04) La centralidad de la bendición por la tierra de Israel («Birkat HaAretz»)

El segundo fundamento, engarzado en la porción de lectura de la Torá en la que encontramos el precepto de «Birkat Hamazón», es alabar a la tierra de Israel. Nuestros sabios dijeron (Bamidbar Rabá 23:7) que de todas las bendiciones del «Birkat Hamazón» «la más apreciada es la bendición por la tierra (de Israel)». En efecto, el sentido literal del versículo se refiere a la intención de agradecer a D´s por la tierra buena, tal como está escrito (Devarim-Deuteronomio 8:10): «Y comerás y te saciarás y bendecirás a HaShem tu D´s sobre la tierra buena que te dio». La tercera bendición por Jerusalém es también un agradecimiento por la tierra de Israel, ya que Jerusalém es el corazón de la «tierra buena». Asimismo, aprendimos del versículo que inicia el presente capítulo que los preceptos de la Torá se cumplen fundamentalmente en la tierra de Israel, tal cual está escrito (ídem 8:1): «Toda la ordenanza -que Yo te ordeno hoy- habréis de observar para cumplir; para que hayáis de vivir, y os multipliquéis, y vengáis y poseáis la tierra, la que prometió HaShem a vuestros patriarcas».

La explicación radica en que el objetivo principal del pueblo de Israel es revelar la Palabra de HaShem en el mundo confrontando simultáneamente con las complejidades propias de la vida terrenal. Es por ello que la situación en la cual nos alimentamos del maná que descendió del cielo es temporal y está destinada a adquirir la conciencia básica de que HaShem es quien nutre a todos los seres. Sin embargo, el objetivo último es que el ser humano sea socio de HaShem en la reparación del mundo extrayendo alimento de la tierra por medio del arado, la siembra, la plantación y la cría de animales. De este modo habrá de manifestar la imagen Divina que anida en él, extraerá las bondades que el mundo material provee y así se elevará hacia una conexión vívida con HaShem. El maná que descendía del cielo carecía de residuo y se absorbía íntegramente en los órganos sin que hubiera necesidad de evacuar tras la ingestión. Sin embargo, el objetivo principal del ser humano es ingerir alimentos materiales que poseen residuos, que son su parte buena y más deseable puesto que integran en su interior chispas de mayor santidad. Para ello nos fue concedida la tierra de Israel que es una tierra sagrada, y si bien esta es de carácter material, es igualmente santa y los frutos que en ella crecen también lo son.

Muchos tienden a pensar, que en la medida que una persona se aleje más de la materialidad y de la degustación de los diferentes sabores de los alimentos, así será más pura y santa. Sin embargo, la Torá nos enseña que en la tierra de Israel la abundancia material, la variedad de alimentos y su exquisito sabor son de una gran importancia pues todos ellos fueron creados por HaShem a los efectos de llevarnos a la completitud. Por ello, la Torá se toma el trabajo de alabar ante nosotros la bondad y los atractivos de la tierra de Israel, tal como está escrito (ídem 7-9): «Pues Adonai tu D’s., te va a traer a una tierra buena, tierra de torrentes de agua, manantiales y acuíferos surgen en el valle y en la montaña. Tierra de trigo y cebada, de viñas, higueras y granados, tierra de olivares de aceite, y de miel. Tierra en la que no con pobreza comerás en ella pan: no carecerás de nada en ella; tierra que sus piedras son hierro y de sus montañas extraerás cobre«. Por ello se nos ordenó bendecir a HaShem por todo esto, tal como está escrito (ídem 10): «Y comerás y te saciarás y bendecirás a HaShem tu Dios sobre la tierra buena que te dio«.

En la primera bendición ponemos énfasis en el fundamento según el cual HaShem «todo lo nutre», y así como nos dio el maná en el desierto de modo milagroso – de igual manera mantiene siempre la naturaleza, pudiendo el ser humano apreciar que el origen de todo el alimento que consumimos está únicamente en Él, Bendito Es. En la segunda bendición agradecemos a HaShem por el hecho de que nos concedió la posibilidad de ser socios en la reparación del mundo y en la extracción de alimentos de la tierra, por ello la bendición culmina agradeciendo «por la tierra y por el alimento».

Empero, se teme que el éxito en la construcción de la tierra infunda en el ser humano deseos excesivos y sentimientos de soberbia, haciéndole olvidar su objetivo último. Por ello se nos ordenó (Devarim-Deuteronomio 8:11-18): «Cuídate, no sea que olvides a HaShem, tu D´s., al no observar Sus Mandamientos y Sus leyes y Sus fueros que yo te ordeno hoy. No sea que comas y te sacies, y casas buenas edifiques y las habites. Y tu ganado vacuno y tu ganado ovino se multipliquen, y plata y oro se te incremente; y todo lo que es tuyo se multiplique.  Y que se enaltezca tu corazón y que olvides a HaShem tu D’s… Y digas en tu corazón: mi fuerza y el poder de mi mano me hizo esta riqueza. Has de recordar a HaShem tu D’s, pues es Él que te da fuerza para hacer riqueza; para cumplir Su Pacto – que ha prometido a tus patriarcas – como este día».

Al recordarnos a nosotros mismos durante el «Birkat HaMazón» que HaShem es quien nos ha provisto de alimentos y nos ha concedido la tierra de Israel, comenzamos a entender que la energía, la satisfacción y la alegría que obtuvimos de la ingestión están destinadas a santificarnos y elevarnos.

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