09. Pesaj, Matzá y Maror

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En la Mishná (Tratado de Pesajim 116(A)) aprendemos: «Rabán Gamliel decía: todo aquél que no expresó estas tres cosas en Pesaj no cumplió con su deber, y son: Pesaj, Matzá y Maror»

Esto se refiere a que incluso quienes no tienen la oportunidad de recitar toda la Hagadá, que al menos se ocupen de los tres alimentos preceptivos de la noche del Seder, tal como reza el versículo que se refiere al precepto de enseñar al hijo que no sabe preguntar: «y habrás de narrar a tu hijo, en aquel día, diciendo: Por causa de esto ha hecho HaShem para mí (portentos) al salir yo de Egipto» (Shemot-Éxodo 13:8). Nuestros sabios explicaron: «por causa de esto»- cuando la matzá y el maror se hallan frente a ti en tu mesa (Mejilta Bo cap. 17). De aquí aprendemos que al menos debemos reflexionar sobre el significado de los tres alimentos que se nos ordenó ingerir en la noche del Seder, y aunque en la actualidad no podemos ofrendar el sacrificio de Pesaj tenemos el deber de recordar su sentido.

Ya aprendimos que todo el escenario de la noche del Seder debe ser llevado a cabo por medio de preguntas y respuestas, y por lo tanto decimos: «Este cordero pascual que nuestros ancestros solían comer en tiempos del Sagrado Templo, ¿a qué se debe?»; también «esta matzá que ingerimos, ¿a qué se debe?»; y luego «este maror que comemos, ¿a qué se debe?»

Tenemos aquí tres elementos: el sacrificio pascual expresa la singularidad del pueblo de Israel, la matzá expresa la libertad y el maror el significado del sometimiento.

El cordero pascual expresa la singularidad del pueblo de Israel en cuanto a que HaShem separó nuestra nación de las demás naciones de modo milagroso castigando a los primogénitos egipcios y salteándose nuestras casas. Puede decirse que mientras el Sagrado Templo de Jerusalém permanezca en ruinas la singularidad del pueblo de Israel no se revela ante todos y por ello no podemos ofrendar el sacrificio pascual.

Sin embargo, la matzá que representa la redención de Egipto se constituye como precepto permanente pues el atributo de la libertad que adquirimos durante el Éxodo permanece por siempre, ya que al salir de Egipto el pueblo de Israel estableció con HaShem un vínculo absoluto, y esa es la libertad verdadera, ya que no hay hombre libre sino aquel que se dedica a la Torá. Incluso mientras nos encontramos sometidos a las naciones del mundo nuestro espíritu se mantiene libre, pues por medio de la Torá podemos sobreponernos al sometimiento de la materia.

En el caso del maror, mientras no se ofrenda el sacrificio pascual su ingestión es preceptiva sólo rabínicamente. El maror insinúa el dolor y la amargura del sometimiento. Puede decirse que cuando tenemos el mérito de poder ofrendar el sacrificio pascual logramos comprender el significado pleno del concepto de sufrimientos que depuran y mejoran a la persona y ver cómo a partir de aquellas desgracias surgió la salvación, y por ello su ingestión es preceptiva por la Torá. Empero en días en los cuales carecemos del Sagrado Templo y no tenemos el mérito de poder ofrendar el sacrificio pascual, si bien debemos creer que todo sufrimiento es para bien, nos es difícil sin embargo comprender esta idea cabalmente y darnos cuenta cómo de todos los escollos surgieron redenciones, y por esta razón la ingesta de maror es en la actualidad un precepto de orden únicamente rabínico.

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