02. La gravedad del pecado

Por una parte nuestros sabios no ahorraron palabras en la descripción de la gravedad de esta falta y dijeron (ídem Nidá 13(A)): «Todo aquel que derrama su semen en vano merece la (pena de) muerte». Además agregaron que «todo aquel que derrama semen en vano se asemeja a quien asesina… se asemeja a quien practica  idolatría». Asesina porque malogra su esperma, el cual debería incrementar la vida en el mundo. Practica idolatría porque en vez de incrementar el amor, desvía el instinto vital en la satisfacción de un deseo egoísta, tal como los idólatras desvían el poder de su fe hacia árboles o piedras (ver Maharal Jidushei Agadot al Tratado de Nidá 13(B)).

En el libro del Zohar nuestros sabios adjudicaron una gravedad aún mayor a este pecado y dijeron que todo aquel que lo perpetra no verá el semblante de la Divina Presencia ni accederá al paraíso o Gan Eden, pues se asemeja a quien asesinó a sus hijos. Además asesina en reiteración real ya que quien se acostumbra a practicar esta trasgresión la repetirá numerosas veces. Existe el retorno y el arrepentimiento para el quebrantamiento de cualquiera de los preceptos de la Torá menos para este. Sin embargo, si la persona en cuestión realiza un ingente esfuerzo y retorna a D´s con amor – podrá expiarlo (Zohar I 219, II 62:1). En concomitancia con las palabras del Zohar, Rabí Iosef Caro escribió en el Shulján Aruj (Even Haezer 23:1): «Y este pecado es el más grave de todos los pecados de la Torá».

Por otra parte, esta prohibición no fue escrita explícitamente en la Torá sino que únicamente se menciona que tanto Er como Onán fueron castigados en virtud de ella con la muerte, por lo que los juristas han debatido respecto de si se trata de una prohibición de la Torá o de origen rabínico. De todas maneras quienes consideran que se trata de una prohibición de la Torá no la consideran una de las más graves, por cuanto que no se le ha establecido pena de muerte o azotes.

Asimismo, se ha sentenciado para la halajá que si el instinto de la persona le acucia al punto de estar al borde de cometer adulterio o copular con una mujer que no está ritualmente apta (en estado de nidá) es mejor que derrame su esperma en vano y luego se aflija por ello y no cometa una de esas graves trasgresiones (Sefer Jasidim 176, Beit Shmuel, Jelkat Mejokek 23:1). Asimismo, cuando se teme que la persona pueda cometer adulterio con una soltera ritualmente pura, es mejor que derrame su esperma en vano y no trasgreda con ella (Responsa Maharshag 243).

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