06.  La repetición de la Amidá por parte del oficiante.

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Los sabios de la Gran Asamblea instituyeron que una vez que las personas individualmente terminen de recitar la Amidá en silencio el oficiante la repita en voz alta, a fin de que aquellos que no saben orar por sí mismos puedan cumplir con el deber de rezar (Talmud Babilonio Tratado de Rosh Hashaná 34(B)). Empero para el rezo de Arvit no instituyeron repetición ya que en su esencia se trata de un servicio opcional, y por lo tanto no es necesario hacer cumplir  al lego con ese deber.

Nuestros sabios decretaron que el oficiante también rece primeramente en silencio de modo tal que él mismo pueda ordenar su plegaria y a su vez, determinaron que las personas que saben rezar, igualmente deben escuchar la repetición y responder Amén a las diferentes bendiciones.

Dado que nuestros sabios, de bendita memoria,  fueron quienes instituyeron la repetición del oficiante, esta debe ser efectuada aunque todos los presentes sepan rezar. Y aún, habiéndose autorizado a transcribir la Torá Oral, incluida la redacción de los rezos y siendo que los libros de rezo cobraron gran difusión y prácticamente no hay congregaciones en las cuales haya personas que no sepan rezar y necesiten de la repetición para cumplir con su deber, esta ordenanza ha permanecido inamovible. Esto se debe a que la regla general indica que una vez que los sabios decretan algo, esto se aplica de manera uniforme (Shulján Aruj 124:3, de acuerdo a la respuesta de Rambám). Además, nuestros sabios decretaron que en la repetición del oficiante se reciten la Kedushá y la bendición sacerdotal (“Birkat Cohanim“) y si la repetición no se llevase a cabo, estas últimas se omitirían (Tur).

Según la Kabalá, además de hacer cumplir al orante lego, la repetición del oficiante tiene un cometido espiritual profundo al igual que la recitación silenciosa. La acción conjunta de ambos rezos hace que la plegaria sea más efectiva y por esta razón, aunque hoy en día no es necesario repetir el rezo para hacer cumplir a los legos, esta repetición es necesaria por razones de orden espiritual. Según esta idea, la repetición tiene mayor nivel espiritual que el rezo silencioso ya que se trata de un rezo más general y el público responde Amén a sus bendiciones. Por lo tanto, si bien el rezo de Amidá es profundo y excelso, a los efectos de preservar su nivel de elevación los orantes individuales deben recitarla en silencio, el oficiante al repetirla lo hace en voz alta ya que en virtud de lo elevado de esta instancia no se teme que las impurezas espirituales o “Kelipot” la perturben (Shulján Aruj 124:7, Kaf HaJaím 124:2 y 16).

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