04 – El precepto del Shofar

01. El precepto de escuchar el sonido («truá») del Shofar.

La Torá nos ordena escuchar el sonido «truá» del Shofar en Rosh Hashaná, tal cual está escrito (Bamidbar-Números 29:1): «Y el día primero del mes séptimo…se celebrará al son del Shofar («truá»)»; y en el libro de Vaikrá.Levítico (23:24) leemos: «El día primero del mes séptimo será para vosotros día de descanso, de Sagrada Convocatoria, y lo conmemorareis al son del Shofar («Zijrón Truá»)…»

El vocablo «truá» significa quebrantamiento, tal como está escrito (Salmos 2:9): «Las quebrantarás («teroém») con barra de hierro. Las destrozarás en pedazos como vaso de alfarero» Asimismo, el profeta Ishaiahu (24:19) dice: «La tierra está quebrantada («roá hitroaá»), despedazada. La tierra está desecha en pedazos. La tierra tiembla y se sacude». El profeta Mijá (5:5) dice: «Y asolarán («raú») la tierra de Asiria con la espada». Onkelos tradujo al arameo «Día de Toque de Shofar» o «Día de Truá» como día de llanto («ievavá»), esto implica que la Torá ordena que el primero de Tishrei tengamos un día de llanto.

A diferencia del sonido de la «tkiá» que expresa alegría y firmeza, la «truá» insinúa quebrantamiento, temor, llanto y reorganización. Vemos que en el desierto Hashem ordenó al pueblo de Israel que cuando necesiten reunirse toquen una «tkiá» con las trompetas pues este sonido implica alegría y encuentro. A la hora de salir a la guerra o cuando era necesario desmontar el campamento para proseguir camino, se tocaba en las trompetas un sonido de «truá» (Bamidbar 10:1-7). Esto se debe a que el sonido de «truá» expresa quebrantamiento y llanto por lo que concluyó incompleto, así como también temor ante lo que está por venir (arriba 3:2).

Y así en Rosh HaShaná, cuando los días del vivir del año anterior pasaron y no han de regresar, y el tiempo de vida del nuevo año no fue adjudicado aún, se desata en el seno de la persona una gran pena por el año perdido así como una gran angustia de cara al juicio que definirá el devenir del año próximo, mientras el fiscal permanece frente a nosotros y no sabemos quién habrá de vivir y quién habrá de morir, quién gozará de buena  salud y quién padecerá sufrimientos. En un acto de generosidad para con nosotros, Hashem nos ordenó tocar en el Shofar un sonido de «truá» para endulzar el rigor del juicio, ya que al aceptar Su soberanía y Su sentencia se despierta en nosotros el deseo de retornar y por lo tanto el decreto Divino se modera. Por lo tanto, si bien el sonido de la «truá» es breve, expresa el carácter del día y por ello es denominado «Día de toque de Truá», día de quebrantamiento y llanto, temor y angustia.

Nuestros sabios analizaron los versículos pormenorizadamente y aprendieron que en Rosh HaShaná se deben escuchar tres sonidos de «truá», y antes y después de cada uno se debe ejecutar una «tkiá». Por lo tanto, según el precepto de la Torá, en Rosh Hashaná se deben escuchar tres series de «tkiá, truá y tkiá» (Talmud Babilonio Tratado de Rosh Hashaná 33(B), 34(A)).

La primera «tkiá» de cada serie expresa la simpleza y la rectitud natural del alma, similar a la de un niño pequeño que aún no pecó y está limpio de trasgresiones. Posteriormente, cuando el niño crece, se enfrenta a las complicaciones y a las sinuosidades de este mundo, lucha y experimenta así como también fracasa y peca. Esto está expresado por la «truá» que emula unas veces al suspiro y otras al llanto por los defectos que se adhirieron a nuestro carácter y por las trasgresiones que hemos cometido. Posteriormente, la serie concluye con una «tkiá» simple que vuelve a expresar la rectitud y el bien, mas esta vez es la rectitud que procede del retorno y el arrepentimiento una vez que se pidió perdón. Es así que cada serie, expresa otra área del quehacer humano, su buen inicio, la crisis que sobreviene al enfrentar las dificultades que la vida presenta y la reparación final. Al concluir de la ejecución de todos los sonidos, se acostumbra a tocar una «tkiá» más prolongada- «tkiá guedolá», que alude a la reparación completa y final tras la conclusión de los conflictos y los sufrimientos (ver Shelá Tratado de Rosh Hashaná Torá Or 55).

Si bien Rosh Hashaná recibe el nombre de «Día de Toque de Truá» en virtud del rigor y el temblor implícitos en el sonido, dado que el juicio se lleva acabo para beneficio del hombre a los efectos de alejarnos del mal, mejorar nuestras acciones y agraciar nuestro destino, se nos ordenó tocar un sonido de «tkiá» antes y después de cada «truá» (Rabenu Bejaié 24, Hakemaj Rosh Hashaná 2, Akedat Itzjak, Shaar 67).

El Shofar insinúa todo esto por cuanto que, por una parte conmociona  a quien lo escucha y por la otra despierta en el oyente el deseo del retorno a su raíz y a su esencia positiva original. Esta es la ventaja del Shofar por sobre la trompeta, que su sonido es natural y expresa el anhelo profundo de retornar al origen, conectarse con el bien verdadero y expresar la aspiración a una reparación completa.

02. Treinta toques de Shofar.

Tal como vimos, el sonido de la «truá» alude al dolor, quebrantamiento y llanto. Sin embargo, con el correr de los siglos se despertó la duda respecto de cómo debe ser el sonido más apropiado. Algunas comunidades tocaban sonidos de «truá» medianos, similares a los «shvarim», que se asemejan a suspiros. Otras comunidades tocaban la «truá» con sonidos cortos, similares a un llanto entrecortado. Otras comunidades lo hacían combinando ambos sonidos conjuntamente, al inicio con sonidos que emulan suspiros y luego con sonidos que emulan llanto cual persona que se lamenta, primero suspira y luego llora. Si bien con todos los tipos de «truá» se cumple con el precepto del Shofar, a ojos de los legos parecía como si existiese una discusión y disenso respecto de este precepto.

Por lo tanto, Rabí Abahu estableció en su ciudad, Cesarea, que se toquen los tres tipos de «truá» (Rosh Hashaná 34(A), Rav Hai Gaón). Otro motivo de su decreto obedece a que cada tipo de sonido tiene un valor particular y por lo tanto es bueno ejecutar todos los tipos de «truá» (Zohar III 231:2). Su decreto fue aceptado en todas las comunidades y desde entonces a los sonidos medianos se les llamó «shvarim» y a los breves «truá».

Este es el orden: al inicio se toca tres veces «Tashrat» (abreviación hebrea para «tkiá», «shvarim» y «truá»). Posteriormente se tocan tres veces «Tashat» (abreviación hebrea de «tkiá», «shvarim» y «tkiá»). Para finalizar se toca tres veces «Tarat» (tkiá, «truá» y «tkiá» Shulján Aruj 590:2).

Dado que el decreto de Rabí Abahu fue aceptado, ya no es posible cumplir con el precepto del Shofar mediante un solo tipo de «truá» por lo que es obligatorio tocar los tres tipos. De esta forma resulta que si bien, según la Torá, tenemos el deber de tocar nueve toques, hoy día debemos tocar treinta. Nueve veces «shvarim» que es la versión de la «truá» que se asemeja al suspiro, nueve veces la «truá» que se asemeja al llanto y doce veces la «truá» que combina ambos sonidos.

03. Toques de posición sentada y toques de pie.

Nuestros sabios establecieron que se cumpla el precepto de escuchar el  sonido del Shofar durante el recitado de las bendiciones especiales de Rosh Hashaná que son Maljuiot, Zijronot y Shofarot, ya que de esta manera tanto el rezo como los toques se ven realzados. Empero esto no es obligatorio, por lo que de no ser posible combinar ambos se puede tocar el Shofar y recitar las bendiciones por separado. El decreto de tocar el Shofar conjuntamente con el recitado de las bendiciones es para el público, empero en el caso de quien reza solo, esto no se le permite (Talmud Babilonio Tratado de Rosh Hashaná 32(A), 34(B), Shulján Aruj 592:1-2).

En un inicio se tocaba el Shofar y se recitaban las bendiciones especiales de Rosh Hashaná durante el rezo de Shajarit, ya que los diligentes cumplen los preceptos lo antes posible. Luego, en días de persecuciones y conversiones forzosas, el gobierno opresor prohibió que se toque el Shofar y los soldados reales emboscaban a los judíos en las seis horas (temporales o «zmaniot») de la mañana para prenderlos mientras tocaban. Entonces, se estableció que se toque el Shofar y se reciten las tres bendiciones en el rezo de Musaf, que se puede recitar después del mediodía. Luego que el decreto persecutorio fue anulado, no se devolvieron los toques del Shofar ni el recitado de las tres bendiciones al rezo matinal de Shajarit por temor a un posible retorno de las medidas antijudías, por lo que se afianzó la costumbre de tocar el Shofar en Musaf (ídem Rosh Hashaná 32(B), Tosafot allí). Hay quienes opinan que, a priori, corresponde tocar en el rezo de Musaf  ya que el principal precepto del día es el sacrificio de la ofrenda de igual nombre y el recitado de la plegaria que la acompaña (una opinión en el Talmud Jerosolimitano, Tratado de Rosh Hashaná 4:8).

Además, nuestros sabios establecieron que se toque el Shofar antes del rezo de Musaf permitiendo permanecer sentados durante estos toques, por lo que recibieron el nombre de «Tkiot Demeiushav» («toques de posición sentada»). Si bien a priori es obligatorio que tanto quien toca como quien escucha estén de pie durante el cumplimiento de este precepto, se permitió mantenerse sentados durante los toques anteriores al rezo de Musaf para patentizar que los toques que se realizan durante este rezo son los principales, y por ello el cuidado de mantenerse de pie entonces. Esta es la usanza de los sefaradíes y los yemenitas; ambas comunidades se mantienen sentadas durante los toques que anteceden a Musaf. Los ashkenazíes acostumbran a mantenerse de pie durante los toques anteriores a Musaf, por cuanto que en la práctica estos son los primeros y por su intermedio se cumple con el deber (Shulján Aruj 585:1, Mishná Berurá 2).

El Talmud nos explica (Tratado de Rosh Hashaná 16(A) y (B)) que el motivo del decreto de los sabios de tocar el Shofar «de asiento» previo al rezo de  Musaf para luego volver a tocarlo durante esa Amidá es el de «confundir a Satán», el ángel fiscal. Esto es explicado por Rashí de la siguiente manera: cuando Satán oiga que el pueblo de Israel ama los preceptos y tocan más de lo que la Torá les ordena, todos sus argumentos se ven rebatidos. Rambán explicó que los toques del Shofar tienen la capacidad de conectar al pueblo de Israel con su Padre celestial, y por ello Satán se confunde en los primeros toques del Shofar y ya no puede acusar durante el rezo de Musaf. Otros dijeron que Satán tiene permiso de presentar su testimonio una sola vez, por eso cuando escucha que comenzaron los toques antes de Musaf expone todas sus acusaciones, y luego ya no lo hace durante el rezo (Raavad). Además, hay quienes dicen que la mayor revelación de Satán es mediante el «ietzer hará» o la inclinación al mal, y es a ésta tendencia natural a la que se procura marear mediante abundantes toques, pues el Shofar nos despierta y alienta  al retorno (Ran). Se puede explicar que durante los primeros toques, en virtud de la emoción, la persona es pasible de perder la concentración apropiada, pero una vez que ya escuchó treinta toques, se serena y puede concentrarse adecuadamente.

04. La costumbre de tocar cien veces.

La costumbre de tocar cien sonidos del Shofar es muy antigua y se remonta a los días de los Gaonitas. En tiempo de los sabios medievales (Rishonim), la mayor parte de las comunidades no acostumbraba a tocar cien veces sino que antes de Musaf se tocaban treinta «de posición sentada» y durante la Amidá tocaban diez más y había quien agregaba treinta más. En días de los sabios de las últimas generaciones (Ajronim), en virtud de las enseñanzas místicas del Arí Z»l que estructuró las intenciones meditativas (kavanot) sobre la base de cien toques, se difundió esta cantidad por todo el pueblo de Israel al punto de que hoy, en casi todas las comunidades, se acostumbra a tocar esta cantidad.

Este es el orden de los cien toques: treinta toques «de posición sentada» previo a Musaf: tres veces «Tashrat», tres veces «Tashat» y tres veces «Tarat».

Durante la repetición del rezo de Musaf por parte del oficiante, se tocan treinta toques más según el siguiente orden: al concluir la bendición de Maljuiot se tocan diez toques: «Tashrat», «Tashat» y «Tarat». Asimismo, se toca al concluir la bendición de Zijronot y la de Shofarot.

Respecto a toques durante el recitado silencioso de Musaf, hay quienes acostumbran a tocar tal como durante la repetición del oficiante ya que al combinarse plegaria con toques de Shofar ambos son bien aceptados. Esta es la usanza de los sefaradíes y los Jasidim. Para quienes así lo hacen, el oficiante es quien dicta el ritmo del rezo y los orantes procuran acompasar sus ritmos al de este para escuchar los toques en el lugar apropiado que es  al concluir cada una de las tres bendiciones. A estos efectos, el oficiante debe rezar a ritmo moderado y parejo y quien concluye la bendición antes que este, es bueno que aguarde hasta que se toque. De todas maneras, si se quiere rezar más rápido o más lento se puede, pero se debe recitar «Hayom Harat Olam» al finalizar cada bendición, y cuando se escucha el toque del Shofar, aunque se esté ya en otra bendición, hay que detenerse y escuchar los toques para luego continuar con el rezo (ver Maté Efraím 591:13).

Por otra parte, hay quienes acostumbran a no hacer sonar el Shofar durante el rezo silencioso pues consideran que el decreto de tocar se refiere especialmente al rezo público, esto es, durante la repetición del oficiante. Además, la necesidad de acompasar el ritmo del rezo con el de los toques puede afectar la concentración de quienes oran, siendo esta la usanza de los ashkenazíes.

Quienes acostumbran a tocar el Shofar durante el rezo silencioso, hasta el final de la repetición del oficiante tocan noventa toques, por lo que completan diez más durante el «Kadish Titkabal».

Quienes acostumbran no tocar durante el rezo silencioso, tras la finalización de la repetición del oficiante les resta tocar cuarenta toques más. Treinta tocan tras «Aleinu Leshabeaj» y otros diez tras «An´ím Zmirot» (Mishná Berurá 592:4).

05. La bendición, el precepto y la concentración intencional (kavaná).

Previo al inicio de los toques de Shofar se recitan dos bendiciones: a) «Baruj Atá Ad-onai Eloh-einu Melej Haolam Asher Kidshanu Bemitzvotav Vetzivanu Lishmoa Kol Shofar» («Bendito eres Tu Ad-onai D´s nuestro Rey del Universo que nos Consagraste con Tus Preceptos y nos Ordenaste Escuchar la Voz del Shofar»). b) «Baruj Atá Ad-onai Eloh-einu Melej Haolam Shehejeianu Vekiemanu Vehiguianu Lazmán Hazé» («Bendito eres Tu Ad-onai D´s nuestro Rey del Universo que nos Mantuviste con vida y nos Permitiste Llegar a Este Momento»). En el segundo día, de acuerdo a la usanza sefaradí no se recita la bendición de «Shehejeianu» y según la usanza ashkenazí se recita, y de ser posible, es bueno que quien toca vista una prenda nueva y al bendecir piense también en esta (Shulján Aruj 600:3, Mishná Berurá 7).

Nuestros sabios fueron muy precisos en la redacción de la bendición: «Escuchar la Voz del Shofar», por lo que el precepto es escuchar el sonido del Shofar y no el acto de tocar (Shulján Aruj 585:2). Por lo tanto, un sordo está exento del precepto aunque sea capaz de tocar. En caso de que su audición sea defectuosa pero en la práctica tenga la posibilidad de oír los toques, está preceptuado de escuchar y hasta puede tocar para otros y hacerles cumplir con su deber. Si emplea un audífono eléctrico, debe quitárselo para escuchar el sonido original del Shofar.

Dado que el precepto es escuchar el sonido del Shofar, quien toca dentro de  un pozo o un refugio subterráneo, en caso de que escuche el sonido del toque junto al eco proveniente del pozo o del refugio no cumplió con su deber por cuanto que escuchó el sonido entremezclado. Empero en el caso de aquellos que se encuentran dentro del pozo o del refugio, por cuanto que no escuchan el eco, cumplen con su deber (Talmud Babilonio Tratado de Rosh Hashaná 27(B), 20(A), Shulján Aruj 587:1-2, Mishná Berurá 10).

Un mudo, por cuanto que oye, está preceptuado de escuchar el Shofar y puede tocar para otros. En este caso, uno de los presentes puede recitar la bendición en su lugar. Una persona que no está en sus cabales o mentalmente discapacitada (shoté) está exenta del cumplimiento de los preceptos y entre ellos el de escuchar el sonido del Shofar (Shulján Aruj 589:2, Mishná Berurá 4).

Cuando quien toca ya cumplió anteriormente con su deber de escuchar y viene a tocar para otros, es mejor que las bendiciones las recite uno de los que todavía no cumplió con el precepto. Muchos acostumbran en un caso así que quien toca sea quien recite las bendiciones, y esta práctica tiene basamento en la jurisprudencia (Beit Iosef Ramá 585:2, Mishná Berurá 5).

El cumplimiento de un precepto requiere de intención al realizarlo, por lo tanto, quien al manipular el Shofar toca involuntariamente sonidos correctos  no cumplió con su deber. Asimismo, quien hallándose en su hogar escucha sonidos de Shofar provenientes de la sinagoga, si no tuvo la intención de escuchar los sonidos preceptivos, no cumplió. Es menester que tanto quien toca como quien escucha, tengan la intención de cumplir con el precepto. Por lo tanto, quien toca debe tener la intención de hacer cumplir con su deber a todos los escuchas y no sólo a aquellos que ve ante sí, pues probablemente haya fuera de la sinagoga o en una casa contigua personas que quieren cumplir con el precepto, y si quien toca piensa solo en los presentes, los de afuera no cumplen con su deber (Shulján Aruj 589:8-9).

A priori, quien toca debe tener la expresa intención de hacer cumplir con su deber a todos los presentes, y los escuchas deben igualmente tener la expresa intención de cumplir mediante el toque. Empero, a posteriori, aunque la intención no haya sido expresa, de mediar solamente una «intención latente», cumplieron con su deber. ¿A qué nos referimos con «intención latente» («Kavaná redumá»)? Se refiere al caso en el cual si se le pregunta a quien toca por qué lo hace, este responderá: para hacer cumplir con su deber a todos los que me escuchan; y si se pregunta a cualquier escucha por qué vino a oír el sonido del Shofar dirá: para cumplir con el precepto (Pninei Halajá Tefilá 15:8).

06. El horario del precepto y el caso de mujeres a cargo de niños pequeños.

El horario del precepto de escuchar el Shofar es de día, tal como está escrito (Bamidbar-Números 29:1): «Y el día primero del mes séptimo…se celebrará al son del Shofar («truá»)». Por lo tanto, el horario de cumplimiento comienza con la salida del sol, esto es, desde que el sol comienza a brillar, y si se tocó al despuntar el alba, o sea, al divisarse la primera luminosidad en el oriente, se cumplió con el deber. En caso de que no se haya tocado hasta la puesta del sol, se ha de tocar antes de la salida de las estrellas sin recitar las bendiciones (Talmud Babilonio Tratado de Meguilá 20(B), Shulján Aruj 588:1, Mishná Berurá 1-2. Se puede ver más sobre los horarios en Pninei Halajá Zmanim 11 y Shabat 3).

Tal como ya vimos (inciso 3) los sabios establecieron que se toque el Shofar durante el rezo de Musaf. Los juristas escribieron que quien no puede rezar con la comunidad y por ende no puede escuchar los toques del Shofar contiguos a Musaf, es bueno que toque una vez pasadas las tres primeras horas del día, que es cuando el Rigor Divino se modera (Maté Efraím, Mishná Berurá 588:2, arriba 3:10).

Los hombres están preceptuados a escuchar el Shofar, mas las mujeres están exentas de hacerlo por cuanto que se trata de un precepto positivo marcado por el tiempo. Aquellas mujeres que deseen escuchar el Shofar, cumplen con el precepto y tienen recompensa por hacerlo. La mayoría de las mujeres judías acostumbran como expresión de buena voluntad cumplir con este precepto.

Los sabios medievales (Rishonim) debatieron respecto del recitado de la bendición (Pninei Halajá Tefilat Nashim 2:8, 23:2). Hay juristas que sostienen que el recitado de esta fue establecido únicamente para hombres que están preceptuados de escuchar el Shofar; pero en el caso de una mujer que toca para sí misma o el de un hombre que toca para mujeres no se ha de recitar, siendo esta la usanza de las mujeres sefaradíes. Otros juristas sostienen que si bien las mujeres están exentas del precepto, dado que quienes escuchan cumplen con este, deben recitar la bendición previa al toque, siendo esta la usanza de las mujeres ashkenazíes. En este caso, cuando una mujer toca para sí misma o un hombre toca para mujeres, una de las presentes debe recitar la bendición por todas.

En el caso de un niño que llegó a la edad de «jinuj», esto es, la edad en la cual ya se le debe instruir en el cumplimiento de los preceptos, se le debe educar en el cumplimiento de este mandamiento específico. ¿Cuándo llega el niño a la edad de «jinuj»? A partir del momento que entiende que es preceptivo escuchar «Tashrat», «Tashat» y «Tarat» tres veces. Mientras no entienda esto, no tiene sentido enseñarle a cumplir el precepto; sin embargo, si es capaz de estar de pie y en silencio durante el toque del Shofar y no molestar a los orantes, es bueno traerlo a la sinagoga para que se impregne de recuerdos embebidos de santidad. Sin embargo, en el caso de un niño pequeño al que le resulta difícil mantenerse en silencio, está prohibido traerlo a la sinagoga durante el rezo o el toque del Shofar para que no moleste  (Mishná Berurá 587:16).

Una vez cumplido el precepto de escuchar el sonido del Shofar, está prohibido tocarlo si no es necesario, pues se trataría de una «acción mundana» («Maasé jol»). Empero, este decreto no aplica a niños que llegaron a la edad de «jinuj», sino que por el contrario se les alienta a tocar el Shofar todo el día para que sepan hacerlo cuando sean mayores (Ramá 596:1). De todas maneras, deben tener la precaución de no hacerlo en horario que las personas descansan.

07. Halajot y costumbres referidas a los toques del Shofar.

Se acostumbra designar a un justo, erudito de la Torá y realizador de buenas acciones para que toque el Shofar y haga cumplir a la congregación con su deber. Sin embargo, no se debe montar una discusión a este respecto (Mishná Berurá 585:3).

Es bueno cuando se puede tocar con el lado derecho de la boca. Asimismo, se acostumbra a orientar la parte ancha del Shofar hacia arriba, tal como está escrito (Salmos 47:6): «D´s se ha elevado entre las aclamaciones. El Eterno subió al son del Shofar» (Ramá 585:2).

En los tiempos en que se rezaba de memoria, se tenía cuidado de que el oficiante de Musaf no toque los sonido del Shofar dentro del servicio, no sea que se confunda y le cueste retomar la plegaria. Hoy día que se reza de un Majzor no tememos que haya confusión y se permite que el oficiante sea también quien toque el Shofar (Shulján Aruj 585:4, Mishná Berurá 14).

No se reparten los toques del Shofar entre diferentes personas, sino que la misma persona es quien toca todos los sonidos en virtud del principio según el cual quien comienza a cumplir un precepto se le insta a completarlo (Ramá 585:4). Empero, en aquel sitio donde ya se acostumbra a dividir los toques entre diferentes personas pueden continuar con su usanza, pues esta práctica denota un especial cariño por el precepto (Mishná Berurá 17).

Dado que la bendición que se recita previo a los «toques de sentado» aplica también a los toques de Musaf, se debe tener cuidado de no hablar hasta la finalización de todos los toques de este rezo (Shulján Aruj 592:3).

Muchos acostumbran a que el rabino o uno de los eruditos de la Torá allí presentes le dicta, a quien toca el Shofar, el orden de los sonidos, palabra por palabra, a los efectos de que no se equivoque (Ramá 585:4). Se acostumbra a dictar incluso el primer sonido de «tkiá» a pesar de que no se teme que haya error, pues hay quienes sostienen que el dictado ayuda a la concentración (Shelá, ver Shaar Hatziún 585:31).

Cada sonido debe ser escuchado de principio a fin, y quien no escuchó alguna de sus partes no cumplió con su deber. Por lo tanto, el público debe mantenerse en completo silencio durante esta ceremonia y quien precise toser debe contenerse hasta el final de los toques (Mishná Berurá 587:16).

Según la usanza ashkenazí se acostumbra  prolongar la «tkiá» final de la serie de treinta toques iniciales «de sentado» así como la «tkiá» final que completa los cien toques. Esta «tkiá» prolongada recibe el nombre de «tkiá gdolá» e insinúa una fe de carácter infinito. Según la usanza sefaradí, al final del rezo se toca una «truá» prolongada para confundir a Satán (Shulján Aruj 596:1). Este sonido insinúa que si bien pasamos por momentos de crisis, estos se resuelven para bien.

Si quien toca el Shofar padece de una súbita debilidad y no puede continuar, habrá de hacerlo otro en su lugar. Si el suplente ya escuchó la bendición inicial no es necesario que vuelva a recitarla, por cuanto que ya cumplió mediante ésta (Shulján Aruj 585:3).

Muchos de los que tocan, traen consigo dos Shofarot, ya que si se dificulta tocar de uno puedan continuar con el otro. En un caso así no es necesario recitar nuevamente la bendición por cuanto que  el recitado inicial aplica a ambos Shofarot. A posteriori, quien tuvo un solo Shofar y no logró continuar tocándolo y le trajeron otro, tampoco necesita recitar la bendición por el segundo (Mishná Berurá 585:4).

Está permitido lavar el Shofar con agua y hasta con vino, vinagre o anís (arak) a los efectos de mejorar su sonido, sin que se considere «acción mundana» prohibida en Yom Tov (Shulján Aruj 586:23).

Hay quienes siguen la costumbre del Arí Z»l y el Shnei Lujot Habrit (Shelá) y recitan una confesión y plegarias entre las diferentes series de toques. Según esta costumbre, quien toca el Shofar se detiene para dar espacio a este recitado. Según la opinión de muchos de los juristas, no se debe interrumpir para recitar plegaria o confesión alguna en medio de los treinta toques. Ambas usanzas tienen basamento y legitimidad en la Halajá; de todas maneras no se debe interrumpir con el recitado de «Iehí Ratzón» entre la bendición previa al inicio de los toques y el comienzo de los mismos (Mishná Berurá 592:12, Shaar Hatziún 15).

08. Kidush previo a los toques del Shofar y el rezo de Musaf.

Hay quienes acostumbran realizar Kidush con vino e ingerir un bocado tras el rezo de Shajarit a los efectos de reforzarse de cara al de Musaf. Esta costumbre es muy común especialmente en las ieshivot, pues allí el rezo se prolonga hasta pasado el mediodía, y mediante el Kidush podrán continuar rezando con alegría y concentración.

Aparentemente cabe preguntarse si esto es correcto ya que estudiamos que está prohibido comer antes de realizar un precepto para el cual llegó su  horario de cumplimiento, por lo que, por ejemplo, no se come antes de cumplir el precepto del lulav. Más aún, quien no poseía lulav y comenzó a comer y en medio de la comida le traen uno, si es el  primer día de Sucot en el que el precepto se origina en la Torá,  debe interrumpir su banquete para menear el lulav (Talmud Babilonio Tratado de Sucá 38(A), Shulján Aruj 652:2). En vista de todo esto, ¿cómo es posible que se coma, a priori, antes de tocar el Shofar?

La respuesta radica en que lo que se prohíbe es «fijar una comida» previo al cumplimiento de un precepto, empero, al realizar Kidush y probar un frugal bocado no se teme que las personas se olviden de regresar a la sinagoga a  fin de escuchar el Shofar. Especialmente cuando todos están expectantes por el precepto y se recuerdan unos a otros la necesidad de cumplir con este, no se teme que la comida se prolongue y sobrevenga el olvido. Quienes son más estrictos consigo mismo y se abstienen de probar bocado previo al toque del Shofar, en caso de necesitarlo pueden flexibilizar su actitud e ingerir. De acuerdo a esto, en sitios donde el rezo no se prolonga extensamente es mejor no interrumpir con Kidush antes de los toques del Shofar.

A priori, en el Kidush previo al toque del Shofar no se ha de ingerir más que el volumen de un huevo de productos panificados (mezonot) a los efectos de que no se considere que se «fija una comida», y quien sea más flexible y coma un poco más que esta medida tiene juristas en los que basarse. Frutas y productos lácteos (yogures, postres) y demás alimentos livianos se pueden ingerir en mayor cantidad según todas las opiniones, siempre y cuando no se coma mucho, no sea cosa que la persona se canse por ingestión excesiva y le cueste concentrarse en el rezo, tal que a final de cuentas se vea perjudicado y no beneficiado por haber comido.

09. Rosh Hashaná que cae en Shabat en días del Templo de Jerusalém.

Según la Torá se debe tocar el Shofar en Rosh Hashaná aunque caiga en Shabat; empero, nuestros sabios establecieron que en un caso así no se  toque. Esto se debe a que todos tienen el deber de escuchar el sonido del Shofar, mas no todos tienen en claro la prohibición de transportar objetos por el dominio público en Shabat. Por esto se teme que personas que no sepan tocar el Shofar lo transporten y lo lleven a lo de quien sí es experto en la materia para que les enseñe a tocarlo correctamente y lo porten cuatro codos en el dominio público transgrediendo una grave prohibición sabática (Tratado de Rosh Hashaná 29(B), Shulján Aruj 588:5).

De todas maneras, en el Templo de Jerusalém se tocaba el Shofar aunque Rosh Hashaná cayese en Shabat, ya que los decretos de los sabios no aplicaban al área  del Santuario. Incluso, en toda el área contigua a Jerusalém se tocaba el Shofar en Shabat en tiempos en que los miembros del Gran Tribunal sesionaban en la capital, ya que esto influenciaba en los habitantes de la ciudad y la región para que se cuiden de no trasgredir la prohibición de cargar (Rambám Shofar 2:8-9).

Si bien el decreto de no tocar el Shofar cuando Rosh Hashaná cae en Shabat es de origen rabínico, está insinuado en la Torá, ya que un versículo reza (Bamidbar-Números 29:1): «Día de toque de Shofar (truá)» y otro dice (Vaikrá – Levítico 23:24):»Día de Descanso y Recordación de toque de Shofar («Zijrón truá»)». Cuando Rosh Hashaná cae en día hábil es día de toque de Shofar y cuando cae en Shabat es «Día de Descanso y Recordación de Toque de Shofar», esto es, se recuerda el toque del Shofar mas no se efectiviza (Talmud Babilonio Tratado de Rosh Hashaná 29(B)).

Los sabios místicos nos explican que desde un punto de vista más profundo, cuando Rosh Hashaná cae en Shabat no hay tanta necesidad de tocar el Shofar, ya que casi todas las virtudes sagradas que se obtienen mediante los toques se alcanzan en mérito de la santidad sabática. De todas maneras, el toque del Shofar posee otras virtudes, empero son tan excelsas y elevadas que casi no se pueden percibir o captar; y en el área del Templo y el Beit Din se percibían, por lo que únicamente allí se tocaba (Admor Hazakén, Likutei Torá Dvarim 56:1 y seguido).

10. Cuando Rosh HaShaná cae en Shabat en tiempos posteriores a la destrucción del Templo.

Luego de destruido el Templo, Rabán Iojanán Ben Zakai estableció que se toque el Shofar en todo sitio donde haya un Beit Din (tribunal). Él se refería al tribunal principal de cada generación, en el que se consagraba el mes y sus jueces fueron ordenados «de boca en boca»- esto es bajo la tradición de los sabios (unos por otros) desde Moshé Rabenu. La disposición implica que se toque el Shofar en donde sea que esté instalado el tribunal, sea Yavne o cualquier otro sitio, y mientras sus miembros ejercen funciones. Desde el momento en que el Tribunal se ha desplazado, quedaba prohibido tocarlo (Rambám Hiljot Shofar 2:9).

En opinión de uno de los principales sabios medievales, Rabí Itzjak Alfassi (Rif), incluso después que se interrumpió la ordenación rabínica original, se debe tocar el Shofar delante de todo tribunal importante. Esto lo aplicó en su propio tribunal, en el cual se tocaba el Shofar en Rosh Hashaná que caía en Shabat. Sin embargo, todos los demás sabios medievales (Rishonim) no estuvieron de acuerdo con su postura y consideraban que se puede tocar solamente delante de un tribunal cuyos miembros fueron ordenados en el marco de la cadena de ordenación original que se remonta a Moshé Rabenu, por lo que en nuestros días que esa cadena se vio interrumpida no cabe tocar el Shofar ante ningún tribunal. Inclusive los grandes discípulos del Rif no continuaron tocando como lo hacía su maestro en sus propios tribunales.

Hace unos cien años, cuando Jerusalém comenzó a reconstruirse, Rabí Akiva Tzví Shlezinger quiso establecer que se toque el Shofar en la ciudad, en Rosh Hashaná que cae en Shabat. Su línea argumental sostenía que la regla original de los días del Templo, por efecto de la cual en Jerusalém y sus alrededores se toca el Shofar en Shabat, seguía vigente aún después de la destrucción. Además, de lo expresado por nuestros sabios aprendimos que no querían anular el toque del Shofar en Rosh Hashaná que cae en Shabat por lo que hoy día que no tenemos jueces ordenados mediante la cadena original de ordenación se debe tocar el Shofar en el tribunal de Jerusalém. Además, dado que el precepto de tocar el Shofar tiene su origen en la Torá y la suspensión del toque en Shabat tiene origen rabínico, en cualquier caso de duda se debe preferir el cumplimiento del precepto de la Torá. Más aún, consideró que no hay temor a que el Shofar sea transportado en el dominio público en la forma en la que él pretendía se efectivice el toque. Si bien algunos rabinos apoyaron su tesitura, la mayoría se opuso por lo que no se logró efectivizar el toque del Shofar en Shabat. La razón principal de la oposición a esto es que la Halajá indica que sólo se puede tocar el Shofar en Shabat ante un tribunal ordenado mediante la cadena original de ordenación  y que además sea el tribunal principal de la generación. Como prueba, se esgrimió que los grandes sabios de todas las generaciones que habitaron Jerusalém tras la destrucción del Templo no tocaron el Shofar en Rosh Hashaná que caía en Shabat (Ir Hakodesh Vehamikdash III 20).

11. Las especificaciones de  los sonidos de «Truá» y «Shvarim».

El sonido de «truá» consiste en toques breves, entrecortados y continuos, similar a la voz del llanto. La Halajá llama a estos sonidos breves «tromitín», definido como el más breve de los sonidos de «tkiá». Hay quienes sostienen que el sonido de «truá» consiste en tres «tromitín» (Rabenu Jananel y Rashí) y hay quienes sostienen que son nueve (Rabí Itzjak ben Mordejai, Rabí Itzjak ben Asher y Sefer Mitzvot Gadol). En la práctica se tocan nueve, y a posteriori, si se tocaron tres se cumplió  con el deber. En la «truá» se pueden agregar más de nueve «tromitín», a condición de que los sonidos sean continuos y sin interrupción (Shulján Aruj 590:3, Mishná Berurá 12).

El sonido de «shvarim» consiste en tres toques de longitud media, similares a un suspiro o gemido, y cada uno de estos se prolonga por tres «tromitín». A priori, no se necesita más que tres sonidos de «shvarim», pero a posteriori, si se excedió en su número, el toque no quedó sin validez (Shulján Aruj 590:3, Mishná Berurá 11).Hay quienes acostumbran a ejecutar cada toque de los «shvarim» con un sonido quebrado o entrecortado (tou-u-tou; o: u-tuu), cual gemidos cuya voz se quiebra (usanza lituana).

Si cada sonido de los «shvarim» se extiende sólo por dos «tromitín» se cumple con el deber, por cuanto que aún se distingue que se asemeja a un suspiro y no a un llanto por ser el doble de largos respecto a cada «truá». Si cada sonido de los «shvarim» tiene una extensión inferior a los dos «tromitín», no se cumple con el deber. En lo referente a la extensión, si cada sonido de «shvarim» se prolonga por cuatro «tromitín» se cumple con el deber pues guardan estrecha semejanza con los sonidos comunes. Aunque se prolongue cada sonido de los «shvarim» a seis «tromitín», igualmente, a posteriori, se cumple.

12. Las especificaciones del sonido de «Tkiá».

El sonido de la «tkiá» es prolongado y simple debiendo extenderse, por lo menos, como el de la «truá». Empero, nosotros tocamos tres tipos diferentes de «truá»: a) «shvarim truá», b) «shvarim» y c) «truá». La halajá es que en cada serie de toques, la «tkiá» debe tener una extensión equivalente al del tipo de «truá» que se ejecutó en la misma.

Por lo tanto, en el orden de «Tashrat», la «tkiá» debe tener una extensión de dieciocho «tromitín», por cuanto que la longitud de «shvarim» es de unos nueve «tromitín» y la longitud de la «truá» es de otros nueve. Aun en el caso de que se prolongue la «truá» y se hayan agregado más de estos sonidos, el toque no se debe extender por más de dieciocho «tromitín», que es la extensión de la «truá» mediante la cual se cumple con el deber, según todas las opiniones.

Durante la serie de «Tashat» o «Tarat» la extensión del sonido de la «tkiá» debe ser de nueve «tromitín» ya que esa es la longitud de los sonidos de «shvarim» y el de la «truá».

El «tromit» es el sonido breve de quien toca el Shofar y la combinación de sonidos breves conforman la «truá». La extensión del «tromit» varía según quien toca y según el Shofar que se toca, los veloces tocan nueve «tromitín» en un segundo y cuarto mientras que los más lentos lo hacen en dos segundos y medio. Según la Halajá, cada ejecutante de Shofar debe prolongar las «tkiot» y los «shvarim» de acuerdo a la longitud de sus «tromitín». Quien quiera hacerlo de acuerdo con todas las diferentes opiniones puede extenderse en la serie de «Tashrat» por cinco segundos y en la de «Tashat» y «Tarat» dos segundos y medio.

En el caso de una «tkiá» continua, aunque su sonido cambie en la mitad de agudo a grave o viceversa o de «claro» a «ronco» y viceversa, se le considera apta. Incluso si esto ocurre repetidas veces a lo largo de la misma «tkiá»; siempre y cuando el sonido sea continuo es apto pues todos los tipos de sonido del Shofar lo son. Quienes cumplen el precepto con excelencia (mehadrim) procuran que la «tkiá» sea continua y estable sin ascensos, descensos o variaciones.

13. El orden de los toques del Shofar y la respiración.

A priori se debe tocar conforme al orden que establecieron nuestros sabios: tres series de «Tashrat», tres de «Tashat» y tres de «Tarat»; y a posteriori quien alteró el orden, cumplió igualmente con su deber. Por ejemplo, si alguien tocó dos series de «Tashrat» y continuó tocando «Tashat» y «Tarat» puede completar luego el tercer «Tashrat» (Shulján Aruj 590:9, Mishná Berurá 35).

Quien se equivoca en unos de los toques, en algunas ocasiones debe volver al toque en el cual erró y a veces debe volver a la primer «tkiá» de la unidad. Nos referimos como «unidad» a un «Tashrat», un «Tashat» o un «Tarat», mientras que una serie son tres veces una unidad. Dado que cada unidad es independiente, quien se equivoca al tocarla debe volver al primer sonido de la unidad en cuestión, empero nunca es necesario retornar al inicio de la serie.

En cada unidad debe haber una pausa  entre la primer «tkiá» y los «shvarim» y la «truá» que le siguen, pausa que se extienda el equivalente a la extensión de una respiración. Asimismo, debe haber una de igual extensión entre los sonidos de «shvarim» y «truá» y la «tkiá» final. Esto se debe a que la «tkiá» es una expresión de alegría y paz mientras que la «truá» y los «shvarim» expresan llanto y suspiros por lo que no se debe unir entre estos (Levush). En caso de que quien toca se equivoque y no haga una pausa apropiada del largo de una respiración, hay juristas que consideran que se cumplió con el deber y otros consideran que no. Si bien la opinión predominante es la flexible, durante los primeros treinta toques del Shofar es bueno aplicar la opinión más rigurosa y volver a empezar desde la primer «tkiá» de la unidad en cuestión (Shulján Aruj 590:5, Shulján Aruj Harav 9).

Los sonidos de «shvarim» deben ser continuos así como también la truá debe serlo. En caso de que quien toca se confunda e interrumpa en medio de los «shvarim» o en medio de la «truá» el tiempo equivalente a la extensión de una respiración, no cumplió con su deber por cuanto que separó los «shvarim» o la «truá» en dos partes que no se unen entre sí. Quien así toca debe hacerlo nuevamente (Mishná Berurá 590:16, Shaar Hatziún 14).

Respecto del «shvarim-truá» de la serie «Tashrat», los sabios medievales tienen sus opiniones divididas. Muchos consideran que se deben tocar de una sola respiración ya que todos los sonidos conforman un mismo precepto, o sea, en la serie de «Tashrat» el «shvarim-truá» es el sonido de «truá» de la Torá por lo que no se puede interrumpir en el medio para respirar; y si se detiene no se cumple con el deber. Empero, entre «shvarim» y «truá» debe haber una pausa mínima, a los efectos de diferenciar entre las dos partes de la «truá» (Rabí Itzjak ben Rabí Rabí Iehudá Ibn Guiat, Rosh, Rashbá, Ran y Ribash. Beit Iosef, Mishná Berurá18). Otros consideran que a priori debe interrumpirse entre los sonidos mediante una respiración, pues la persona que gime y llora no lo hace de una sola bocanada de aire (Rabenu Tam). Empero si no hubo interrupción, según esta idea, quien toca, igualmente cumplió a posteriori con su deber.

A los efectos de actuar conforme a las dos ideas, durante los toques «posición sentada» mediante los que se cumple con el deber de escuchar el sonido del Shofar no se interrumpe con una respiración entre «shvarim» y «truá». Por el contrario, durante los treinta toques «de pie» se acostumbra a separar con una respiración (Shulján Aruj 590:4, Shaar Hatziún 18).

14. Interrupciones y errores durante el toque del Shofar.

Existen dos tipos de errores: a) Si quien toca se confunde y ejecuta intencionalmente en medio de una unidad un sonido que no corresponde a la misma, debe volver al inicio de la unidad, esto es, a la primera  «tkiá», b) Quien toca y procura hacerlo correctamente pero fracasa en el intento, no necesita volver al inicio de la unidad sino que ha de respirar y tocar correctamente el toque que corresponde. Explicaremos más pormenorizadamente:

El primer tipo de error: quien toca y se equivoca ejecutando una «truá» entre la «tkiá» y «shvarim» o ejecutó «shvarim» entre «truá» y «tkiá», por cuanto que el error fue a conciencia y ejecutó un sonido que no corresponde en medio de la unidad debe volver a tocar la primer «tkiá». Incluso si tocó entre «tkiá» y «shvarim» un solo «tromit» de la «truá» o si tocó entre la «truá» y la «tkiá» un sonido (shever) de «shvarim» toda la unidad queda sin efecto y debe volver a la primer «tkiá» (Shulján Aruj 590:8).

Asimismo, si tras culminar con los «shvarim» quien toca interrumpió el lapso  equivalente a una respiración y toca otro sonido más de «shvarim», debe volver a la primera «tkiá» ya que como terminó con «shvarim» debe volver a tocar una «tkiá», y un solo sonido de «shvarim» (shever) suplementario entra en la categoría de sonido que no corresponde en medio de la unidad. Asimismo, si tras finalizar con la «truá», quien toca interrumpió el lapso equivalente a una respiración y toca otro sonido de «truá», debe volver a la primera «tkiá» (Shulján Aruj 590:8).

El segundo tipo de error: quien toca intenta ejecutar la «tkiá» final de la unidad y le sale uno o dos sonidos similares a «shvarim» o «truá»; en este caso debe respirar y volver a tocar la «tkiá» como corresponde. Aquí no es necesario volver al inicio de la unidad ya que los sonidos errados fueron involuntarios. Asimismo, si debía tocar «shvarim» y le salieron dos sonidos de «shvarim» no pudiendo continuar y se vio obligado a respirar, o si debía tocar una «truá» pudiendo emitir sólo dos sonidos de la misma no pudiendo continuar ya que necesitaba respirar, debe volver a tocar el «shvarim» o la «truá», empero no necesita volver al inicio de la unidad. Hay quienes tocan el Shofar y se acostumbraron a prolongar el último «tromit» de la «truá», mas deben de tener cuidado pues si suena como un «shever» deberán volver a ejecutar toda la «truá» (Mishná Berurá 590:31).

En el caso de quien alcanzó a ejecutar tres sonidos de la «truá» y no consiguió continuar deteniéndose por el lapso equivalente a una respiración, debe volver a ejecutar la primer «tkiá» ya que hay juristas que consideran que tres sonidos de «truá» alcanzan para cumplir con el deber, y en caso de tocar nueve sonidos después de los tres primeros  estaríamos tocando la «truá» dos veces (Aruj Hashulján 590:20).

Cuando dos congregaciones rezan cerca una de la otra y se comenzó a tocar el Shofar en una de ellas, es bueno que en la otra no se toque hasta que la primera haya concluido su serie de toques. Esto es así ya que hay juristas que entienden que si en medio de los toques se escuchan otros sonidos, si bien no se tiene la intención de cumplir con el deber mediante los últimos, estos dejan sin validez a los primeros. Si bien la halajá final es conforme a la mayoría de los juristas que considera que sonidos ajenos no dejan sin validez a los toques del Shofar, a priori es bueno tomar también en consideración la opinión minoritaria (Beur Halajá 590:8, ‘כמתעסק’).

15. ¿Qué es el Shofar?

El Shofar que se toca en Rosh Hashaná es un cuerno hueco que crece en la cabeza de animales domésticos y salvajes («behemot ujaiot»). El vocablo Shofar se deriva de la palabra «shfoferet» que significa tubo. Los cuernos de antílope (ayal) no son aptos por no ser tubos y carecer de hueco interior por ser macizos; para transformarlos en pasibles de ser tocados es necesario perforarlos artificialmente. Los cuernos de vaca tampoco son aptos por detentar únicamente el carácter de «cuerno», mas no de «Shofar» (Talmud Babilonio, Tratado de Rosh Hashaná 26(A), Shulján Aruj 586:1).

El Shofar crece en la cabeza del animal, y está conectado a esta del lado ancho del cuerno que es aquel del cual sale emitido el sonido. Todo esto  insinúa que cuando lo tocamos es como si lo hiciésemos directamente en dirección a nuestra alma animal, a los efectos de despertarnos al retorno en pos de lo sublime.

Es preceptivo que el Shofar de Rosh Hashaná sea curvo en señal de que debemos inclinar nuestro corazón ante el Eterno (ídem Rosh Hashaná 26(B)). Se cumple el precepto con excelencia si se escoge un Shofar curvo de carnero, pues dijo Rabí Abahu: «¿Por qué se toca con un cuerno de carnero? Dijo el Kadosh Baruj Hú: tocad ante mí con un cuerno de carnero para que recuerde el amarramiento (sacrificio) de Itzjak hijo de Abraham, y Yo lo he de considerar como si os hubiereis amarrado (sacrificado) ante mí» (ídem Rosh HaShaná 16(A)). El macho adulto de las ovejas se denomina carnero («ayl») y la oveja hembra en hebreo se denomina «rajel». Se considera que se cumple con excelencia al tocar en cuerno curvo de carnero; un nivel por debajo se encuentra el cuerno curvo de oveja hembra adulta («rajel»), y como pertenece a la especie  ovejuna, su Shofar también recuerda el amarramiento de Itzjak.

Si una persona tiene la posibilidad de tocar un Shofar curvo que no es de carnero o en un cuerno recto de carnero, mejor que toque en el que es curvo pues la curvidad como precepto se origina en la Mishná, mientras que la virtud de provenir de un carnero es cuestión de excelencia suplementaria en el cumplimiento (Mishná Berurá 586:5).

Naturalmente, el cuerno de carnero es curvo, pero en caso de una excepción en la que el cuerno haya crecido derecho, se lo puede curvar calentándolo y de esa manera se transformará en excelente («mehudar»). Asimismo, está permitido curvar el cuerno mediante calentamiento a los efectos de embellecer el Shofar.

Empero, si mediante calentamiento se alteró el sentido o dirección de toque del Shofar, ensanchando el lado estrecho y estrechando el lado amplio, este deja de ser apto. Asimismo, si se voltea el Shofar tal como se lo hace con una túnica de modo tal que el lado interior pasa a ser exterior y viceversa, deja de ser apto (Shulján Aruj 586:12). Este tipo de acciones tiene lugar, ya que al calentarlo el cuerno se torna muy blando y los pulidores de Shofarot prefieren a veces darlos vuelta ya que de esta manera les es más fácil alisarlos y embellecerlos. Por esta razón hay que comprar un Shofar de alguien confiable que asegure no haberlo dado vuelta. Cuando el lado ancho del Shofar conserva las grietas y protuberancias que le son propios, es señal de que no fue alterado.

16. Reglas referentes al Shofar.

Debe tener un largo de, por lo menos, un palmo que es lo que se precisa para que al tomarlo con su mano quien lo ha de tocar, se vea parte del Shofar a ambos lados del puño (Shulján Aruj 586:9).

Si el sonido es muy agudo o muy grave o muy ronco igualmente es apto, pues todos los sonidos lo son (Shulján Aruj 586:6).

Si se conforma un Shofar pegando trozos de otros, este no será apto. Aunque se le haya pegado al Shofar una sola parte pequeña no es apto, ya que este debe ser una pieza tal como en su origen, sin agregado alguno. Si el Shofar fue prolongado mediante agregados de metal o plástico, no es apto para ser tocado (Shulján Aruj 586:10-11).

Empero, si se corta un Shofar y en virtud de ello el sonido es alterado, siempre y cuando continúe teniendo un largo de por lo menos un palmo es apto. Un Shofar que haya sido limado por dentro y por fuera haciéndolo fino y alterando su sonido, es apto (Shulján Aruj 586:14-14).

Si se recubre con oro o cualquier otro material y en virtud de ello el sonido se vio alterado, no es apto pues el sonido no sale únicamente del Shofar. Por ello, se debe evitar dibujar sobre el Shofar, no sea que la pintura altere el sonido. Sin embargo, se permite grabar figuras sobre este (Shulján Aruj y Ramá 586:17).

Si se lo baña por dentro con oro u otro material no es apto, ya que el toque no pasa a través del Shofar sino a través del material de la cobertura. Asimismo, si se baña la boca del Shofar con oro u otro material, aunque esto no lo elongue, no es apto, ya que la cobertura se interpone entre la boca de quien toca y el Shofar (Shulján Aruj 586:16, 18).

Un Shofar que se perforó y su sonido no se vio alterado, se lo puede tocar a priori. Si el sonido se vio alterado hay juristas que opinan que no es apto, y a priori es correcto ser estrictos en conformidad con su opinión. En caso de que no haya otro Shofar, se puede confiar en la opinión de la mayoría de los juristas que considera que siempre y cuando el orificio ocupe la parte menor del Shofar, aunque no haya un palmo entero sin averías, es apto para que se recite sobre este la bendición.

Si se tapa el orificio pegando sobre el mismo un trozo pequeño de Shofar, en caso de que el sonido vuelva al estado anterior de la avería y el orificio no ocupe la mayor parte del cuerno, es apto. En caso de premura o necesidad, aunque el sonido no vuelva a su estado original, el Shofar es apto y hasta se puede recitar sobre este la bendición por el cumplimiento del precepto (Mishná Berurá 35).

Si el Shofar sufre una rajadura a lo largo, hay juristas que consideran que aunque esta sea corta, si no se pegó o amarró no es apto ya que en virtud de los toques  puede rajarse por completo. Empero, según la opinión mayoritaria de los juristas, si la rajadura a lo largo abarca la parte menor del Shofar este es apto, y en caso de premura o necesidad se puede confiar en esta opinión y recitar sobre este la bendición por el cumplimiento del precepto. Sin embargo, si la rajadura abarca la mayor parte del largo del Shofar este no es apto (Shulján Aruj 586:8, Mishná Berurá 43, ver Beur Halajá allí). Si se calentó el Shofar y se pegó los extremos de la rajadura de modo tal que esta es tapada, el instrumento es apto. Si la rajadura abarca todo el largo del instrumento, este es descalificado y no es más pasible de reparación por cuanto que dejó de denominarse Shofar (Shulján Aruj 586:8). Si el Shofar se raja a lo ancho, mientras que la fisura no abarque la mayor parte del contorno y aunque el sonido se haya visto alterado, el instrumento es apto. Si la rajadura abarca la mayor parte del contorno y no queda entre el punto de toque y la rajadura una distancia de por lo menos un palmo, el instrumento no es apto (allí 9).

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