01. Derramamiento de semen en vano

HaShem creó en el ser humano un impulso de vida inconmensurable, impulso de amor y deseo entre el hombre y la mujer. Cuando este instinto es encaminado por la senda de la santidad se transforma en el fundamento del pacto nupcial y del apego entre el marido y su mujer, respecto del cual está escrito (Bereshit-Génesis 2:24): «y se adhiere a su mujer y se tornan una sola carne». El inicio de apego es mediante el precepto de Oná y su culminación se lleva a cabo mediante el precepto de «Prú Urbú», «creced y multiplicaos», pues en virtud del vástago común se unen realmente en una misma carne.

Dado que el deseo instintivo entre hombre y mujer es el fundamento de la vida y el más poderoso de los instintos, se nos preceptuó signar el pacto con el Creador mediante el retiro del prepucio del órgano que une a ambos. Se trata del «pacto de la circuncisión» o «Brit Milá». Mediante el retiro del prepucio que simboliza el deseo extraño o exacerbado, el pacto de pureza entre los hijos de Israel y HaShem se extiende al pacto nupcial entre los cónyuges, tal que al unirse estos con amor y alegría la Divina Presencia reposa entre ellos (Talmud Babilonio Tratado de Sotá 17(A)). A partir de esta unión se expanden abundantemente por el mundo la luz y la bendición, la bondad y la alegría, la vida y la paz (ver ídem Berajot 6(B), Ievamot 62(B)).

Por el contrario, dañar el pacto implica malograr este instinto vital. En vez de consagrarlo mediante el amor de pareja cumpliendo con los preceptos de Oná y «Prú Urbú» o «creced y multiplicaos», se lo malogra mediante el deseo egoísta o el adulterio. Este fue el pecado de la generación del diluvio, respecto de quienes está escrito (Bereshit-Génesis 6:12): «Y vio D´s la tierra y he aquí que estaba pervertida, pues toda creatura pervirtió (o malogró n. de t.) su senda sobre la tierra». En virtud de ello se vieron arrastrados por sus instintos pecando de adúlteros, idólatras y robando, hasta que el mundo todo se vio destruído por medio del diluvio. Nuestros sabios dijeron que así como esta generación pecó «con ardor» desviando el fuego que debía destinarse a despertar el amor en el seno de la pareja y malográndolo por medio del derrame de esperma en vano y el adulterio, de igual forma HaShem los castigó mediante aguas diluviales hirvientes (Talmud Babilonio Tratado de Sanhedrín 108 (A) y (B)).

El derramamiento de semen en vano contiene un resabio del pecado de adulterio mencionado en los Diez Mandamientos, tal como explicaron nuestros sabios (ídem Nidá 13(B), Shemot-Éxodo 20:13): «No cometerás adulterio – no habrá en tí adulterio, tampoco mediante la mano o la pierna», esto es, no derramar semen en vano mediante la mano o la pierna. Asimismo está escrito (Bereshit-Génesis 2:24): «y se apegará a su mujer y serán una sola carne» lo cual fue explicado por nuestros sabios (Talmud Jerosolimitano Tratado de Kidushín 1:1) de la siguiente manera: «se apegará a su mujer y no a la de su prójimo, a su mujer y no a un hombre ni a un animal», así como tampoco de otro modo que no sea apegarse a su mujer (Tzidkat Hatzadik 121). Esto se debe a que este instinto vital está destinado a incrementar el amor y apego en el seno de la pareja y quien lo malogra a los efectos de satisfacer su deseo, afecta la posibilidad de amar a su mujer y unirse a esta.

Además, el derramamiento de semen en vano afecta el cumplimiento del precepto de «creced y multiplicaos» lo cual es malo a ojos de HaShem, tal como se relata respecto de Er y Onán quienes derramaron su esperma a tierra a los efectos de no procrear. «Mas fue Er – primogénito de Iehudá – desagradable ante los ojos de HaShem y HaShem causó su muerte», mientras que de Onán está escrito: «Y esto fue mal  visto por el Eterno, que también causó su muerte» (Bereshit-Génesis 38:7 y 10). Por lo tanto, está prohibido que el hombre copule con su mujer y previo a la eyaculación se retire vertiendo así su esperma afuera. Quien hace esto durante los períodos en los que su mujer no puede embarazarse, por ejemplo si ya está en medio de un embarazo o si está amamantando o si ya no está en edad fértil, también trasgrede esta prohibición (Talmud Babilonio Tratado de Ievamot 34(B)).

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