09. Cuando el hombre piensa en su mujer en estado ritual apto y no apto («nidá») y otras cuestiones

Un hombre casado cuya mujer se encuentra en estado de aptitud ritual y tiene la intención de unirse a ella por la noche tiene permitido pensar durante el día qué cosas podrá hacer para despertar en ella la pasión, pues no se teme que esto provoque polución nocturna. Sin embargo, cuando la mujer se encuentra ritualmente impura o si se encuentra distante de él, está prohibido pensar en cosas que puedan provocar el deseo hacia ella por temor a que posteriormente sobrevenga una polución nocturna. Se debe tener cuidado también en los días en que la mujer está ritualmente apta, evitando ver o leer  elementos que puedan causar pensamientos pecaminosos, esto es, que lleven al hombre a desear cometer alguna trasgresión o pensar en cosas que puedan afectar el amor por su esposa.

A los efectos de que un hombre no llegue a cometer una trasgresión o a tener pensamientos pecaminosos, los sabios establecieron restricciones para los períodos en los cuales su esposa se encuentra ritualmente impura, por ejemplo, que no juegue o se ría con ella, que no huela el perfume de su ropa o el que lleva impregnado en el cuerpo, que no mire las partes de su cuerpo que suelen estar cubiertas, que no se pasen entre sí objetos, que no se sienten a la mesa solos sin alguna marca de separación que les recuerde que el día no es apto para la unión, que no coman de la misma fuente, que el marido no beba el resto del vaso de la mujer ni coma de los sobrantes de su plato. El hombre no podrá sentarse o recostarse en la cama de su mujer a menos que ella se ausente de la ciudad. Asimismo, la mujer no tenderá la cama del marido delante de este (Shulján Aruj Ioré Deá 195).

A los efectos de que un hombre no incurra en pensamientos pecaminosos tendrá prohibido ocuparse de una actividad que incite su deseo, le provoque una erección o lo lleve a pensar en una mujer ajena por un largo lapso. Por ello, es menester alejarse de sitios o situaciones poco recatados que puedan despertarle tales pensamientos.  Sin embargo, a veces esto es necesario a los efectos de ganarse el sustento, por ejemplo cursar estudios superiores en un sitio que no guarda el recato conforme a la halajá. En ese caso la norma es que de ser posible estudiar la misma profesión en un marco recatado es preceptivo hacerlo. De no serlo, se permitirá estudiar en un sitio no tan recatado a condición de que la persona considere que allí su instinto no se habrá de exacerbar. Empero, si la persona considera que su deseo lo habrá de doblegar no podrá estudiar allí. En caso de duda o de gran necesidad se debe consultar una autoridad halájica.

Esta entrada fue publicada en 04. El cuidado del pacto. Guarda el enlace permanente.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *