07. La definición de pensamiento pecaminoso y la manera de liberarse de este

En los dos tipos de pensamientos pecaminosos, la prohibición radica en no fijar el pensamiento en cuestiones que puedan despertar el instinto. En cambio, el caso de un pensamiento pecaminoso que pasa por la mente de la persona de modo involuntario y se va tal como vino, no está comprendido en la generalidad de la prohibición ya que la Torá no fue entregada a ángeles (Meiri al Tratado de Julín 37(B), Ezer Mekodesh 23:3). Incluso, casi nadie está a salvo de un pensamiento que se prolonga un poco más e implica ya una pizca de prohibición pues debería haber sido retirado de la consciencia, pero nadie queda exento del mismo, ni siquiera las personas justas. Tal como dijeron nuestros sabios (Talmud Babilonio Tratado de Baba Batra 164(B)): «de tres pecados la persona no se salva diariamente: de pensamientos pecaminosos, de distracciones durante la plegaria y de resabios de «lashón hará» o habladurías»

En la medida en que el hombre se une a su mujer con un amor más intenso y cuida las leyes del recato, tiene mayores posibilidades de salvarse de los pensamientos pecaminosos. En principio, a los efectos de evitarlos la persona debería casarse a la edad de trece años, pero considerando que el matrimonio requiere de un gran sentido de  responsabilidad y de cara al mismo es menester prepararse mediante el estudio de Torá y la adquisición de una profesión u oficio, nuestros sabios estipularon que el enlace se posponga hasta la edad de dieciocho o veinte años (Mishná Avot 5:21). Por otra parte, nos advirtieron no postergar en demasía el casamiento pues de hacerlo así «padecerá todos sus días de pensamientos pecaminosos»; y por cuanto que ya se acostumbró a estos, aun casado le costará desprenderse de ellos. Si bien la razón fundamental por la que hay que casarse hasta la edad de veinte años radica en el cumplimiento del precepto de «creced y multiplicaos» (Talmud Babilonio Tratado de Kidushín 29(B), adelante 5:7), hoy día que la vida se ha tornado más compleja y los desafíos abundan, es muy difícil hacerlo antes de la edad de dieciocho. La mayoría de los jóvenes se ven en la necesidad de posponer su casamiento después de los veinte años, empero, de todas maneras no se debe posponer el enlace más allá de la edad de veinticuatro (adelante 5:9).

De mientras, hasta el momento del casamiento los jóvenes deben esmerarse en conducirse con gran recato en su relacionamiento con las mujeres y evitar los pensamientos pecaminosos. En la medida en que estos se incrementen, su estudio de Torá podrá tener mayor éxito en esta misión. Nuestros sabios dijeron que el estudio de la Torá es el mejor antídoto para este instinto. «Se enseñó en la Yeshivá de Rabí Ishmael: hijo mío, si te interceptó ese malvado, arrástralo a la casa de estudios, si es de piedra se disolverá y si es de hierro habrá de explotar» (Talmud Babilonio Tratado de Kidushín 30(B)). En resumen, la halajá final dice así: «está prohibido provocarse una erección o inducir un pensamiento pecaminoso, en caso de sobrevenir un mal pensamiento deberá apartar su mente de cosas vanas y dirigirla a cuestiones de Torá, que es comparada a una «hermosa cierva («ayelet ahavim»[1]) y graciosa gacela» (Rambám Hiljot Isurei Biá 21:19, traído por el Shulján Aruj Ioré Deá 23:3).


[1]. Literalmente sería «cierva del amor», metáfora de femineidad juvenil y graciosa
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