13. Relaciones homosexuales masculinas

La Torá nos ordenó (Vaikrá-Levítico 18:22): «Y con varón no te acostarás como te acuestas con mujer. Es depravación». También está escrito (ídem 20:13): «Y si un hombre yaciere con varón como se acuesta con mujer ambos serán castigados con la muerte por su abominación». Hay dos posibilidades de cópula con la mujer, natural y contra natura o anal. La Torá advierte al hombre que no copule analmente con su compañero, y en el momento en el que el glande hace ingreso por el orificio anal, ambos trasgreden la prohibición de la Torá aunque no haya penetrado la totalidad del órgano y aunque no haya habido eyaculación. Todo esto a condición de que el pene estaba erecto (Talmud Babilonio Tratado de Ievamot 55(B), Rambám Isurei Biá 1:10, según  Turei Zahav la prohibición de la Torá se trasgrede también con la penetración de solo parte del glande, según el Nodá Biehudá Even Haezer 2:23 tiene que entrar la totalidad del glande).

Esta prohibición es tan grave que quienes la trasgreden son ejecutados mediante lapidación, pues cada vez que la Torá señala  «serán castigados con la muerte» (‘דמיהם בם’) se refiere a lapidación (Tratado de Sanhedrín 54(A), Rambám ídem 1:6). El castigo es aplicado únicamente cuando la trasgresión es voluntaria, delante de dos testigos que les advirtieron previamente que no lo hagan pues de hacerlo serán pasibles de lapidación y a pesar de ello igualmente lo realizaron. En la práctica casi que no hay quien se anime a realizar trasgresiones punibles con pena capital frente a testigos que le advierten que su acción es pasible de dicha sanción, y que aun así continúe en su inconducta y sea castigado. Es por esto que las ejecuciones en el marco del Sanhedrín eran muy poco frecuentes, al punto de que nuestros sabios dijeron que un tribunal que condenaba a muerte a una persona cada siete años era considerado un tribunal «saboteador» (‘סנהדרין חבלנית’) (Mishná Macot 1:10). De esto se desprende que el castigo que menciona la Torá tiene por finalidad señalar la gravedad del hecho y disuadía a las personas de trasgredir estas prohibiciones voluntaria y atrevidamente en presencia de testigos.

El pecado de relaciones homosexuales masculinas es considerado especialmente grave, pues de las cuatro posibles penas capitales estipuladas por la Torá la lapidación es la más grave de todas. Entre las diferentes trasgresiones que acarreaban este tipo de pena capital se encuentran la de copular con la propia madre, con la esposa del padre, con la nuera o con un animal; en este último caso la prohibición está dirigida tanto al hombre como a la mujer (Rambám Isurei Biá 1:4). Quienes pecan en esto sin la presencia de testigos son castigados por el tribunal celestial con la pena de «Caret» o muerte espiritual.

Amén del mero acto prohibido, ya aprendimos que la Torá prohíbe pensar en mantener relaciones pecaminosas, tal como está escrito (Bamidbar-Números 15:39): «y no os desviareis en pos de vuestros corazones y de vuestros ojos, tras los cuales os corrompéis», lo cual fue explicado por nuestros sabios (Talmud Babilonio Tratado de Berajot 12(B)) «´en pos de  vuestros ojos´ se refiere a pensamientos pecaminosos» (ver halajá 6). Además, quien se excita de la interacción con otro hombre debe tener cuidado de que esto no lo lleve a derramar semen en vano, que según muchos de los juristas está prohibido por la Torá (arriba halajá 1). Asimismo, no interactuará con un amigo de un modo tal que pueda llevarlo a excitarse pues de esa manera se provoca una erección lo cual está prohibido por legislación rabínica (Talmud Babilonio Tratado de Nidá 13(B)), sino que socializará con sus amigos de manera común, como lo hacen la generalidad de los muchachos en sus grupos de pares y procurará evitar padecer una erección.

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