06. Pensamientos pecaminosos – dos tipos de prohibición

Hay dos tipos diferentes de pensamiento pecaminoso o prohibido. Uno es el pensar en algún tipo de relación prohibida; el segundo es pensar en algo que pueda causar una polución nocturna. La razón de ambas prohibiciones radica en que estos pensamientos dañan la unidad sagrada en el seno de la pareja  y desvían hacia ámbitos extraños la pasión que debería traducirse en un incremento del amor y el apego entre los cónyuges, haciendo que la Divina Presencia se retire de entre ellos.

En primer término está prohibido tener pensamientos pecaminosos, esto es, imaginarse a sí mismo manteniendo una relación prohibida con una mujer ajena y menos aún planificar una trasgresión de este tipo, tal como está escrito (Bamidbar-Números 15:39): «y os desviareis en pos de vuestro corazones y de vuestros ojos, tras los cuales os corrompéis». Nuestros sabios explicaron este versículo de la siguiente manera (Talmud Babilonio Tratado de Berajot 12(B)): » ´vuestro corazón´ – se refiere a herejía, ´vuestros ojos´ – se refiere a pensamientos pecaminosos». Por ello un hombre tiene prohibido contemplar mujeres o sus vestimentas de un modo tal que pueda provocarle pensamientos pecaminosos (Shulján Aruj Even Haezer 21:1). Además de estar prohibido el pensamiento pecaminoso por afectar negativamente el amor al seno del matrimonio y contaminar el pensamiento, este puede también provocar una relación sexual prohibida. Esto se debe a que la trasgresión comienza con pensamientos pasionales que despiertan al instinto hasta que este se apodera de la persona y la impulsa a una relación prohibida. Nuestros sabios dijeron que el pensamiento pecaminoso es más grave que el pecado en sí (Talmud Babilonio Tratado de Yomá 29(A)). Si bien el castigo grave recae sobre la trasgresión misma, los pensamientos pecaminosos son aquellos que llevan al hombre a quebrantar el pacto establecido con su mujer y caer en el adulterio, permaneciendo estos antes y después del pecado y son los que más contaminan su mente y su alma.

Una de las razones por las cuales nuestros sabios instituyeron que todos  los días se lea la porción de «Vayomer» o tercera porción del recitado del «Shemá» (Bamidbar-Números 15:37-41), es la de alertar a la persona a cuidarse de los pensamientos pecaminosos, tal como está escrito (ídem 15:39): «y os desviareis en pos de vuestros corazones y de vuestros ojos, tras los cuales os corrompéis» (Tratado de Berajot 12(B)). Mediante el recuerdo del precepto de tzitzit la persona puede salvarse de la trasgresión (Tratado de Menajot 44(A), arriba 3:6).

La segunda razón estriba en que está prohibido pensar en cosas que puedan despertar el instinto y provocar una polución nocturna, tal como está escrito (Devarim-Deuteronomio 23:10): «te guardarás de toda cosa mala» lo cual es explicado por nuestros sabios de la siguiente manera: «que no piense la persona durante el día y se impurifique por la noche» (Tratado de Avodá Zará 20(B)). La prohibición incluye pensar, leer o mirar aquello que pueda despertar el instinto y provocar una erección, aunque la persona en cuestión no se imagine a sí mismo acercándose a una mujer prohibida para él. En el caso de un hombre casado, durante los días en los que su mujer está ritualmente no apta para mantener relaciones o si se encuentran a distancia, tiene prohibido pensar en su esposa de un modo tal que pueda excitarlo para evitar así la polución nocturna, ya que toda esa pasión debe guardarse únicamente para ella.

La polución nocturna es denominada en el lenguaje de la halajá como «keri» (casualidad) o «tum´á» (impureza). «Keri» en virtud de que la polución tiene lugar de modo involuntario o casual durante la noche, y «tum´á» o impureza puesto que  la Torá decretó que quien padeció una polución nocturna estará impuro, por lo que ese día no podrá ascender al Monte del Templo ni comer de las ofrendas sagradas. A los efectos de purificarse, la persona en cuestión debe realizar una inmersión ritual, y para poder comer de las ofrendas, debe aguardar a la salida de las estrellas (arriba 3:8).

La polución nocturna es el producto combinado del cuerpo humano que produce esperma y de los pensamientos de la persona durante su vigilia que despiertan su instinto y le provocan una erección. Si bien durante el día la persona logra controlarse y no derrama su semen en vano, estos pensamientos retornan por la noche bajo la forma de sueños causando una polución. De todas maneras, incluso personas justas que controlan sus pensamientos diligentemente en horas del día padecen de tanto en tanto de una polución nocturna, ya que el cuerpo humano naturalmente produce esperma y con el correr de los días siente necesidad de evacuarlo. Esto ocurre en las personas jóvenes con mayor frecuencia que en los mayores (a la prohibición de masturbarse y a la de tener pensamientos pecaminosos en mujeres nos referiremos adelante en los incisos 10-12).

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