07. Reglas referentes a la repetición de la Amidá por parte del oficiante y recitado de «Amén».

Se tienen que cumplir tres condiciones para que una persona cumpla con su deber de rezar mediante la repetición del oficiante: a) Desconocer el rezo. Sin embargo quien sabe rezar debe hacerlo y pedir misericordia por sí mismo y no puede cumplir con su deber escuchando al oficiante. b) Tiene que haber quórum de diez en ese lugar, pues nuestros sabios decretaron que sólo en la presencia de un «Minián» se puede cumplir escuchando al oficiante c) Que el orante entienda lo que dice el oficiante, pero si no sabe hebreo no puede cumplir mediante la repetición de éste.

El que escucha debe responder Amén a todas y cada una de las bendiciones recitadas en la repetición. Nuestros sabios dijeron (Talmud Babilonio Tratado de Berajot 53(B)) que «tiene más mérito quien responde Amén que quien recita la bendición».

Se debe responder Amén con seriedad, concentración. Esta expresión significa que lo dicho por el que bendijo es verdad. Por ejemplo, si alguien escuchó la bendición «HaE-l Hakadosh» debe tener la intención de decir: Es verdad que Él es el D´s Santo (HaE-l Hakadosh). Cuando la bendición incluye también una petición, debe tener la intención de decir «ojalá que nuestro pedido sea concedido por É-l». Por ejemplo en el caso de la bendición «Jonén Hada´at» (sabiduría y conocimiento) se debe tener la intención de ambos  significados: a) Es verdad que la sabiduría proviene de Él b) Ojalá que nos conceda la sabiduría (Shulján Aruj 124:6, Mishná Berurá 25).

Es oportuno ampliar aquí la explicación de las reglas referentes al recitado del «Amén». Se debe responder Amén con voz agradable sin elevar su tono por encima del de quien bendice (Shulján Aruj 124:12). No se habrá de abreviar el «Amén» sino que habrá de extenderlo un poco hasta el tiempo que lleva recitar «E-l Melej Neemán«. Por otra parte, no se debe extender el Amén más de la cuenta.

Hay que tener cuidado de no responder «Amén» antes que el oficiante termine de recitar la bendición, o bien no pronunciar algunas de sus letras o bien decirlo de manera inaudible o con voz débil. Asimismo no se debe responder «Amén» mucho después de recitada la bendición pues en este caso se trataría de «Amén huérfano» (Ver tratado de Berajot 47(A), Shulján Aruj 124:8).

Responder «Amén» expresa la relación de la persona con su fe en D´s. Y cuando la fe es incompleta, esta genera una idéntica insuficiencia en nuestras vidas. Por eso dijo Ben Azai: «Todo aquél que responde un ‘Amén huérfano’  sus hijos serán huérfanos, si responde Amén adelantándose al oficiante ‘sus días se adelantarán’ (vivirá menos), o si lo dice entrecortado sus días serán cortados. En cambio, todo aquel que ‘prolonga’ el Amén, sus días y sus años serán prolongados» (Talmud Babilonio Tratado de Berajot 47(A)).

Los grandes sabios de la Edad Media (rishonim) acostumbraban a decir «Baruj Hú Baruj Shemó» cada vez que se mencionaba el Nombre de D´s en una bendición, y esta costumbre se extendió a todo el pueblo de Israel. Esto aplica a las bendiciones que al ser recitadas en voz alta no hacen cumplir con su deber a la persona, como en el caso de la repetición del oficiante cuando una persona supo rezar la Amidá silenciosa. Empero en el caso de bendiciones cuyo recitado en voz alta hace que las personas cumplan con su deber, por ejemplo la del Kidush o toque del Shofar, se acostumbra a no responder «Baruj Hú Baruj Shemó» para no interrumpir en medio de la bendición con expresiones que no fueron instituidas o establecidas por nuestros sabios. A posteriori, quien respondió «Baruj Hú Baruj Shemó» por el recitado en voz alta de una bendición que le hace cumplir con un deber, igualmente cumplió, pues la respuesta no implica distracción (Mishná Berurá 124:21, Kaf HaJaím 26. Hay comunidades del Norte de África que acostumbraban a responder en el caso de bendiciones cuyo recitado en voz alta hace que las personas cumplan con su deber. Los yemenitas acostumbraban a no responder).

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