01. Introducción

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Antes de comenzar a explicar en detalle las halajot referentes al Seder, veamos brevemente cuáles son los preceptos que cumplimos en esta noche.

Dos cuestiones fundamentales acaparan el foco de la noche del Seder y son, primeramente, el recuerdo de la salida de Egipto, el pasaje de la servidumbre a la libertad reflexionando sobre el significado de esta para los hijos de Israel; y en segundo término la transmisión de la tradición a las próximas generaciones. Todo esto está incluido en el precepto de relatar el Éxodo en la noche del quince de Nisán.

A los efectos de hacer más vívido el recuerdo, la Torá nos ordena ingerir en esta noche el cordero de Pesaj («Korbán Pesaj»), Matzá y Maror. El sacrificio pascual nos recuerda el milagro de la muerte de los primogénitos egipcios y el hecho de que D´s salteó por sobre las casas de los israelitas salvando a los nuestros. La matzá se ingiere en recuerdo de los panes ácimos que comieron nuestros ancestros al salir hacia a la libertad. El maror se come en recuerdo de los trabajos forzados y lo amargo de la opresión a la que sometieron los egipcios a nuestros antepasados.

En la actualidad el Sagrado Templo de Jerusalém está destruido de modo que no podemos ofrendar el sacrificio de Pesaj, y en recuerdo de este ingerimos el «afikomán». Según la Torá la ingestión de maror acompaña el sacrificio pascual y, por lo tanto, en la medida en que este no es ofrendado no estamos preceptuados de ingerir hierbas amargas, empero los sabios nos ordenaron hacerlo incluso después de la destrucción del Templo.

El precepto de ingerir matzá no ha sufrido cambio alguno y sigue siendo preceptivo hacerlo incluso tras la destrucción del Templo.

Nuestros sabios establecieron también que se beban cuatro copas de vino durante la lectura de la Hagadá para de esa manera expresar la alegría de la liberación; y asimismo dispusieron que comamos las matzot y bebamos el vino reclinados tal como lo hacen las personas libres.

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