10. Reglas referentes a la kasherización de utensilios para Pesaj mediante inmersión en agua hirviendo («Hag´alát Kelím»)

01. ¿En qué casos el sabor impregnado en los utensilios transforma a los alimentos con los que entran en contacto en prohibidos para su consumo?

Cuando se cocina en un recipiente el sabor del alimento es absorbido por sus paredes y se adhiere a estas, razón por la cual si se cocinó en una olla carne no kasher y luego se cocinó en ella carne kasher, estará prohibido ingerirla pues el sabor de la carne no kasher se desprendió de las paredes de la olla y se impregnó en la kasher.

Empero, existe una regla que indica que si se suma un mal sabor («Notén Ta´am Lifgam») (que empeora el del alimento que se cocina) no lo torna en prohibido para su ingestión. Por ejemplo: si cayó un poco de carne no kasher de sabor alterado y se mezcló con carne kasher, por cuanto el sabor taref (no kasher) está dañado o alterado, el platillo se podrá comer. Otro tanto ocurre con el sabor que se impregna en las paredes de la olla: la regla que detentamos indica que pasadas veinticuatro horas de la cocción, este sabor adherido se estropea («Pagúm»). Por lo tanto, si se cocina en una olla carne no kasher y habiendo pasado más de veinticuatro horas se cocina comida kasher, dado que el sabor adherido a las paredes de la olla es desagradable no torna el alimento en prohibido (Shulján Aruj Ioré Deá 103:5).

Sin embargo, a priori, no se puede cocinar en una olla que absorbió un sabor prohibido aunque haya pasado veinticuatro horas, pues los sabios temieron que las personas puedan, por descuido, equivocarse y cocinar en esta antes de pasada la jornada en su totalidad. Por ello, establecieron que por cuanto que se prohíbe, a priori, el uso de la olla en cuestión no debe volver a usarse a menos que pase por un proceso de kasherización (Shulján Aruj Ioré Deá 122:2). Solamente a posteriori, si se olvidó que la olla absorbió un sabor prohibido y se cocinó en ella otro alimento, dado que pasaron ya veinticuatro horas desde la primera cocción, la comida será kasher. Empero, quien sabe que la olla absorbió un sabor prohibido y de todas maneras cocinó en esta un alimento kasher, nuestros sabios lo sancionaron prohibiéndole a él y a su familia que lo ingieran, a pesar de que el sabor no kasher ya se estropeó.

02. Un recipiente o utensilio jametz en Pesaj

Recipientes o utensilios que fueron usados durante todo el año con comida jametz caliente, en virtud de la temperatura, el sabor fue absorbido impregnándose y adhiriéndose a sus paredes por lo que está prohibido usarlos en Pesaj, a menos que se extraiga de estos el sabor a leudado sumergiéndolos en agua hirviendo («hag´alá») o exponiéndolos a altas temperaturas o «libún» (calentando los utensilios hasta que se tornen rojos).

En caso de que se haya cocinado con estos recipientes o utensilios para Pesaj o durante la festividad a pesar de saber que no fueron kasherizados, si bien el sabor a jametz que está impregnado y adherido a estos se estropeó por haber pasado ya veinticuatro horas, la comida no se podrá ingerir pues ya vimos que nuestros sabios sancionaron a quien trasgrede y cocina en una olla que absorbió sabor prohibido y no la kasherizó.

En caso de que por error se haya cocinado en Pesaj en una olla no kasherizada, hay juristas que entienden que si pasaron veinticuatro horas desde que se cocinó jametz, dado que el sabor a leudo liberado por la olla está deteriorado – se podrá comer lo cocinado durante la fiesta (Shulján Aruj 447:10). Otros juristas entienden que la comida cocinada no se puede ingerir pues la prohibición de jametz es especialmente grave y una ínfima cantidad de este transforma en prohibida a la totalidad de la mezcla que lo contiene, y esto también es así, aunque su sabor esté estropeado (ídem Ramá, ver arriba 7:5).

Un recipiente o utensilio jametz que no se desea kasherizar para Pesaj debe ser limpiado de sus restos de leudo y ser guardado en un sitio cerrado para que no sea usado por equivocación (Shulján Aruj 451:1, ver arriba 6:4 que no deben ser vendidos).

03. «Así como se absorbe – se expele»: kasherización mediante inmersión en agua hirviendo o exposición a altas temperaturas («hag´alá» y «libún jamur»[1])

La regla básica en cuanto a kasherización de recipientes o utensilios es la siguiente: «así como se absorbe se expele». Tal como el sabor prohibido se adhiere al recipiente y es absorbido por este, de igual manera será expelido. Si bien tras pasar una jornada el sabor absorbido y adherido se deteriora («nifgam») y ya no está vedado, la regla indica que todo utensilio o recipiente que absorbió un sabor prohibido debe ser kasherizado de la misma manera en que fue usado con el alimento en cuestión. Existen dos maneras básicas de absorción: mediante agua hirviendo y mediante fuego.

Si el alimento prohibido es absorbido y se adhiere al utensilio por medio de agua hirviendo, como en el caso de una olla en la que se cocinó un guiso jametz, a los efectos de kasherizarla para Pesaj será necesario sumergirla en agua hirviendo, pues por medio de esta el sabor jametz será expelido. Lo mismo aplica para cucharones y cucharas de sopa: si fueron usados con alimentos jametz que se encontraban por encima de la temperatura a la que la mano retrocede («yad soledet bo»), su sabor a leudo se adhiere a estos utensilios y para quitarlo es necesario sumergirlos en agua hirviendo.

Empero, si el jametz se adhirió o impregnó en un utensilio mediante el calor del fuego en ausencia de líquidos, como en el caso de un molde de tortas o pasteles, o brochetas sobre las que fueron horneadas masas, o una olla que es normalmente destinada a la preparación de “yajnun” o kugel, dado que la absorción tuvo lugar por intermedio del calor del fuego en ausencia de líquidos, la kasherización se lleva a cabo mediante la exposición a un calor especialmente intenso («libún jamur»). Esto significa que el utensilio o recipiente en cuestión debe ser colocado sobre el fuego hasta que despida chispas o hasta que alcance la incandescencia (ponerse al rojo vivo).

La diferencia entre estas dos formas de absorción es que la que tiene lugar por medio de líquidos es más suave, y por lo tanto el agua hirviendo puede retirar el sabor a jametz adherido a las paredes del recipiente. Empero en el caso de las torteras o las brochetas, se trata de una absorción intensa pues el calor del fuego logra adherir e introducir el sabor a jametz fuertemente en el cuerpo del recipiente o utensilio: entonces el agua hirviendo no es suficiente para retirarlo y es necesario expelerlo del mismo modo como fue absorbido, mediante fuego. Esta es la exposición a un calor especialmente intenso («libún jamur»), en la cual el fuego quema y destruye todos los sabores que fueron absorbidos y adheridos al cuerpo o las paredes de los recipientes o utensilios.

Vemos entonces que la inmersión en agua hirviendo expele el sabor a jametz absorbido o adherido al recipiente o utensilio, mientras que la exposición al fuego («libún») quema el sabor absorbido mientras permanece adherido a este.

Por ello, los recipientes o utensilios que van a ser sumergidos en agua hirviendo deben ser previamente lavados de todo resto de jametz que pueda permanecer adherido, pues la hag´alá hace expeler el sabor impregnado, pero no elimina todos los restos de comida que permanecen adheridos. Por el contrario, los utensilios o recipientes que van a ser expuestos al fuego no requieren de lavado previo pues de todas maneras los restos de alimento adheridos serán completamente quemados en el procedimiento.


[1].  La raíz de la palabra libún – significa «blanco». El objetivo de ello es el de quemar íntegramente, el residuo comestible, hallado en los intersticios de las paredes del utensilio. Si el utensilio hubiese absorbido comida no kasher, se requerirá un fuego suficientemente caliente, como para que el utensilio saque chispas.

Esto se llama libún jamur, libún estricto. Si el utensilio fue destinado para usarse con carne, y no fue usado dentro de las últimas 24 horas, y por casualidad absorbió leche, se podrá transformarlo en kasher, si es calentado al grado de calor que quemaría una paja. Este procedimiento, se llama libún kal, o sea, libún liviano o sencillo.

El Libún Jamur se aplica a utensilios utilizados para asar, «spiedo», grill, etc., que hubieran absorbido algo «No Kasher «, o carne y leche.

El Libún Kal se aplica cuando utensilios utilizados para lácteos absorbieron el gusto de carne, o viceversa (N. de Ed.)

04. La diferencia entre la absorción por medio de fuego y en presencia de líquidos – el caso de la sartén

Si bien se unta la asadera o tortera con aceite para que el pastel horneado no se adhiera, se considera que la absorción tiene lugar en ausencia de líquido y para kasherizarlas será necesario recurrir a la exposición al fuego («libún jamur»), pues únicamente cuando en el fondo del recipiente hay aceite hirviendo y burbujeante se considera que la absorción tiene lugar en presencia de líquidos.

Según esto, la sartén es kasherizada mediante su inmersión en agua hirviendo («hag´alá») pues contiene aceite a altas temperaturas y esta es, en efecto, la opinión de la mayoría de los juristas medievales o Rishonim (Rosh y Aví Haezrí). Y aunque el aceite se consuma y el alimento que se fritó se queme, por cuanto que en el inicio del fritado había aceite en la sartén el sabor del alimento se impregnó por medio de una absorción suave y su kasherización se efectúa sumergiéndola en agua hirviendo (Mishná Berurá 451:63, Kaf HaJaím 137).

Empero, según la opinión de algunos de los grandes eruditos medievales, por cuanto que se acostumbra a fritar en la sartén usando poco aceite, muchas veces ocurre que este se consume y la absorción pasa a tener lugar en ausencia de líquidos por lo que la sartén debe ser kasherizada como las asaderas, las torteras o los moldes de torta o pastel, esto es, por medio de la exposición al fuego («libún jamur») (Rashbá). Si bien en el caso de una olla todos coinciden en que, aunque se haya consumido el líquido y el alimento se haya quemado o secado, se kasheriza mediante inmersión en agua hirviendo («hag´alá»), respecto de la sartén por cuanto que en esta a priori se coloca menos aceite y es común que este se consuma, corresponde adoptar una actitud más estricta.

En la práctica, a priori se debe kasherizar una sartén mediante exposición moderada al fuego («libún kal», procedimiento que se explicará en la próxima halajá) y a posteriori, por cuanto que pasaron ya veinticuatro horas desde que se fritó jametz en esta, podemos contentarnos con sumergirla en agua hirviendo («hag´alá»).

Una sartén de teflón en la cual se fríe sin aceite no es kasherizable para Pesaj. Si bien aparentemente podría ser kasherizada mediante exposición intensa al fuego («libún jamur») al igual que las asaderas o torteras o moldes para pasteles, en la práctica no debe ser kasherizada ya que este procedimiento puede dañarla (como se verá adelante en la halajá 7).

En el caso de una sartén que es utilizada para preparar «malawaj» (masa de hojaldre muy popular entre los yemenitas) la cual se amasa y calienta sin emplear aceite hirviendo, dado que la sartén absorbe en ausencia de líquido debe ser kasherizada por medio de exposición intensa al fuego («libún jamur»). Si este uso de la sartén es minoritario, en caso de gran necesidad puede ser kasherizada mediante inmersión en agua hirviendo («hag´alá»), según su uso mayoritario (como se explicará en la halajá 9).

05. Exposición intensa y moderada al fuego («libún jamur», «libún kal») y si acaso tomamos o no en cuenta la temperatura imperante al momento de la absorción

Exposición intensa al fuego (“libún jamur”) significa colocar el utensilio sobre el fuego hasta que todo sabor a jametz que pueda haber absorbido se haya quemado. La señal de que el utensilio llegó a la temperatura adecuada es que si se lo toca con un objeto de hierro saltarán chispas, o que su capa exterior se descascara o su color se torna rojo incandescente. En la actualidad, la mayoría de los metales no exhiben estas señales y en caso de que el objeto alcance una temperatura de cuatrocientos grados Celsius se considera que fue expuesto a fuego intenso (o sea que pasó “libún jamur”).

Exposición moderada al fuego (“libún kal”) significa que se coloca el utensilio sobre la lumbre hasta que si un hilo o aguja de heno entra en contacto con el otro extremo que no está siendo calentado se quemará o chamuscará por la elevada temperatura alcanzada. Por ejemplo, en el caso de quien desea kasherizar una sartén por medio de exposición moderada al fuego, debe colocarla sobre este y dejar arriba de la misma un papel, de modo tal que cuando comience a chamuscarse sabremos que la kasherización fue exitosa.

En casos en los que se requiere una exposición intensa al fuego, la moderada no será suficiente pues el objetivo de colocar el utensilio sobre la lumbre es eliminar cualquier sabor a jametz que se pueda haber adherido o absorbido y esto es posible de hacer de modo completo únicamente mediante la exposición intensa. Si bien la exposición moderada al fuego (“libún kal”) es más efectiva que la inmersión en agua hirviendo (“hag´alá”) pues hace que el sabor impregnado en el utensilio salga mejor amén de quemar un poco del sabor absorbido y adherido hay algunos casos de duda respecto de si un utensilio requiere de inmersión en agua hirviendo o de exposición al fuego, por lo que se ordena conformarse con una exposición moderada al mismo. Otra ventaja de la exposición moderada al fuego es que en el caso de utensilios o recipientes que poseen ranuras difíciles de limpiar, la inmersión en agua hirviendo no logra kasherizarlos pues este procedimiento puede retirar el sabor a jametz impregnado o adherido al objeto, pero no alcanza para eliminar los restos de alimentos que quedaron en las ranuras. Empero, si se expone el utensilio o recipiente moderadamente al fuego y se lo orienta hacia las ranuras, los restos de alimento serán quemados y el recipiente quedará apto para Pesaj. Se puede también efectuar este procedimiento introduciendo el recipiente o utensilio en un horno y dejándolo allí media hora en el máximo calor.

Hay juristas más flexibles quienes entienden que para kasherizar un recipiente o utensilio que absorbió jametz en contacto con fuego (y ausencia de líquido) no necesariamente se requiere de una exposición intensa a este, sino que depende de la temperatura a la que tuvo lugar la absorción, ya que la regla de que “tal como se absorbe se expele” aplica también al grado de calor que tuvo el impregnado. Por lo tanto, si el utensilio o recipiente absorbió sabor jametz a una temperatura de trescientos grados – a esa misma temperatura será kasherizado, y si absorbió a doscientos grados – a esa temperatura se kasheriza aunque el utensilio no se torna incandescente y no despide chispas. Según esta opinión, una asadera o tortera que absorbió un sabor prohibido a la temperatura del horno puede kasherizarse de igual manera. En la práctica, la opinión mayoritaria de los juristas indica que en todo caso que un utensilio o recipiente haya absorbido un sabor prohibido en ausencia de líquido a una temperatura superior a la que hace que la mano retroceda (“yad soledet bo”), debe ser kasherizado mediante exposición intensa al fuego. Empero, en caso de gran necesidad y en presencia de otros factores que lo permitan se toma en cuenta la opinión más flexible.

Debe recalcarse que la absorción intensa tiene lugar únicamente cuando el alimento está sobre el fuego, por ejemplo, si se corta con un cuchillo un pastel que está sobre este, en cambio, si se quitó el pastel del fuego y se cortó con un cuchillo, aunque el alimento esté seco se considera que la absorción fue leve y se puede kasherizar mediante inmersión en agua hirviendo.

06. Kasherización para Pesaj de un utensilio que absorbió un sabor permitido

Lo que vimos anteriormente respecto de que cuando la absorción tiene lugar en ausencia de líquidos la kasherización requiere exposición al fuego se refiere a la absorción de un sabor prohibido, por ejemplo, si se usó una brocheta para asar carne no kasher. En este caso, por cuanto que absorbió sabor prohibido en ausencia de líquidos su kasherización es mediante exposición al fuego. Pero si la brocheta fue usada con carne kasher y sólo después se tornó prohibida se la puede kasherizar mediante inmersión en agua hirviendo. Un ejemplo de esto es una brocheta que fue usada para asar carne de una ofrenda del Templo, una vez pasado el día – esta carne se transforma en sobra o «notar» נותר en el lenguaje de la Torá, su ingestión se torna prohibida y por ende también el sabor impregnado en esta – entonces, la brocheta no puede volver a ser usada de no mediar kasherización. En un caso así no es necesario exponerla al fuego, sino que alcanza con sumergirla en agua hirviendo, pues al momento de absorber el sabor de la carne, esta era apta para ser consumida.

Según este criterio, torteras o moldes de pastel que por error se usaron una vez para hornear lácteo y otra para hornear cárnico, dependerá de si pasaron o no veinticuatro horas entre un horneado y otro. Si se horneó cárnico y antes de pasadas veinticuatro horas se horneó lácteo, estará prohibido ingerir el alimento resultante ya que este se mezcló con sabor a carne de buen gusto y la tortera a su vez absorbió sabor prohibido. Dado esto, debe ser kasherizada mediante exposición intensa al fuego. Empero si pasaron veinticuatro horas entre el horneado cárnico y el lácteo, el sabor a carne impregnado es desagradable y por lo tanto el alimento lácteo horneado es apto para ser ingerido. Si bien los sabios establecieron que la tortera o molde del pastel debe ser kasherizado, como no absorbió un sabor prohibido, el procedimiento puede ser llevado a cabo mediante inmersión en agua hirviendo. Sin embargo, por cuanto que acostumbramos introducir la tortera en el horno, es mucho mejor kasherizar la tortera en cuestión colocándola en este durante media hora a la temperatura máxima.  Además, ya vimos que una exposición moderada al fuego es mejor que la inmersión en agua hirviendo.

Los sabios medievales están divididos respecto del jametz, algunos sostienen que la absorción del jametz es considerada como una absorción permitida – «beli´at heter» – ya que está permitido ingerirlo a lo largo del año y por ende se pueden kasherizar las torteras o moldes de pasteles mediante inmersión en agua hirviendo solamente. Por otra parte, en opinión de la mayoría de los juristas, el jametz entra en la categoría de alimento prohibido, y si bien durante todo el año se puede a priori comer de este, para Pesaj siempre se lo considera alimento prohibido pues un alimento que leudó antes de Pesaj se lo considera jametz durante toda la fiesta y su ingestión está prohibida. Por ello, según esta opinión las torteras deben ser kasherizadas mediante una exposición intensa al fuego, siendo este el dictamen final del Shulján Aruj (451:4). Empero, en caso de gran necesidad y ante la presencia de motivos suplementarios que permitan adoptar una actitud más flexible, se puede proceder conforme a la opinión de los primeros juristas (Mishná Berurá 451:28).

07. Utensilios o recipientes a los que la exposición al fuego los puede dañar y el caso de las torteras o moldes de pasteles

Tal como ya aprendimos, la exposición al fuego tiene por cometido quemar todo sabor absorbido y adherido a las paredes del recipiente, y a esos efectos, es necesario elevar la temperatura de este a un grado muy elevado que lleva a los metales antiguos a tornarse incandescentes o despedir chispas. En el caso de los metales más nuevos es necesario calentarlos a una temperatura de cuatrocientos grados Celsius. Empero, hay utensilios que pueden arruinarse en estas condiciones, por lo que no se los debe kasherizar mediante exposición al fuego por temor a que quien lleve a cabo el procedimiento tenga lástima de sus pertenencias y no la efectúe como corresponde. Así como quedó prohibido kasherizar mediante exposición al fuego un utensilio o recipiente de loza, porcelana o cerámica ya que este procedimiento puede averiarlo. En este tipo de material la inmersión en agua hirviendo tampoco sirve ya que su composición particular lo hace proclive a absorber sabores sin expelerlos como es necesario. Por esta razón, en el caso de la loza porcelana o cerámica se los puede kasherizar únicamente devolviéndolos al horno ya que en este no es posible tener lástima del objeto en virtud de la intensidad del fuego que lo envuelve por todos sus lados, y en caso de que perdure quedará kasherizado (Shulján Aruj 451:1, Mishná Berurá 13-14).

En el caso de ollas especiales que se usan para hornear pasteles en su interior, estas absorben jametz en ausencia de líquido y para kasherizarlas es necesario exponerlas intensamente al fuego, y dado que se teme que no resistan el procedimiento – no es posible tornarlas aptas para Pesaj (en caso de que se haya horneado en éstas únicamente bizcochuelos se puede kasherizar mediante inmersión en agua hirviendo, tal como vimos en la halajá 4).

De igual manera, torteras o moldes de pasteles destinados a hornos hogareños en caso de ser expuestos intensamente al fuego pueden verse dañados, pues su aspecto se torna desagradable y su forma se ve alterada al punto que en opinión de la mayoría de las personas ya no son aptas para ser empleadas, por lo que no deben ser kasherizadas mediante este procedimiento. Existen torteras o moldes de pasteles de tipo industrial que no se deterioran tanto por efecto de la exposición intensa al fuego, por lo que pueden ser kasherizadas mediante este procedimiento. Es de suponer que en el caso de una persona a la que no le molesta que su tortera se vea alterada tanto en su forma como en su aspecto por efecto de la exposición intensa al fuego, podrá en caso de necesidad, kasherizarla mediante este procedimiento. En la práctica, en un caso así corresponde consultar con una autoridad halájica.

08. Las reglas de la inmersión en agua hirviendo (“hag´alá”)

Tal como ya aprendimos, cuando se cocina alguna comida, el sabor del alimento cocinado es absorbido y se adhiere a las paredes de la olla pues esa es la cualidad de la cocción – mezclar los diferentes sabores unos con otros. Por lo tanto, así como la cocción puede mezclar el sabor de la carne con el de las papas, puede asimismo adherir e impregnar estos sabores a las paredes de la olla.

Sin embargo, existen diferentes niveles de cocción y la regla general indica que, “tal como se absorbe así se expele”, por lo que si la absorción tuvo lugar por medio de un gran nivel de cocción, la kasherización debe ser intensa en su magnitud. De todas maneras, si la temperatura de lo que se cocinó fue inferior a aquella ante la cual la mano retrocede (unos 45 C°) no se considera que hubo absorción, por lo que no es necesario kasherizar mediante inmersión en agua hirviendo.

Enumeremos los grados de kasherización:

  1. a) Primer recipiente que se encuentra sobre el fuego (“klí rishón sheal gabei haesh”): se trata del mayor grado de cocción pues el fuego continúa calentando el alimento y hace que sus diferentes sabores sean absorbidos uno por el otro y por las paredes de la olla. Tal como se absorbe así se expele. Para kasherizar este recipiente es necesario introducirlo completamente en otro lleno de agua hirviendo y que se encuentra sobre el fuego. Es importante destacar que aunque en el momento de la absorción del sabor prohibido o el jametz el agua no hervía, a la hora de kasherizar es indispensable que esta hierva, pues el principio de que tal como se absorbe así se expele se refiere únicamente a la forma de la absorción, esto es, en primer o segundo recipiente. Desde el momento en que se trata de un primer recipiente que está sobre el fuego, la kasherización debe efectuarse por medio de inmersión en agua hirviendo que es la forma común de uso en esta circunstancia.
  2. b) Primer recipiente que no está puesto sobre el fuego: se trata de un recipiente que se calentó sobre el fuego y luego fue retirado o la lumbre fue apagada. Este recipiente tiene poco poder de cocción, pues si se le coloca algún tipo de alimento en su interior este se cocerá levemente ya que retiene en su interior todavía calor del fuego, empero éste mengua paulatinamente y por ende disminuye su poder de cocción.

Tal como absorbió así expele, este recipiente se casheriza introduciéndolo en un primer recipiente que no está ya sobre el fuego, pero cuya agua está aún bien caliente.

  1. c) Vertido («Yrui») de un primer recipiente: tiene el poder de cocer la superficie (“kedei klipá”) del alimento sobre el cual cae, por lo que si se vierte sopa jametz sobre una fuente, este sabor impregnará solamente la capa exterior de esta pero no el resto del alimento. La kasherización se lleva a cabo mediante el vertido de agua hirviendo desde un primer recipiente sobre la fuente en cuestión.
  2. d) Segundo recipiente (“klí sheiní”): se trata de un guiso o potaje que fue cocido inicialmente sobre el fuego y luego fue transferido del recipiente original a otro. Los juristas debatieron si en un caso así el potaje tiene el poder de impregnar, aunque solo sea superficialmente los alimentos y los recipientes con los que entra en contacto. Por ejemplo, si se dejaron cubiertos dentro del segundo recipiente, hay juristas que sostienen que no habrán de absorber sabor y hay quienes afirman que sí. Respecto de los demás alimentos prohibidos se sentenció que, a priori, corresponde sumergir los segundos recipientes en agua hirviendo, y respecto de Pesaj, en virtud de la gravedad de la prohibición del jametz es obligatorio hacerlo (Shulján Aruj Ioré Deá 105:2, Oraj Jaím 451:5, Kaf HaJaím 20).

Respecto de tercer recipiente y más, hay juristas que adoptan una actitud estricta e indican que mientras que la temperatura del guiso o potaje supere aquella que hace que la mano retroceda, el recipiente se ve impregnado de su sabor y debe ser kasherizado en concordancia con su forma de uso. La mayoría de los juristas es más flexible y sostiene que alcanza con sólo lavar el recipiente. Debido a la gravedad de la prohibición del jametz se acostumbra, a priori, a kasherizar el recipiente mediante inmersión en agua hirviendo (“hag´alá”).

09. ¿Se kasheriza según la absorción más intensa que experimentó el recipiente o según la más habitual a la que se vio expuesto?

Según la opinión del Shulján Aruj (Oraj Jaím 451:6), si un utensilio fue usado unas veces como primer recipiente y otras como segundo, la kasherización debe efectuarse de acuerdo con su uso mayoritario. Si en la mayoría de las oportunidades fue usado como segundo recipiente, como tal debe ser kasherizado. Asimismo, si algunas veces el utensilio fue expuesto al fuego en ausencia de líquidos y la mayoría de las veces se usó como primer recipiente, puede ser kasherizado en un primer recipiente. De igual forma, si el utensilio fue usado algunas veces como primer recipiente y mayoritariamente se usó en frío, su kasherización será en frío. Según Ramá la kasherización se efectúa acorde al uso más intenso («Tashmishó ha-Jamur») y no al más habitual.

Por ejemplo, si una cuchara es usada normalmente para tomar sopa en un segundo recipiente y a veces con esta se revuelve un alimento que se encuentra sobre el fuego, según el Shulján Aruj la kasherización debe efectuarse de acuerdo con el uso más común del utensilio, por lo que se la puede sumergir en un segundo recipiente mientras que según Ramá debe ser sumergido en un primer recipiente de acuerdo con el uso más intenso que experimentó.

El argumento de Ramá es que, dado que el utensilio absorbió una vez sabor de modo intenso, la única forma de quitarlo es por medio de una inmersión de igual magnitud. El criterio del Shulján Aruj se basa en la presunción de que la kasherización se lleva a cabo pasadas ya veinticuatro horas, el sabor impregnado es desagradable y por lo tanto el utensilio, según la Torá no requiere de inmersión; siendo los sabios quienes  ordenaron kasherizar todo utensilio que absorbió algún sabor prohibido por temor a que si autorizan aquellos que pasaron ya veinticuatro horas desde su último uso, la gente, por error, utilizará también aquellos que aún no pasaron el lapso necesario. Sin embargo, los sabios ordenaron kasherizar de acuerdo con el uso más frecuente y no con el más intenso.

En la práctica, se kasheriza a priori cada utensilio de acuerdo con el más intenso de sus usos. Más aún, aunque el más intenso de los usos haya sido el vertido –»Yrui»-, en la actualidad se acostumbra kasherizar todo mediante inmersión en un primer recipiente que está sobre el fuego, por si el utensilio fue usado anteriormente en esas condiciones y sus dueños lo olvidaron. Empero, en caso de gran necesidad se puede permitir kasherizarlo de acuerdo con su uso más frecuente (Mishná Berurá 451:47, Kaf HaJaím 100).

Cuando la exposición al calor en ausencia de líquido es el uso menos frecuente de un utensilio, y mayoritariamente se emplea en primer recipiente, Ramá coincide en que alcanza con kasherizarlo mediante exposición moderada al fuego (“libún kal”) (Mishná Berurá 48). En caso de temerse que este procedimiento pueda estropear el utensilio, nos encontramos en una situación “a posteriori” (“bediavad”) que nos permite kasherizarlo de acuerdo con su uso más frecuente que es en primer recipiente (Kaf HaJaím 108).

10. La limpieza de los utensilios o recipientes y su preparación de cara a la inmersión en agua hirviendo

Es necesario limpiar bien los utensilios o recipientes previo a su kasherización mediante inmersión en agua hirviendo, ya que esta retira de los mismos los sabores impregnados y adheridos, pero no los limpia de posibles restos de comida que puedan estar aún adheridos. En caso de realizar la inmersión en agua hirviendo sin haberlos limpiado previamente al utensilio de todos los restos de comida, la inmersión fue inútil y deben ser lavados para posteriormente volver a sumergirlos.

Un utensilio que posee ranuras de las que es imposible extraer restos de alimentos que allí quedaron, se debe quemar estos restos (que están en las ranuras) con fuego en las mismas (de un modo similar a la exposición moderada al fuego o “libún kal”), y es mejor hacerlo previo a la inmersión en agua hirviendo (Mishná Berurá 451:25, ver Kaf HaJaím 160). En caso de que este procedimiento pueda dañar el utensilio, se lo puede sumergir un rato en agua con hipoclorito de sodio o detergente, ya que de esa manera los restos de alimento se estropearán dejando de ser propicios para ingerir y luego habrá de sumergirlo en agua hirviendo.

Las asas o mangos de los recipientes o utensilios deben asimismo ser kasherizados, pues cuando estos últimos son metálicos, al calentarse, la alta temperatura se transmite a las asas o los mangos y de alcanzar la temperatura ante la cual la mano se retira (“iad soledet bo”) se considera que la totalidad del recipiente tuvo un uso prohibido y requiere de kasherización. Se deben kasherizar incluso las asas de madera, aunque estas no se calienten tanto como las metálicas, porque a veces el alimento cocinado se desborda o salpica sobre estas y el sabor en cuestión es absorbido y adherido a ellas. Por lo tanto, todo el recipiente debe ser sumergido en agua hirviendo, incluidas las asas (Shulján Aruj 451:12, Mishná Berurá 68).

Sin embargo, cuando el recipiente en sí absorbió un sabor a una temperatura de primer recipiente sobre el fuego, se puede kasherizar el asa mediante el vertido de agua de un primer recipiente, pues su uso y su absorción no son equiparables en intensidad a la de un primer recipiente que se encuentra sobre el fuego (Ramá 451:12).

En muchas ollas las asas vienen aseguradas con tornillos y en sus ranuras quedan restos de comida. Por lo tanto, previo a la inmersión en agua hirviendo se deben desatornillar las asas para retirar los restos de alimentos. En caso de que esto sea dificultoso, se puede sumergir el sitio de las asas en agua con hipoclorito de sodio u otro material que estropee definitivamente los restos de alimento.

11. El motivo por el cual se espera veinticuatro horas previo a la inmersión en agua hirviendo

Se acostumbra a no sumergir en agua hirviendo recipientes o utensilios en el mismo día en que fueron usados, esto es, dentro de las veinticuatro horas en las que absorbieron el sabor prohibido, pues durante ese lapso el sabor continúa siendo óptimo y si el volumen del agua en que es sumergido no es sesenta veces superior al volumen del cuerpo del utensilio, resulta que el agua adquiere el sabor prohibido impregnado en este y lo volverá a introducir en el objeto – por lo que la inmersión no sirvió para nada. Empero, si se esperan veinticuatro horas, el sabor impregnado en el recipiente se estropea y aunque no haya en el recipiente de la inmersión sesenta veces más agua que el volumen del cuerpo del utensilio sumergido, la kasherización será efectiva, pues el sabor estropeado fue expelido al agua y aunque el utensilio lo vuelva a absorber, por tratarse de un sabor desagradable el objeto no se transforma en no apto para su uso. Esto se debe a que el utensilio se transforma en no apto únicamente si el primer sabor prohibido que absorbe es bueno, y continúa en su no aptitud también después que el sabor que lleva impregnado se estropea, empero, si al comenzar la absorción el sabor ya era desagradable – el recipiente no se ha de tornar no apto.

Además, cabe temer que si se sumergen en un mismo recipiente con agua hirviendo utensilios cárnicos junto a utensilios lácteos se pueden liberar sabores óptimos de carne y de leche, y de no haber un volumen de agua sesenta veces mayor que el de alguno de los utensilios, los sabores no se anularán en sesenta mezclándose entre sí y transformando tanto al agua como a los objetos sumergidos en no aptos para su uso por haber absorbido sabores de carne y leche conjuntamente. Sin embargo, una vez que hayan pasado veinticuatro horas los sabores a carne y a leche liberados por los utensilios serán desagradables por lo que estos no se tornarán en prohibidos ni tampoco el agua, porque aquello que da sabor desagradable está permitido (Shulján Aruj 452:2, Mishná Berurá allí). Por esta razón, el utensilio que se sumerge en agua hirviendo no debe haber sido utilizado en esa misma jornada y por ende en ese día no absorbió ni carne, ni leche ni jametz.

En los sitios públicos destinados a la inmersión de utensilios en agua hirviendo no se confía en que las personas tengan el cuidado suficiente de no traer objetos que fueron utilizados en las últimas veinticuatro horas, razón por la cual, a los efectos de evitar inconvenientes, se le agrega al agua algún material que estropee los diferentes sabores, como por ejemplo, hipoclorito de sodio o detergente y de esa manera cualquier sabor que sea liberado se estropea de inmediato. En caso de que el sabor liberado y estropeado vuelva a ser absorbido por los utensilios, por ser desagradable, no los transforma en no aptos para su uso.

12. La inmersión de los utensilios o recipientes en agua hirviendo (“hag´alá”) en la práctica

El agua de la inmersión debe estar bien hirviendo, siendo esta una condición previa indispensable para poder kasherizar utensilios que absorbieron en primer recipiente sobre el fuego, y tal como vimos, a priori realizamos la inmersión de todos los utensilios o recipientes en primer recipiente sobre el fuego. Es necesario sumergir el utensilio en el agua por unos segundos. A veces, la introducción de los utensilios enfría el agua levemente y esta deja de hervir, por lo que en un caso así hay que dejar los utensilios sumergidos hasta que vuelva a hacerlo.

Quien introduce al agua dos utensilios o recipientes de una vez, debe moverlos un poco para que se separen y el agua hirviendo pueda entrar entre ambos (según el Shulján Aruj 452:3-4).

En el caso de un utensilio o recipiente que no puede ser sumergido de una sola vez, se lo puede sumergir por partes, primero una mitad y luego la otra (ídem 451:11).

Se acostumbra, a priori, a enjuagar con agua fría los utensilios ya sumergidos para que no quede sobre éstos agua caliente que permita que el sabor liberado en la inmersión vuelva a ser absorbido. Sin embargo, este enjuague no es condición necesaria para que la kasherización sea efectiva ya que se acostumbra sumergir los utensilios en agua hirviendo por lo menos veinticuatro horas después de su último uso o en agua cuyo sabor fue previamente estropeado, por lo que si el utensilio vuelve a absorber el sabor del agua, no se tornará en no apto para usar (ídem 452:7, Mishná Berurá 34). Por esta razón, utensilios o recipientes que pudieran verse dañados por el enjuague en agua fría, como es el caso de algunos objetos de vidrio, no requieren de este procedimiento. Además, en caso de que sea dificultoso enjuagar en agua fría después de la inmersión no es necesario hacerlo.

Hay personas que temen sumergir sus utensilios o recipientes en agua hirviendo, pero en realidad se trata de un procedimiento sumamente sencillo. Reiteremos someramente sus diferentes etapas: primeramente, se lava el utensilio o recipiente y se espera veinticuatro horas desde la última vez que absorbió un sabor prohibido. Luego se lo sumerge en agua hirviendo. Si es posible, inmediatamente después de la inmersión se le debe enjuagar muy bien en agua fría; de no ser posible, se puede apagar el fuego que arde bajo la olla y esperar a que el agua se enfríe un poco y luego verterla sobre el utensilio que fuera sumergido y así enjuagarlo. A los efectos de realizar el procedimiento de kasherización mediante inmersión en agua hirviendo, se puede usar cualquiera de las ollas de la cocina y esperar veinticuatro horas desde la última cocción de los utensilios a kasherizar, o se vierte detergente en el agua de la inmersión para estropear el sabor.

13. La kasherización de las ollas

Tal como ya aprendimos, una olla en la cual se cocinó leudo, por ejemplo, sopa de sémola, para poder ser usada en Pesaj debe ser kasherizada mediante inmersión en agua hirviendo ya que estando rodeada por esta en todos sus costados habrá de expeler el sabor a jametz. Empero, según el principio de que el utensilio expele tal como absorbió (“kebol´ó kaj poltó”) debería ser suficiente con hervir agua dentro de la olla pues esa fue la manera en que el jametz fue absorbido. Empero, sabemos que en más de una oportunidad a lo largo del año el alimento cocido desbordó la olla por lo que su sabor quedó impregnado también en el borde superior de la misma y este no se eliminará únicamente hirviendo agua en el interior del recipiente. Por ello la kasherización para Pesaj debe consistir en la inmersión de la olla en un tanque grande de agua hirviendo. En caso de que no se disponga de un recipiente suficientemente grande que permita sumergir en su interior la olla en cuestión, los juristas indicaron que se la llene de agua, se la ponga a hervir; en paralelo se habrá de calentar una piedra sobre el fuego y cuando el agua hierva se le ha de introducir en la olla a alta temperatura de modo tal que el líquido elemento desborde, y de esa manera se kashericen el borde superior de la olla así como también su pared exterior. Este procedimiento es efectivo para recipientes que absorbieron jametz mediante desborde, empero, si el recipiente en cuestión fue introducido en otro mayor y en su interior absorbió el sabor prohibido, se trata entonces de una absorción en primer recipiente y por lo tanto la kasherización por desborde no aplica, siendo necesario sumergir todo el recipiente en agua hirviendo (Shulján Aruj 452:6, Mishná Berurá 31).

En una cocina doméstica común es difícil poner a calentar una piedra hasta que alcance altas temperaturas (“even melubenet”), razón por la cual cabe recomendar que se hierva agua en un recipiente pequeño y al momento que el agua en el interior de la olla grande comience a hervir el recipiente pequeño debe ser levemente hundido en el centro del grande – para que de esa manera el agua desborde y kasherice tanto el borde superior como la parte exterior de la olla grande.

En muchos tipos de olla es posible desarmar las asas, siendo correcto introducirlas en agua hirviendo junto con los tornillos. En caso de que las asas no hayan sido desarmadas, si se lavaron bien con detergente y fueron sumergidas en agua hirviendo se considera que la olla fue kasherizada.

Otra problemática que presentan diferentes ollas es que tanto su borde superior como sus tapas exhiben una curvatura en la cual a veces quedan atrapados restos de comida. A priori, se acostumbra aplicar soplete tanto sobre el borde superior de la olla como sobre su tapa para eliminar así todo resto de alimento que pudiera quedar. Empero no es necesario prolongar este procedimiento y hacerlo demasiado exhaustivo, pues una vez que la olla pasó los diferentes lavados con detergente el sabor de los restos de alimento en cuestión está estropeado y dejó de ser apto para ser comido por un perro y ya no se lo considera jametz. En caso de necesidad, quien carece de la posibilidad de aplicar soplete sobre los bordes de la olla y de la tapa puede darse por satisfecho con la inmersión en agua hirviendo (“hag´alá”).

14. Absorción mediante remojo (“kvishá”)

Recipientes en cuyo interior se colocaron alimentos jametz fríos no requieren de inmersión en agua hirviendo, y para kasherizarlos es suficiente con lavarlos bien. Por ejemplo, vasos de los que se bebió cerveza, que como se sabe es completamente jametz (“jametz gamur”), son kasherizables mediante un buen lavado. Esto se debe a que mientras que el jametz no esté a una temperatura que lleve a la mano a retirarse (“iad soledet bo”), el recipiente no absorbe el sabor de su contenido. Mucho más aún si se colocaron galletas jametz sobre platos o fuentes, es claro que para kasherizarlos alcanza con un buen lavado, pues además de no alcanzar una temperatura que lleva a la mano a retirarse (“iad soledet bo”) son secas y en ausencia de líquido el sabor del alimento no pasa al recipiente, y por lo tanto, lo único que hay que hacer es asegurarse de que no hayan quedado en este migas adheridas.

Empero, si la cerveza permaneció en el vaso por más de veinticuatro horas estamos ante un caso de remojo (“kvishá”) y se considera que el sabor a jametz fue absorbido, ya que nuestros sabios establecieron una regla: “remojado se asemeja a cocido” (“kavush kimvushal”), y por lo tanto, no se podrá usar el vaso en cuestión durante Pesaj de no mediar una kasherización.

Es claro que se puede kasherizar estos utensilios mediante inmersión en agua hirviendo, pues si este procedimiento es adecuado para utensilios que absorbieron jametz mediante cocción obviamente que será efectivo para utensilios que lo hicieron mediante remojo. Dado que a los efectos de kasherizar, la absorción por remojo se considera más leve, alcanza con sumergir los utensilios en agua durante tres días. Esto se realiza de la siguiente manera: se coloca el utensilio en remojo con agua durante un día entero y al finalizar este se cambia el agua y se deja al utensilio en remojo por un día más, y luego nuevamente se cambia el agua y se lo deja en remojo otra jornada. Si bien en términos generales este método de kasherización no es sumamente eficiente por cuanto que se podría habilitar los utensilios más rápidamente por medio de inmersión en agua hirviendo, en el caso de utensilios que pudieran verse dañados, el procedimiento de tres días de inmersión en agua fría puede resultar provechoso.

Además, es importante señalar que en el caso de bebidas fuertes tales como el whisky, el sabor a jametz impregna el vaso en sólo dieciocho minutos y quien quiera usarlo durante Pesaj deberá kasherizarlo de alguna de las dos formas arriba detalladas.

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