04. El cuidado del pacto

01. Derramamiento de semen en vano

HaShem creó en el ser humano un impulso de vida inconmensurable, impulso de amor y deseo entre el hombre y la mujer. Cuando este instinto es encaminado por la senda de la santidad se transforma en el fundamento del pacto nupcial y del apego entre el marido y su mujer, respecto del cual está escrito (Bereshit-Génesis 2:24): «y se adhiere a su mujer y se tornan una sola carne». El inicio de apego es mediante el precepto de Oná y su culminación se lleva a cabo mediante el precepto de «Prú Urbú», «creced y multiplicaos», pues en virtud del vástago común se unen realmente en una misma carne.

Dado que el deseo instintivo entre hombre y mujer es el fundamento de la vida y el más poderoso de los instintos, se nos preceptuó signar el pacto con el Creador mediante el retiro del prepucio del órgano que une a ambos. Se trata del «pacto de la circuncisión» o «Brit Milá». Mediante el retiro del prepucio que simboliza el deseo extraño o exacerbado, el pacto de pureza entre los hijos de Israel y HaShem se extiende al pacto nupcial entre los cónyuges, tal que al unirse estos con amor y alegría la Divina Presencia reposa entre ellos (Talmud Babilonio Tratado de Sotá 17(A)). A partir de esta unión se expanden abundantemente por el mundo la luz y la bendición, la bondad y la alegría, la vida y la paz (ver ídem Berajot 6(B), Ievamot 62(B)).

Por el contrario, dañar el pacto implica malograr este instinto vital. En vez de consagrarlo mediante el amor de pareja cumpliendo con los preceptos de Oná y «Prú Urbú» o «creced y multiplicaos», se lo malogra mediante el deseo egoísta o el adulterio. Este fue el pecado de la generación del diluvio, respecto de quienes está escrito (Bereshit-Génesis 6:12): «Y vio D´s la tierra y he aquí que estaba pervertida, pues toda creatura pervirtió (o malogró n. de t.) su senda sobre la tierra». En virtud de ello se vieron arrastrados por sus instintos pecando de adúlteros, idólatras y robando, hasta que el mundo todo se vio destruído por medio del diluvio. Nuestros sabios dijeron que así como esta generación pecó «con ardor» desviando el fuego que debía destinarse a despertar el amor en el seno de la pareja y malográndolo por medio del derrame de esperma en vano y el adulterio, de igual forma HaShem los castigó mediante aguas diluviales hirvientes (Talmud Babilonio Tratado de Sanhedrín 108 (A) y (B)).

El derramamiento de semen en vano contiene un resabio del pecado de adulterio mencionado en los Diez Mandamientos, tal como explicaron nuestros sabios (ídem Nidá 13(B), Shemot-Éxodo 20:13): «No cometerás adulterio – no habrá en tí adulterio, tampoco mediante la mano o la pierna», esto es, no derramar semen en vano mediante la mano o la pierna. Asimismo está escrito (Bereshit-Génesis 2:24): «y se apegará a su mujer y serán una sola carne» lo cual fue explicado por nuestros sabios (Talmud Jerosolimitano Tratado de Kidushín 1:1) de la siguiente manera: «se apegará a su mujer y no a la de su prójimo, a su mujer y no a un hombre ni a un animal», así como tampoco de otro modo que no sea apegarse a su mujer (Tzidkat Hatzadik 121). Esto se debe a que este instinto vital está destinado a incrementar el amor y apego en el seno de la pareja y quien lo malogra a los efectos de satisfacer su deseo, afecta la posibilidad de amar a su mujer y unirse a esta.

Además, el derramamiento de semen en vano afecta el cumplimiento del precepto de «creced y multiplicaos» lo cual es malo a ojos de HaShem, tal como se relata respecto de Er y Onán quienes derramaron su esperma a tierra a los efectos de no procrear. «Mas fue Er – primogénito de Iehudá – desagradable ante los ojos de HaShem y HaShem causó su muerte», mientras que de Onán está escrito: «Y esto fue mal  visto por el Eterno, que también causó su muerte» (Bereshit-Génesis 38:7 y 10). Por lo tanto, está prohibido que el hombre copule con su mujer y previo a la eyaculación se retire vertiendo así su esperma afuera. Quien hace esto durante los períodos en los que su mujer no puede embarazarse, por ejemplo si ya está en medio de un embarazo o si está amamantando o si ya no está en edad fértil, también trasgrede esta prohibición (Talmud Babilonio Tratado de Ievamot 34(B)).

02. La gravedad del pecado

Por una parte nuestros sabios no ahorraron palabras en la descripción de la gravedad de esta falta y dijeron (ídem Nidá 13(A)): «Todo aquel que derrama su semen en vano merece la (pena de) muerte». Además agregaron que «todo aquel que derrama semen en vano se asemeja a quien asesina… se asemeja a quien practica  idolatría». Asesina porque malogra su esperma, el cual debería incrementar la vida en el mundo. Practica idolatría porque en vez de incrementar el amor, desvía el instinto vital en la satisfacción de un deseo egoísta, tal como los idólatras desvían el poder de su fe hacia árboles o piedras (ver Maharal Jidushei Agadot al Tratado de Nidá 13(B)).

En el libro del Zohar nuestros sabios adjudicaron una gravedad aún mayor a este pecado y dijeron que todo aquel que lo perpetra no verá el semblante de la Divina Presencia ni accederá al paraíso o Gan Eden, pues se asemeja a quien asesinó a sus hijos. Además asesina en reiteración real ya que quien se acostumbra a practicar esta trasgresión la repetirá numerosas veces. Existe el retorno y el arrepentimiento para el quebrantamiento de cualquiera de los preceptos de la Torá menos para este. Sin embargo, si la persona en cuestión realiza un ingente esfuerzo y retorna a D´s con amor – podrá expiarlo (Zohar I 219, II 62:1). En concomitancia con las palabras del Zohar, Rabí Iosef Caro escribió en el Shulján Aruj (Even Haezer 23:1): «Y este pecado es el más grave de todos los pecados de la Torá».

Por otra parte, esta prohibición no fue escrita explícitamente en la Torá sino que únicamente se menciona que tanto Er como Onán fueron castigados en virtud de ella con la muerte, por lo que los juristas han debatido respecto de si se trata de una prohibición de la Torá o de origen rabínico. De todas maneras quienes consideran que se trata de una prohibición de la Torá no la consideran una de las más graves, por cuanto que no se le ha establecido pena de muerte o azotes.

Asimismo, se ha sentenciado para la halajá que si el instinto de la persona le acucia al punto de estar al borde de cometer adulterio o copular con una mujer que no está ritualmente apta (en estado de nidá) es mejor que derrame su esperma en vano y luego se aflija por ello y no cometa una de esas graves trasgresiones (Sefer Jasidim 176, Beit Shmuel, Jelkat Mejokek 23:1). Asimismo, cuando se teme que la persona pueda cometer adulterio con una soltera ritualmente pura, es mejor que derrame su esperma en vano y no trasgreda con ella (Responsa Maharshag 243).

03. Los dos aspectos de la trasgresión

La trasgresión de derramar semen en vano implica dos aspectos. Desde el punto de vista exterior es menos grave que el pecado de adulterio y demás inconductas que la Torá castiga, pues en la práctica, el daño acaecido es de menor envergadura. Empero, desde el punto de vista interior esta trasgresión expresa la raíz de todas las malas acciones, implica el punto máximo en el deseo egoísta que afecta en el más profundo de los sentidos a la fe en el Creador y al amor al prójimo. Pues ya estudiamos (1:5-6) que la percepción de separatidad en la creación es el fundamento de todos los problemas existentes. Primeramente separa a las creaturas del Creador, para luego separar a estas entre sí. Es por ello que «amarás a tu prójimo como a ti mismo» es «la regla general de la Torá» (Vaikrá-Levítico 19:18, Safra allí) pues por su intermedio reparamos el mundo. El amor y la unidad se manifiestan en su completitud únicamente en el marco de la pareja y su quintaesencia se materializa en el cumplimiento del precepto de Oná (arriba 1:1). Este es el sentido del instinto vital que une a hombre con mujer, pues por su intermedio los cónyuges superan los límites de su egoísmo conectándose mediante amor verdadero, en virtud de lo cual la Divina Presencia reposa entre ambos fluyendo hacia estos la vida y la bendición desde la fuente vital superior y hasta el final de todas las generaciones (arriba 1:4).

Por otra parte, cuando la persona hace uso del instinto vital a los efectos de satisfacer su deseo malogra el fundamento de su propia vida. En vez de que por intermedio de este instinto se incremente el amor entre él y su esposa, lo pierde inútilmente en una pasión egoísta. Es por ello que desde el punto de vista interior se trata de un pecado muy grave ya que pone de manifiesto el egoísmo, el orgullo y la ambición desmedida de la persona, apartándola de su gran objetivo que es conectarse a D´s mediante la fe e incrementando así el amor, la bendición y la vida en el mundo.

Es por ello que quien comete esta trasgresión se ve afectado tanto en este mundo como en el venidero. En este mundo por cuanto que afecta su capacidad de amar a su esposa y alegrarse plenamente junto a ella ya que perdió inútilmente parte de su energía amorosa, la cual le hará falta a la hora de unirse a ella efectivamente. Y por mucho que esta persona se esfuerce, un fino epitelio de egoísmo lo separará de su mujer alterando así la unidad de la pareja. El daño para el mundo venidero radica en que su alma no podrá elevarse y disfrutar del brillo de la Divina Presencia en la medida que podría hacerlo. Si bien desde el punto de vista de los castigos del Guehinom se trata de uno relativamente más leve que el adjudicado por la mayoría de las faltas, desde el punto de vista de la imposibilidad de acercamiento a HaShem la amonestación es grave, pues la parte de su alma afectada se desprende de la vida y no puede elevarse al Jardín del Edén, y no participa de la resurrección de los muertos.

El arrepentimiento común que es útil en el caso de las demás trasgresiones, no sirve a los efectos de acercar el alma al nivel que le corresponde pues el deseo egoísta aleja a la persona de la verdadera vida y así como no puede unirse completamente a su esposa, tampoco podrá disfrutar del esplendor de la Divina Presencia que le corresponde. No es nuestra intención llevar a la persona a la desesperanza sino concientizarla de la necesidad de corregir esta mala conducta mediante un retorno más intenso que el habitual. De esta manera se esforzará en amar a HaShem y apegarse a Su Torá y Sus preceptos, incrementando el amor verdadero para con su esposa y así  devolverse a sí mismo las energías vitales perdidas. Dado que la mano de HaShem está extendida hacia quien se arrepiente, todo aquel que se esmere en retornar plenamente será merecedor de gran satisfacción y alegría (ver Orot Hatshuvá 7:1 y 6; 15:8).

Sin embargo, sabido es lo difícil que resulta superar esta mala inclinación. Según nuestros sabios, la inclinación al mal es la que llevó a Adam a trasgredir, en virtud de lo cual se decretó la mortalidad a la generalidad de la especie humana, ingresando esta inclinación en el corazón del ser humano, al punto que no hay hoy justo sobre la tierra que amén de conducirse con rectitud no pierda algo de semen en vano aunque tan solo sea bajo la forma de polución nocturna. Esto se intensifica particularmente en los años de la mocedad. Si existiese un hombre en el mundo que pudiese guardar toda su pasión para su esposa lograría descubrir en su vida una chispa de la Unicidad Divina, corrigiendo así, por completo, la trasgresión original de Adam y alcanzando la inmortalidad. Empero, el Creador nos dificultó de gran manera la corrección de esta inconducta a los efectos de que tampoco los justos puedan superarla, para que de esa manera se vean también en la necesidad de retornar y se dediquen a reparar el mundo en todos sus aspectos, incluídas todas sus pasiones e inclinaciones. Es por esto que en los días previos al arribo del Mashíaj esta trasgresión se incrementa de sobremanera, ya que entonces el instinto vital se intensifica grandemente tornándose más difícil mantener la santidad en esta cuestión y por ello los justos deben superar todos los obstáculos, levantarse y animarse, tal como está escrito (Mishlei-Proverbios 24:16): «Siete veces caerá el justo y se volverá a levantar». De esta manera habremos de ser dignos de liberarnos de la inclinación al mal y de la mortalidad que esta implica, y la vida se revelará en toda su intensidad hasta la reparación final del mundo en los días de la resurrección de los muertos (Tzidkat Hatzadik 109:111).

04. La reparación de la trasgresión

Diversas rectificaciones se han mencionado para el pecado del derramamiento de semen en vano, empero la primera y la más importante es el establecimiento del pacto («tikún habrit»), esto es, que el hombre se una a su mujer con un amor íntegro. Nuestros sabios dijeron (Vaikrá Rabá 21:5): «el órgano con el cual el hombre peca es aquel con el cual debe abundar en preceptos», esto es, esmerarse de gran manera en alegrar a su mujer en todas las oportunidades que el precepto de Oná le estipula y en caso de incompatibilidad entre lo que le alegra a él personalmente y lo que la alegra a ella, deberá dejar de lado su propio deseo y esforzarse por satisfacerla lo más posible.

Asimismo habrá de cumplir el precepto de «creced y multiplicaos» («Prú Urbú») con excelencia, esto es, procrear la mayor cantidad de hijos e hijas que sus energías y las de su mujer les permitan siempre y cuando esto no sea motivo de riñas conyugales, pues ya aprendimos que la primer gran reparación es que alegre a su mujer lo más posible. De todas maneras, si alegrando a su mujer de sobremanera logra cumplir con el precepto de «creced y multiplicaos» con excelencia, estará realizando una reparación muy significativa, pues allí donde malogró y perdió vida ahora hace que esta abunde. En vez de pecar por egoísta se consagrará a la crianza y educación de sus hijos, encaminándolos en el estudio de la Torá y el cumplimiento de los preceptos.

Además, una gran reparación para este pecado es el estudio de la Torá ya que por su intermedio nos conectamos a la raíz de la vida sumándosela al mundo para así completarlo. Tal como estudiamos (Talmud Babilonio Tratado de Kidushín 30(B)), HaShem creó la inclinación al mal y también creó su antídoto que es la Torá, por lo que la Torá tiene la capacidad de transformarla para bien. También vimos que el fuego del Guehinom no alcanza a los estudiosos de la Torá (ídem Jaguigá 27(A)),  ya que esta protege al hombre y lo salva de contratiempos (ídem Sotá 21(A)). Este pecado puede ser reparado especialmente mediante el estudio de la Torá con intensidad y ahínco, pues así la persona invierte su pasión exterior en este esfuerzo recuperando su vitalidad interior original (ídem Berajot 63(B), Tamid 32(A), Tzidkat Hatzadik 97,106 y 123).

Asimismo, una persona que tiene el privilegio de poder enseñar y de esta manera acercar alumnos a la Torá corrige este pecado, ya que los alumnos son también llamados «hijos». De esta manera suma energía vital a sus alumnos compensando la que malogró con su trasgresión. Quien tiene el mérito de acercar a judíos que se alejaron de la Torá repara grandemente el pecado cometido, pues al ayudar a retornar a  quien cayó recupera las energías que perdió (Tzidkat Hatzadik 116 y 126).

Dar tzedaká (dinero) a los pobres se considera también una reparación importante de esta trasgresión, tal como está escrito (Mishlei-Proverbios 10:2): «la tzedaká salvará de la muerte». De esta manera agrega vida en sustituto de la que malogró, a condición de que la ayuda llegue a personas pobres decentes, esto es, personas que no tienen la posibilidad de auto sustentarse y emplean el dinero recibido para buenos fines y no para alcohol o drogas. Empero si el dinero es dado a personas pobres no decentes, quien aporta continúa realizando una trasgresión similar a la de derramar semen en vano pues su dinero es malgastado. A veces, cuando una persona aún no ha retornado plenamente de esta trasgresión y desea dar tzedaká a los pobres, desde el cielo provocan que el dinero llegue a menesterosos no decentes (Tzidkat Hatzadik 125).

05. Medidas preventivas

Está prohibido al hombre tocarse el órgano para así evitar una posible erección que devenga en derramamiento de semen en vano. En caso de que esté orinando y tema que de no ayudarse con la mano pueda llegar a salpicar alrededor o sobre sus zapatos podrá dirigir el miembro tocando el glande, esto es, su extremidad. En el caso de quien está casado y su mujer se encuentra ritualmente apta, de mediar necesidad podrá tocar el miembro a los efectos de direccionar el orinado. Pero de no ser para este menester ni siquiera una persona casada puede tocar su órgano pues todo estímulo posible debe reservarse para el amor de pareja.

En caso de necesidad, a los efectos de evitar una picazón o una incomodidad se permite tocar el miembro a través de una tela gruesa ya que de esta manera, de no mediar intención, no se teme que se pueda causar estímulo (Mishná Berurá 3:15). Asimismo, cuando el hombre viste pantalones tiene permitido resolver su incomodidad  actuando a través de la tela de la prenda.

Se permite tocar el miembro a los efectos de aliviar un dolor, por ejemplo, aplicar una pomada o retirar una astilla siempre y cuando esto no provoque estímulo.

Está prohibido tocar el miembro pero se permite tocar los testículos siempre y cuando esto no provoque estímulo. A la hora de bañarse no se debe tocar el miembro para evitar un posible estímulo – se debe lavar bien las zonas púdicas de alrededor, y así tanto el agua como el jabón habrán de pasar forzosamente por este (Maguén Abraham 3:14, Ruaj Jaím Even Haezer 23:3). Hay juristas que en caso de necesidad autorizan tocar el miembro, a condición de que esto no provoque un estímulo (Seder Haiom). En caso de necesidad, una persona casada puede actuar más flexiblemente en este respecto (ver Otzar Haposkim 23:16:4).

06. Pensamientos pecaminosos – dos tipos de prohibición

Hay dos tipos diferentes de pensamiento pecaminoso o prohibido. Uno es el pensar en algún tipo de relación prohibida; el segundo es pensar en algo que pueda causar una polución nocturna. La razón de ambas prohibiciones radica en que estos pensamientos dañan la unidad sagrada en el seno de la pareja  y desvían hacia ámbitos extraños la pasión que debería traducirse en un incremento del amor y el apego entre los cónyuges, haciendo que la Divina Presencia se retire de entre ellos.

En primer término está prohibido tener pensamientos pecaminosos, esto es, imaginarse a sí mismo manteniendo una relación prohibida con una mujer ajena y menos aún planificar una trasgresión de este tipo, tal como está escrito (Bamidbar-Números 15:39): «y os desviareis en pos de vuestro corazones y de vuestros ojos, tras los cuales os corrompéis». Nuestros sabios explicaron este versículo de la siguiente manera (Talmud Babilonio Tratado de Berajot 12(B)): » ´vuestro corazón´ – se refiere a herejía, ´vuestros ojos´ – se refiere a pensamientos pecaminosos». Por ello un hombre tiene prohibido contemplar mujeres o sus vestimentas de un modo tal que pueda provocarle pensamientos pecaminosos (Shulján Aruj Even Haezer 21:1). Además de estar prohibido el pensamiento pecaminoso por afectar negativamente el amor al seno del matrimonio y contaminar el pensamiento, este puede también provocar una relación sexual prohibida. Esto se debe a que la trasgresión comienza con pensamientos pasionales que despiertan al instinto hasta que este se apodera de la persona y la impulsa a una relación prohibida. Nuestros sabios dijeron que el pensamiento pecaminoso es más grave que el pecado en sí (Talmud Babilonio Tratado de Yomá 29(A)). Si bien el castigo grave recae sobre la trasgresión misma, los pensamientos pecaminosos son aquellos que llevan al hombre a quebrantar el pacto establecido con su mujer y caer en el adulterio, permaneciendo estos antes y después del pecado y son los que más contaminan su mente y su alma.

Una de las razones por las cuales nuestros sabios instituyeron que todos  los días se lea la porción de «Vayomer» o tercera porción del recitado del «Shemá» (Bamidbar-Números 15:37-41), es la de alertar a la persona a cuidarse de los pensamientos pecaminosos, tal como está escrito (ídem 15:39): «y os desviareis en pos de vuestros corazones y de vuestros ojos, tras los cuales os corrompéis» (Tratado de Berajot 12(B)). Mediante el recuerdo del precepto de tzitzit la persona puede salvarse de la trasgresión (Tratado de Menajot 44(A), arriba 3:6).

La segunda razón estriba en que está prohibido pensar en cosas que puedan despertar el instinto y provocar una polución nocturna, tal como está escrito (Devarim-Deuteronomio 23:10): «te guardarás de toda cosa mala» lo cual es explicado por nuestros sabios de la siguiente manera: «que no piense la persona durante el día y se impurifique por la noche» (Tratado de Avodá Zará 20(B)). La prohibición incluye pensar, leer o mirar aquello que pueda despertar el instinto y provocar una erección, aunque la persona en cuestión no se imagine a sí mismo acercándose a una mujer prohibida para él. En el caso de un hombre casado, durante los días en los que su mujer está ritualmente no apta para mantener relaciones o si se encuentran a distancia, tiene prohibido pensar en su esposa de un modo tal que pueda excitarlo para evitar así la polución nocturna, ya que toda esa pasión debe guardarse únicamente para ella.

La polución nocturna es denominada en el lenguaje de la halajá como «keri» (casualidad) o «tum´á» (impureza). «Keri» en virtud de que la polución tiene lugar de modo involuntario o casual durante la noche, y «tum´á» o impureza puesto que  la Torá decretó que quien padeció una polución nocturna estará impuro, por lo que ese día no podrá ascender al Monte del Templo ni comer de las ofrendas sagradas. A los efectos de purificarse, la persona en cuestión debe realizar una inmersión ritual, y para poder comer de las ofrendas, debe aguardar a la salida de las estrellas (arriba 3:8).

La polución nocturna es el producto combinado del cuerpo humano que produce esperma y de los pensamientos de la persona durante su vigilia que despiertan su instinto y le provocan una erección. Si bien durante el día la persona logra controlarse y no derrama su semen en vano, estos pensamientos retornan por la noche bajo la forma de sueños causando una polución. De todas maneras, incluso personas justas que controlan sus pensamientos diligentemente en horas del día padecen de tanto en tanto de una polución nocturna, ya que el cuerpo humano naturalmente produce esperma y con el correr de los días siente necesidad de evacuarlo. Esto ocurre en las personas jóvenes con mayor frecuencia que en los mayores (a la prohibición de masturbarse y a la de tener pensamientos pecaminosos en mujeres nos referiremos adelante en los incisos 10-12).

07. La definición de pensamiento pecaminoso y la manera de liberarse de este

En los dos tipos de pensamientos pecaminosos, la prohibición radica en no fijar el pensamiento en cuestiones que puedan despertar el instinto. En cambio, el caso de un pensamiento pecaminoso que pasa por la mente de la persona de modo involuntario y se va tal como vino, no está comprendido en la generalidad de la prohibición ya que la Torá no fue entregada a ángeles (Meiri al Tratado de Julín 37(B), Ezer Mekodesh 23:3). Incluso, casi nadie está a salvo de un pensamiento que se prolonga un poco más e implica ya una pizca de prohibición pues debería haber sido retirado de la consciencia, pero nadie queda exento del mismo, ni siquiera las personas justas. Tal como dijeron nuestros sabios (Talmud Babilonio Tratado de Baba Batra 164(B)): «de tres pecados la persona no se salva diariamente: de pensamientos pecaminosos, de distracciones durante la plegaria y de resabios de «lashón hará» o habladurías»

En la medida en que el hombre se une a su mujer con un amor más intenso y cuida las leyes del recato, tiene mayores posibilidades de salvarse de los pensamientos pecaminosos. En principio, a los efectos de evitarlos la persona debería casarse a la edad de trece años, pero considerando que el matrimonio requiere de un gran sentido de  responsabilidad y de cara al mismo es menester prepararse mediante el estudio de Torá y la adquisición de una profesión u oficio, nuestros sabios estipularon que el enlace se posponga hasta la edad de dieciocho o veinte años (Mishná Avot 5:21). Por otra parte, nos advirtieron no postergar en demasía el casamiento pues de hacerlo así «padecerá todos sus días de pensamientos pecaminosos»; y por cuanto que ya se acostumbró a estos, aun casado le costará desprenderse de ellos. Si bien la razón fundamental por la que hay que casarse hasta la edad de veinte años radica en el cumplimiento del precepto de «creced y multiplicaos» (Talmud Babilonio Tratado de Kidushín 29(B), adelante 5:7), hoy día que la vida se ha tornado más compleja y los desafíos abundan, es muy difícil hacerlo antes de la edad de dieciocho. La mayoría de los jóvenes se ven en la necesidad de posponer su casamiento después de los veinte años, empero, de todas maneras no se debe posponer el enlace más allá de la edad de veinticuatro (adelante 5:9).

De mientras, hasta el momento del casamiento los jóvenes deben esmerarse en conducirse con gran recato en su relacionamiento con las mujeres y evitar los pensamientos pecaminosos. En la medida en que estos se incrementen, su estudio de Torá podrá tener mayor éxito en esta misión. Nuestros sabios dijeron que el estudio de la Torá es el mejor antídoto para este instinto. «Se enseñó en la Yeshivá de Rabí Ishmael: hijo mío, si te interceptó ese malvado, arrástralo a la casa de estudios, si es de piedra se disolverá y si es de hierro habrá de explotar» (Talmud Babilonio Tratado de Kidushín 30(B)). En resumen, la halajá final dice así: «está prohibido provocarse una erección o inducir un pensamiento pecaminoso, en caso de sobrevenir un mal pensamiento deberá apartar su mente de cosas vanas y dirigirla a cuestiones de Torá, que es comparada a una «hermosa cierva («ayelet ahavim»[1]) y graciosa gacela» (Rambám Hiljot Isurei Biá 21:19, traído por el Shulján Aruj Ioré Deá 23:3).


[1]. Literalmente sería «cierva del amor», metáfora de femineidad juvenil y graciosa

08. El precepto de casarse

Quien ya cumplió con el precepto de «creced y multiplicaos» y trajo al mundo numerosos hijos e hijas, en caso de fallecer su esposa deberá casarse con una mujer que aún pueda dar a luz para así incrementar el cumplimiento del precepto (adelante 5:6). En caso de que le sea difícil criar más hijos por ser mayor o si le habrá de resultar imposible mantenerlos, o si teme que puedan surgir pleitos o disputas entre los hijos del primer matrimonio y los eventuales hijos del segundo, podrá abstenerse de casarse con una mujer en edad fértil (adelante 5:6). Empero deberá casarse con una mujer aunque no pueda dar a luz, pues esa es la forma de vida completa en el hombre, tal como dijeron nuestros sabios (Talmud Babilonio Tratado de Ievamot 63(A)): «todo hombre que carece de mujer no es persona». Además, dijeron (ídem 62(B)): «todo hombre que carece de mujer se encuentra privado de alegría, de bendición, de bienestar, de Torá, de muro protector y de paz». Por ello nuestros sabios indicaron que (ídem 61(B)) «Aunque un hombre ya tenga hijos no debe estar sin mujer, tal como está escrito (Bereshit-Génesis 2:18): ´No es bueno que el hombre esté solo´». De esta manera tendrá el mérito de seguir cumpliendo con el precepto de Oná y se mantendrá a salvo de los pensamientos pecaminosos.

Rambám sentenció (Hiljot Ishut 15:16): «es precepto rabínico que un hombre no debe permanecer sin mujer para que así no incurra en pensamientos pecaminosos». Este precepto es de tal importancia al punto de que hay opiniones en la halajá que sostienen que el permiso que se concede de vender un rollo de la Torá para con el dinero poder desposar una mujer incluye también el caso de una mujer mayor que ya no puede dar a luz, para así poder cumplir con el precepto de Oná y evitar los pensamientos pecaminosos (adelante 5:21).

En el caso de quien ha envejecido, que perdió el deseo sexual y no le interesa ya cumplir con el precepto de Oná, por cuanto que cumplió con el precepto de «creced y multiplicaos» tiene permitido no volverse a casar. Empero, a pesar de que la persona en cuestión envejeció y su deseo menguó, si desposa una mujer y vive con ella en amor y alegría estará cumpliendo con un precepto, ya que la vida en pareja es la situación apropiada para el ser humano y por su intermedio tiene la posibilidad de cumplir en completitud con los preceptos para con el prójimo, amén del precepto de Oná. Empero, si la persona teme que un nuevo matrimonio pueda infligirle padecimientos pues quizás no logrará unirse amorosamente a su nueva mujer, siempre y cuando no se tema que pueda sufrir pensamientos pecaminosos no estará obligado a casarse. Hubo grandes rabinos que actuaron de esta manera y al enviudar no se volvieron a casar (Rambán y Meiri al Tratado de Ievamot 62(B), Jojmat Adam 123:6, Aruj HaShulján 1:7).

09. Cuando el hombre piensa en su mujer en estado ritual apto y no apto («nidá») y otras cuestiones

Un hombre casado cuya mujer se encuentra en estado de aptitud ritual y tiene la intención de unirse a ella por la noche tiene permitido pensar durante el día qué cosas podrá hacer para despertar en ella la pasión, pues no se teme que esto provoque polución nocturna. Sin embargo, cuando la mujer se encuentra ritualmente impura o si se encuentra distante de él, está prohibido pensar en cosas que puedan provocar el deseo hacia ella por temor a que posteriormente sobrevenga una polución nocturna. Se debe tener cuidado también en los días en que la mujer está ritualmente apta, evitando ver o leer  elementos que puedan causar pensamientos pecaminosos, esto es, que lleven al hombre a desear cometer alguna trasgresión o pensar en cosas que puedan afectar el amor por su esposa.

A los efectos de que un hombre no llegue a cometer una trasgresión o a tener pensamientos pecaminosos, los sabios establecieron restricciones para los períodos en los cuales su esposa se encuentra ritualmente impura, por ejemplo, que no juegue o se ría con ella, que no huela el perfume de su ropa o el que lleva impregnado en el cuerpo, que no mire las partes de su cuerpo que suelen estar cubiertas, que no se pasen entre sí objetos, que no se sienten a la mesa solos sin alguna marca de separación que les recuerde que el día no es apto para la unión, que no coman de la misma fuente, que el marido no beba el resto del vaso de la mujer ni coma de los sobrantes de su plato. El hombre no podrá sentarse o recostarse en la cama de su mujer a menos que ella se ausente de la ciudad. Asimismo, la mujer no tenderá la cama del marido delante de este (Shulján Aruj Ioré Deá 195).

A los efectos de que un hombre no incurra en pensamientos pecaminosos tendrá prohibido ocuparse de una actividad que incite su deseo, le provoque una erección o lo lleve a pensar en una mujer ajena por un largo lapso. Por ello, es menester alejarse de sitios o situaciones poco recatados que puedan despertarle tales pensamientos.  Sin embargo, a veces esto es necesario a los efectos de ganarse el sustento, por ejemplo cursar estudios superiores en un sitio que no guarda el recato conforme a la halajá. En ese caso la norma es que de ser posible estudiar la misma profesión en un marco recatado es preceptivo hacerlo. De no serlo, se permitirá estudiar en un sitio no tan recatado a condición de que la persona considere que allí su instinto no se habrá de exacerbar. Empero, si la persona considera que su deseo lo habrá de doblegar no podrá estudiar allí. En caso de duda o de gran necesidad se debe consultar una autoridad halájica.

10. La prohibición de la masturbación en las mujeres

También las mujeres tienen prohibido excitarse a sí mismas a los efectos de alcanzar el máximo placer. Esto obedece a que la pasión debe ser preservada para reforzar la unión y el apego entre marido y mujer y no para satisfacer un deseo egoísta. Sin embargo, esta prohibición es menos grave en el caso de las mujeres que en el de los hombres por dos razones que están ligadas entre sí. Primeramente, en el caso de los hombres la salida de esperma afecta el cumplimiento del precepto de Oná pues el vigor viril es limitado, y cuando el semen se derrama en vano decrece el deseo del hombre de unirse a su mujer y si ese día toca cumplir con el precepto de Oná puede ser que aunque desee no podrá hacerlo. Por el contrario, la mujer no tiene limitación alguna a este respecto, y por más que alcance el clímax en soledad podrá volver a hacerlo en compañía de su marido y unirse a él. En segundo término, el esperma del hombre posee el poder de fecundar mientras que los fluidos vaginales que la mujer libera al excitarse no lo hacen. Por más que la mujer haya liberado fluidos vaginales durante un orgasmo auto provocado, el óvulo que permanece en el interior de la mujer podrá ser fecundado sin problema.

De todas maneras, la mujer tiene prohibido auto complacerse, pues todo ese goce se debe preservar para el fortalecimiento de la relación de pareja.

Existe otra diferencia entre hombres y mujeres y es que los hombres se excitan rápidamente y cualquier tocamiento en su miembro puede despertar el instinto; por ello, los sabios prohibieron al varón que toque su miembro para evitar el derramamiento de semen en vano (arriba halajá 5). En el caso de las mujeres un tocamiento común no despierta tal excitación,  y por ello, nuestros sabios dijeron respecto de la revisión de la sangre menstrual que «cuantas más revisiones manuales se realice – mejor» (Talmud Babilonio Tratado de Nidá 13(A)).

11. La prohibición de pensamientos pecaminosos en la mujer

Tal como los hombres tienen prohibido pensar en cosas prohibidas, o sea, imaginarse a sí mismos trasgrediendo y más aún planificar hacerlo, también las mujeres tienen prohibido pensar en trasgresiones, por ejemplo imaginarse a sí mismas en relaciones prohibidas o con hombres extraños y más aún planificar hacerlo. La Torá nos dice (Bamidbar-Números 15:39): «y no os desviareis en pos de vuestros corazones y de vuestros ojos, tras los cuales os corrompéis». «´En pos de vuestros ojos´ se refiere a pensamientos pecaminosos» (Talmud Babilonio Tratado de Berajot 12(B)). Tal como indica Sefer Hajinuj (387), este precepto aplica «en todo sitio y todo momento tanto para hombres como para mujeres», ya que «también las mujeres tienen prohibido pensar en hombres que no sean sus maridos pues todo su deseo debe enfocarse en la pareja y así se deben de conducir las hijas probas del pueblo de Israel» (ídem 188).

Amén de que pensar en cuestiones prohibidas lleva a la mujer a amar menos a su marido, esto contamina su mente y con posterioridad puede desembocar en relaciones prohibidas efectivas ya que esta es la naturaleza de la inclinación al mal: al principio lleva a la persona a tener pensamientos prohibidos, luego la acerca a la trasgresión hasta que la atrapa en su red y la lleva a trasgredir y a la perdición. En esta cuestión hombres y mujeres son idénticos.

Ya estudiamos (halajá 6) que el hombre tiene otro tipo de pensamientos prohibidos que son aquellos que le pueden provocar una erección y por ende una posterior polución nocturna. Esta prohibición incluye pensar en su legítima mujer durante los días en los que esta no se encuentra ritualmente apta pues esto puede excitarlo. Sin embargo en el caso de las mujeres no existe este temor, por ello tienen permitido pensar en cuestiones sexuales siempre y cuando no se trate de pensamientos pecaminosos (arriba halajá 6). Asimismo, durante el período en que la mujer se encuentra no apta ritualmente tiene permitido pensar libremente en su  marido.

12. Relaciones homosexuales femeninas

La mujer tiene prohibido excitarse junto a una amiga pues esa pasión debe encauzarse y preservarse para el amor consagrado entre marido y mujer y para cumplir con los preceptos de Oná y el de «creced y multiplicaos». Respecto de esto la Torá nos advierte (Vaikrá-Levítico 18:3): «Como las prácticas de la tierra de Egipto donde habéis habitado no habréis de hacer… ni por sus costumbres habréis de encaminaros». Nuestros sabios explicaron (Safra allí) que en la tierra de Egipto «un hombre desposa a otro hombre, una mujer desposa a otra mujer y una mujer desposa a dos hombres» (Rambám Isurei Biá 21:8, Shulján Aruj Even Haezer 20:2).

Hay tanaítas (sabios de la Mishná) y amoraítas (sabios de la Guemará) que entendieron que una mujer que practica esto se considera que mantiene una relación ilícita y un cohen tiene prohibido desposarla, tal como está escrito (Vaikrá-Levítico 21:7): «No tomarán por mujer a quien haya mantenido relaciones prohibidas, ni divorciada porque santo es el sacerdote ante su Dios». De hecho, en la práctica, si bien se considera esto como indecente, quien la llevó a cabo no se la considera como si hubiese mantenido una relación prohibida y no se le prohíbe desposar un cohen. Por supuesto que en el caso de una mujer casada, esta práctica no la invalida a seguir unida a su marido ya que no incluye copulación semejante a la de hombre con mujer (Talmud Babilonio Tratado de Ievamot 76(A), Rambám allí).

13. Relaciones homosexuales masculinas

La Torá nos ordenó (Vaikrá-Levítico 18:22): «Y con varón no te acostarás como te acuestas con mujer. Es depravación». También está escrito (ídem 20:13): «Y si un hombre yaciere con varón como se acuesta con mujer ambos serán castigados con la muerte por su abominación». Hay dos posibilidades de cópula con la mujer, natural y contra natura o anal. La Torá advierte al hombre que no copule analmente con su compañero, y en el momento en el que el glande hace ingreso por el orificio anal, ambos trasgreden la prohibición de la Torá aunque no haya penetrado la totalidad del órgano y aunque no haya habido eyaculación. Todo esto a condición de que el pene estaba erecto (Talmud Babilonio Tratado de Ievamot 55(B), Rambám Isurei Biá 1:10, según  Turei Zahav la prohibición de la Torá se trasgrede también con la penetración de solo parte del glande, según el Nodá Biehudá Even Haezer 2:23 tiene que entrar la totalidad del glande).

Esta prohibición es tan grave que quienes la trasgreden son ejecutados mediante lapidación, pues cada vez que la Torá señala  «serán castigados con la muerte» (‘דמיהם בם’) se refiere a lapidación (Tratado de Sanhedrín 54(A), Rambám ídem 1:6). El castigo es aplicado únicamente cuando la trasgresión es voluntaria, delante de dos testigos que les advirtieron previamente que no lo hagan pues de hacerlo serán pasibles de lapidación y a pesar de ello igualmente lo realizaron. En la práctica casi que no hay quien se anime a realizar trasgresiones punibles con pena capital frente a testigos que le advierten que su acción es pasible de dicha sanción, y que aun así continúe en su inconducta y sea castigado. Es por esto que las ejecuciones en el marco del Sanhedrín eran muy poco frecuentes, al punto de que nuestros sabios dijeron que un tribunal que condenaba a muerte a una persona cada siete años era considerado un tribunal «saboteador» (‘סנהדרין חבלנית’) (Mishná Macot 1:10). De esto se desprende que el castigo que menciona la Torá tiene por finalidad señalar la gravedad del hecho y disuadía a las personas de trasgredir estas prohibiciones voluntaria y atrevidamente en presencia de testigos.

El pecado de relaciones homosexuales masculinas es considerado especialmente grave, pues de las cuatro posibles penas capitales estipuladas por la Torá la lapidación es la más grave de todas. Entre las diferentes trasgresiones que acarreaban este tipo de pena capital se encuentran la de copular con la propia madre, con la esposa del padre, con la nuera o con un animal; en este último caso la prohibición está dirigida tanto al hombre como a la mujer (Rambám Isurei Biá 1:4). Quienes pecan en esto sin la presencia de testigos son castigados por el tribunal celestial con la pena de «Caret» o muerte espiritual.

Amén del mero acto prohibido, ya aprendimos que la Torá prohíbe pensar en mantener relaciones pecaminosas, tal como está escrito (Bamidbar-Números 15:39): «y no os desviareis en pos de vuestros corazones y de vuestros ojos, tras los cuales os corrompéis», lo cual fue explicado por nuestros sabios (Talmud Babilonio Tratado de Berajot 12(B)) «´en pos de  vuestros ojos´ se refiere a pensamientos pecaminosos» (ver halajá 6). Además, quien se excita de la interacción con otro hombre debe tener cuidado de que esto no lo lleve a derramar semen en vano, que según muchos de los juristas está prohibido por la Torá (arriba halajá 1). Asimismo, no interactuará con un amigo de un modo tal que pueda llevarlo a excitarse pues de esa manera se provoca una erección lo cual está prohibido por legislación rabínica (Talmud Babilonio Tratado de Nidá 13(B)), sino que socializará con sus amigos de manera común, como lo hacen la generalidad de los muchachos en sus grupos de pares y procurará evitar padecer una erección.

14. Las causas de la manifestación de la inclinación homosexual

En el seno del público secular muchos piensan que la inclinación homosexual es congénita y no es posible modificarla. Es por ello que piensan que quien posee esta inclinación debe ir en pos de la misma y por supuesto que no cabe criticarle. Sin embargo, según la Torá, aunque una persona posea una marcada inclinación la prohibición sigue vigente y es su deber superarla, tal como quienes desean cometer adulterio deben sobreponerse a su instinto. Sin embargo, la Justicia Celestial toma en cuenta la dificultad de la persona en cuestión y cuanto mayor sea la inclinación menor es el castigo que se le aplica.

Aunque aceptemos esta inclinación como congénita es claro que la atmósfera social y moral circundante influye de sobremanera, no menos que la tendencia con la que se nació. La prueba es que en la antigüedad hubo culturas en las cuales esta práctica era sumamente extendida al punto que la mayoría de los varones incurría en ella. Por el contrario, en el seno del pueblo de Israel en el que las condiciones socioculturales inducían a relaciones heterosexuales en el marco del matrimonio, la tendencia homosexual prácticamente no se manifestaba. Tal como leemos en la Mishná (Tratado de Kidushín 82(A)): «Rabí Iehudá dice: no dormirán dos (varones N. del T.) solteros bajo una misma frazada («talit») pero los sabios lo permiten». La Guemará puntualiza que Rabí Iehudá sostiene una posición más estricta por temor a que incurran en una trasgresión. Se debe recordar que en el pasado se acostumbraba a dormir sin vestimentas por lo que Rabí Iehudá es la opinión menos flexible por no permitir que duerman dos varones solteros desnudos bajo una misma frazada. Por otra parte, los demás sabios lo permitían porque consideraban que «los judíos no son propensos a mantener relaciones homosexuales». Esto significa que el fenómeno de relaciones sexuales entre varones era tan poco frecuente, que no era necesario decretar normas para prevenirlo. Otro tanto en lo referente a las leyes de «Ijud», la prohibición de que un hombre se encuentre en una habitación cerrada con una mujer extraña para evitar la posibilidad de que incurran en una trasgresión – en el caso de tratarse de dos hombres estos pueden hacerlo. Hubo quienes también se cuidaban de esto pero se trata de una práctica especialmente piadosa. Es así como sentencia el Shulján Aruj (Even Haezer 24:1) y agrega: «mas en estas generaciones en las cuales abundan los insolentes se debe también tener cuidado de no quedar a solas con un hombre». Estos conceptos se adaptan a las prácticas sociales en boga en esos días en los países musulmanes, empero según los juristas de los países europeos, en esos días los judíos no eran propensos a detentar esas prácticas por lo que no hay lugar para prohibir que dos varones estén a solas en una habitación (Bait Jadash). Más aún, hay quienes sostienen que no se debe ser estricto en esta cuestión para evitar la arrogancia (Iam shel Shelomó Kidushín 4:23). Sin embargo, los juristas de Ashkenaz debatieron respecto de si permitir o no que dos varones solteros duerman bajo una misma frazada. Hay quienes tuvieron una actitud más estricta (Jelkat Mejokek, Beit Shmuel) y hay quienes fueron más flexibles (Iam shel Shelomó); y en la práctica hasta hace algunas  generaciones se acostumbraba a ser flexible en esta cuestión (Aruj HaShulján 24:6).

Dado que es difícil suponer que la naturaleza básica de las personas haya cambiado es necesario concluir que, en el marco de la sociedad judía tradicional tal como funcionó durante muchas generaciones, esta tendencia no se manifestó al punto de que no se temió que dos personas puedan llegar a trasgredir la norma si duermen juntas en una habitación cerrada, sin ropa y bajo una misma frazada.

No sabemos qué es lo que ha cambiado en la última generación al punto de que hay personas que creen que de acuerdo a su naturaleza congénita su inclinación sexual se orienta hacia personas de su mismo sexo, creyendo carecer de todo tipo de poder de decisión a ese respecto. ¿Acaso la libertad que se ha transformado en un elemento tan fundamental en nuestro mundo contemporáneo, junto a sus muchas virtudes, ha permitido también que se liberen todo tipo de tendencias emocionales que se hallaban ocultas en el abismo de la psique humana, y se manifiesten de modo tal que una vez que ascendieron a la superficie sea más difícil superarlas? ¿O quizás el movimiento feminista que generó tensión y conflicto entre los sexos, causó confusión en la identidad de algunos hombres y les infundió temor de relacionarse con una mujer? Existen otras decenas de suposiciones y propuestas de explicación a la difusión que ha tenido este fenómeno. Es razonable pensar que esta época habrá de pasar y habremos de encontrar el camino que nos permita profundizar en el vínculo matrimonial con santidad, amor y alegría tal como lo indica la Torá, y en virtud de ello la atracción hacia este pecado habrá de menguar en gran medida.

Es importante saber que a veces el dolor, la frustración y la vergüenza que se asocian a esta inclinación son tan fuertes que algunos jóvenes deciden poner fin a sus vidas. Es por ello que se debe brindar asesoría a hombres y mujeres que padecen de esta tendencia para que hablen con sus padres, con un rabino o una guía adecuada en el tema. En primer lugar para desahogarse un poco del sufrimiento que padecen y para encontrar el camino optimal para superar el problema.

15. El precepto de contraer matrimonio

Los preceptos de la Torá recaen sobre todo el pueblo de Israel, también sobre aquellos hombres y mujeres que se sienten atraídos por personas de su mismo sexo, por lo que estos están preceptuados de casarse y cumplir con los preceptos de Oná y «creced y multiplicaos» con amor y alegría.

Es de suponer que así como en generaciones anteriores no se oía de personas que no se casaban en virtud de esta cuestión, de igual manera en nuestros días, a pesar de los cambios en el entorno y la atmósfera cultural, muchas de las personas que se ven atraídas por personas de su mismo sexo pueden superar su tendencia y formar familias con amor y alegría. Es sabido que muchas de las personas con esta inclinación pueden también manifestar deseo por personas del sexo opuesto. En el caso de quienes esto se les dificulta, deben procurar superar su inclinación por todos los medios posibles a los efectos de poder construir una buena  vida de pareja de acuerdo con la ley de Moshé e Israel.

En la práctica, mientras que el hombre sienta que no es capaz de entablar una relación con una mujer y comprometerse a amarla y alegrarla como esta se merece sin traicionarla, desde el punto de vista de su percepción personal, se trata de una persona que no puede casarse («anus»). Solamente después de que llegue a la conclusión de que puede comprometerse a amar a su mujer y alegrarla por medio del precepto de Oná como esta lo merece, podrá cumplir con el deber de casarse. Lo mismo aplica para la mujer, solamente después de que considere que será capaz de corresponder al deseo de su marido podrá casarse.

En el caso de hombre o mujer que padecen de una marcada inclinación por personas de su mismo sexo y decidieron establecer entre sí un pacto de fidelidad, ser buenos amigos e intentar cumplir el precepto de Oná en la medida que les es posible, pueden cumplir con el mandato de casarse de esta manera y formar una buena familia.

Es muy grande la recompensa de aquellos que logran superar su inclinación y forman una vida de pareja fiel y amorosa, basada en un profundo sentido de responsabilidad moral construyendo así una bonita familia. Tal como dijeron nuestros sabios (Mishná Avot 5:23): «La recompensa es proporcional al esfuerzo». Estas personas serán recompensadas no solo en el mundo venidero sino también en este mundo pues para poder superar su inclinación se ven en la necesidad de profundizar más en los fundamentos del amor y la moral por lo que habrán de tener una amistad conyugal más sólida, tal como dijeron nuestros sabios (Talmud Babilonio Tratado de Berajot 34(B)): «Los justos íntegros no alcanzan a ubicarse en el nivel de quienes han retornado de la trasgresión» («baalei teshuvá»).

Esto implica una gran reparación para el mundo, ya que muchos son los que se ven arrastrados por sus malas pasiones materialistas e incurren en relaciones sexuales prohibidas y adúlteras, a tal grado que sus propios matrimonios se basan únicamente en la atracción física y al esfumarse esta recurren al adulterio a los efectos de satisfacer sus deseos con todo tipo de abominaciones. Al final siempre resultan decepcionados pues todo vínculo físico que carece de un aspecto espiritual y de santidad conduce al hastío y la muerte. Para poder reparar el mundo es necesario el equilibrio, poniendo énfasis en los valores de carácter espiritual tales como la fidelidad, la amistad, la moral y la santidad del pacto matrimonial. Esto es llevado a la práctica por aquellas personas que no sienten un deseo natural por el sexo opuesto pero, sin embargo, mediante la aceptación del Yugo Celestial establecen un pacto de fidelidad con sus parejas. Respecto de estas personas dijeron nuestros sabios que (ídem Shabat 88(B)) «actúan por amor y se alegran por las penurias, sobre ellos está escrito (Shoftim – Jueces 5:31): ´y los que Te aman serán como el sol cuando asoma en todo su esplendor´».

16. ¿Es necesario revelar la tendencia homosexual previo al matrimonio?

Una persona que siente atracción por personas de su mismo sexo pero en la práctica logra controlarse y sabe que tiene el deseo y la voluntad de casarse con una mujer y podrá alegrarla como ella merece sin temor a serle infiel, no está obligado a contarle a la muchacha con la que se encuentra de su inclinación.

Sin embargo, cuando la tendencia es más fuerte y duda si podrá alegrarla como corresponde y más aún, si teme no poder serle fiel, deberá contárselo a la muchacha con la que se encuentra antes del casamiento para que ella pueda decidir si confía o no en que podrán construir juntos un hogar apropiado con amor y alegría.

En caso de duda corresponde asesorarse con un rabino o un experto temeroso del cielo. Todo lo que hemos dicho respecto de varones aplica igualmente para mujeres.

En el caso del varón que se encuentra inmerso en la trasgresión de relaciones homosexuales y se casó sin contarle de ello a su esposa, y ésta al enterarse quiere dejar sin efecto el matrimonio de inmediato, en algunos casos en los que se dificulta que el hombre conceda el divorcio, el tribunal puede anular el enlace retroactivamente sin mediar divorcio puesto que ella se casó por error (Igrot Moshé Even Haezer 4:113).

17. La actitud de la Torá para con aquellos varones que incurren en la trasgresión de relaciones homosexuales

La Torá tildó de «abominación» («toevá») al pecado de las relaciones homosexuales masculinas (Vaikrá-Levítico 18:22) y nuestros sabios explicaron que este duro vocablo alude a un error («toé atá bá»), esto es, califica la relación de errónea. Esto obedece a que la pasión en cuestión debe encauzarse en unir a la pareja con santidad y alegría y en virtud de esta unión es que nacen hijos y el mundo continúa. En cambio, quienes se involucran en estas relaciones prohibidas orientan su pasión hacia personas de su mismo sexo afectando así la santidad del matrimonio y la existencia del mundo.

De todas maneras no se debe ser más estricto con estos trasgresores que con quienes trasgreden otras prohibiciones graves, por ejemplo, profanar el Shabat. Y así como se deja subir a la Torá a personas que no cumplen Shabat siempre y cuando su profanación no sea un acto de provocación, de igual manera se debe permitir subir a la Torá a quienes incurren en este pecado siempre y cuando no lo hagan como acto de provocación («lehaj´is»). Más aún, cuando es razonable suponer que la persona en cuestión, a pesar de su inclinación, tiene cuidado de no cometer la trasgresión.

Además, muchas de las personas que incurren en esta trasgresión no lo hacen como acto de provocación, a diferencia de muchos de los que profanan Shabat, sino que les apena verse forzados a hacerlo. Solamente HaShem, creador de cielo y tierra, creador de las almas, conoce los pensamientos y el interior de los corazones, conoce a cada persona y puede juzgarla verdadera y misericordiosamente según la magnitud del dolor y las pruebas a las que debió enfrentarse.

Debemos recalcar que quien no logra superar su tendencia e incurre en relaciones homosexuales sigue estando preceptuado a cumplir con todos los demás mandamientos de la Torá y debe superarse en todo aquello que le sea posible hacerlo. Incluso respecto de este pecado, por cada día y cada vez que logra evitarlo es grandemente recompensado.

Debemos aceptar el precepto de la Torá que indica que las relaciones homosexuales entre hombres son una grave prohibición, y siempre que nos sea posible debemos disuadir a los trasgresores de abandonar ese camino. De todas maneras, debemos amar también a quien no logra superar su tendencia y hemos de saber que cada precepto que cumple tiene un enorme valor. Siempre y cuando la persona en cuestión no exteriorice su inclinación ni busque provocar a la sociedad, debemos darle cabida y acercarle a la comunidad religiosa para que así pueda reforzar su cumplimiento de preceptos en las áreas que estén a su alcance. Es sabido que el poder del mal es limitado mientras que el del bien es infinito. De igual manera, la gravedad de las trasgresiones es limitada mientras que el valor de las buenas acciones es infinito.

En el caso de que quien siente una fuerte atracción por personas de su sexo no encuentra pareja con quien casarse y a pesar de ello controla su instinto y no trasgrede, esta es de aquellas personas que el Kadosh Baruj Hú proclama públicamente su valía y su piedad todos los días (Talmud Babilonio Tratado de Pesajim 113(A)). En el acto de sacrificio en el cual controla su instinto en honor al Cielo, revela el valor absoluto de la Torá y los preceptos y opera una gran corrección en el mundo (tal como se verá 7:6 respecto de los eunucos). Si bien no tiene el mérito de formar una familia, la luz de su fidelidad a la Torá ilumina el mundo entero agregando vida y bendición a todas las familias.

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