amplitud, mientras que en el caso del cántico por la ejecución de los diez hijos de Hamán, éste expresa la alegría por la recta justicia que se aplicó sobre éstos, por lo que se escribe en líneas rectas y cerradas (Maharal, Or Jadash 9:10).

Es menester esforzarse en leer todos los nombres de los hijos de Hamán de una sola vez sin respirar en el medio, para expresar de esta manera, el hecho de que los diez murieron juntos y al mismo tiempo, pero si no pudo leerlo de una vez, a posteriori, igual cumplió con el precepto de la lectura. La letra «vav» de la palabra »ויזתא» se escribe erguida para enseñarnos que los diez fueron ahorcados juntos (Tratado de Meguilá 16(B), Shulján Aruj 690:15, 691:4). El fundamento de la fe del Pueblo de Israel es la unicidad de D´s y los amalecitas se oponen tenazmente a esta convicción, por lo que al ser castigados fueron ejecutados de una vez, ya que su muerte reveló la fe en la unicidad (Maharal Or Jadash 9: 10).

Tras finalizar la lectura se debe recitar la fórmula «Maldito sea Hamán, bendito sea Mordejai, maldita sea Zeresh, bendita sea Esther, malditos sean los malvados y benditos sean los justos y también Jarboná sea recordado para bien» (Tratado de Meguilá Talmud Jerosolimitano 3:7, Shulján Aruj 690:16).

Durante la edad media, se comenzó a propagar entre niños y hasta entre adultos la costumbre de hacer ruido al pronunciar el nombre de Hamán. Probablemente esta era una manera de expresar el odio a los malvados y la alegría por su caída. Si bien esta costumbre carece de origen o fundamento, el Ramá nos dice que «no se deben anular costumbres ni burlarse de éstas, pues no fueron establecidas de balde» (690:17). Empero algunos de los sabios medievalistas, no siguieron esta costumbre y algunos de los sabios de las últimas generaciones se opusieron a esta práctica, ya que puede causar que quienes escuchan la lectura no cumplan con el precepto (como se vio en el inciso 10). De hecho, se puede continuar con la tradición de hacer ruido al escuchar la palabra «Hamán», pero se debe tener cuidado de que toda la congregación pueda oír con claridad toda la lectura.

14 – La plegaria de «Al Hanisim», la lectura de la Torá, los sermones fúnebres y el «Tajanún»

Nuestros sabios establecieron la plegaria de «Al Hanisim«,  a los efectos de agradecerle a D´s por la salvación del Pueblo de Israel en los días de Purim, y ésta se adiciona en la bendición número 18 de la «Amidá», así como también en la segunda bendición del «Birkat Hamazón«, la plegaria por la ingestión de alimentos. En la bendición de «Me´ein Shalosh» no se menciona a Purim.

Aquél que se olvidó y no agregó «Al Hanisim» en la «Amidá» o en el «Birkat Hamazón«, igual cumplió con sus plegarias. Si se acordó antes de terminar la bendición en la que se agrega «Al Hanisim«, regresa hacia atrás y lo recita. Empero en el caso en que ya pronunció el nombre de D´s que se encuentra al final de la bendición, no ha de volver. De todas maneras es bueno que recite «Al Hanisim» al finalizar el rezo, pues allí se pueden agregar súplicas sin límite. Quien se haya olvidado de agregar «Al Hanisim» en el «Birkat Hamazón«, es bueno que lo adicione al final junto con los agregados que comienzan con la fórmula «HaRajamán«, pues allí se permite adicionar agradecimientos libremente (Ramá 682:1, Mishná Berurá 4).

Si se inicia el banquete en Purim y se prolonga hasta bastante después de la salida de las estrellas, se recita «Al Hanisim» en el «Birkat Hamazón», ya que la regla establece que solemos ir de acuerdo con el inicio (es decir, cuando comenzamos con esa bendición, ya que aún era Purim) (Shulján Aruj 695:3, ver Mishná Berurá 16).

Nuestros sabios establecieron que en Purim suban tres personas a leer la Torá en el pasaje «Y vino Amalek» (Éxodo 17:8-16), y si bien uno de los decretos de Esdras era que no se puede leer menos de diez versículos, en Purim se leen únicamente nueve, pues en esos nueve versículos, el tema llega a su conclusión. Hay quienes acostumbran a leer dos veces el último versículo para completar los diez (Shulján Aruj 693:4), y hay quien dice que no se debe repetir (Ramá ídem).

En esta cuestión, hay una insinuación muy interesante, en el sentido de que mientras que la memoria de Amalek no sea borrada, el Nombre de D´s no se revela en el mundo de forma completa, y por eso en la porción de «Y vino Amalek» se leen únicamente nueve versículos.

Si bien en Purim el Pueblo de Israel experimentó una gran salvación, no se recita la plegaria del «Halel«, por tres distintas razones sugeridas en el Talmud (Tratado de Meguilá 14(A)). Según Rabí Itzjak no se recita «Halel» por milagros acaecidos fuera de la Tierra de Israel. Según Rava, no se recita «Halel» debido a que tras la salvación, continuamos siendo siervos del rey Asuero y sólo ha de recitarse por una salvación que nos transforma en hombres libres. En opinión de Rav Najman no se recita el «Halel«, porque la lectura de la Meguilá lo sustituye como cántico de agradecimiento.

En los días catorce y quince de Adar, queda prohibido pronunciar sermones fúnebres y ayunar, tanto para quienes habitan ciudades con o sin muralla. Solo en el caso que fallezca un sabio de la Torá, se puede pronunciar un sermón fúnebre frente al fallecido durante el sepelio (Shulján Aruj Oraj Jaím 696:3, Ioré Deá 401:5).

No se recita ni «Tajanún» ni «Lamenatzeaj» durante los dos días de Purim (Shulján Aruj 693:3). Asimismo en el servicio de Minjá del ayuno de Esther que es contiguo al inicio de la fiesta se omite recitar el «Tajanún» (Mishná Berurá 131:33).

Se acostumbra a vestir ropa festiva o sabática tanto en la noche como en el  día de Purim (Ramá 695:2, Kaf HaJaím 13).

15 – Labores en Purim

En un inicio, Purim no fue establecido como día festivo (Iom Tov) en el cual se prohíbe la realización de labores. Empero con el correr de las generaciones, como forma de reverenciar la santidad del día, el Pueblo de Israel acostumbró a no realizar labores y se trata de una costumbre que se tornó en norma. Más aún, dijeron nuestros sabios que «quien trabaja en Purim no ve bendición en su esfuerzo» (Beit Iosef, Shulján Aruj y Ramá 696:1).

Por lo tanto, está prohibido ir al trabajo habitual en Purim y en el caso de que la inasistencia le genere un daño económico severo, puede trabajar. También los pobres que no tienen para comer, pueden trabajar en este día (Shaarei Tzión 696:2-3).

Está permitido en Purim realizar una labor que conlleva alegría, como por ejemplo, preparar la casa para la boda de un hijo o plantar un árbol ornamental en el jardín. Asimismo, están permitidas las labores de mitzvá, como por ejemplo, escribir innovaciones surgidas del estudio de la Torá. Así también las labores livianas, como por ejemplo, escribir una misiva con la condición de que éstas no lleven a la persona a omitir tanto la alegría como el cumplimiento de los preceptos del día (Shulján Aruj 696:1, Mishná Berurá 6).

Está permitido cortarse las uñas en Purim pues se trata de una labor liviana, empero lavado y costura de ropa así como cortarse el pelo, está prohibido (Ben Ish Jai Tetzavé 21). Sin embargo, se pueden realizar labores significativas si tienen por objetivo cumplir con los preceptos de Purim y entre estas se incluyen el lavado y  la costura de ropa así como el corte de cabello (Ramá 696:1).

Según la ley esencial, está permitido tener abierta una tienda en Purim, pues un buen negocio alegra de sobremanera. De todos modos es conveniente no abrirla, pues las ocupaciones comerciales pueden ir en detrimento de la alegría y el cumplimiento de los preceptos del día. Por lo tanto se deben abrir únicamente las tiendas que venden artículos para Purim (Mishná Berurá 696:3, Aruj Hashulján 2, Kaf HaJaím 5).

La prohibición de realizar labores recae únicamente sobre el día mismo de Purim y si bien algunos de los sabios de las últimas generaciones pusieron hincapié en abstenerse de realizar labores también por la noche, el hecho de que exista discusión a este respecto nos indica claramente que no hay una tradición consensuada y por lo tanto no se prohíbe la realización de labores durante la noche de Purim (ver  Beur Halajá 696:1).

Los habitantes de ciudades no amuralladas tienen permitido realizar labores el día que se celebra Purim en las ciudades amuralladas, y como contraparte, estos últimos tienen permitido realizar labores el día que se celebra Purim en las ciudades sin muralla (Shulján Aruj 696:2).

1 – Alegría y generosidad

Los preceptos de Purim aparecen mencionados en el Libro de Esther (9:22): «un mes que se convirtió para ellos de pesadumbre a mes de júbilo, y de un tiempo de duelo a día festivo, día de enviarse presentes los unos a los otros y dádivas a los pobres».

El alegrarse en Purim es un precepto muy singular y viene a manifestar los aspectos físicos y materiales de la vida. Así como el edicto de exterminio fue apuntado contra las almas y contras los cuerpos, de la misma manera la alegría festiva debe incluir a ambos ámbitos de la existencia, el cuerpo y el alma. Es así que además de la lectura de la Meguilá, que expresa el aspecto espiritual de la persona, existe el precepto de celebrar un banquete con comida y bebida en abundancia. Se pone especial énfasis en beber vino hasta perder algún grado de conciencia, para así expresar que el Pueblo de Israel es santo y que incluso en estado de inconciencia los judíos se  mantienen conectados y apegados a D´s.

La alegría debe ir acompañada de un incremento del amor y la unidad entre todos los miembros del Pueblo Judío. Esa es en definitiva, la verdadera alegría que expresa el carácter expansivo y amplio del amor al prójimo. Por el contrario, quien come y bebe, solo es una persona limitada, concentrada únicamente en la satisfacción de sus propias pasiones y por lo tanto nunca va a poder conocer la verdadera alegría. Esta es la razón por la cual se nos ordenó el precepto de enviar porciones de comida unos a otros.

No se debe fomentar el amor solamente entre amigos, sino que es menester preocuparse también por los pobres que no tienen con qué alegrarse, y esa es la razón  por la que se nos ordenó dar presentes o dádivas a los pobres, para que así puedan participar de la alegría festiva. Todo aquel que es indiferente al sufrimiento de los pobres, aunque le parezca que está pasando un momento alegre con sus amigos, no se trata sino de un libertino que no tiene la menor conexión con la vida real. Esto se debe a que necesita ignorar el dolor humano como condición para pasar un buen rato, empero la miseria no desaparecerá en virtud de que beba vino y se emborrache, y por lo tanto en su fuero íntimo siente que no merece ese buen momento y esto lo entristece. Por el contrario, quien se ocupa en alegrar a los pobres y a los desventurados, su vida adquiere valor y puede alegrarse verdadera y justificadamente. Por esta razón en Purim se nos ordenó el precepto de dar presentes a los pobres.

2 – La unidad del Pueblo Judío en Purim

Purim es un día propicio para revelar la unidad en el seno del Pueblo de Israel. El decreto del malvado Hamán estaba dirigido contra toda la nación sin diferenciar entre justos y trasgresores, pobres o ricos. A la luz del carácter general del decreto persecutorio, entendemos que la esencia israelita anida en todos y cada uno de los judíos, y por esta razón es que querían exterminarlos a todos. Empero D´s nos salvó a todos, transformando la aflicción en alegría, y por esta razón el regocijo debe abarcar a toda la grey, tal como se nos ordenó, enviar platillos de comida al prójimo y dar presentes o dádivas a los pobres.

Más aún, Hamán pudo llevar adelante parcialmente su proyecto persecutorio en virtud de que en esos días, el Pueblo de Israel estaba dividido, tal como lo insinúa el texto de la Meguilá (3:8-9): «Hay un pueblo esparcido y disperso entre todos los pueblos de todas las provincias de tu reino… si al rey le parece bien, decrétese que sean destruidos». Como contraparte, la anulación del decreto surge de la unión popular tal como le pide Esther a Mordejai (4:16): «Anda y reúne a todos los judíos que están en Shushán y ayunen vosotros por mí, y no comáis ni bebáis durante tres días, de noche y de día». En virtud de la unión el edicto pudo ser anulado.

La unión es la condición previa para la recibir la Torá, tal como leemos (Éxodo 19:2): “y acampó Israel frente al Monte». Nuestros sabios explican que acamparon «como un solo hombre con un solo corazón» (Rashi), «para que se quieran unos a otros y puedan recibir la Torá» (Mejilta). Entonces dijo el Eterno: «Este es el momento de entregar la Torá a mis hijos» (Vaikrá Rabá 9:9). Así como un rollo del Pentateuco al que le falta una letra no es apto para ser leído, de haber faltado uno solo de los seiscientos mil judíos que acamparon en Sinaí, no habríamos podido recibir la Torá. Asimismo en Purim, el edicto de exterminio logró unir a toda la nación, y esta unidad pudo traer la salvación y hasta permitió que en los días de Asuero volvamos a recibir la Torá, pero esta vez por amor (Tratado de Shabat 88(A)). Es así que año tras año, en virtud de la unidad que se manifiesta en Purim, tenemos la oportunidad de volver a recibir la Torá con alegría.

3 – Presentes para los pobres

Es deber de todo judío dar presentes a los pobres en Purim. Se cumple con el precepto dando un mínimo de dos presentes, uno a cada pobre, y quien pueda incrementar el número de presentes, será bendecido. El presente puede consistir en dinero o un comestible pero no de ropa o libros, pues hay quienes opinan que el presente debe poder ser disfrutado en el banquete festivo y por lo tanto los primeros son más útiles. Si bien el presente debe consistir en algo que pueda ser utilizado en el banquete festivo, el pobre tiene la libertad de usarlo o no para esa comida específica (Shulján Aruj 694:1, Ramá 2, Mishná Berurá 2).

El valor de cada presente debe equivaler al costo de la adquisición de alimentos sencillos, que permitan preparar una comida frugal, como por ejemplo, un sándwich o una porción de falafel. Si dio un shekel por cada presente cumplió, pues con esta suma se puede comprar pan en cantidad equivalente al volumen de tres huevos (como unas tres rodajas) y esto puede calmar ajustadamente el apetito. Todo lo que se pueda incrementar en presentes para los pobres es elogiable (ver más adelante inciso 8).

Si dio dinero para presentes a los pobres, no se lo puede considerar parte del diezmo, pues está prohibido cumplir con una obligación mediante el dinero que uno debe dar de tzedaká. Empero está permitido poner el shekel de cada presente del bolsillo propio y el resto agregarlo de dinero del diezmo.

Un indigente es una persona pobre que carece de dinero para proveer los elementos básicos a los miembros de su familia. Todo es relativo al tiempo y al lugar, pues hubo épocas en las cuales quien tenía pan para comer y dos prendas de ropa, no se le consideraba pobre, mientras que hoy día, quien tiene cuatro prendas de ropa y puede comer pan y queso, es  considerado pobre.

Se le puede dar el presente a un niño pobre con la condición que tenga la madurez mínima como para no perder el dinero. Quien da un presente doble a una pareja de pobres cumplió con el precepto, pues dio un presente a la esposa y otro al esposo. Asimismo, quien da un presente doble a una viuda y su hijo pequeño que vive de ella, cumplió con los dos presentes. Sin embargo quien da un presente doble a un mismo pobre, aunque haya entregado los presentes por separado, no cumplió con el precepto, pues se requiere dar a dos pobres distintos.

Quien no conozca a dos indigentes o se avergüence de entregar los presentes, puede confiárselos al encargado de repartir la tzedaká en la sinagoga para que él los entregue. Los encargados del reparto de  la tzedaká, deben procurar entregar los presentes a los pobres, a una hora que les permita disfrutarlos en el banquete festivo.

4 – Envío de porciones o comidas

Es deber de todo judío enviarle al prójimo dos porciones de comida o dos platillos en Purim, para que de esa manera aumente la concordia entre las personas. La proliferación del amor y la concordia entre los judíos es la quintaesencia de Purim, pues en esta festividad se reveló la santidad del Pueblo de Israel que está apegado a D´s y Su Torá y que una chispa de esa santidad anida en el interior de cada judío. Por esta razón es oportuno en Purim expresar ese amor en la práctica (ver arriba inciso 2).

Las porciones deben de ser alimentos, para así incrementar la alegría festiva, pues es sabido que cuando una persona ingiere un platillo sabroso preparado por alguno de sus amigos, la relación entre ambos se fortalece. Además, hay casos en los que el receptor no responde a la definición exacta de pobre o indigente, pudiendo proveerse a sí mismo de alimentos básicos con sus propios ingresos, pero sin embargo no está a su alcance adquirir productos para una comida festiva y mediante el envío de porciones se le puede hacer llegar, de una manera decorosa, alimentos de mejor calidad.

Para cumplir con el precepto es necesario enviarle a una persona dos porciones distintas. Nuestros sabios dispusieron un mínimo de dos porciones, para que el envío exprese amor, ya que con una porción sola podemos ayudar a que un amigo no pase hambre, pero con dos, estamos mostrando interés en que disfrute de la variedad. Cuantas más porciones se puede enviar con el objetivo de incrementar el amor y la armonía entre los judíos, mayor es el elogio para quien las envía.

5 – ¿Qué tipo de comidas permiten cumplir con el precepto?

Las dos comidas deben ser diferentes entre sí, como por ejemplo pan y carne, arroz y carne, pescado y huevos o pasteles (tortas) y manzanas. Asimismo se puede enviar dos comidas diferentes de carne, como por ejemplo una comida de carne asada y otra de carne a la cacerola o dos cortes diferentes de carne, aunque estén hechas de la misma manera, como por ejemplo costillas y pecho asados, pues en ese caso se saborean dos gustos diferentes. También se puede enviar dos tipos de pastel (o torta), a condición de que sean diferentes en su sabor y su aspecto.

Si alguien le envía a su amigo una prenda de vestir o un libro, si bien alegran a quien los recibe y expresan el amor entre las personas, no se cumple con el precepto, pues las porciones deben de ser comestibles. Sin embargo, una vez que la persona ya cumplió con su deber religioso enviando dos platillos, puede, si quiere, agregar otros presentes al envío para incrementar así los sentimientos de cariño y fraternidad.

Si alguien le envía a su prójimo un pollo vivo, no cumple con el precepto, pues no es digno de ser consumido ya que primero hay que degollarlo, luego trozarlo, salarlo y enjuagarlo antes de que se pueda cocinar. Inclusive si se envía carne cruda casherizada y lista para ser cocinada, hay quien opina que no se cumple con el precepto, sino que es necesario enviar comidas listas para su consumición. Se pueden enviar latas de conservas pues es muy sencillo abrirlas y consumir su contenido.

Una botella de bebida alcohólica importante como vino, cerveza o un buen jugo son considerados por la mayoría de los juristas como una comida, y se puede cumplir con el precepto enviando dos de estas bebidas. Hay juristas más estrictos que consideran que una bebida no es una comida y si bien la Halajá va de acuerdo a la mayoría de los juristas, quien quiera cumplir según todas las opiniones, que haga al menos un envío que contenga dos porciones de comida.

Cada porción debe tener un tamaño mínimo, tal que pueda decorosamente ser servida a un invitado (Aruj Hashulján 695:15). Sin embargo una ciruela, no es una cantidad decorosa para servir, por lo tanto si se quiere hacer un envío de ciruelas, se deben incluir unas cuantas como para poder considerarlas una porción.

Hay juristas que opinan que cada comida debe tener una cantidad mínima equivalente al volumen de tres huevos, mientras que otros consideran que las porciones deben ser importantes y acordes al status de quien las envía y quien las recibe. Si se trata de personas acaudaladas, las comidas deben ser importantes, empero si resultan ser insignificantes para estos, no se ha cumplido con el precepto. A priori es importante que cada porción contenga un volumen mínimo de tres huevos y que sean importantes y honorables tanto para quien las envía como para quien las recibe.

6 – ¿Quiénes están preceptuados de enviar comidas al prójimo y dar presentes a los pobres?

Todo judío debe enviar comidas al prójimo y dar presentes a los pobres en Purim. Y si bien las mujeres están exentas para con los preceptos positivos condicionados para su cumplimiento por un tiempo fijo, dado que ellas también participaron del milagro están obligadas a cumplir los preceptos de Purim. Por cuestiones de recato es importante cuidar que el envío de comidas sea entre personas del mismo sexo, empero en lo relativo a presentes a los pobres no aplica este criterio, pues la entrega de tzedaká no genera especial cercanía personal (Ramá 695:4, ahí se expresa la duda de si el envío de porciones puede implicar una consagración matrimonial).

Una mujer casada tiene también que cumplir con el precepto, por lo que un matrimonio tiene que hacer dos envíos de comidas, uno por la mujer y otro por el hombre. En cada uno de los envíos deben incluirse dos comidas. Si bien en el envío de comidas, lo más importante es el acercamiento entre el que envía y el que recibe, no es necesario aclarar en cada envío si es del marido o de la esposa, sino que alcanza que quienes envían dichas comidas, tengan conciencia que cada uno ha de cumplir con su respectivo envío. En este caso no hay problema de posibilidad de acercamiento entre personas de diferente sexo, ya que se trata de un matrimonio y es claro que el envío en cuestión pertenece a ambos, y el acercamiento es hacia la pareja como una unidad.

En cuanto a presentes para los pobres, un matrimonio tiene que entregar el equivalente a cuatro presentes, dos de la mujer y dos del marido. En este caso no es necesario que la mujer misma haga entrega de sus presentes, pudiendo el marido hacerlo en su lugar. Asimismo se pueden entregar los cuatro presentes a dos pobres, de tal manera que cada indigente reciba un presente del marido y uno de la mujer. La costumbre más extendida hoy día, es entregar los presentes mediante el encargado de la tzedaká en la comunidad, quien puede recibir el dinero equivalente a cuatro presentes y repartirlo en nombre de los donantes entre dos pobres.

Niños que llegaron a la edad de cumplir preceptos, si bien son mantenidos por sus padres, por cuanto que han arribado a la edad de mitzvot, deben enviar porciones al prójimo y entregar presentes a los pobres. El envío de porciones que está destinado a generar cercanía  e incrementar el cariño, lo deben efectuar bajo su propio nombre, mientras que los presentes para los pobres los pueden efectivizar sus padres en su nombre.

También en el caso de niños que llegaron a la edad de comenzar a ser instruidos en el cumplimiento de los preceptos (jinuj), hay quienes les hacen ser los emisarios del envío de las porciones, mientras que algunos padres les preparan porciones propias para que las entreguen a sus amigos. En el caso de la entrega de presentes a los pobres, algunos padres acostumbran a darle dinero a sus hijos, para que éstos se lo den a los pobres, mientras que otros entregan ellos mismos el dinero en nombre de sus hijos y al contárselos,  es una forma de educarlos en el precepto.

Un indigente que vive de la tzedaká, debe enviar porciones al prójimo y entregar presentes a los pobres, y en caso de que no tenga más comida que para su propia ingestión, puede intercambiarla con un amigo de manera tal, que ambos cumplen con el precepto. Lo mismo  puede hacer con el precepto de entregar presentes a los pobres (Shulján Aruj 695:4, Mishná Berurá 694:1-2).

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