Tefilá (Plegaria)

02. La ablución de manos («Netilat Iadaim»)

Quien se dispone a rezar debe purificarse, por lo tanto es preceptivo que lave sus manos antes del servicio. Empero existe una diferencia entre quien tiene la certeza de que sus manos están sucias y el estado habitual de quien ignora si sus manos se ensuciaron.

Quien tiene la certeza de que sus manos están sucias, como en el caso de quien haya ido al baño o tocado partes habitualmente cubiertas de su cuerpo que suelen estar traspiradas por efectos del sudor, debe lavarse las manos antes de rezar. Según la opinión de muchos juristas, esta ablución conlleva el recitado de la bendición, también antes de los rezos de Minjá y Arvit (Rambám, Rosh, Gaón de Vilna). Sin embargo, en la práctica se acostumbra a recitar la bendición únicamente en la ablución matinal de manos previa al servicio de Shajarit, ya que tras el sueño de la noche, la persona se transforma en una nueva creatura y mediante el lavado de manos habrá de prepararse para la labor de un nuevo día. Empero antes de Minjá y Arvit, el lavado de manos es sólo para limpiarlas y por ende no requiere del recitado de la bendición (según la opinión del Rashbá).

De todas maneras, aquel cuyas manos se ensuciaron antes del rezo debe lavarlas previo a comenzar a orar. A priori, habrá de lavarlas con un recipiente (kelí) vertiendo agua sobre cada palma de la mano. De no poseer un recipiente habrá de lavarlas directamente con agua.

Si no hay agua en las inmediaciones, dado que sus manos se ensuciaron, la persona deberá esforzarse y caminar hasta una distancia equivalente a un «mil» (912 mts.) para lavar sus manos de cara al servicio religioso. Mas si por hacerlo se puede hacer tarde para rezar, o la persona se perdería el servicio público, habrá de frotar sus manos en la arena o sobre su ropa para quitar de éstas todo resquicio de suciedad, y así habrá de rezar (Shulján Aruj 92:4, Mishná Berurá 92:20).

Los juristas debatieron si tiene que lavarse las manos quien desconoce si sus manos están sucias pues no recuerda si tocó o no partes cubiertas de su cuerpo. Por lo tanto, si en el sitio en cuestión hay agua, habrá de lavarse las manos, mas si no la hay en la cercanía no habrá de lavarlas, y podrá confiarse en los juristas que opinan que manos en estado normal no requieren de ablución con anterioridad al rezo. Por las dudas, habrá de frotar sus manos sobre sus ropas (Shulján Aruj 92:5, 233:2, Mishná Berurá 92:26, Beur Halajá ואם).

Quien fue al baño y lavó sus manos en su casa, y luego tuvo cuidado de no tocar partes cubiertas de su cuerpo, y fue a rezar a la sinagoga, no necesita volver a lavarse las manos para el rezo. Asimismo, quien entró a la sinagoga para estudiar y rezar, si se lava las manos antes del estudio y pone atención de no tocar las partes cubiertas de su cuerpo, no precisa volver a lavarse las manos antes de rezar.

03. La Kipá (solideo) y el cinturón.

Una persona debe prepararse para el rezo, temer reverencialmente ante Su magnificente presencia y regocijarse por estar a punto de presentarse ante el Rey de Reyes y orar. Esta actitud debe reflejarse también en la indumentaria, debiendo ser ésta decorosa y digna de quien se presenta ante el Rey.

Los varones deben cubrir sus cabezas durante el rezo, cuando se menciona Su nombre y cuando ingresan a la sinagoga (Shulján Aruj Oraj Jaím 91:3). Sin embargo, de acuerdo con la costumbre aceptada por todo el pueblo de Israel, los hombres cubren sus cabezas con una Kipá durante todo el día (Shulján Aruj Oraj Jaím 2:6). De todas maneras, la obligación de cubrir la cabeza durante el rezo, cuando se menciona Su nombre o en la sinagoga es más fuerte porque tiene su origen en la ley y no en la costumbre.

Hay juristas que sostienen que mujeres solteras deben también cubrir sus cabezas durante el rezo y el recitado de bendiciones, empero en la práctica las mujeres no acostumbran a poner reparo en esto.

Es menester usar cinturón durante el rezo, ya que este genera una división entre la cabeza y el corazón por un lado y las zonas púdicas por el otro. En este aspecto, el rezo es más delicado que el resto de las cuestiones de santidad, ya que para el recitado de estas últimas no es necesario usar un cinturón, siendo éste sustituible por cualquier elemento que separe las partes, como por ejemplo ropa interior. Mas en el caso del rezo, es preceptivo el uso de un cinturón, indumentaria que implica respeto, tal como está escrito (Amos 4:12): «Prepárate para encontrarte con tu D´s, oh Israel».

Empero quien no acostumbra a usar cinturón en su indumentaria habitual no debe ponerse uno a la hora de rezar. Es costumbre jasídica que también quien no usa habitualmente cinturón lo haga especialmente para rezar, ya que éste expresa la separación entre la parte elevada del hombre que son la mente y el corazón y la inferior que son la zona genital o  púdica y las piernas.

La mayoría de los seres humanos están sumidos en sus pasiones carnales, tanto sus mentes como sus corazones están ocupados con cuestiones materiales y mundanas. Mas el pueblo de Israel que recibió la Torá del cielo, es capaz de sobreponerse al impulso de los instintos y dedicar sus mentes y sus corazones a temas espirituales y elevados, para luego retornar al mundo de la materia y la acción, a fin de rectificarlo o corregirlo. Esta cuestión está insinuada en el cinturón durante el rezo, y para éste los sabios estipularon la bendición matinal «…que ciñe a Israel con vigor». Por esta razón los jasidim usan un cinturón especial para rezar («Gartel«).

04. ¿Cuál es la indumentaria adecuada para rezar?

Quien carece circunstancialmente de vestimentas, debe lucir en el rezo, cuanto menos unos pantalones cortos y una camiseta (Talmud Babilonio Tratado de Berajot 25(A), Shulján Aruj 91:1). Si bien para recitar el «Shemá» y sus bendiciones, de hecho alcanza con cubrirse las partes púdicas (Shulján Aruj 74:6), de todas maneras, respecto del rezo que se asemeja a presentarse ante el Rey, se debe cubrir, cuanto menos las partes púdicas y el corazón (esto es la espalda y el vientre).

Todo esto se refiere a una situación a posteriori, empero a priori, la persona habrá de vestir ropas dignas, a los efectos de que no honre menos con su indumentaria a D´s que a las personas y así como la persona es meticulosa en vestirse adecuadamente antes de encontrarse con gente importante, así debe lucir, cuanto menos a la hora de rezar. Sin embargo quien va a entrevistarse con el rey una sola vez en su vida viste su mejor ropa, mientras que quien se reúne a diario con éste, cuida que su indumentaria sea digna y adecuada a su rango y función, mas no viste a diario su mejor vestimenta. De la misma manera nosotros, al rezar nos asemejamos a quien se reúne con el rey tres veces al día y por ende se viste adecuadamente mas no con su mejor ropaje, el cual se reserva para Shabat, días de fiesta o alegrías vinculadas al cumplimiento de un precepto.

Todo esto según la costumbre del lugar y las personas. Hay comunidades en las cuales se acostumbra a vestir en todo evento traje y sombrero, por lo que también para rezar deben lucir así. En sitios en los que no se acostumbra o no se considera aceptable calzar sandalias sin calcetines ante personas importantes, se deberá ponerlos a la hora de rezar. Empero en lugares en los que se acostumbra a calzar sandalias sin calcetines o a no vestir  traje y sombrero delante de personas importantes, se puede rezar así (según el Shulján Aruj Oraj Jaím 91:5).

Quien acostumbra a rezar con sombrero y traje, y se encuentra en una situación en la que si va a su casa por ellos perdería el servicio con «Minián«, es mejor que rece con la congregación con su indumentaria sencilla, ya que el deber del rezo colectivo antecede al de vestir una indumentaria decorosa (Avnei Iashpé 1:7).

Empero si la persona en cuestión luce una indumentaria indecorosa, como en el caso de que haya trabajado en su jardín y luzca ropa de labor sucia o pantalones cortos, y no acostumbre a caminar así por la calle, es mejor que se cambie de ropa aunque de mientras pierda el servicio público, para no zaherir la dignidad del mismo. Además, es de suponer que con la indumentaria en cuestión, a la persona se le hará difícil concentrarse pues se sentirá observado por los demás.

05. Detalle de las reglas de la indumentaria a vestir durante el rezo.

Quienes se dedican a labores físicas, visten indumentaria de trabajo y les resulta complicado cambiarse de ropa antes del servicio, podrán rezar con ese atavio pues para ellos no se considera que se trate de ropa indecorosa. Cuando tengan tiempo de cambiarse, corresponde que hagan el esfuerzo de vestirse mejor para el rezo.

No se debe rezar en pijama (Mishná Berurá 91:11), empero el enfermo puede hacerlo pues es aceptado que éste vista esta indumentaria delante de personas importantes que vienen a visitarlo.

No se debe rezar vistiendo un abrigo para lluvia (piloto), botas y guantes ya que no se suele vestir así delante de personas prestigiosas (Mishná Berurá 91:12). Sin embargo, cuando hace mucho frio, se puede rezar con abrigo de lluvia y guantes ya que esto no implica menospreciar la importancia del rezo. Asimismo, en lugares donde se acostumbra a calzar botas se puede rezar con éstas.

Muchachos jóvenes y miembros de «kibutzim» (granjas cooperativas) que acostumbran a vestir pantalones cortos cuando se presentan ante personas importantes, pueden rezar con esa indumentaria. Empero el oficiante debe cubrir sus piernas hasta por debajo de la rodilla, ya que quien viste pantalones cortos se lo denomina «andrajoso» o «harapiento» (פוחח),  y no es digno de dirigir el servicio (ver arriba 4:4).

A veces, una persona se encuentra en un sitio en el cual se pone menos reparo a la indumentaria, como ser el caso de un lugar vacacional en el cual quienes visten traje a diario allí se limitan a vestir una camisa. En un caso así, quien no se avergüenza de caminar sólo con camisa delante de personas importantes, puede rezar vestido así prescindiendo del traje.

06. No se debe traer a la sinagoga niños pequeños que pueden molestar.

Está prohibido que quien reza siente delante suyo a un bebé, pues es de temer que éste le impida concentrarse (Mishná Berurá 96:4). De esto se deduce, que no se debe llevar a la sinagoga bebés o niños muy pequeños que no saben rezar, pues pueden molestar a quienes rezan. Si bien es costumbre de los píos llevar a los bebés o niños muy pequeños a la casa de estudio para que absorban la atmósfera de santidad que allí reina, ésta se refiere a la hora del estudio y no cuando se reza. También cuando se estudia, es deber del padre de no permitir que el niño fastidie (ver Talmud Jerosolimitano Tratado de Ievamot 1:6, Or Zarúa II Shabat 48).

A los efectos de clarificar la importancia de esta cuestión, he de recordar aquí los conceptos de Rabí Ieshaiahu Horowitz (השל»ה הקדוש) quien escribió en nombre del autor del libro «Orjot Jaím»:

«La conversación de los niños en la sinagoga se trata de una gran prohibición. En nuestros días los niños pequeños vienen a la sinagoga a los efectos de traer castigo sobre quienes los llevan ahí, ya que con su asistencia profanan la santidad de la casa de nuestro D´s al reirse en esta como si se tratase de una calle cualquiera de la ciudad. Un niño juega con el otro, otro golpea a su compañero, uno ríe y otro llora, uno habla y el otro grita, uno corre para aquí y el otro corre para allí. Hay incluso quienes hacen sus necesidades en la sinagoga haciendo que todos comiencen a gritar «¡agua!  ¡agua!». En otros casos el padre le da al niño un libro y este lo tira al piso o lo rompe en una docena de pedazos. En resumen, los juegos de los niños en la sinagoga devienen en la pérdida de concentración de quienes rezan, profanándose así el Nombre Divino. Por lo tanto, quien trae un niño pequeño a la sinagoga no debe de esperar recibir por ello recompensa, sino más bien le es dable esperar una desgracia. Lo peor de todo, es que estos niños pequeños al crecer continuarán faltando el respeto a la sinagoga y luego a la Torá; de modo tal que una trasgresión constantemente repetida se transforma a ojos del trasgresor en permitida y en hábito que no abandonará ni siquiera en su vejez. Para concluir, no se deben traer a los niños muy pequeños a la sinagoga pues al hacerlo se perjudicará y no se beneficiará. Empero una vez que el niño llega a la edad en la que se le comienza a enseñar el cumplimiento de los preceptos (jinuj), habrá de traerlo a la sinagoga y le enseñará a sentarse allí con temor reverencial y respeto, sin permitirle moverse del mismo, y le instará a responder «Amén«al «Kadish» y a la  «Kedusha» (Shnei Lujot Habrit, Tratado de Tamid Ner Mitzvá, Mishná Berurá 98:3).

Quien trajo a su hijo al servicio y este comienza a molestar al rezo público, habrá de tomarlo de la mano y retirarlo de la sinagoga aunque se encuentre en la mitad de la «Amidá«, habiendo de continuar su plegaria afuera (ver adelante 17:15).

07. Evitar molestias durante el rezo.

Durante el rezo de la «Amidá» no se debe sostener con las manos un objeto que tememos que se pueda caer, como ser unas filacterias, un libro, una bandeja cargada, monedas, un cuchillo o un alimento, pues esto puede causar la pérdida de la concentración (Shulján Aruj 96:1). Asimismo, hay que tomar precaución de esto también en las demás secciones del servicio, tales como el recitado del «Shemá» o los cánticos de alabanza. A priori, durante el  rezo de «Amidá» no se debe sostener nada en las manos, pues asir algo innecesario resulta irrespetuoso (ver Mishná Berurá 96:1 y 5, según Talmidei Rabenu Ioná 16). Empero está permitido en Sucot sostener un lulav, pues en esta festividad es preceptivo asirlo, y por lo tanto no genera distracción. Y por supuesto que está permitido sostener el libro de rezos («Sidur«), pues es necesario para el servicio (Shulján Aruj 96:1 y 2).

Antes de iniciarse el rezo hay que apagar el teléfono celular. En sinagogas o sitios donde hay libros de oración, no se deben usar los teléfonos celulares a modo de «Sidur» para no distraerse, y para que no parezca que se leen mensajes durante el rezo. Quien carece de «Sidur» y precisa usar el celular, debe primero bloquear la opción de recepción de llamadas o mensajes.

Quien piensa que durante el rezo pueda ser llamado para una cuestión de suma urgencia, puede dejar el aparato encendido mas lo pasará a modo de vibración  para que la recepción del llamado no perturbe el servicio.

A priori, no se debe rezar con una mochila pendiendo de la espalda, pues no es esta una manera decorosa de presentarse ante personas importantes, y menos aún de pararse a orar. En caso de que la persona se encuentre de paso y le resulte más cómodo dejar la mochila pendiendo de sus hombros, si ésta es pequeña y tiene un volumen inferior a los cuatro «kavin» (4.8 litros aprox.) podrá rezar con ella. Si la mochila tiene un volumen que excede los cuatro «kavin«, no podrá rezar cuando esta pende de sus hombros pues un bulto semejante puede distraerle de su concentración (Shulján Aruj 94:4).

Una persona que sostiene en sus manos unas filacterias o dinero, y teme que si los apoya en alguna parte podrían ser robados, carece de bolsillos o de alguien en quien confiarlos para que se los cuide,  a posteriori, es mejor que los mantenga asidos durante el servicio ya que de esta manera se preocupará menos (Mishná Berurá 96:6, Kaf HaJaím 7). Asimismo, quien lleva una mochila grande sobre sus espaldas y teme que se la puedan robar, de no tener alternativa podrá rezar cargándola.

Un soldado que porta un arma, a priori no habrá de entrar  a la sinagoga y rezar cargándola, ya que no corresponde orar por la paz y la vida sosteniendo un instrumento de muerte. Empero, si debe portar el arma por cuestiones de seguridad o necesita asirla para que no se la roben, podrá rezar mientras la sostiene. De ser posible, hay que retirarle el cargador, para que en ese momento no parezca un arma. Si por cuestiones de seguridad es conveniente que el arma esté cargada se podrá rezar con el cargador puesto (ver Tzitz Eliezer 10:8).

Quien sufre de catarro habrá de sonarse la nariz antes del rezo, para no precisar hacerlo durante el mismo. Si tiene flemas en su garganta que le molestan, habrá de expectorarlas antes del rezo para que no le molesten (Shulján Aruj 92:3). Si necesita sonarse la nariz durante el rezo, habrá de hacerlo de la manera más educada posible. Quien precisara bostezar, cubrirá su boca con la mano. Todo esto se debe a que quien ora debe ser muy cuidadoso en el respeto a D´s y todo aquello que se considera inapropiado hacer delante de las personas  está prohibido durante el rezo (ver Shulján Aruj  97:1 y 2).

08. Necesidades fisiológicas durante el rezo.

Dijeron nuestros sabios: quien tiene necesidades fisiológicas tanto mayores (defecar) como menores (orinar) no habrá de rezar (Talmud Babilonio Tratado de Berajot 23(A)). Esto obedece a dos razones: a) La necesidad de evacuar puede distraer (Rambám); 2) No corresponde presentarse a rezar ante D´s con el cuerpo sucio del excremento que contiene (Hagahot Maimoniot). En caso de duda, nuestros sabios indicaron que, a priori, hay que revisar si se tiene alguna necesidad fisiológica antes de empezar a rezar (Tratado de Berajot 16(A)). Nuestros sabios basaron sus palabras en el versículo (Amos 4:12): «Prepárate para encontrarte con tu Dios, oh Israel», además está escrito (Eclesiastés 4:17): «Pon atención a tu pie cuando entres a la Casa de D´s», entendiéndose que refiere a cuidarse de no tener necesidades fisiológicas durante el rezo.

Existen dos niveles de necesidad fisiológica: a) Gran necesidad, al punto de que la persona no puede aguantar el periodo de tiempo que lleva caminar una «parsá» (unos 72 minutos), b) Cuando la persona tiene una gran necesidad fisiológica, pero puede esperar más de setenta y dos minutos para hacer sus necesidades.

Si la persona comenzó a rezar cuando sentía necesidades fisiológicas mayores y no puede esperar setenta y dos minutos, su rezo es considerado una abominación y no cumplió con su deber, por lo que debe volver a rezar luego de que evacúe. Quien rezó cuando sentía necesidades fisiológicas menores al punto de que no podía esperar setenta y dos minutos, si bien es claro que no procedió correctamente, los juristas de las últimas generaciones (ajaronim) discutieron respecto de si su rezo es  considerado o no una abominación. Dado que no se ha podido definir esta discusión, no es obligatorio volver a rezar luego de orinar, empero es bueno hacerlo a modo de rezo voluntario o «nedavá» (ver Beur Halajá 92:1 וצריך לחזור).

 

Sin embargo, si la persona que rezó podía aguantar sin ir al baño setenta y dos minutos, dado que su necesidad no era tan apremiante, su plegaria es considerada aceptable. De todas maneras, quien tiene necesidades fisiológicas, aunque puede esperar setenta y dos minutos, a priori no habrá de rezar aunque esto le signifique perderse el servicio público. Mejor es que vaya al baño y luego rece individualmente. Empero si por ir al baño se le ha de pasar el tiempo del servicio en cuestión, será mejor que rece para no perder completamente la plegaria pública (Shulján Aruj 92:1, Mishná Berurá 92:5).

El parámetro de medida para saber si la persona puede o no esperar setenta y dos minutos es ella misma. Si antes del rezo la persona pensó que podía aguantarse ese lapso de tiempo, y tras el servicio se da cuenta de que estaba equivocado y no podía, dado que en el momento de empezar a orar pensó que podía, su rezo es aceptado (Beur Halajá 92:1, שיעור פרסה).

Quien tiene la duda respecto de si necesita o no evacuar, o bien tiene una necesidad menor tal como la vimos anteriormente, a priori la persona habrá de revisar si tiene necesidad y aliviarse antes del rezo empero no habrá de perderse por esto el servicio público.

09. Reglas respecto de quien tiene necesidades fisiológicas a la hora de cumplir con cuestiones referentes a la santidad.

Así como la persona que siente necesidades fisiológicas y no puede postergarlas setenta y dos minutos le está prohibido rezar, de la misma forma no puede recitar bendiciones, el «Shemá» o estudiar Torá, ya que no es correcto dedicarse a asuntos relativos a la santidad estando el cuerpo sucio. Empero, existe una diferencia significativa entre el rezo y las demás cuestiones relativas a la santidad. Esta radica en que durante el rezo es como si estuviéramos de pie ante el Rey, y si se ora de un modo impropio se ofende a D´s, resultando la plegaria detestable. Por lo tanto, quien reza cuando no puede resistir setenta y dos minutos, su plegaria no es válida. No así resulta el caso en las demás cuestiones de santidad, en las que no se considera que la persona esté de pie ante el Rey,  y por lo tanto, a posteriori, quien recitó una bendición o el «Shemá» cuando no podía aguantarse setenta y dos minutos igualmente cumplió con su deber (Mishná Berurá 92:6, Beur Halajá אפילו בד»ת, Kaf HaJaím 3).

Quien puede aguantar setenta y dos minutos, en opinión de la mayoría de los  sabios de las últimas generaciones (ajaronim) puede, a priori, recitar bendiciones o estudiar Torá y hay quienes dicen que es mejor que primero evacúe (Mishná Berurá 92:7). De todas maneras, si a los efectos de evacuar la persona precisa esforzarse, no es su deber evacuar primeramente.

Quien comienza a estudiar cuando no sentía necesidad fisiológica alguna, y durante su estudio la siente al punto de que no puede esperar setenta y dos minutos, a priori, debe ir a evacuar. Si se encuentra en el medio del análisis de un tema hay quienes opinan que puede continuar en su estudio hasta concluirlo (Beur Halaja´92:2 קורא, Ialkut Iosef II pág. 338), y hay otros que consideran que debe ir a evacuar de inmediato (Kaf HaJaím 3:48). En el caso de quien enseña Torá en público, primero habrá de terminar la lección y luego irá al baño, pues el respeto a las demás personas antecede a la prohibición de «no tener el cuerpo sucio a la hora de rezar» que es de origen rabínico (Mishná Berurá 92:7).

10. Cuando se necesita ir al baño en medio del rezo.

Quien comenzó a rezar sin sentir necesidad fisiológica alguna, y en medio del rezo comienza a sentirla, interrumpirá o no su plegaria dependiendo de la intensidad de la necesidad y de la etapa de la oración en la cual se encuentre. A estos efectos existen tres niveles de necesidad:

  1. a) Si la persona en cuestión puede aguantarse setenta y dos minutos hasta ir al baño, puede continuar con su rezo.
  2. b) Si la persona estima que no podrá aguantar setenta y dos minutos, pero no tiene aún que esforzarse para evitar que sus residuos salgan, y en caso de ir al baño necesitaría esforzarse un poco para evacuar, dado que ya empezó a rezar en regla y no está tan necesitada, podrá terminar la sección del rezo en la que se encuentra. Si durante los cánticos de alabanza (pesukei dezimrá) la persona siente repentinamente necesidades fisiológicas habrá de esperar hasta finalizarlos con el recitado de la bendición de «Ishtabaj«, y entonces saldrá a evacuar. Pero si se le despertó la necesidad durante el recitado de las bendiciones del «Shemá«, podrá finalizar con el recitado de ellas, empero como va a necesitar evacuar antes de la «Amidá» y es mejor no interrumpir entre ésta y la bendición de la redención inmediatamente anterior, habrá de retirarse a evacuar ni bien termine el cántico de alabanza o la bendición que esté recitando (Mishná Berurá 92:9, Beur Halajá יעמיד).
  3. c) El nivel más urgente es cuando la persona debe esforzarse para evitar que sus excrementos u orina salgan, ya que en este caso se está trasgrediendo la prohibición de «no tener el cuerpo sucio a la hora de rezar» (לא תשקצו) (Ramá 92:2, según el Shulján Aruj Harav 3:11). Si la persona se encuentra en los cánticos de alabanza o en las bendiciones que acompañan el recitado del «Shemá«, dado que la interrupción a esas alturas no es tan grave, que vaya al baño de inmediato. Empero si se encuentra en medio de la «Amidá«, dado que interrumpir allí es grave, y cuando la comenzó no sentía necesidad fisiológica alguna, que concluya primero su plegaria. Solamente en el caso en que no puede contenerse en absoluto que vaya de inmediato al baño.

11. El borracho y el ebrio (entonado).

Quien reza debe hacerlo con completa lucidez. A diferencia de muchos de los ritos paganos que se llevan a cabo en estado de éxtasis inducido por el alcohol y las drogas, nuestro encuentro con D´s se lleva a cabo con seriedad y profundidad de pensamiento. Esto es lo que la Torá ordenó a los cohanim (sacerdotes), en cuanto a que no ingresen a servir en el Sagrado Templo tras haber bebido vino (Vaikrá 10:8-11). De esto aprendieron nuestros sabios que el borracho y el ebrio tienen prohibido rezar.

El ebrio es quien está levemente influenciado por el alcohol, y por ende le cuesta un poco concentrarse y focalizar su pensamiento, empero aún es capaz de hablar delante del Rey sin menoscabar su real honor. Borracho es quien bebió mucho al punto de que no es capaz de hablar delante del Rey.

A posteriori, un ebrio que rezó, por cuanto que puede hablar delante del Rey, cumplió con su deber preceptivo. Asimismo, si alguien comienza a rezar y luego recuerda que está ebrio, habrá de completar su plegaria (Eliahu Rabá, Kaf HaJaím 99:2). Empero un borracho que por error comenzó a rezar, debe cesar de inmediato, puesto que su plegaria es aborrecible. Inclusive si alcanzó a completar toda la plegaria, no cumplió con su deber preceptivo. Y si se le pasa el efecto etílico tornándose sobrio antes de que concluya el tiempo del rezo, deberá volver a rezar en regla (Shulján Aruj 99:1).

Nuestros sabios dijeron que quien bebe un «reviit» de vino (86 ml.) se lo considera ebrio y si camina un «mil» (aprox. un kilómetro) el efecto del alcohol se le pasará (Talmud Babilonio Tratado de Eruvín 64(B)). Empero desconocemos cómo equiparar los vinos de antaño con nuestros vinos actuales y por lo tanto la regla general es que mientras la persona se sienta afectada (mareada) por el vino se la considera ebria y cuando se sienta lúcida podrá rezar (Shulján Aruj 99:3, Mishná Berurá 2).

Según el Ramá, dado que  a lo largo de las generaciones la concentración en el rezo ha decaído, no se debe ser demasiado puntilloso en este tema, por lo que quien está ligeramente ebrio hay que permitirle rezar, más aún cuando lo hace con un libro de oraciones (Sidur), razón por la cual no se teme que se equivoque en su plegaria. Se acostumbra a confiar en el criterio del Ramá cuando el tiempo del rezo está por concluir (Mishná Berurá 99:3 y 17, ver Kaf HaJaím 22). Hay quienes agregan que esta idea es aplicable cuando se corre el riesgo de perder un rezo público por lo que es mejor que el ebrio participe del servicio (ver Ishei Israel 22:18). En Purim, dado que es preceptivo beber alcohol se acostumbra a flexibilizar la norma respecto del ebrio, para que no se pierda el «Minián» (ver Peninei Halajá Zmanim 16:14).

Respecto del recitado del «Shemá» y sus bendiciones los juristas están divididos en sus opiniones. Por lo tanto, a priori, quien esté ebrio o borracho no habrá de recitarlos sino que habrá de esperar a que se disipe el efecto etílico. En caso de que el tiempo del recitado del «Shemá» esté por acabarse, el ebrio habrá de recitarlo junto a sus  bendiciones mientras que el borracho recitará el «Shemá» sin éstas (Ramá 99:1, Mishná Berurá 8).

En cuanto al recitado de las demás bendiciones, como ser las del disfrute («nehenín«) o la posterior al baño («Asher iatzar«), el ebrio podrá a priori recitarlas mientras que el borracho a priori no lo hará. Empero, en el caso de bendiciones en las que si el borracho no las recita habrá de perder la oportunidad de hacerlo, podrá recitarlas. Esto se refiere, por ejemplo, a si alguien se emborracha durante la comida, que recite la bendición de agradecimiento por los alimentos («birkat Hamazón«) y si fue al baño que recite la bendición posterior de «Asher iatzar» (Ramá 99:1, Mishná Berurá 11).

Quien esté en muy avanzado estado etílico («borracho como Lot») al punto de que no sea consciente de qué le ocurre, se le considera incapacitado mental (shoté), lo cual lo exime del cumplimiento de los preceptos. Aunque recite bendiciones, en ese estado, no se consideran válidas en lo más mínimo (Mishná Berurá 99:11).

01. Variantes en la versión del rezo.

En virtud del exilio y la dispersión de las diferentes comunidades, se fueron conformando diferencias entre las versiones del rezo de las mismas. Empero, es de remarcar que en los fundamentos del rezo estipulados por los sabios de la Gran Asamblea (Kneset Haguedolá), tales como las bendiciones del recitado del «Shemá» y la «Amidá«, las variantes han sido mínimas. Asimismo, en la sección de la lectura de las ofrendas («Korbanot«) o en la de los cánticos de alabanza preliminares, que fueron instituidos por los sabios del Talmud y los Gueonitas, las variantes son también menores. Sin embargo, en el caso de los agregados de los tiempos de los sabios medievales (Rishonim), tanto en el texto acerca del orden de las ofrendas como en lo que se recita al final del servicio, las diferencias entre las diferentes comunidades son más notables. Esto se debe a que lo que se acostumbraba a agregar en España (Sefarad) no se adicionaba en Europa central y occidental (Ashkenaz), y viceversa. Esta diferencia se hace más notoria en los poemas que fueron compuestos en tiempos de los Gueonitas y los Rishonim y fueron incorporados a los rezos de los días solemnes del mes de Tishrei y en las festividades, tanto entre ashkenazíes como sefaradíes.

Es correcto que cada judío preserve la tradición de sus ancestros. Más aún, también en el caso de que se tenga la certeza de que cierta otra versión es la más correcta o fiel a la original, la indicación de los juristas es que se preserve la tradición específica de cada comunidad, pues en general,  mantener las tradiciones es más importante que pronunciar mejor un vocablo específico (Talmud Jerosolimitano Tratado de Eruvín 3:9).

El sagrado Arízal explica respecto de las diferencias de versión entre ashkenazíes y sefaradíes, que poseemos una tradición kabalística que indica que en los cielos existen doce ventanas que se corresponden con las doce tribus de Israel, ascendiendo la plegaria de cada tribu por un pórtico especial de los doce, y es un aspecto oculto insinuado en el final del libro de Ezequiel (Sha´ar Hakavanot 50:4, Maguen Abraham 68:1, Mishná Berurá 68:4).

Existen también diferentes formas de pronunciación del idioma hebreo entre las diferentes comunidades  en letras tales como «Tzadi» y «Kuf«, así como de la puntuación de «kamatz» y «jolam«. Cada comunidad debe mantener sus tradiciones, y de todas maneras, en el caso de que varíen respecto de su costumbre, igualmente, cumplen con el precepto, ya que todas las tradiciones existentes en el pueblo de Israel son aptas para el recitado del rezo (Igrot Moshé Oraj Jaím 3:5).

02. No se debe considerar una versión preferible a otra.

El Rabino Jaim David Azulai escribe, citando al Arízal, que el rezo de los sefaradíes asciende por todos los doce pórticos antes mencionados, por lo que un ashkenazí puede adoptar la versión sefaradí (ver Iabía Omer 6:10, Iejavé Da´at 3:6). Los Jasidim replican argumentando que la versión «Sfard» (ספרד) del rezo es la mejor, ya que los grandes maestros Jasídicos revisaron todas las diferentes tradiciones  a la luz de lo que indican tanto la Halajá como la Kabalá, escogiendo lo mejor de cada una. Por supuesto que también quienes rezan según la versión de «Ashkenaz» sostienen que la suya es la más exacta, la cual se transmitió fielmente de maestro a alumno remontándose a Shimón Hapakuli. Además, la versión sefaradí tiene su origen en los amoraítas y los gaonitas de Babilonia, mientras que la base de la versión de «Ashkenaz» tiene el suyo en los amoraítas y gaonitas de Eretz Israel que eran más versados en cuanto a las «Agadot» –las leyendas-, la sabiduría esotérica y la redacción de los rezos. Esta es la razón por la cual existen similitudes entre las versiones ashkenazí y yemenita (Báladi) del rezo, ya que ambas comunidades se vieron influenciadas por los gaonitas de Eretz Israel. Demás está decir que los judíos de origen yemenita sostienen que su tradición es la más exacta, por cuanto que ellos nunca se movieron del Yemen en todos los años de su largo exilio. Ante la hostilidad de los árabes que les rodeaban, incrementaron su tozudez, preservando así sus costumbres con encomiable detallismo. Así, se encontró que los rollos de la Torá yemenitas son muy cercanos a la versión del códice de Alepo («Keter Aram Tzova»), que se considera la más fiel de todas.

En resumen, cada tradición tiene sus ventajas y nos resulta imposible definir cuál es la  más correcta de todas. Es así que Rabí Moshé Sofer escribió en su libro de respuestas halájicas «Jatam Sofer» (1:15) que todas las versiones son de igual valor, y la razón por la cual el santo Arízal escribió sus fórmulas meditativas extáticas (Kavanot) en un libro de oraciones («Sidur») sefaradí obedece simplemente al hecho de que él acostumbraba a orar en éste, pero que si en el mundo ashkenazí hubiese surgido una figura como la del Arízal, ésta habría redactado sus «Kavanot» en un «Sidur» «Nusaj Ashkenaz», esto es, redactado de acuerdo con la versión ashkenazí.

Incluso si supiésemos a ciencia cierta que una de las versiones es la más exacta o fiel a la original, aún entonces correspondería que cada quien continúe con su tradición ya que también en el caso de una versión menos exacta, ésta sin dudas, ha de contener buenos elementos que faltan en las demás versiones. Solamente una vez que se establezca un Sanhedrín (consejo supremo de sabios), se podrá establecer una versión única para todo el pueblo de Israel que incluya las cosas buenas y exclusivas de cada una de las diferentes tradiciones. Y aún así, habrá lugar para diferentes énfasis en los agregados al servicio y las melodías de las plegarias que se correspondan con los doce diferentes pórticos, cada comunidad con sus aspectos peculiares.

03. ¿En qué casos está permitido cambiar la versión del rezo («Nusaj»)?

Tal como ya vimos, cada persona debe preservar su tradición ancestral, basándose esto en el versículo (Proverbios 1:8): «…y no abandones las enseñanzas de tu madre». Empero esta costumbre no es más importante que las demás leyes y por lo tanto a veces se ve relegada ante éstas. Por ejemplo, una persona que sabe a ciencia cierta que si reza en una sinagoga que se guía de acuerdo a su tradición ancestral podrá concentrarse menos en su plegaria, mientras que en otra sinagoga perteneciente a otra comunidad podrá hacerlo mejor, habrá de preferir a la última, pues la concentración es la esencia de la oración. Sin embargo, en caso de duda es mejor rezar en la sinagoga que se rige según las tradiciones ancestrales de la persona, pues a largo plazo, es razonable pensar que en la versión tradicional habrá de alcanzar un mayor grado de concentración. Ocurre que a veces, en los años de la  juventud, una persona no valora correctamente su relación con la tradición paterna y sólo con el correr de los años entiende lo profundo y significativo que es su nexo con sus ancestros.

Un ashkenazí que quiere rezar conforme a las «Kavanot» del Arízal, y para esto requiere de utilizar un Sidur según la versión sefard, puede hacerlo. Entre los grandes sabios ashkenazíes, hubieron quienes cambiaron su versión de rezo a «Sfard», entre ellos Rabí Natán Adler y Rabí Pinjas Baal «Hahaflaá», a la postre, los maestros del propio Rabí Moshé Sofer. Sin embargo, sus familias y alumnos continuaron rezando según la versión «Ashkenaz», ya que entendieron que sólo quienes desean rezar conforme a las fórmulas meditativas extáticas del Arízal tenían derecho a cambiar de tradición, y de no ser así, correspondía no hacerlo. Los líderes del movimiento jasídico instaron a sus seguidores a pasar de la versión «Ashkenaz» a la «Sfard-jasídica» aunque éstos últimos no conocían las meditaciones extáticas del Arízal. Esta fue la causa por la cual muchos de los grandes rabinos de la época se opusieron enérgicamente a esta tendencia. Empero, los líderes Jasídicos que eran grandes luminarias de su generación decidieron cambiar la tradición y se entiende que tenían poderosas razones para ello. Hoy en día ya nadie les discute (ver Shearim Hametzuianim Bahalajá 18:4, Igrot Moshé 2:24).

Quien se encuentra frente a dos sinagogas, en una se reza conforme a su tradición ancestral mas no se llevan a cabo allí clases de Torá y en la otra se reza conforme a otra tradición mas se llevan a cabo allí clases de Torá. Si la persona considera que rezando en la segunda sinagoga habrá de estudiar más, es mejor que lo haga en ésta aunque no sea según su tradición. Lo mismo ocurre a la hora de escoger una Yeshivá o Casa de Estudio, no se debe elegir según la versión del rezo sino que se debe procurar aquella en la que la persona pueda superarse mejor en el estudio de la Torá y el cumplimiento de los preceptos.

En el caso de existir dos sinagogas: en una se reza según la tradición ancestral de la persona mas ésta teme no poder integrarse socialmente a la grey por ser ésta demasiado joven o demasiado adulta o por ser ésta muy reducida en número, y no tener vida comunitaria; mientras que en la segunda sinagoga, la tradición del rezo es diferente pero le es más apropiada socialmente. Si la persona considera que participando de los servicios su conexión comunitaria mejorará y por ende su nivel espiritual se habrá de elevar, o por lo menos preservar, es mejor que rece en la segunda sinagoga aunque no sea conforme a su tradición familiar (ver adelante halajá 5 en qué versión se ha de rezar).

 

04. Regla relativa a individuos o comunidades enteras que migraron.

En el pasado, cuando las distancias entre las diferentes comunidades eran grandes, los ashkenazíes vivían en Europa Central y Occidental, los sefaradíes en España y los yemenitas en el Yemen, todo aquel que se mudaba de un sitio a otro adoptaba la usanza de su nuevo hábitat y debía conducirse como los judíos locales en todos los temas referidos a la halajá o el rezo. Es así que es dable encontrar familias apellidadas «Ashkenazi» que siguen la tradición sefaradí, pues en algún momento migraron de Europa Central u Occidental a España. Asimismo, familias que migraron de España a Europa Central u Occidental adoptaron la tradición ashkenazí. Más aún, en el caso de que a lo largo de un período de tiempo muchos integrantes de una comunidad migraron de un sitio a otro, al punto que se tornaron en mayoría en el nuevo lugar, de momento que fueron mudándose de a uno, como individuos, deben adoptar las costumbres de la comunidad que los recibe (Shulján Aruj Ioré Deá 214:2, Oraj Jaím 468:4, Mishná Berurá 14).

De la misma manera, una mujer que se casa con un hombre que pertenece a otra comunidad, se la considera como si migrase de la suya a la del marido, por lo que debe adoptar las nuevas tradiciones, tanto en los casos en los que es necesario regirse halájicamente con mayor rigidez, como en los que implica hacerlo con mayor flexibilidad. A estos efectos, no es necesario que la mujer en cuestión anule promesas para poder cambiar de costumbres (Igrot Moshé Oraj Jaím 1:158).

Cuando una comunidad entera se movía de un sitio a otro, dado que se trata de una congregación en sí misma no necesita cambiar sus costumbres y adaptarlas a las de su nuevo entorno (Beur Halajá 468:4). Incluso si la comunidad anfitriona es superior en número a la recientemente llegada, por cuanto que los nuevos se hallan congregados como comunidad independiente, no deben cambiar sus costumbres. Lo mismo ocurre en la Tierra de Israel, donde gracias  a D´s tuvimos el mérito de ver la reunión de las diásporas. Muchas personas llegaron de cada congregación, y entre ellas llegaron muchos sabios y fue así  cada comunidad estableció sinagogas propias. Se puede decir que ninguna congregación cambia sus tradiciones ni las adapta a las de otra cuidando cada cual su propia herencia.

05. Quien reza en una sinagoga de diferente tradición.

Quien acostumbra a rezar según una tradición y llega a una sinagoga perteneciente a otra, hay quien opina que debe orar según la versión de la sinagoga puesto que los individuos deben regirse de acuerdo con la mayoría. En caso de que el individuo no rece según la versión de la mayoría estaría trasgrediendo la prohibición de «no formar facciones» (לא תתגודדו). La prohibición consiste en que en un mismo tribunal no haya algunos jueces que sentencien según la escuela de Shamai y otros según la escuela de Hilel para que la Torá no se transforme en dos códigos diferentes (Talmud Babilonio Tratado de Ievamot 14(A), según el Rif y el Rosh). Por lo tanto, en una misma sinagoga, no se debe rezar según dos versiones o tradiciones diferentes. Además, nuestros sabios dijeron (Talmud Babilonio Tratado de Pesajim 50(B)) que un individuo no modifique la costumbre local mayoritaria para evitar el disenso (Peat Hashulján 3:14).

Según la mayoría de los juristas, una persona puede recitar según su propia costumbre aquellas secciones del rezo que se dicen en voz baja, puesto que las diferencias no son puestas en evidencia y por ende no se teme que puedan surgir pleitos o discusiones, evitándose así trasgredir la prohibición de «no formar facciones». Empero en las secciones del rezo que se pronuncian en voz alta, la persona ha de recitarlas conforme la costumbre de la sinagoga para evitar las discusiones y las diferencias entre los distintos feligreses.

En el caso de quien se ve en la necesidad de rezar de modo permanente en una sinagoga que pertenece a una tradición diferente a la suya, como por ejemplo quien se muda a un pueblo donde existe un solo «Minián» y este es de otra costumbre, o si el «Minián» en cuestión es aquel que le permitirá reforzarse en el aspecto religioso, la persona tendrá la prerrogativa de decidir si orar todo el tiempo a la usanza de la congregación, o si mantendrá la suya propia y se plegará a la mayoría únicamente en las secciones que se recitan en voz alta.

Un oficiante debe rezar conforme a la tradición de la sinagoga ya que actúa a modo de representante o enviado de esa congregación.

06. La preservación de las costumbres versus el fortalecimiento de la congregación.

La preservación de las tradiciones implica que además de mantener la versión específica del texto del rezo, se mantenga la pronunciación de las palabras, los yemenitas la pronunciación yemenita, los ashkenazíes la ashkenazí y los sefaradíes la sefaradí, cada quien según su costumbre particular. Es así que a priori, cada comunidad debe continuar rezando con sus melodías tradicionales (ver Ramá Oraj Jaím 619:1). Por supuesto que se pueden agregar o innovar melodías, mas la intención es que el grueso del servicio mantenga las tonadas tradicionales que se fueron consagrando con el correr de las generaciones. A esos efectos, una persona debe orar, en primer término, en una sinagoga que se rige según la tradición de sus ancestros.

Es importante saber que en Israel existen decenas de tradiciones diferentes. La tradición sefaradí se subdivide en muchas versiones: en cuestiones de halajá la diferencia principal es entre quienes se rigen por el «Shulján Aruj» y aquellos que lo hacen según el «Ben Ish Jai«. Además, existe la tradición de los judíos del Norte de África que si bien en cuestiones de la versión del rezo y la halajá las diferencias con los judíos de Irak o Siria son mínimas, en cuanto a las melodías, las diferencias son más notorias. Incluso entre los inmigrantes del Norte de África hay diferencias importantes en cuanto a las tonadas. Es así que a los efectos de  preservar las costumbres de manera completa es necesario que existan sinagogas propias para los inmigrantes de Trípoli, Túnez, Argelia, Marruecos, Irak, Siria, Persia y Turquía.

Asimismo, entre los inmigrantes de países europeos existen diferentes tradiciones. La mayor diferencia es entre los Jasídicos y los demás ashkenazíes. Sin embargo, existen otras diferencias significativas en cuanto a la pronunciación y las melodías.  Las tonadas de los ashkenazíes de Europa Occidental son completamente diferentes de las de los ashkenazíes de Lituania. En cuanto a la pronunciación, existen por lo menos cuatro tipos: la de los inmigrantes de Lituania, la de aquellos provenientes de Polonia, la de los originarios de Galitzia y por último la de los oriundos de Hungría.

Asimismo existen diferencias entre los grupos jasídicos en cuanto a las costumbres y las melodías. Otro tanto ocurre con los yemenitas, que se dividen en dos tradiciones principales, la Báladi y la Shami. A priori es bueno que cada quien mantenga la tradición de sus ancestros.

Empero, si el celo en la preservación de las diferentes costumbres puede causar que la comunidad se desmiembre, es mejor desistir de ello. Esto se debe a que habitualmente, cuando una congregación está unida y lleva a cabo clases de Torá para hombres, mujeres, niños y además impulsa acciones de beneficencia, logra conectar a todos sus miembros con la Torá y los preceptos. Por el contrario, cuando la congregación se debilita, también sus miembros se debilitan y esto influye para mal particularmente en el caso de los niños.

Por lo tanto, si bien a priori es bueno que cada quien rece conforme a la tradición de sus padres, si a esos efectos se han de erigir numerosas sinagogas pequeñas que por separado no lograrán generar servicios suficientemente dignos, estudio de Torá o vida comunitaria satisfactorios, es mejor erigir una sola congregación más fuerte con miembros de las diferentes tradiciones más cercanas entre sí. Por ejemplo, que todos los provenientes del Norte de África recen juntos, y si esto aún resulta insuficiente que lo hagan todos los que tienen tradición sefaradí.

Por lo tanto, es necesario que en todas partes se evalúe o sopese entre la importancia de la preservación de las costumbres particulares y la de conformar comunidades unidas y sólidas. Cuando existen suficientes  familias oriundas de un sitio particular, al punto de que pueden erigir una sinagoga grande según su rito, qué mejor. Empero cuando no hay suficientes familias que siguen la misma tradición, es mejor que se unan a otra comunidad cercana a ésta en sus costumbres y que erijan una sinagoga fuerte y numerosa. Si la fusión de diferentes comunidades no alcanza para conformar una congregación fuerte, es mejor que todos, yemenitas, ashkenazíes y sefaradíes, formen una sola congregación. Esta cuestión debe de ser evaluada con sumo cuidado y en aquellos sitios en los que existe una autoridad halájica local, ésta debe decidir en la materia.

07. Quienes se habitúan a otra tradición litúrgica.

A veces surge la pregunta respecto de una persona cuyo padre pertenece a una comunidad, mas se acostumbró a rezar según la usanza de otra, ese hijo ¿debe rezar según la usanza de origen o la habitual de su padre? En general se instruye a las personas en  cuanto a que la tradición que resulta obligatoria es  la de la comunidad y no la costumbre particular que practica su padre. Sin embargo, cuando el hijo prefiere continuar con la usanza de su padre tanto sea porque le resulta difícil cambiar o cualquier otra razón, podrá hacerlo. Dado que esta cuestión genera variadas proyecciones sobre otros tantos temas, es bueno consultarlo con una autoridad rabínica.

Una pregunta similar ha surgido en el caso de hijos de familias jasídicas  que estudiaron en ieshivot lituanas y se acostumbraron a rezar según el rito «Ashkenaz» y luego salieron de la Casa de Estudios y no sabían si seguir rezando como se acostumbraron en la Yeshivá o si deben retornar al rito «Sfard-jasídico» de sus padres. Rabinos que siguen el rito «Ashkenaz» instruyeron que de acuerdo a la base de la ley deben continuar rezando «Ashkenaz» ya que en el pasado todos los judíos de Europa Central y Occidental oraban según esta usanza y sólo en los últimos doscientos años los Jasídicos lo cambiaron. Y si bien después de tantos años, nadie instruye a los Jasídicos que deben volver al rito «Ashkenaz», de todas maneras quien ya se acostumbró a éste es mejor que lo mantenga, pues es el original de sus ancestros. Los rabinos jasídicos les han indicado a los consultantes que retornen a la usanza «Sfard-jasídica», puesto que si los primeros maestros Jasídicos que rezaban «Ashkenaz» cambiaron de usanza para adaptarla a las fórmulas meditativas extáticas del Arízal, obviamente que aquellos que ya nacieron en estas familias deben continuar rezando según la tradición Jasídica. En la práctica, dado que hay opiniones encontradas a este respecto, es bueno asesorarse con su rabino.

08. Ashkenazíes que rezan con pronunciación sefaradí.

Una pregunta similar surgió en el seno de los ashkenazíes del sector sionista religioso. Hace tres generaciones, al iniciarse la Reunión de las Diásporas, los pioneros de entonces sintieron la necesidad de amalgamar a todas las diásporas y devolver al pueblo judío a su lengua originaria, el hebreo. A los efectos de poder unificar a todos bajo una misma pronunciación se escogió la sefaradí. Si bien según la opinión del Rav Kuk de bendita memoria y varios otros juristas cada congregación debe preservar, a la hora de rezar,  su pronunciación tradicional; en la práctica, dado que el hebreo coloquial y el que se aprendía en la escuela eran con acento sefaradí, esta pronunciación se arraigó también en el rezo. Más aún, muchos de los directores de instituciones sionistas religiosas instruyeron a sus alumnos ashkenazíes a que sigan las directivas de algunos de los juristas que indicaban emplear la pronunciación sefaradí. Algunos de los rabinos se opusieron vehementemente a los ashkenazíes que cambiaron la pronunciación, y algunos indicaron que para quien le resulte muy difícil recitar todo el servicio con pronunciación ashkenazí, que al menos pronuncie el Nombre Divino con este acento, pues es justamente allí donde resulta más notoria la ventaja gramatical de esta tradición (Har Tzví Oraj Jaím 1:4, Az Nidberu III 48:1, de acuerdo al Jazón Ish).

Sin embargo, en la práctica, los rabinos no impulsan a sus alumnos a modificar su acento, ya que como la pronunciación sefaradí es apta para el rezo tanto como la ashkenazí y además todos acostumbran a hablar con el acento primeramente mencionado, no es necesario esforzarse para pronunciar el rezo a la usanza original de los ancestros. Además, si el esfuerzo en modificar el acento puede provocar la pérdida de concentración en el rezo, es preferible no modificarlo. Y en el caso del ashkenazí que ya reza con acento sefaradí, es mejor que también pronuncie así el Nombre Divino para no mezclar las pronunciaciones, ya que hay juristas que opinan que al mezclar acentos ni siquiera, a posteriori, se cumple con el deber de rezar (Hagri Hankin, Shaarim Hametzuianim 18:5). Es así que se acostumbra a recitar todo el rezo, incluido el Nombre Divino, con pronunciación sefaradí.

09. Judíos de diferentes orígenes que rezan juntos.

En muchos lugares los miembros de diferentes congregaciones rezan juntos. Esto es muy común en muchas ieshivot para no generar divisiones cotidianas entre los alumnos. Esto también es muy común en pequeños asentamientos, por falta de público suficiente para establecer un servicio numeroso acompañado de clases de Torá para cada congregación.

En el pasado, a los efectos de no alterar el normal funcionamiento de los servicios ni generar diferentes costumbres en la misma sinagoga, se acostumbraba a fijar una sola versión para el rezo conforme a la mayoría de los participantes (ver Igrot Moshé Oraj Jaím 4:34). Sin embargo, en el seno de nuestro público, que conoce y está habituado a las múltiples tradiciones de las diferentes congregaciones, en muchos sitios se acostumbra hoy a permitir que cada tradición se manifieste en el servicio siguiéndose la usanza que impone el oficiante de turno. Si este es sefaradí, rezará según esta tradición y si es ashkenazí lo hará según esta otra. Hay sinagogas en las que incluso si el oficiante es yemenita, a pesar de que la suya es una pronunciación poco usual, habrá de rezar según su usanza. Dado que todas las tradiciones son buenas, aptas y por todos reconocidas, no se incurre en el riesgo de caer en la prohibición de «no formar facciones» o en el peligro de caer en discusiones destructivas.

De esta manera nos manejamos tanto en el servicio central de la sinagoga de Har Berajá como en la ieshivá. Cuando existen diferencias muy pronunciadas entre diversas tradiciones, solemos poner en práctica la versión más breve. Por ejemplo, durante los ayunos de los días «lunes jueves y lunes» en los que los ashkenazíes acostumbran a recitar «Selijot», éstas se omiten en el servicio público. Asimismo, no se recita en voz alta el Cantar de los Cantares antes de Kabalat Shabat, tal como acostumbran muchos de los sefaradíes. De la misma forma no se recitan los textos sobre las ofrendas y los sacrificios en voz alta y junto con el «Minián» según la usanza sefaradí y quienes desean recitarlo lo hacen previo al inicio del servicio. Empero, cuando no se trata de una prolongación molesta, tal como en el caso de los sefaradíes que al finalizar el servicio se demoran recitando el salmo del día y en el recitado de la quema del incienso o en las súplicas de los días lunes y jueves, se sigue al oficiante y éste se apura un poco para tomar en consideración también a los feligreses de origen ashkenazí cuya versión del rezo es más breve.

A pesar de que la tradición sefaradí indica que el oficiante recita en voz alta todos los cánticos de alabanza así como el recitado del Shemá con sus bendiciones para que así cumplan con su deber de rezar también aquellos que no saben leer; la práctica extendida es que también los oficiantes sefaradíes pronuncien en voz alta sólo los finales e inicios de los cánticos y las bendiciones por cuanto que hoy todos saben leer y el recitado en voz alta de todo el servicio lo hace demorar mucho y afecta la concentración de parte de los asistentes.

La instrucción general es que en todo lo que se pronuncia en voz alta el público debe seguir al oficiante mientras que en las secciones que se recitan en voz baja cada quien lo hace conforme su tradición. Y quien quiera rezar todo según la tradición del oficiante puede hacerlo ya que así opinan algunos de los juristas. Quien desee recitar las secciones que se pronuncian en voz alta conforme a su propia tradición también puede hacerlo, a condición que lo susurre para no  molestar al resto del público y no enfatizar sus diferencias con el oficiante.

Cuando un oficiante sefaradí recita en las súplicas de los lunes y los jueves tres veces los Trece Atributos de la misericordia Divina, corresponde que los ashkenazíes se sumen al recitado.

En todos estos temas, en los que se sopesa cuidadosamente por un lado el bienestar de la comunidad y la celebración de los servicios y por el otro la preservación de las diferentes tradiciones, la autoridad halájica del lugar es la que debe decidir.

01. Alzarse «cual león»

«Habrá de sobreponerse[1] cual león para levantarse por la mañana y servir a su Creador de modo tal que sea él quien despierta a la aurora» (del comienzo del Shulján Aruj Oraj Jaím 1:1).

El modo en el cual una persona se levanta por la mañana guarda estrecha relación con su estado anímico general e influencia sobre su actuación a lo largo del día. Una persona que tiene un objetivo en la vida, se levanta de buena gana y se dirige diligentemente al encuentro de una nueva jornada. Generalmente se ha de levantar temprano por la mañana, para alcanzar a hacer más cosas durante el día. Sin embargo, una persona que siente haber perdido sus valores y su rumbo o su existencia perdió el  sentido y carece de un desafío que lo impulse a levantarse temprano. Por lo tanto, por la mañana siente cansancio y angustia, y sólo cuando no tiene más remedio se levanta tarde y lentamente se encamina hacia otro día gris y tenebroso. En cambio, si se refuerza en su fe y se levanta velozmente, se despertarán en su interior la  vitalidad y la  alegría que le permitirán comenzar su día enérgicamente.

Esta es la virtud de asistir al servicio de «Vatikín«, de ser «quien despierte a la aurora» (Shulján Aruj 1:1), ya que antes de que la naturaleza se despierte y el sol despunte, la persona se incorpora y entona alabanzas delante del Creador. Si bien la mayoría de nosotros no se levanta para rezar en el «Minián» de «Vatikín» (ver adelante 11:5), de todas maneras, toda persona debe apresurarse a llegar a la sinagoga antes que comience el servicio.

Los sabios de las últimas generaciones (Ajaronim), agregaron que al despertarse es bueno recitar: «Doy gracias a Ti, Rey viviente y eterno, pues Tú has restituido misericordiosamente mi alma dentro de mí; Tu fidelidad es grande» (Seder Haiom, Mishná Berurá 1:8). La fe le confiere al Hombre un objetivo en su existencia. Si D´s decidió concederle la vida, implica que ésta es de un gran valor, y esta certeza le permite levantarse por la mañana veloz y diligentemente. Nuestros sabios nos dijeron que hay que sobreponerse cual león ya que éste simboliza a quien se quiere a sí mismo y reconoce su valor propio y por esto se enfrenta a todos los obstáculos que se presentan en su camino (ver Likutei Halajot LeMoharán).

[1] El Tur (Oraj Jaím Simán 1) nos explica que la frase Sobreponerse como un león  se refiere al corazón, pues la fuerza requerida para el servicio divino reside en el corazón. Por ellos es que un debe proveerse de coraje para el servicio Divino, de una manera similar a quien debiera defenderse de sus enemigos, tales como los que emergen de la inclinación a hacer el mal y que constantemente nos presentan su desafío. N. de Editor)

02. Vestirse con recato.

Cuando una persona se viste, aunque se encuentre solo en su casa, corresponde que se conduzca con recato. No habrá de decir: dado que estoy entre cuatro paredes ¿quién puede verme? Pues el Creador Bendito Sea es omnipresente. Por lo tanto, quien duerme sin ropas debe tener cuidado de no salir desnudo de la cama y luego vestirse, sino que habrá de ponerse una bata aún estando en la cama para que sus partes púdicas se encuentren ya cubiertas a la hora de vestirse. Asimismo, si necesita cambiarse de ropa interior es correcto que lo haga aún debajo de las sábanas o una vez cubierto con una bata suficientemente larga como para cubrir sus partes íntimas. Se puede, además, cambiar de ropa interior en el cuarto de baño o el excusado, que son lugares destinados para tales propósitos y desnudarse en su interior, y no se considera una falta de recato.

La costumbre entre los piadosos es de tener cuidado de que las partes del cuerpo que se mantienen cubiertas al estar entre sus familiares y amigos se mantengan así también al estar a solas. Por lo tanto, el piadoso tiene cuidado de no permanecer sin camiseta aunque se encuentre solo en su habitación y si quiere cambiarla lo hará en el cuarto de baño.

En el caso de una persona que sufre por el intenso calor, aunque sea piadoso, se podrá quitar la camiseta pero de ninguna manera pondrá al descubierto sus zonas púdicas. Los estudiosos de la Torá suelen ser más estrictos aún, al punto de que aunque se trate de un día muy cálido y se encuentren en la soledad de su habitación no se habrán de quitar la camiseta ni estarán en compañía de sus familiares o amigos en su casa sin camisa.

Todo lo antedicho aplica cuando no media una necesidad concreta, empero en el caso de que sea necesario a los efectos de lavarse o por motivos de salud, estará permitido descubrir las partes íntimas (Igrot Moshé Ioré Deá III 68:4).

A los efectos de aclarar el tema del recato, es importante anticipar que cuando el Primer Hombre fue creado era puro y limpio, tanto física como espiritualmente, y no sentía necesidad alguna de vestirse. Sin embargo, tras el pecado primigenio, comenzó a avergonzarse de su desnudez, y desde entonces todos nos vestimos y cubrimos nuestro cuerpo, especialmente aquellas partes del mismo que guardan estrecha relación con el deseo sexual y la evacuación de residuos.

El cuerpo al descubierto pone en extrema evidencia el aspecto material y animal del ser humano. Es cierto que en el cuerpo humano y en la multiplicidad de sus órganos, encontramos una vasta serie de profundas y maravillosas insinuaciones respecto del alma, de las cuales la Kabalá se ocupa extensamente, amén de que el objetivo del mismo es materializar todas esas excelsas ideas. Empero en virtud del pecado primigenio, nuestra visión se tornó mucho más superficial y a primera vista nuestros ojos solamente perciben el aspecto físico del cuerpo que nos hace olvidar su interioridad espiritual. Por lo tanto, se deben ocultar las partes cubiertas del cuerpo para de esa manera poner de relieve la espiritualidad interior que es la fuente de la verdadera belleza, y de esa manera una sutil hermosura se ha de expandir a todo el físico. Por esta razón, nuestros sabios, de bendita memoria, dijeron que el recato preserva la belleza dado que estimula su fuente eterna (ver Midrash Rabá 1:3).

03. La costumbre de los piadosos a la hora de vestirse y calzarse.

Es costumbre de los piadosos anteponer en todo  la derecha a la izquierda, dado que la Torá dio mayor importancia a la derecha (por ejemplo al rociar  el Cohen en el Santuario, sobre el dedo gordo de la mano o el pie). Según la Kabalá la derecha alude al «jesed» o generosidad mientras que la izquierda alude al «din» o rigor, por lo que es importante imponer la generosidad por sobre el rigor. Por lo tanto, los píos se cuidan de comer con la mano derecha, al lavarse o untarse una crema, anticipan la mano derecha a la izquierda así como el pie derecho al pie izquierdo.

Quien lava todo su cuerpo, comenzará por su cabeza y luego seguirá anticipando la derecha. A la hora de vestirse, los píos suelen colocar primero la manga derecha así como también antecederán el pie derecho en el pantalón y en los calcetines. Al desvestirse, se quitarán primero del lado izquierdo.

Respecto de los zapatos la ley es más compleja. Por una parte corresponde anteceder la derecha, y por la otra vemos del tefilín que se amarra en el brazo izquierdo, por lo que a la hora de amarrar la izquierda precede a la derecha. Por lo tanto se ha de colocar primero el zapato derecho y luego el izquierdo sin amarrar los cordones y de esa manera antecedió derecha a izquierda;  luego, a la hora de atar los cordones que comience por el zapato izquierdo y luego amarre le derecho (Talmud Babilonio Tratado de Shabat 61(A), Shulján Aruj Oraj Jaím 2:4).

Quien es zurdo de mano o pie, habrá de preceder la derecha tanto para calzar como para amarrar los cordones.

La idea de la halajá es que toda acción que realicemos, aunque sea totalmente rutinaria como calzar zapatos, se lleve a cabo de la manera más exacta. De hecho, todos calzan a diario sus zapatos y por lo tanto ¿por qué no habrían de aprender a hacerlo de la manera correcta? Es claro que quien calzó o ató sus cordones en orden inverso, no debe descalzarse para volver a hacerlo en el orden correcto. Mediante estas reglas, nuestros sabios de bendita memoria nos enseñan a conferirle importancia a cada acción que realizamos. De esta manera, aprendemos a comprender más profundamente todos los detalles que conforman nuestra vida.

01. Lavado de manos matinal.

Nuestros sabios establecieron que nos lavemos las manos cada mañana, y acto seguido recitemos la bendición: «que nos consagraste con Tus preceptos y nos ordenaste lo concerniente al lavado de manos» («al netilat iadaim«).

Mediante sus manos  el hombre suele actuar en el mundo, a través de éstas toma y entrega, negocia y mercadea, hace uso de sus utensilios y se ocupa de su cuerpo. Por una parte, son órganos de una enorme utilidad pero al mismo tiempo, al ocuparse de todos los quehaceres de este mundo, tienden también a ensuciarse y contaminarse. Cuando es necesario apartarse un poco de las cuestiones mundanas para dedicarse a la santidad, lavamos nuestras manos. Esta es la intención básica del lavado o ablución de manos en general y el de la mañana en particular.

Los sabios medievales (rishonim) debatieron respecto de cuál es la intención particular del lavado matinal.

Según el Rosh, por cuanto que las manos son sumamente activas, es probable que durante la noche hayan tocado partes del cuerpo que normalmente van cubiertas y entonces el lavado fue establecido por nuestros sabios para purificarlas de caras al rezo de Shajarit.

Según el Rashbá, cada mañana la persona es como una nueva creatura, tal como reza el versículo (Eijá-Lamentaciones 3:23): «Se renuevan cada mañana. ¡Muy grande es Su Fidelidad!». Una persona se va a dormir cansada y entrega su alma al Creador y por la mañana se levanta con renovadas fuerzas. Esta nueva creatura debe ser santificada y consagrada al servicio Divino mediante la ablución matinal de manos.

En otras palabras, según el Rosh el lavado de manos de Shajarit es una preparación para el rezo mientras que para el Rashbá se trata de una consagración o preparación previa al servicio de D´s de toda la jornada por venir.

Los juristas debatieron respecto de qué ocurre en el caso de quien estuvo despierto toda la noche. Hay quienes piensan que dado que no durmió, no aplica para él el recitado de la bendición matinal instituida por los sabios, por lo que se ha de lavar previo al rezo mas sin bendecir, siendo esta la tradición sefaradí. Por otra parte, hay quienes dicen que por el mero hecho de haberse renovado el día, corresponde lavarse las manos con recitado de bendición, pero por cuanto que hay quienes consideran que sólo se debe bendecir por la higiene de las manos previo al servicio religioso (Rosh), es bueno hacer sus necesidades antes del rezo lo cual le implicará tocar partes cubiertas del cuerpo, y de esa manera se podrá lavar las manos y recitar la bendición. Esta es la costumbre de los ashkenazíes. (Ver adelante 8:4,9:5-6, la regla de quien permanece despierto toda la noche o se despierta en la mitad de esta, a los efectos de las bendiciones matinales y la bendición de «al netilat iadaim«).

02. Espíritu de impureza.

Además de las razones ya mencionadas, nuestros sabios dijeron (Talmud Babilonio Tratado de Shabat 108(B)) que es menester cuidarse de no tocar la boca, nariz, ojos y oídos previo al lavado de manos, pues tras dormir, reposa sobre éstas un espíritu de impureza y éste puede afectar los órganos mencionados. Solamente una vez que las manos fueron lavadas vertiendo agua tres veces sobre cada una intercaladamente, este espíritu de impureza se retira y entonces ya no hay riesgo de tocar ninguno de los orificios del rostro.

Y más allá que la razón fundamental por la que nos lavamos las manos por la mañana es la de prepararnos y consagrarnos de cara al rezo de la mañana y el servicio a D´s de la nueva jornada, y por ello los sabios estipularon que se recite la bendición «al netilat iadaim«, de todas maneras, también tomamos precaución del espíritu de impureza que reposa en nuestras manos razón por la cual las lavamos vertiendo agua tres veces en cada mano intercaladamente. Primeramente vertemos agua sobre la mano derecha y luego sobre la izquierda y así sucesivamente hasta completar tres veces.

Asimismo, es importante tomar la precaución de no tocar los orificios o cavidades faciales que son una apertura hacia el interior del cuerpo, tales como la boca, la nariz, los oídos y los ojos antes del lavado (Shulján Aruj Oraj Jaím 4:3-4, Mishná Berurá 13). Asimismo es menester cuidar de no tocar ningún alimento o bebida previo al lavado de manos (Mishná Berurá 4:14).

La razón de este cuidado está explicada en la Kabalá (Zohar I 184:2). Según ésta, en la noche, al dormirse la persona y permanecer inmóvil o inactiva y carente de todo pensamiento y acción, es como si probase algo del sabor de la muerte y entonces reposa sobre él espíritu de impureza. Respecto de esto dijeron nuestros sabios de bendita memoria en el Talmud Babilonio (Tratado de Berajot 57(B)) que el sueño es una sesentava parte de la muerte. Esto se debe a que la principal virtud del hombre es su capacidad de pensar, sentir y actuar en pos de la reparación del mundo. Al dormirse, cuando el abatimiento se expande por todo su cuerpo, el individuo pierde, en cierta forma, su imagen Divina y por ende el espíritu de impureza reposa sobre él. Al despertarse y retornar a éste su conciencia, el espíritu de impureza se retira de todo su cuerpo y sólo permanece en la punta de los dedos de las manos. Mediante el lavado de manos  intercalado tres veces, este espíritu de impureza se retira también de éstas. A los efectos de eliminarlo por completo, es necesario anteponer la mano derecha que insinúa la cualidad de la generosidad (jesed). Por esta razón se toma la jarra primeramente con la mano derecha, y para lavar primero esta mano es menester pasarla a la mano izquierda, y así se vierte el agua primero sobre la diestra y luego sobre la izquierda y así intercalada y sucesivamente se vierte tres veces sobre cada mano (ver Kaf HaJaím 4:12).

Hay quienes entendieron que el mayor daño que el espíritu de impureza provoca, tiene lugar sobre las cualidades espirituales de la persona y que por lo tanto si se toca los oídos o los ojos antes de lavarse las manos por la mañana se pueden ver afectadas la vista o la audición interiores y entonces en ese día en cuestión la persona puede estar «ciega» o «sorda» en temas espirituales. Asimismo, si toca su boca  o su nariz afectará el potencial espiritual de su ingestión de alimentos o su olfato (Kaf HaJaím 4:19 según Solet Belulá).

03. El espíritu de impureza en nuestros días.

Según el libro del Zohar y los cabalistas, es necesario lavarse las manos junto al sitio donde se durmió, para no prolongar la permanencia del espíritu de impureza sobre nuestras manos. Asimismo hay que tener la precaución de no caminar  más de cuatro codos antes de la ablución matinal de manos, razón por la cual es necesario preparar agua antes de ir a dormir y colocarla junto a la cama para así hacerlo inmediatamente después de levantarse (Shaarei Teshuvá 1:2). Hay quienes fueron de una posición más flexible en este respecto, ya que piensan que todo el hogar de la persona debe ser considerada como una distancia de cuatro codos, y mientras la persona no salga y se aleje de su casa más que esta distancia para lavarse las manos, no se lo considera como quien demora la permanencia del espíritu de impureza sobre éstas (Responsa Shevut Yaakov 3:1).

Hay otros juristas que son de la opinión de que este tipo de espíritu de impureza desapareció ya del mundo. Los autores de las «Tosafot» (al Tratado de Yomá  77(B)) mencionaron una idea según la cual ese tipo de espíritu de impureza no reposa en los países de Europa Central y Occidental (Ashkenaz). El autor del libro Lejem Mishné escribió que se entiende de lo escrito por el Rambám, que este último no le temía al espíritu de impureza mencionado en el Talmud (Shvitat Heasor 3:2). El Maharshal, que vivió hace unos cuatrocientos años y fue uno de los mayores juristas europeos ashkenazíes de la época, escribió que el espíritu de impureza no está presente en estos días (Iam shel Shelomó Julín 8:31). Otro tanto escribieron otros juristas.

Aparentemente, la diferencia entre las generaciones radica en que antiguamente, el poder mental y/o emocional, espiritual y místico era más intenso y notorio. Esto se refleja, por una parte, en la capacidad de alcanzar logros importantes y  significativos en el ámbito espiritual como es el caso de la profecía, y por otra parte se refleja también en la aparición de impureza, brujerías e idolatría. A lo largo del tiempo, la fuerza intelectual se hizo preponderante en el hombre a cuenta de lo espiritual, de modo tal que junto con la suspensión de la profecía las fuerzas de la impureza también se debilitaron y desaparecieron, y en su lugar surgieron ideas falsas e incorrectas.

Hay una tradición sorprendente vinculada al Graf Pototzki, hijo de una familia de nobles polacos que decidió convertirse al judaísmo. Dado que esto estaba prohibido en esos días, se convirtió en secreto y se dedicó al estudio de la Torá. Al final, los cristianos lo encontraron y le dieron dos opciones, volver al cristianismo o morir en la hoguera. El justo prosélito eligió morir en la hoguera y consagrar el Nombre Divino públicamente. Según el Gaón de Vilna, en ese preciso momento, el espíritu de impureza perdió de su poder en el mundo y esto se refleja fundamentalmente en el de las mañanas. Por lo tanto, los alumnos del Gaón de Vilna no ponen cuidado en no caminar más de cuatro codos antes de lavarse las manos.

En la práctica, según el Rabino Jaim David Azulay, la Mishná Berurá (1:2) y el Ben Ish Jai, hay que poner atención en no caminar más de cuatro codos sin lavarse las manos por la mañana al levantarse. Por otra parte existen juristas que son más flexibles en esta cuestión tanto sea porque cada casa es considerada dentro del área de cuatro codos o porque hoy en día el espíritu de impureza desapareció de las manos (ver Beur Halajá 4:1, Otzrot Iosef 2), siendo esta la práctica más extendida. Empero, también quienes opinan que hoy día no existe el espíritu de impureza, tienen el cuidado de cumplir todo lo que se menciona en el Talmud, esto es, lavan sus manos vertiendo el agua sobre cada mano tres veces intercaladamente no tocando ningún orificio antes de esto.

04. ¿Cuándo se recita la bendición por el lavado de manos- «al netilat iadaim»?

El momento indicado para el recitado de la bendición es inmediatamente después de haberse lavado las manos y antes de secarlas. La regla general indica que en el caso de las bendiciones por el cumplimiento de preceptos primero se bendice y luego se realiza la acción. Por esta razón, primero se recita la bendición de las filacterias y luego se amarran así como primero se recita la bendición por la mezuzá y luego se coloca. Sin embargo, en el caso del lavado de manos, la norma varía ya que no corresponde recitar la bendición cuando las manos están aún sin lavar y por lo tanto se posterga el recitado para después de la ablución. De todas maneras, no se debe alejar demasiado la bendición del acto preceptivo, por lo que lo hacemos inmediatamente después de la ablución y antes de secarnos las manos pronunciamos la bendición.

En la práctica, no se acostumbra a recitar la bendición inmediatamente después del lavado de manos matinal, porque normalmente las personas necesitan evacuar tras haber dormido y no es correcto bendecir cuando uno está urgido fisiológicamente. Además, en opinión del Rosh, la razón principal del lavado es la preparación para el rezo y según esta idea se tiene que recitar bendición por el lavado previo al servicio religioso. Por lo tanto, tras haber evacuado, se deben lavar de nuevo las manos con la jarra de ablución («natlá»). Dado que el espíritu de impureza ya salió con la ablución inicial esta vez no es necesario verter agua tres veces intercaladamente y se recita la bendición antes de secarlas. Una persona que no necesita evacuar por la mañana, recitará la bendición inmediatamente después de la primera ablución (Shulján Aruj Oraj Jaím 6:2, Mishná Berurá 4:4).

En el caso de quien se levanta mucho antes de la hora de rezar y sabe con certeza que habrá de defecar nuevamente antes de rezar, hay opiniones divididas respecto de cuándo debería recitar la bendición por el lavado de manos.

Según el Rashbá, que considera que el lavado es en honor a la nueva jornada, es mejor que lo haga inmediatamente después de levantarse, mientras que según la opinión del Rosh, que considera que el lavado es preparación para el rezo, es preferible que recite la bendición tras la ablución previa a este rezo. La solución es que recite las bendiciones matinales (birkot hashajar) inmediatamente después del primer lavado de manos, tal que éstas se consideren, en cierta forma, parte del rezo y por ende el lavado como preparación para el mismo y además según la opinión del Rosh se podrá bendecir por la ablución ya que es contigua al despertar. Quien prefiera posponer el recitado de la bendición que lo haga con el lavado de manos posterior a que evacúe nuevamente previo al rezo (respecto de las bendiciones matinales, ver en 9:5 que es preferible recitar la bendición tras el levantar principal a condición de que sea pasada la medianoche).

05. El lavado de manos tras haber dormido durante el día y el caso de quien se mantuvo despierto toda la noche.

Se genera una duda respecto de cuál es la causa principal de que el espíritu de impureza repose sobre las manos: acaso el dormir cause que se esfume la conciencia del hombre quedando la persona sin posibilidad alguna de actuar y entonces también quien duerme durante el día debe lavarse las manos tres veces intercaladas. O si es la noche oscura en la que el mundo detiene su andar la que genera que el espíritu de impureza repose sobre las personas y entonces también quien haya estado despierto toda la noche tiene que lavarse.

En la práctica, cuando ambos factores actúan conjuntamente, la persona duerme en la noche un período prolongado (por lo menos una media hora) el espíritu de impureza se posa con toda su contundencia por lo que al despertarse es necesario lavar las manos, inmediatamente, tres veces sin tocar ningún orificio facial o alimento (si bien la bendición por el lavado de manos se recita por la incorporación previa al rezo de Shajarit, tal como se explicó en la halajá anterior).

Un nivel por debajo de este es el caso de una persona que duerme prolongadamente durante el día y si bien el espíritu de impureza no se posa sobre ésta en toda su intensidad, de todas maneras corresponde que se lave las manos tres veces intercaladamente, mas sin apurarse en hacerlo y sin que medie la prohibición de tocar orificio facial alguno.

Un nivel aún menor de gravedad en cuanto a impureza y las precauciones necesarias es cuando una persona permanece despierta toda la noche. Hay quienes entienden que quizás es la noche misma y su conclusión, las que ocasionan que el espíritu de impureza se pose sobre las manos, por lo que es bueno lavarse las manos tres veces al despuntar el alba. Asimismo, una persona que se levanta en la mitad dela noche y ya se lavó las manos tres veces, es bueno que lo vuelva a hacer una vez que haya despuntado el alba.

06. Levantarse en medio de la noche por causa de un bebé o cualquier otro motivo.

Padres que se levantan en la mitad de la noche para tapar a sus hijos o colocarles el chupete en la boca, no precisan antes de ello lavarse las manos, ya que para hacerlo no es necesario tocar con las manos la boca o cualquier otro orificio facial del pequeño en cuestión.

Empero quienes se levantan para prepararle al bebé alimentos o cambiarle el pañal es mejor que primero se laven las manos para no tocar la comida o algunos de los orificios faciales del pequeño con manos no lavadas. Una mujer que se levanta en la mitad de la noche para amamantar a su bebé, es bueno que primero se lave las manos. Si le es difícil ir a lavarse las manos, puede respaldarse en las opiniones halájicas que más alivianan, que no exigen lavado de manos para quienes se levantan en la mitad de la noche (Eshel Abraham Butschatch 4:1, ver en la halajá 3 que hay quienes sostienen que hoy en día no existe le espíritu de impureza). De todas maneras, según todas las opiniones, no se necesita recitar bendición por el lavado de manos en la mitad de la noche ya que los sabios dispusieron bendecir únicamente por el lavado matinal el cual nos prepara para el rezo y para la nueva jornada.

Quien se incorpora en la mitad de la noche para beber algo, es bueno a priori que vierta agua sobre sus manos tres veces antes de que recite la bendición de «shehakol«. Asimismo quien se levanta en la mitad de la noche para defecar, es bueno que primero vierta agua sobre sus manos tres veces para poder tocar cualquier orificio corporal sin temor. Si así lo prefiere, puede defecar sin haberse lavado antes las manos tres veces de acuerdo con la opinión de quienes entienden que solamente es necesario hacerlo después de levantarse por la mañana. Una vez que evacuó, esta persona debe lavar sus manos (irjatz) para recitar la bendición de «Asher iatzar» y si carece de agua habrá de limpiar sus manos frotándolas sobre su ropa para luego bendecir (Shulján Aruj 4:22).

07. Alimentos que fueron tocados previo al lavado de manos.

Tal como aprendimos, dado que después del sueño nocturno reposa sobre las manos  un espíritu de impureza, está prohibido tocar alimentos o bebidas antes de lavárselas (halajá 2). Si un judío que aún no se lavó las manos toca algún alimento sólido como una fruta, que se puede lavar, ésta se ha de enjuagar tres veces, tal que así como verter agua tres veces purifica las manos asimismo habrá de purificar a la fruta en cuestión.

Si este mismo judío toca por error algún líquido o algún alimento que se estropea si es enjuagado, hay quienes opinan que deben ser tirados a la basura por causa del espíritu de impureza que reposa en ellos (Od Iosef Jai- Toledot 6). Según la opinión de la mayoría de los juristas, el espíritu de impureza que reposa en las manos no puede afectar los alimentos, por lo que a posteriori, estos pueden ser ingeridos (Jaiei Adam 2:2, Mishná Berurá 4:14, Aruj Hashulján 4:15). De todas maneras, respecto de bebidas alcohólicas, hay juristas que toman una postura más estricta por temor a que se sufra algún tipo de perjuicio, mas en cuanto al resto de los alimentos prevalece el acuerdo que no pierden su aptitud al ser tocados por manos que no fueron lavadas (Beur Halajá 4:5 ‘לא’ ). Además, aprendimos (halajá 3) que hay quienes consideran que el espíritu de impureza despareció del mundo, por lo que no cabe ya temer que ocasione algún tipo de daño. Por lo tanto, no se debe tirar a la basura un alimento que haya sido tocado por manos que aún no fueron lavadas.

Asimismo, está permitido comprar pan y demás alimentos que estaban colocados sobre un estante en la tienda, aunque quepa la  duda de si fueron o no tocados por las manos de un judío que no efectuó su lavado de manos matinal, ya que aprendimos de que según la mayoría de los juristas, los alimentos no pierden su aptitud por contacto con manos no lavadas. Además, en este caso, existe la duda de si en la práctica, alguien con manos no lavadas tocó o no los alimentos, ya que casi todas las personas acostumbran a lavar sus manos por la mañana. Se dice en nombre del Arízal (Od Iosef Jai- Toledot 8) que verter agua una sola vez alcanza para debilitar el poder del espíritu de impureza.

08. Niños

Algunos de los más conspicuos sabios de las últimas generaciones (Ajaronim) escribieron que es importante que niños pequeños, aunque no hayan llegado aún a la edad en que se les instruye en los preceptos, laven sus manos por la mañana. Esto se debe a que ellos toman sus alimentos con las manos y si no realizan la ablución matinal, esto hace que el espíritu de impureza afecte a la comida (Jida, Prí Megadim Mishbetzot Zahav 4:7, Mishná Berurá 4:10). Los piadosos cuidan de lavar las manos de los bebés desde que nacen para así criarlos imbuidos de pureza y santidad.

En la práctica, muchas personas no pusieron cuidado en verter tres veces agua sobre las manos de bebés al despertarse, pues en opinión de muchos de los sabios de las últimas generaciones, el espíritu de impureza reposa solamente sobre las manos de los mayores de trece años. Esto se debe a que cuanto mayor es la capacidad de conexión que tiene la persona con la santidad, para actuar en el mundo y corregirlo, como contraparte mayor es el esfuerzo que hace el espíritu de impureza por afectarlo. Por lo tanto, este espíritu de impureza no reposa en los gentiles, puesto que no están obligados a cumplir preceptos. Otro tanto ocurre en el caso de los niños, todo tiempo que no recae sobre ellos la santidad de las mitzvot, el espíritu de impureza tampoco reposa sobre ellos en toda su intensidad. Empero, se impone el deber de educarlos en el cumplimiento de los preceptos y a partir de que ellos comienzan a conectarse progresivamente con éstos, el espíritu de impureza reposa sobre ellos en cierto grado. Por esta razón, a partir de que alcanzan la edad en la que se los puede instruir en los preceptos («guil jinuj«) y ya pueden entender cómo se debe realizar la ablución de manos, es preceptivo acostumbrarlos en el lavado (según Shulján Aruj HaRav 4:2, Eshel Abraham Butschatch 3:4, Tzitz Eliezer VII 2:4).

En resumen, se debe acostumbrar a los niños a partir de la edad del aprendizaje de los preceptos, a que viertan agua tres veces sobre sus manos tras levantarse por la mañana. A partir de que cumplen trece años los varones y doce las niñas, deben lavarse las manos por la mañana. Hay quienes tienen cuidado de lavar las manos de los bebés a partir del momento que estos ya toman la comida con las manos (Mishná Berurá 4:10). Hay quienes tienen cuidado de lavar las manos de los bebés a partir de la circuncisión incluso desde su primer día de vida pues ya desde entonces comienza a vislumbrarse en el recién nacido el resplandor de la santidad inherente del pueblo de Israel (tal como se trae entre paréntesis en Shulján Aruj HaRav, ídem, ver Kaf HaJaím 4:22).

 

01. Bendiciones de agradecimiento.

Nuestros sabios instituyeron numerosas oraciones para recitar ni bien nos levantamos cada mañana para así agradecer al Creador por el bien que nos dispensa a diario. El Talmud Babilonio nos dice (Tratado de Berajot 60(B)) que al despertarnos por la mañana debemos agradecer a D´s y decir: «D´s mío, el alma que me otorgaste es pura, Tú la creaste… Bendito eres Tú que devuelves las almas a los cuerpos muertos»; al escuchar el canto del gallo que anuncia una nueva jornada debemos recitar: «Bendito eres Tú D´s nuestro rey del universo que diste al gallo discernimiento para diferenciar el día de la noche»; al abrir los ojos debemos recitar: «que da visión a los ciegos»; al tensar nuestras extremidades e incorporarnos, sentándonos sobre la cama tras habernos liberado de las amarras del sueño recitamos: «que libera prisioneros»; al vestirnos recitamos el agradecimiento por «que viste a los desnudos»; al ponernos de pie agradecemos porque D´s «yergue a los encorvados»; al apoyar nuestros pies sobre el suelo, agradecemos a D´s que «establece la tierra sobre las aguas»; al calzar nuestros zapatos agradecemos a D´s por «haberme provisto de todos mis menesteres»; al comenzar a caminar debemos agradecer a D´s porque «dispone el andar del hombre»; al ajustar el cinturón alrededor de la cintura, debemos recitar: «que ciñe al pueblo de Israel con Su poder»: al cubrirnos la cabeza debemos agradecer porque D´s «corona al pueblo de Israel con Su gloria»; al lavarnos las manos debemos recitar «que nos ordenaste el lavado de manos (al netilat iadaim)» y tras lavarnos la cara debemos agradecer porque D´s «retira la pesadez del sueño de mis ojos» etc. Además, nuestros sabios dispusieron que se reciten tres bendiciones especiales de agradecimiento a D´s por habernos escogido entre todas las naciones para otorgarnos Su ley y estas son «que no me hizo gentil», «que no me hizo siervo» y «que no me hizo mujer». Las mujeres recitan una bendición de agradecimiento «porque me hizo conforme a Su voluntad».

La rutina diaria de la vida tiende a hacer perder al hombre su sensibilidad para con todas las bondades que D´s le prodiga y en virtud de esa falta de agradecimiento  las bendiciones recibidas no lo hacen feliz, tornándose así su vida en monótona y vacía, buscando entonces todo tipo de satisfacciones temporales que disipen ese dolor existencial. A los efectos de no ser desagradecidos, nuestros sabios de bendita memoria instituyeron las bendiciones matinales, por medio de las cuales le agradecemos a nuestro Creador por todas las grandes y pequeñas cosas que hacen posible nuestra vida en el mundo. Mediante la conciencia y el agradecimiento a D´s por el bien recibido, tenemos el mérito de contemplar el mundo desde una perspectiva valiosa y completa, aprendemos que cada detalle de nuestra vida posee un valor Divino intrínseco y se despierta en nosotros la voluntad de actuar correctamente en la nueva jornada.

02. El orden de las bendiciones matinales.

Tal como aprendimos, la disposición original de nuestros sabios implicaba que las bendiciones acompañen el orden natural de la incorporación por la mañana, y cada movimiento diferente o satisfacción lograda en este proceso fuera acompañada del recitado de una bendición, con lo que el acto de levantarse por la mañana adquiría así un profundo significado. El Rambám sentenció que en la práctica este fuese el orden, que cada bendición sea recitada al momento de realizar cada una de las acciones, y hay entre quienes llegaron del Yemen que así actúan hasta el día de hoy.

Sin embargo, hace ya cientos de años que los judíos acostumbran a recitar todas las bendiciones matinales de una vez, en la sinagoga o en la casa, una vez que terminaron de evacuar y vestirse. Esto obedece a varias razones. Primeramente, se estableció que el oficiante recite las bendiciones matinales en voz alta al comenzar el servicio público en la sinagoga para que así cumplan con su deber quienes no las saben decir de memoria. Incluso en el caso de quienes sí las saben, se teme que por la somnolencia de la mañana olviden recitar alguna, por lo que al recitarlas todas juntas de manera ordenada es más fácil que recuerden completarlas todas. Además, se procuró dar un status más encumbrado a las bendiciones matinales, esto es, recitarlas con las manos limpias y ya vestidos adecuadamente y por esta razón se pospuso su recitado hasta que la persona haya culminado sus preparativos previos al rezo (Shulján Aruj 46:2). Más aún, existen personas a las que les resulta muy difícil concentrarse a poco de haberse levantado, y solamente después que se vistieron y lavaron la cara pueden recitar las bendiciones matinales correctamente (Seder Haiom).

03. Bendiciones matinales en el caso de quien no es beneficiario de un bien determinado.

Los grandes sabios medievales (rishonim) debatieron respecto del siguiente dilema: una persona que no disfruta de una de las bondades mencionadas en una de las bendiciones matinales, ¿puede igualmente recitarla? Por ejemplo, ¿un ciego puede bendecir «que das visión a los ciegos»?

En opinión del Rambám (Tefilá 7:9), solamente quien disfruta de una bondad puede agradecer por ella. Por lo tanto, una persona que durmió vestida por la noche, por cuanto que no se viste por la mañana, no habrá de bendecir «que viste a los desnudos». Un discapacitado que no puede caminar no habrá de bendecir «que dispone el andar del hombre». Un paralítico que no puede mover sus órganos, no habrá de bendecir «que libera a los prisioneros» o que «yergue a los encorvados». Esta es asimismo la costumbre de algunos de los judíos provenientes del Yemen. El autor del Shulján Aruj (Oraj Jaím 46:8) tomó en cuenta la opinión de Rambám, y sentenció que no se ha de pronunciar el nombre de D´s en las bendiciones por bondades de las que la persona no disfruta.

Por otra parte, el autor del libro «Kolbó» (inciso 1) escribió citando a Rabí Natronai Gaón, a Rabí Amram Gaón y demás Gaonitas, que se acostumbra a recitar todas las bendiciones según el orden establecido,  aunque la persona concretamente no disfrute específicamente de alguna de las bondades mencionadas en las mismas, ya que fueron instituidas como agradecimiento por el disfrute de la generalidad de las personas. Además, el hecho de que algunos disfrutan de las bondades ayuda indirectamente a quienes en lo particular no lo hacen, y por lo tanto, un inválido que no puede incorporarse agradece que otros sí puedan y por ende le puedan ayudar. Asimismo, el ciego bendice «que da visión a los ciegos» por aquellos que al ver pueden ayudarle en su camino y en la provisión de sus necesidades. El Ramá sentenció de acuerdo a esta segunda opinión.

Esta es además la opinión del Arízal, en cuanto a que todo judío debe recitar todas las bendiciones matinales según el orden prescripto, para agradecer a D´s por el bien general que dispensa al mundo. En cuanto a costumbres de rezo, los sefaradíes acostumbraron a seguir la idea del Arízal, por lo que también ellos recitan todas las bendiciones matinales según el orden escrito.

04. ¿Hasta qué hora se recitan las bendiciones matinales?

Quien se olvidó de recitar las bendiciones matinales antes del rezo, puede hacerlo una vez concluido éste, salvo la bendición por el lavado de manos que fue instituida como preparación previa al mismo. De la misma forma, no podrá recitar las bendiciones de la Torá pues ya cumplió con el agradecimiento por la entrega de la misma en la bendición de «Ahavat olam» («amor eterno»). Asimismo, no habrá de recitar la bendición «Elohai neshamá«, pues hay quienes consideran que ya cumplió mediante el recitado de la segunda bendición de la Amidá «Mejaié hametim» («que revive a los muertos»).

Por lo tanto, quien se ve en la necesidad de saltearse las bendiciones matinales para alcanzar a rezar con «Minián» (servicio público), habrá de asegurarse en recitar, aunque sea la bendición por el lavado de manos, «Elohai neshamá» y las bendiciones de la Torá ya que si no las recita antes del rezo no podrá hacerlo una vez que este finalice (Mishná Berurá 52:2).

¿Hasta qué hora se pueden recitar las bendiciones matinales? Hay juristas que equipararon el horario de recitado de las bendiciones matinales con el horario del rezo de Shajarit, por lo que, a priori, hay que tratar de recitarlas hasta el final de la cuarta hora temporal (según el método clásico de división del tiempo, desde el amanecer hasta el mediodía hay seis horas. N. de t.), y  a posteriori, se puede hasta el mediodía. Si no se alcanzó a recitar las bendiciones matinales hasta el mediodía, se pueden decir a lo largo de toda la jornada, ya que en opinión de la mayoría de los juristas el horario de éstas difiere del horario del rezo de Shajarit. Esto se debe a que en las bendiciones matinales se agradece por bondades que la persona disfruta de ellas todo el día, y entonces si no las recitó en la mañana puede hacerlo durante toda la jornada.

05. ¿Cuándo debe recitar las bendiciones matinales quien se levanta en la mitad de la noche?

A priori, se deben recitar las bendiciones matinales lo más contiguo posible al momento de levantarse no siendo necesario esperar a  que aclare o despunte el alba para hacerlo. Por lo tanto, quien se levanta antes de que despunte le alba para estudiar Torá, trabajar, o cualquier otro objetivo, debe recitar las bendiciones matinales inmediatamente después de incorporarse. Empero, antes de la medianoche no se han de recitar, y por lo tanto, quien se levanta antes de ese tiempo, ha de esperar hasta pasada la medianoche para poder recitar las bendiciones matinales. Quien las recitó antes de ese tiempo, no cumplió con su deber (Mishná Berurá 47:31, Kaf HaJaím 29).

Quien se levanta pasada la medianoche por unas horas, y planea volver a acostarse a dormir hasta el horario de Shajarit (como en el caso de un soldado que se levanta pasada la medianoche para ir a una guardia y piensa luego volver a dormir) debe recitar las bendiciones matinales después de su incorporación principal. Si para la persona en cuestión, la primera vez que se levantó es la principal, y lo que duerme posteriormente lo considera como una siesta en la mitad del día, ha de recitar entonces las bendiciones matinales. Empero, si considera que la incorporación principal es la segunda oportunidad en que se levanta, habrá de recitar entonces las bendiciones. De acuerdo a la costumbre de los cabalistas, si la primera vez que la persona se levantó fue pasada la medianoche, habrá de recitar entonces las bendiciones. Si no las recitó tras esta primera vez lo hará tras la segunda.

Respecto de las bendiciones de la Torá, la mayoría de los juristas opina que son equiparables a las bendiciones por el cumplimiento de preceptos, y por lo tanto se deben recitar cada vez que la persona se levanta en la noche de su descanso nocturno («sheinat keva»). Hay quienes acostumbran a recitarlas una sola vez, tras su principal incorporación, junto con todas las demás bendiciones matinales (ver en las leyes de la bendición por la Torá 10:6).

06. ¿Qué debe hacer quien estuvo despierto toda la noche?

En términos generales, debe recitar las bendiciones matinales también aquella persona que no durmió durante la noche pues ya aprendimos que (halajá 3) estas bendiciones fueron instituidas como agradecimiento por el beneficio colectivo de las bondades prodigadas por D´s y aunque una persona individualmente no las haya disfrutado debe recitarlas. Sin embargo, existen diferentes tradiciones respecto de ciertas bendiciones.

Respecto del lavado de manos, existe un consenso respecto de que se debe realizar previo al rezo, pero se discute si debe estar acompañado o no del recitado de la bendición. Según la tradición ashkenazí, lo mejor es evacuar antes del rezo, lo cual lleva a tocar alguna parte del cuerpo que normalmente está cubierta por la ropa que desde el lavado anterior probablemente traspiró un poco, por lo que el lavado de manos deberá ser acompañado del recitado de la bendición. De acuerdo a la tradición sefaradí no se ha de recitar bendición por este lavado (ver arriba 8:1).

Respecto de las bendiciones de la Torá, existe consenso en cuanto a que si la persona durmió durante el día anterior aunque sea media hora, por la mañana habrá de recitarlas. En el caso de que no haya dormido durante todo el último día, según la mayoría de los juristas habrá de recitar las bendiciones de la Torá, mas como existen algunos juristas que son de la opinión de que no se reciten, a priori es mejor oírlas de una persona que sí durmió y poner la intención de cumplir con el deber de recitarlas al escucharlas (ver adelante 10:7).

Respecto de las bendiciones de «Elohai neshamá» y «Hamaavir sheiná«, hay juristas que opinan que solamente quien durmió puede recitarlas, por lo que lo mejor es oírlas de un amigo que sí haya dormido, y poner la intención de cumplir con el deber al escucharlas. Cuando no hay quien las recite, según la mayoría de los juristas, la persona debe recitarlas por sí misma, siendo esta la tradición de todos los sefaradíes y algunos ashkenazíes. Hay ashkenazíes que acostumbran a ser más estrictos y las recitan sin pronunciar los Nombres Divinos (shem umaljut).

 En resumen: según la tradición mayoritaria del pueblo de Israel quienes se mantienen en vigilia toda la noche recitan todas las bendiciones matinales y las de la Torá y deben lavar sus manos antes del rezo. Según la tradición sefaradí no se recita bendición por el lavado, mientras que según los ashkenazíes se va al baño, se toca alguna parte cubierta normalmente por ropa y se recita bendición por la ablución.

Quienes cumplen los preceptos con especial excelencia, cumplen con el deber de recitar las bendiciones de la Torá, «Elohai neshamá» y «Hamaavir sheiná» al oírlas de quien sí durmió por la noche. Cuando no hay de quien escucharlas, hay ashkenazíes que recitan «Elohai neshamá» y «Hamaavir sheiná» sin emplear los Nombres Divinos.

Según la Kabalá se acostumbra a recitar las bendiciones matinales a partir de la medianoche (Kaf HaJaím 46:49), y según la halajá se pueden recitar todas las bendiciones tras despuntar el alba. Según todas las opiniones, se deben recitar las bendiciones de la Torá después de que despunta el alba.

 

 

01. El valor de la bendición por la Torá.

Luego de que la tierra de Israel fuera destruida y el pueblo judío fuera exiliado surgió la pregunta (Irmiahu 9:11): «¿Por qué motivo ha perecido la tierra?» ¿Cuál es el pecado central que originó el derrumbe espiritual que llevó a la destrucción? Esta pregunta le fue formulada a nuestros sabios de bendita memoria, a los profetas y a los ángeles ministeriales, sin que nadie haya sabido qué responder. Hasta que el mismísimo Santo Bendito Sea lo explicó: «Porque han abandonado Mi Ley que Yo establecí para ellos» (ídem 9:12), esto es, porque no bendijeron por la Torá antes de estudiarla (Talmud Babilonio Tratado de Nedarim 81: (A)). Si bien en la práctica estudiaban Torá, mas no le daban el trato que corresponde otorgar a una enseñanza divina de origen trascendente y por lo tanto, esto se considera como si la hubiesen abandonado. Esto se debe a que todo aquel que estudia Torá como una disciplina más de investigación humana, no se considera que la estudie. Empero, si se recita previamente la bendición por la Torá, se puede luego acceder al estudio desde la perspectiva de la fe e imbuidos de un intenso deseo de conexión con quien la entregó.

Nuestros sabios también se preguntaron (Nedarim ídem): ¿por qué ocurre que no todos los hijos de los grandes eruditos de la Torá siguen el camino de sus padres y no se convierten en estudiosos?, sin duda, sus padres hubiesen deseado que dediquen toda su vida al estudio de la Torá. ¿A causa de qué los eruditos de la Torá no tuvieron éxito en la educación de todos sus hijos?  Más aún, en esos días se acostumbraba que cada hijo continuara con el oficio de su padre, los hijos del carpintero se convertían en carpinteros, los hijos de los agricultores se convertían en agricultores y así todos. La pregunta entonces es ¿por qué un relativo alto porcentaje de hijos de estudiosos de la Torá no se convierten en estudiosos como sus padres? El Talmud trae varias explicaciones a este asunto. La última pertenece a Rabina, quien dijo que la causa de la discontinuidad intergeneracional en el estudio radica en que no bendijeron por la Torá antes de estudiarla. Esto es, muchas veces los hijos de los eruditos de la Torá la estudian por haber visto a sus padres hacerlo, tal como a todos los hijos les gusta imitar a sus progenitores. Empero la Torá solo se puede adquirir si se estudia con pureza de intención o por amor a D´s («leshem shamaim«), mediante una conexión personal con quien la entregó y por eso los hijos que estudiaron por imitación a sus padres o por costumbre, no vislumbran una bendición ni resultados en su estudio.

02. El contenido de la bendición por la Torá y las reglas relativas a la bendición «Ahavat olám».

La bendición por la Torá está conformada por tres partes. En la primera bendecimos a D´s que nos consagró con sus preceptos y nos ordenó estudiar la Torá («laasok bedivrei Torá«). En la segunda le pedimos al Creador que la Torá que Él nos enseña nos resulte agradable y tengamos el mérito de estudiarla con entusiasmo, de modo tal que nosotros y nuestra descendencia alcancemos su conocimiento.

En la tercera parte, bendecimos y agradecemos a D´s que nos escogió entre todas las naciones y nos entregó Su Torá. Nuestros sabios afirmaron (Talmud Babilonio Tratado de Berajot 11(B)) que esta es la más excelsa de las bendiciones por la Torá, pues en ella se menciona la virtud especial del pueblo de Israel «que fue escogido entre todas las naciones» y por ello «nos  entregó Su Torá». Esta es la naturaleza espiritual del pueblo de Israel, que está siempre conectado y apegado a D´s y Su Torá y por ellos sólo él puede recibirla e iluminar con ésta el mundo. En el seno de las naciones puede haber gentiles justos y píos, mas esta es una virtud particular de individuos aislados que no podrán realizar el objetivo final y completo de la Torá, que es revelar la Divinidad en todos los ámbitos de la existencia y corregir el mundo. Solamente el pueblo de Israel puede servir a D´s en un marco nacional y procurar corregir al mundo llevándolo por el camino de la verdad y la generosidad, tal como nuestra extensa historia testimonia.

Según esto, se entiende por qué la bendición que inicia con las palabras «Ahavat Olám» («Ahavá Rabá» para los ashkenazíes) que recitamos previo al Shemá puede sustituir a la bendición por la Torá. Esta bendición se centra en el amor que le profesa D´s al pueblo de Israel, culmina afirmando que el Creador «elige al pueblo de Israel con amor» y en ella se menciona extensamente el nexo de interdependencia que existe entre la Torá y la nación israelita.

En la práctica, si alguien duda si recitó o no la bendición por la Torá, puede poner la intención de cumplir con su deber al recitar «Ahavat Olám«. Asimismo, quien se olvidó de recitar la bendición por la Torá previo al rezo, al llegar a «Ahavat Olám«, puede poner la intención de cumplir con su deber respecto de la primera y luego de culminado el servicio ha de recordar estudiar, tal como se lo hace tras la bendición por la Torá (Talmud Babilonio Tratado de Berajot 11(B), Shulján Aruj 47:7).

03. ¿Es preceptivo como orden de la Torá recitar la bendición?

«Dijo Rabí Iehuda en nombre de Rav: ¿de dónde aprendemos que recitar la bendición previo al estudio es precepto de la Torá? Por cuanto que está  escrito (Dvarim 32:3): «Cuando invoque el Nombre del Eterno, glorificad a nuestro D´s» (Talmud Babilonio Tratado de Berajot 21(A)). Esto es, toda la Torá es considerada como nombres del Santo Bendito Sea (Zohar II 87:1, Tikunei Zohar 410:10) ya que Él se nos presenta como completamente oculto y mediante la Torá se revela en el mundo. Por esto está escrito «Cuando invoque el nombre del Eterno», antes de que estudiéis Torá «glorificad a nuestro D´s», recitad la bendición a Quien la entregó.

Si bien en la práctica, en opinión del Rambám y del Shulján Aruj (Oraj Jaím 209:3), las bendiciones por la Torá fueron ordenadas por los sabios y lo interpretado o extraído del versículo sirve como mera inspiración o referenciación en el texto (Asmajta). De acuerdo a esto, en caso de existir duda de si se recitó o no la bendición, se aplica el criterio más flexible y no se recita. Esa es la usanza de los sefaradíes (Kaf HaJaím 47:2). En opinión de la mayoría de los sabios medievales entre los que cabe mencionar al Rambán y al Rashbá, es precepto de la Torá recitar la bendición previo a su estudio, por lo que en caso de duda se debe aplicar el criterio más estricto y recitarla, de acuerdo con la regla que indica que en caso de duda sobre un precepto de la Torá se debe aplicar criterio estricto («safek deoraita lejumra«), siendo esta la usanza de los ashkenazíes.

De todas maneras, todos coinciden en que si alguien duda respecto de si recitó o no la bendición por la Torá, es mejor escuchar su recitado. De no existir tal posibilidad, si la persona en su rezo está próxima  a pronunciar la bendición de «Ahavat Olám«, ha de poner allí intención de cumplir con ésta  su deber de agradecer por la recepción de la Torá. Empero si aún no es hora de rezar y no hay quien pueda recitar la bendición en voz alta, quien considera que el deber de bendecir tiene su origen en la Torá debe aplicar criterio más estricto y hacerlo para salir de dudas, aunque alcanza con que diga solo la tercera bendición «Asher bajar banu» («que nos escogió») que es la más importante de las tres.

04. ¿Qué tipo de estudio requiere bendición previa?

Previo al estudio de cualquiera de las secciones de la Torá  es menester recitar la bendición (Shulján Aruj Oraj Jaím 47:2). Por lo tanto, una persona que en determinado día tenía planificado estudiar únicamente Midrash o Halajá deberá recitar al principio del día la bendición previa. Esto se debe a que toda la Torá, tanto la Escrita como la Oral, tanto en el área legal (Halajá) como en la filosófica (Majshavá), fueron reveladas a Moshé en Sinai (Talmud Jerosolimitano Tratado de Peá 2:4).

Los juristas debatieron respecto de si es o no necesario recitar la bendición, en caso de haber pensado (leharher) sobre algún tema de la Torá. Por ejemplo, quien se despierta por la mañana y quiere meditar sobre cuestiones de Torá, en opinión de la mayoría de los juristas no precisa recitar la bendición, si bien hay quienes lo objetan. A los efectos de salir de toda duda, es mejor que quien se despierte y quiera reflexionar sobre Torá, que recite las bendiciones correspondientes y diga un versículo, para luego sí meditar sobre ésta. En el caso de quien se despierta en medio de la noche y piensa seguir durmiendo mas quiere reflexionar un poco sobre Torá hasta dormirse, no necesita previamente recitar las bendiciones.

Quienes escuchan canciones con contenido religioso al despertarse, por cuanto que no tienen la intención de estudiar, no precisan recitar previamente  las bendiciones por la Torá.

Se pueden recitar las bendiciones matinales y por la Torá de pie, sentados, acostados o mientras se camina. Hay quienes son cuidadosos en recitarlas de pie o mientras caminan, mas no sentados ni acostados.

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Conjunto de libros Peninei Halajá en español /11 volúmenes
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