08. El precepto de casarse

Quien ya cumplió con el precepto de «creced y multiplicaos» y trajo al mundo numerosos hijos e hijas, en caso de fallecer su esposa deberá casarse con una mujer que aún pueda dar a luz para así incrementar el cumplimiento del precepto (adelante 5:6). En caso de que le sea difícil criar más hijos por ser mayor o si le habrá de resultar imposible mantenerlos, o si teme que puedan surgir pleitos o disputas entre los hijos del primer matrimonio y los eventuales hijos del segundo, podrá abstenerse de casarse con una mujer en edad fértil (adelante 5:6). Empero deberá casarse con una mujer aunque no pueda dar a luz, pues esa es la forma de vida completa en el hombre, tal como dijeron nuestros sabios (Talmud Babilonio Tratado de Ievamot 63(A)): «todo hombre que carece de mujer no es persona». Además, dijeron (ídem 62(B)): «todo hombre que carece de mujer se encuentra privado de alegría, de bendición, de bienestar, de Torá, de muro protector y de paz». Por ello nuestros sabios indicaron que (ídem 61(B)) «Aunque un hombre ya tenga hijos no debe estar sin mujer, tal como está escrito (Bereshit-Génesis 2:18): ´No es bueno que el hombre esté solo´». De esta manera tendrá el mérito de seguir cumpliendo con el precepto de Oná y se mantendrá a salvo de los pensamientos pecaminosos.

Rambám sentenció (Hiljot Ishut 15:16): «es precepto rabínico que un hombre no debe permanecer sin mujer para que así no incurra en pensamientos pecaminosos». Este precepto es de tal importancia al punto de que hay opiniones en la halajá que sostienen que el permiso que se concede de vender un rollo de la Torá para con el dinero poder desposar una mujer incluye también el caso de una mujer mayor que ya no puede dar a luz, para así poder cumplir con el precepto de Oná y evitar los pensamientos pecaminosos (adelante 5:21).

En el caso de quien ha envejecido, que perdió el deseo sexual y no le interesa ya cumplir con el precepto de Oná, por cuanto que cumplió con el precepto de «creced y multiplicaos» tiene permitido no volverse a casar. Empero, a pesar de que la persona en cuestión envejeció y su deseo menguó, si desposa una mujer y vive con ella en amor y alegría estará cumpliendo con un precepto, ya que la vida en pareja es la situación apropiada para el ser humano y por su intermedio tiene la posibilidad de cumplir en completitud con los preceptos para con el prójimo, amén del precepto de Oná. Empero, si la persona teme que un nuevo matrimonio pueda infligirle padecimientos pues quizás no logrará unirse amorosamente a su nueva mujer, siempre y cuando no se tema que pueda sufrir pensamientos pecaminosos no estará obligado a casarse. Hubo grandes rabinos que actuaron de esta manera y al enviudar no se volvieron a casar (Rambán y Meiri al Tratado de Ievamot 62(B), Jojmat Adam 123:6, Aruj HaShulján 1:7).

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